Los Analizadores Sensoriales, Neurociencias y Deporte

Los Analizadores Sensoriales, Neurociencias y Deporte

Las estimulaciones sensoriales llegan al sistema de elaboración de la información a través de los órganos de los sentidos. La información estereoceptiva (procedente del exterior del organismo) importante para el movimiento es recogida por medio de la vista, el oído y el tacto. La información propioceptiva o cinestésica (procedente del interior del organismo) es recogida mediante el aparato vestibular y los receptores situados en los músculos, los tendones y las articulaciones.

El analizador visual (receptor de distancia o telerreceptor), que transporta más del 80% de la información externa, desempeña un papel extremadamente relevante para el control y la coordinación de los movimientos. Este proporciona información relativa a nuestra propia acción, a las modificaciones situacionales y a las relaciones espaciotemporales entre uno mismo y el entorno (compañeros, adversarios, equipamiento). El papel de la vista resulta más que evidente en los deportes de situación, en los que el deportista debe mantener un control visual constante, más o menos consciente, de los desplazamientos y las acciones del adversario. Esta información constituye la base de las previsiones anticipadas para realizar las acciones y elecciones tácticas adecuadas. Básicamente, el analizador visual permite obtener información relacionada con la velocidad y dirección de nuestros movimientos, de los de otras personas y de los del equipamiento. También cumple una función muy importante en las disciplinas que implican habilidades cerradas para el mantenimiento y/o el restablecimiento del equilibrio: el “gancho visual” es un mecanismo de estabilización (por ejemplo, en las rápidas rotaciones del cuerpo de una bailarina).

La importancia de la vista está relacionada con las características de la actividad. No siempre es útil confiar plenamente en el control visual, especialmente cuando se corre el riesgo de oscurecer o relegar a un segundo plano la información derivada de otros analizadores necesaria para el rendimiento. En la ficha, permitir que el control visual domine sobre el cinestésico, más rápido, tiene como efecto una ralentización de los tiempos de respuesta (Jordan, 1992). En estas circunstancias, son útiles las ejercitaciones con los ojos cerrados, tanto para prevenir un excesivo predominio visual, como para aumentar el control por parte de los demás órganos sensoriales (sentido cinestésico, especialmente el tacto y el oído).

Del analizador acústico (otro telerreceptor) se deriva la información relativa a los sonidos generados por el movimiento y que acompañan a éste: el rebote de la pelota de tenis, la entrada del remo en el agua, el roce del esquí sobre la nieve, el contacto con el balón, etc. En determinados deportes, el atleta experto es capaz de distinguir la corrección del gesto técnico por el ruido que se deriva de la acción. No obstante, además de para percibir los sonidos, el oído también es necesario para recibir los mensajes verbales y comunicarse con otras personas (compañeros, entrenador, etc). En algunas disciplinas tecnicocompositoras, la estructura rítmica del movimiento se encuentra estrechamente ligada al acompañamiento musical, que condiciona aspectos técnicos y estéticos.

El analizador táctil tiene sus propios receptores, especializados en captar el sentido táctil, la presión y la temperatura y situados sobre la superficie de la piel. Este desempeña un papel notable en el control de movimiento fino y en la graduación de los impulsos de fuerza, como en la sincronía del movimiento en patinaje por parejas, en el control del adversario en judo, en la presión de la pértiga en las distintas fases del salto, en el “sentir la pelota” en los juegos colectivos, en los lanzamientos y recepciones de los objetos en gimnasia rítmica, etc.

El analizador cinestésico (propioceptor) recibe estímulos de la musculatura, los tendones y las articulaciones del cuerpo mediante la intervención de receptores específicos, como los husos neuromusculares y los órganos tendinosos de Golgi; proporciona información sobre las tensiones musculares y sobre sus variaciones, por mínimas que sean, sobre los ángulos articulares y, por tanto, sobre la relación espacial de los segmentos corporales entre sí. Mediante la información cinestésica es posible la sintonía y el juego fino de contracciones y descontracciones, que caracterizan el movimiento fluido. Es considerable la importancia del analizador cinestésico, puesto que cualquier acto motor es de por sí fuente de una gran cantidad de información somática. En el proceso de aprendizaje, este analizador asume una función cada vez mayor, y permite un control automatizado del movimiento cada vez más preciso, rápido y eficaz. Esto es cierto tanto en las disciplinas de habilidades cerradas, como ocurre en el mantenimiento de una vertical con los aparatos, como en las disciplinas de habilidades abiertas, en las que se registran las sensaciones provocadas por la respuesta del adversario después de una escapada.

El analizador vestibular (otro propioceptor, denominado también analizador estáticodinámico) se sitúa en el oído interno y emite señales relacionadas con los movimientos en el espacio, puesto que sus estructuras son sensibles a las aceleraciones y desaceleraciones de la cabeza, a los movimientos angulares y a la orientación de la cabeza en relación con la fuerza de la gravedad. Su interacción con los receptores de la musculatura del cuello, en particular, tiene un papel en la valoración de la posición de la cabeza en relación con los demás sectores del cuerpo y el entorno. Este hace una importante contribución para mantener el equilibrio. Esto es evidente se se considera el papel de piloto de la cabeza como guía de los movimientos de resto del cuerpo, como en la acrobacia o en los saltos con trampolín, lo cual resulta posible por la integración de las estimulaciones vestibulares y cinestésicas del cuello.

Los distintos analizadores, cada uno con su aportación específica en la recogida de la información interna y externa al organismo, permiten preparar la acción y, una vez que ésta ha comenzado, controlar el curso y verificar el éxito final. Solamente la interacción, la integración y la síntesis de las distintas aferencias sensoriales permiten al individuo adquirir el sentido del movimiento (Hotz, 1985). El peso específico de cada uno de los cinco analizadores se verá determinado, además de por las características individuales, por las exigencias de cada disciplina deportiva y por el nivel de aprendizaje. Obviamente, los estímulos propioceptivos, relativos a la aceleración, la amplitud, la dirección, la fuerza, la posición y la velocidad del movimiento, son de mayor importancia en las habilidades que dependen, en primer lugar y para un desarrollo correcto, de la información sobre los movimientos del cuerpo en el espacio, como ocurre en el salto de trampolín con giro. En cambio, si resultan más importantes las referencias externas, como en un servicio de tenis, la información visual es de mayor relevancia (Graydon y Townsend, 1984). En las fases iniciales del aprendizaje predomina generalmente la información visual, mientras que la sensibilidad cinestésicaes mayor en los estadios más avanzados de la adquisición y perfeccionamiento del gesto. La interacción de los distintos analizadores permite, además, afinar la percepción del tiempo, ya que no existe en el organismo ningún receptor especializado para esta tarea (Rossi, 1989).

El cálculo de la duración temporal se hace más fácil con la experiencia y con la consiguiente formación de una imagen mental de referencia.


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Capacitación recomendada:
I Simposio Internacional de Neurociencias aplicadas al Deporte




Bibliografía

GRAYDON J. K., TOWNSEND J.: Proprioceptive and visual feedback in the learning of two gross motor skills. International Journal of Sport Psychology, 15: 277, 1984

HOTZ A., Apprentissage psychomoteur. Vogot, Paría, 1985.

JORDAN T. C.: Characteristics of visual and proprioceptive response times in the learning of a motor skill. Journal of Experimental Psychology, 24: 536, 1972.

ROSSI 1989 B.: Processi mentali e sport. Scuola dello sport – CONI, Roma, 1989.

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