¿Técnica o Estética de Carrera?

¿Técnica o Estética de Carrera?

Me decía, todo contento, mi querido Pérez Pallas, que por fin había mejorado la técnica de carrera. Acostumbrado, como estoy, a pensar en clave científica, me extrañé por tal aseveración y le pregunté por cómo lo había comprobado. A los videos me remitió mi querido Pérez Pallas y, con la prisa por quedar con otro amigo al que reencontrar, no pude más que simplificar mi réplica diciendo que eso de la técnica de carrera es neurofisiológicamente imposible. Allí quedó eso. Y por loco me tendrá, digo yo, o por tertuliano de televisión en el mejor de los casos. Por eso que aprovecho este espacio para explicarme sobre algo que ya he expuesto en otros foros y en algunos cursos y que puede, como poco, sorprender.

La técnica de carrera se refiere, habitualmente, a la forma correcta de correr. Aún recuerdo con nostalgia aquellos fotogramas de Valery Borzov o Carl Lewis para intentar estimular nuestras neuronas espejo. La mayoría de los fondistas no pierden el tiempo con estas cosas aunque, curiosamente, son los estudios con corredores fondo los que más abundan en la literatura científica. Para el caso, me da lo mismo referirme a unos o a otros, pero a nadie se le escapará que grandes rendimientos son posibles con técnicas de carrera bien diferentes. Piénsese en Pietro Menea, Michael Johnson o Usain Bolt por ejemplo, por eso de comparar técnicas diferentes en pruebas similares, y quedará patente que correr muy rápido es posible con ángulos, frecuencias y amplitudes bien dispares. Para los más observadores, lo mismo se puede decir al comparar a mediofondistas como Steve Cram, Saïd Aouita y Hicham El Guerrouj, entre otros. El caso es que todos ellos fueron ejemplos o modelos en sus respectivas épocas, mientras las definiciones de eficiencia eran las mismas, que yo sepa. Ya no voy a entrar en la mala y atlética costumbre de querer imitar la cinemática con importantes limitaciones desde el punto de vista de la cinética... De hecho, todos los estudios científicos hasta la fecha que han querido manipular la técnica de carrera conscientemente han fracasado a la hora de mejorar el rendimiento o la economía de carrera. Es más, el estudio reciente de Moore y colaboradores demostró que sólo corriendo y andando de forma natural, ya se mejoró la economía de carrera y, por ende, el rendimiento, en un grupo de corredoras inexpertas después de 10 semanas de entrenamiento progresivo y sin practicar ningún ejercicio de técnica de carrera.

Respecto de la imposibilidad neurofisiológica, como es obvio, se trata de una hipérbole que sólo tiene un objetivo en el interlocutor por mi parte: enfatizar el control inconsciente que, del patrón de carrera, tiene el sistema nervioso central. Nadie corre pensando: “ahora viene un pie y después va el otro; pongo la rodilla a esta altura, etc.”. Correr es el resultado de un conjunto de acciones automáticas e inconscientes generadas por nuestro cerebro más primitivo que se ajustan a nuestras posibilidades y a las demandas de la tarea. En este contexto deberíamos preguntarnos, por lo tanto, si realmente los ejercicios que damos en llamar de técnica de carrera sirven para tal fin. Y aquí viene mi interpretación: no pueden serlo por la simple razón de que no se aprende conscientemente a correr. Simplemente se crean las condiciones fisiológicas para ser más rápidos, eficientes o económicos a partir de la acumulación de experiencia motora que incide, sobre todo, en la tonificación o estimulación de la musculatura específica de carrera en condiciones específicas. Por eso que a mí me gusta más hablar de ejercicios de fuerza orientados a la carrera que de técnica de carrera per se. O ¿acaso los ejercicios de técnica de carrera clásicos no son en realidad una versión de bajo impacto de los ejercicios pliométricos?

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