Nuevo Paradigma en la Fisiología de los procesos Anabólicos asociados a la Hipertrofia Muscular

Nuevo Paradigma en la Fisiología de los procesos Anabólicos asociados a la Hipertrofia Muscular

En una entrada anterior ya comentamos algunos argumentos que respaldaban la plausibilidad, tanto de la hipótesis metabólica como de la hipótesis mecánica, en los procesos responsables de la hipertrofia muscular. Algunos más familiarizados con estos temas pudieron echar en falta alguna alusión a la hipótesis hormonal que presupone la influencia positiva de la carga de entrenamiento en la síntesis de hormonas anabólicas como la testosterona y la hormona del crecimiento. Esta hipótesis fue respaldada por una serie de estudios publicados durante los últimos 20 años, y que tienen a científicos tan destacados como Bill Kraemer o Keijo Hakkinen entre sus más importantes postuladores. Lo cierto, es que la mayoría de esos estudios se basaban en un presupuesto que ahora sabemos impreciso: la elevación aguda en los niveles de hormonas anabólicas no necesariamente va a tener una relación directa con lo que ocurra en la adaptación crónica.

Discutiendo en el pasillo del departamento sobre estas cuestiones con mi hipertrofiado colega, el Dr. Jonato Prestes, coincidimos en un punto fundamental desde la fisiología: los cambios internos en el músculo, como la regulación de los receptores androgénicos, no tienen necesariamente que acompañar las variaciones en las concentraciones hormonales en sangre. Y fue con este punto que me puso en conocimiento de la existencia de un trabajo muy reciente del laboratorio del Dr. Stuart Phillips que refuerza este argumento y que parece abrir nuevas vías para la compresión de estos fenómenos. Me refiero al artículo de Mitchell et al. recientemente publicado en PlosOne. En este interesantísimo artículo, los autores encontraron que el incremento del área de las fibras musculares correlacionó con el incremento de los receptores androgénicos y la fosforilazión de la p70S6K post-ejercicio y, más sorprendentemente, con el incremento agudo de la concentración sérica de interleucina-6 (IL-6), una mioquina muy importante en la regulación del estado energético de la célula muscular que caracteriza muy bien el status inflamatorio. En cambio, los niveles de testosterona, hormona del crecimiento y factor de crecimiento insulínico tipo I, no fueron asociados a las adaptaciones crónicas después de 16 semanas de entrenamiento con sobrecargas. Es decir, los factores internos y no los externos al músculo fueron los que mejor caracterizaron las adaptaciones hipertróficas de los participantes de este estudio.

Mientras la infuencia de los receptores androgénicos y de la p70S6K ya habían sido previamente documentadas, el hallazgo de la relación entre la elevación en la concentración de IL-6 y la hipertrofia es, a la vez, sorprendente y desconcertante ya que esta mioquina se ha relacionado más consistentemente con las respuestas inflamatorias al ejercicio. Sin embargo, la inclusión de este factor en el modelo predictivo no mejoró la potencia que presentaba el modelo con los otros factores intramusculares. En cualquier caso, lo que sí nos prodría estar reforzando este hallazgo es la noción de que los procesos inflamatorios, que tanto se han asociado a la vejez y a la progresión de muchas enfermedades cardiometabólicas, podrían ser hasta un cierto punto más necesarios de lo que nos pueda parecer a priori, siempre que no se superen determinados límites. Mientras tanto, se deberá esclarecer mejor el verdadero rol de las hormonas anábolicas en los procesos hipertróficos ya que esta falta de asociación ya fue reportada en otros estudios anteriores.


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