Vías de Mejora de la Resistencia en el Tenis dentro de un Enfoque Complejo

Formulas for Improving Tennis within a Complex Approach

David Suárez Rodríguez

Profesor Colaborador de Teoría del Entrenamiento, Didáctica y Aprendizaje Motor en el Área de Investigación y Docencia de la Real Federación Española de Tenis. Responsable Competición del Real Club de Tenis de Oviedo..

Artículo publicado en el journal Revista de Entrenamiento Deportivo, Volumen 26, Número 3 del año .

Resumen

La preparación del tenista no puede afrontarse sin tener en cuenta su características complejas, por lo que en todo momento no debemos olvidar que el entrenamiento es un todo y que la suma de sus partes no es el resultado final. El objetivo de la planificación del entrenamiento y la elección de las cargas y ejercicios, será la producción de sinergias óptimas para multiplicar las adaptaciones positivas del jugador. La complejidad del individuo y su evolución, asícomo del tenis, determinará una continua relación entre los diversos estímulos y sus orientaciones. De estas sinergias surgirá algo diferente y deberemos intentar que sea más que la simple suma de cada cualidad o factor de rendimiento. La resistencia entendida como la capacidad de retrasar la fatiga asícomo de recuperarse de ella se trabaja habitualmente mediante las cargas enfocadas a la mejora de parámetros cardiovasculares o metabólicos, con una orientación más o menos específica. Esta visión resulta desde la perspectiva de sistemas complejos, reduccionista y que descuida otros caminos para una elevada manifestación de la resistencia específica y, de forma más global para un rendimiento superior de nuestros jugadores.

Palabras clave: manifestación específica resistencia, visión global entrenamiento

Abstract

The preparation of the tennis player cannot be discussed without taking into account its complex characteristics, therefore we should always remember that training is a whole and that the sum of its parts is not the final result. The objective of the training plan and the loads and exercises selected is to produce optimal synergies in order to multiply the player’s positive adaptations. The complexity of the individual and his evolution, as well as tennis itself, determines a continuous relationship between the different stimuli and their orientations. Something different arises from these synergies and we must endeavour to ensure that it is more than just the sum of each performance quality or factor. Resistance, understood as the capacity to delay fatigue and to recover from fatigue, is developed habitually by focusing loads on the improvement of cardiovascular and metabolic parameters, with a more or less specific orientation. This vision is the result of the reductionist perspective of complex systems that neglects other ways to achieve a heightened manifestation of specific resistance and, in a more global manner, the superior performance of our players.

Keywords: manifestation of specific resistance, global vision of training

INTRODUCCIÓN

Cada deporte tiene unas características que lo diferen­cian del resto de las actividades físicas y que determinarán el camino de la preparación en toda su dimensión. Las características motoras y decisionales que se producen en la competición sitúan al tenis como un deporte:

- Con alta exigencia de acciones explosivas con conti­nuos cambios de ritmo y dirección. Aceleraciones y desace­leraciones.

- Con exigencia de precisión espacial en relación al pro­pio cuerpo y la trayectoria de la pelota.

- Con un control y estabilidad corporal en situaciones cambiantes complejas.

- Con requerimientos de una resistencia específica deli­mitada por la variabilidad del juego competitivo, durante un tiempo no delimitado.

- Con una variabilidad psíquica grande y compleja. Toma de decisiones y control de estrés frente a una alta incertidumbre.

Por lo tanto se trata de un deporte con una sustancial complejidad de acciones motoras, con situaciones explosivas y variables en intensidad, que solicita una gran capacidad de adaptación para afrontar las condiciones cambiantes, y que requiere de la capacidad de manifestar altos niveles de resis­tencia, manteniendo altos niveles de velocidad y precisión en la ejecución y toma de decisiones.

A pesar de la dificultad de realizar una diferenciación entre los diversos factores que determinan la manifestación de la resistencia en el tenis, se pueden delimitar algunos de los más importantes para facilitar la preparación del jugador y retrasar la aparición de la fatiga, al mismo tiempo que facili­tamos la relación entre los diversos factores provocando inte­rrelaciones positivas, mediante un enfoque global y complejo.

Uno de los elementos prioritarios a la hora de entre­nar la resistencia es conocer el perfil bioenergético del tenis. Otra cuestión determinante es la vía energética en la que queremos trabajar y donde se sitúan los esfuerzos suministrados al deportista. Por último, pero no menos importante, debemos tener una visión global del efecto de las cargas sobre el jugador, aproximándose lo más posible al conocimiento de los estímulos y el grado de continuidad que requieren para lograr el objetivo perseguido, sin dejar de tener en cuenta que se trata de procesos adaptativos interrelacionados que deben manifestar una alta capacidad para plasmarse de forma global y específica.

Vía cardiovascular y fatiga

Estas adaptaciones de tipo cardiaco y vascular, se sitúan tradicionalmente en la preparación general y de base, y persigue el incremento de las funciones vegetati­vas, el desarrollo del músculo cardiaco especialmente del elemento más funcional que es el ventrículo izquierdo, y de esta forma aumentar el volumen sistólico y el aumento de la vascularización, aportando un mayor volumen de oxígeno a los músculos. Este tipo de estímulos dentro de una progra­mación lógica, situados en los primeros estamentos de la formación del tenista y en las primeras fases de la tempo­rada o en la pretemporada según sea la planificación anual, tiene su sentido por tratarse de adaptaciones con un largo proceso de adquisición. Sin embargo estas adaptaciones se pueden alcanzar mediante ejercicios de tipo más o menos general como sería la carrera, esquí de fondo, remo, ciclis­mo, o específicos mediante ejercicios de tenis. La cuestión es que se cumplan los requisitos de carga que provoquen las adaptaciones oportunas. No obstante algunas adaptaciones vasculares locales, mediante la mejora de la capilarización de las fibras activas o las de tipo celular se adquieren de una forma más eficaz cuanto más orientado al tenis sea el tipo de ejercicio. La realización de ejercicios en pista y de control del entrenamiento, así como del conocimiento del efecto de los diversos ejercicios del tenista es sin duda un camino que debemos realizar los preparadores de tenistas para acercar­nos cada vez más al entrenamiento más óptimo (Dansou y cols. 2000., Davey y cols. 2003., Reid y cols. 2007).

