¿Qué es mejor, el Sexo o el Ejercicio?

¿Qué es mejor, el Sexo o el Ejercicio?

Mi padre me envía notas de prensa al e-mail casi a diario para tenerme al tanto de las últimas noticias. Ayer, sin ir más lejos, me envió una noticia que dice que tener poco sexo es muy malo para la salud de las mujeres y que éstas debieran de practicarlo, por lo menos, tres veces a la semana. Será que no conocen los ejercicios hipopresivos -pensé yo-. El caso es que leo la noticia y me quedo aún más contrariado porque el articulista recomienda ejercicio regular para aquellas mujeres que no tienen relaciones sexuales de forma frecuente, esto es, una o dos veces al mes (sic). Como no podía ser de otro modo, tiro del hilo y me voy directamente a la fuente original con temor a detectar la frecuente costumbre periodística de distorsionar los resultados de los estudios científicos. Y en efecto, así fue. Lo más interesante del caso es que el estudio no habla en ningún momento de que sean sólo las mujeres las que presentan más riesgo cardiovascular ante el ejercicio esporádico. De hecho, un estudio anterior ya había reportado que los eventos cardiovasculares súbitos son mucho más raros en las mujeres. Otro aspecto interesante a matizar es que tampoco es exactamente el sedentarismo el culpable de todo. Lo que el estudio sugiere es que el sexo o el ejercicio esporádicos incrementan el riesgo de evento cardiovascular en aquellos individuos que realizan menos actividad física. Simplemente eso. Es más, como los resultados fueron obtenidos a partir del análisis de unos pocos estudios transversales, esta asociación debe ser tomada con mucha cautela.

En cualquier caso, con este estudio queda en evidencia una aparente paradoja: lo que puede ser bueno cuando practicado de forma regular -como es el caso del ejercicio y el sexo-, puede ser peligroso cuando practicado de forma esporádica. Piénsese, verbigracia, en ese fenómeno tan extendido de sólo practicar deporte con los amigos el sábado o el domingo por la mañana. Refiriéndonos al sexo, sí sabemos que la infidelidad no es muy buena para la salud cardiovascular, aunque si nos ceñimos al artículo periodístico, podría pensarse que los infieles que son físicamente activos no tendrían ningún tipo de riesgo. Pero esto no es exactamente así y se puede comprender si analizamos qué es y para qué sirve el estrés. Selye aclara en su artículo clásico de 1950 que el síndrome general de adaptación no es otra cosa que una respuesta del organismo, ante cualquier estresor, que sigue un patrón común y, para que haya adaptación, la exposición a ese estresor ha de ser frecuente. Si consideramos ahora que tanto el ejercicio como el sexo son estresores, esto es, alteran el equilibrio fisiológico u homeostasis, podremos entonces comprender que una exposición esporádica a éstos u otros estresores provocaría unas reacciones de alarma en el organismo que, al no estar éste adaptado, podría desembocar en reacciones adversas como en el caso de los eventos cardiovasculares.

Lo más curioso es que tanto el sexo como el ejercicio tienen en común que, administrados de forma regular y moderada, son excelentes ansiolíticos ya que ayudan a tolerar mejor el estrés psicológico. Esto reforzaría la idea, aparentemente contradictoria, de que el estrés es realmente necesario para vivir y que, de no tener frecuentes pero moderadas fuentes de estrés en nuestra vida, como ocurre en el caso del sendentarismo, caemos fácilmente en la enfermedad. La clave de esta paradoja está en que después de ese estrés tiene que haber un premio inmediato, el placer que, entre otras cuestiones, va a favorecer la neuroplasticidad asociada a la salud. Ésta podría ser la misma explicación de porqué el consumo moderado de alcohol, al igual que el sexo y el ejercicio, reduce también el estrés cardiovascular, tal y como ha sido publicado recientemente. Esto mismo es lo que le dijo mi padre al ínclito periodista Fernando Franco que nos recordó la semana pasada en su columna las bondades del consumo moderado de vino para la salud. La cuestión ahora estaría en compensar el exceso de calorías, asociado al consumo frecuente de alcohol, con sexo y con ejercicio. Ya lo dijo Aristóteles: la virtud está en el término medio de los vicios.


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