Un Test muy simple para evaluar la Fuerza en Corredores de Fondo y Triatletas

Un Test muy simple para evaluar la Fuerza en Corredores de Fondo y Triatletas

Corría el año 2002. Llevaba ya algunas evaluaciones con los jóvenes pupilos del entrenador español Julio Rodríguez. Para quien no lo conozca, Julio tiene el mérito de haber entrenado, entre otros muchos grandes atletas, a olímpicos como Carlos Adán y Alejandro Gómez (mejor marca de un debutante europeo con 2 h 7 min. 54 seg. en la maratón de Rotterdam de 1997). En una de aquellas sesiones de evaluación, por curiosidad, decidí evaluar la capacidad de salto después del test incremental en la pista. La sorpresa fue mayúscula: los atletas saltaban más poco después de haber llegado a la extenuación. Rápidamente fui a comentárselo a mi director de tesis, el Dr. Tuimil y, ante el sorprendente hallazgo, él sugirió que quizás los atletas no habían calentado de forma adecuada y por eso habían saltado más a pesar de la fatiga.

Pasó el tiempo y revisando la literatura a finales de 2005 me encuentro con un artículo de mi colega Timo Vuorimaa describiendo este mismo fenómeno en corredores de élite finlandeses. La sensación que tuve fue doble. Por un lado, la alegría de saber que aquel fenómeno no era casual; pero por otro lado sentí la frustración de saber que pudimos haber sido los primeros en publicar aquellos sorprendentes resultados. En cualquier caso, esto sirvió para ponernos manos a la obra e intentar comprender cuál era el significado biológico de aquel fenómeno.

Primero publicamos los resultados que ya teníamos en un congreso en el que recibí algunas críticas por parte de alguna colega que sugirió que el problema podía estar en el calentamiento. Así, decidimos estudiar si esta respuesta se podía observar también en jóvenes no corredores. Como sospechábamos, los no corredores, incluso siendo físicamente activos, no saltaban más después del test incremental, con lo que quedaba claro que esta peculiar respuesta es propia de los atletas entrenados en resistencia. Así fue cómo comenzamos a profundizar más aún en este rompecabezas y, de hecho, se convertiría en nuestro principal objetivo para mi tesis doctoral en la que pude evaluar a los fenomenales atletas -algunos de ellos de nivel internacional- de entrenadores tan prestigiosos como Oliva Román o Alfonso Ortega, entre otros.

En un primer trabajo observamos que la magnitud y el mantenimiento de la potenciación en el salto dependia del protocolo de carrera. Así, a más duración, más incremento en el salto que se mantenía también durante más tiempo. Posteriormente y gracias a la plataforma de fuerzas que me prestó el Dr. Fernando Lusquiños de la Universidad de Vigo, pudimos verificar un aspecto muy importante para entender mejor todo aquello: los atletas y triatletas que menos fuerza perdían en la fase excéntrica del contramovimiento como consecuencia de la fatiga, eran los que más incrementaban la potencia pico durante la fase concéntrica y, consecuentemente, la altura del salto. Además, aquellos que potenciaron el salto lo hicieron también con el rendimiento en el sprint, lo que tiene una aplicación práctica muy importante si pensamos en los últimos momentos de una competición. Este último trabajo de mi tesis lo podeis consultar en este enlace. Habían pasado 9 años, desde nuestras primeras observaciones, cuando fue finalmente publicado.

Así, con los resultados de estos estudios, podemos sugerir la evaluación de la capacidad de salto a los 2 minutos de finalizar una prueba incremental de carrera para monitorizar la adaptación neuromuscular de los atletas de resistencia. Si el atleta salta más después del test que después de un calentamiento suave, significa que la potenciación predomina sobre la fatiga y, por lo tanto, el atleta está muscularmente bien acondicionado, independientemente de su adaptación metabólica. Cuanto más se incremente el salto en fatiga, mejor. En cambio, si el atleta salta lo mismo o incluso menos, podemos deducir que muscularmente el atleta no está tan bien adaptado ya que predomina la fatiga sobre la potenciación, con lo que precisará mejorar sus niveles de fuerza específica para tolerar mejor la fatiga asociada a la carrera.

P.S. La de la foto es Rocío Rodríguez Longa (2'49"33 en 1,000 m.l.).


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