Metabólico-muscular y fatiga

La capacidad de utilización del oxígeno pero también de reutilización del lactato dependerá en gran medida del número y grosor de las mitocondrias, así como de la super­ficie de las membranas mitocondriales y el incremento de su permeabilidad. Otro factor también en relación al compo­nente mitocondrial sería el volumen de enzimas oxidativas y su capacidad metabólica.

El incremento de la hemoglobina también influirá a la hora de transportar oxígeno y la capacidad de difusión alveolar repercutirá de forma no despreciable en la eficacia metabólica. Pero un elemento en ocasiones olvidado y de gran interés es incremento del volumen de mioglobina en la fibra muscular. El trabajo de resistencia específica con­llevará un incremento de la especialización funcional de la fibra muscular, incrementándose las capacidades oxidativas del músculo activo, mejorando la eficacia en la resíntesis del ATP a partir del glucógeno, los lípidos y el oxígeno.

Se producirá una hipertrofia de las fibras ST, pero también de las FT si el esfuerzo es submáximo, al mismo tiempo la capacidad oxidativa no es exclusiva de las fibras “lentas”, sino que también sufre una importante mejora en las “rápidas” llegando a ser superior a la observada en las ST de sujetos sedentarios. Esta adaptación de las fibras FT se produce exclusivamente a nivel local en las fibras estimuladas (Maughan y cols, 1997). De esta forma se puede convertir mediante el entrenamiento, un trabajo que conllevaba producciones de lactato importantes en un esfuerzo realizado principalmente con fibras de tipo ST y con moderada acidez muscular, y al mismo tiempo si los entrenamientos estimulan las fibras FT, se incrementará de forma ostensible la capacidad oxidativa de las FTI y también aunque en menor medida de las FTII. Este incremento de la capacidad oxidativa de las fibras retrasará y reducirá la producción de ácido láctico, por lo que mantendrá un mejor balance ácido-base en el medio celular.

También repercutirá en un mayor aprovechamiento del lactato como combustible y en la utilización del piruvato por parte de la mitocondria, con la consiguiente menor acidosis metabólica. Estas adaptaciones pueden tener rele­vancia pues las concentraciones de ácido láctico podrían ser importantes en momentos puntuales para la precisión de los gestos técnicos, al perderse la capacidad de ejecutar acciones finas y de precisión, mediante las contracciones musculares, y los mecanismos propioceptivos.

La capacidad de mantener altos niveles de juego depen­de en parte de la potencia aeróbica y de la fracción del VO2max que pueda estar por debajo de las demandas exigidas durante el juego. Este es un factor que dependerá directamente del oponente.

El entrenamiento de resistencia conlleva una menor dependencia de los hidratos de carbono como fuente de energía, debido posiblemente en parte al incremento de la capilarización, pero especialmente por el incremento de las mitocondrias y de la eficacia de las enzimas relaciona­das con la oxidación de los ácidos grasos, que posibilita un mayor uso de los triglicéridos. En un estudio clásico Christensen y Hansen (1939) encontraron que un óptimo entrenamiento en estos factores determinará una reducción del uso de glucógeno y glucosa como fuente de energía. Esta reducción del uso de los hidratos de carbono es compensa­da con un incremento de la utilización de las grasas en el metabolismo. Esta reducción de la vía glucolítica conlleva una disminución de las concentraciones de lactato para una misma velocidad de juego, media o submáxima. La mejora de la capacidad oxidativa de los músculos mediante una mayor eficacia mitocondrial conllevará la mejor oxidación de las grasas. Al mismo tiempo el entrenamiento de resis­tencia elevará los depósitos de glucógeno especialmente a nivel muscular, pudiendo llegar a doblarse, pero también de triglicéridos, con lo que se facilitará su rápida disponi­bilidad. No obstante la depleción de glucógeno durante los partidos no parece un factor determinante del rendimiento, sin embargo sí que en sesiones de entrenamiento de alto volumen e intensidad y entre partidos se pueden ir produ­ciendo un paulatino vaciado del glucógeno muscular.

La especificidad de las adaptaciones se producirá en las fibras trabajadas y en la funcionalidad que se le demande:

• Ejercicios de intensidad media > Adaptaciones en síntesis de mitocondrias.

• Ejercicios de intensidad submáxima > Estímulo enzi­mas glucolíticas.

• Ejercicios intensos y breves > Adaptaciones retículos sarcoplasmático.

• Ejercicios de fuerza > Síntesis de miofibrillas.

Las adaptaciones de tipo oxidativo a nivel local de la célula muscular conlleva según algunos autores (Wilmore y Costill, 1998; Billat, 2002 Lopez Chicharro, Fernández Vaquero; 2001), principalmente un incremento de la poten­cia aeróbica pero principalmente de la capacidad aeróbica con una elevación del umbral anaeróbico. Este factor parece más relevante para el rendimiento del tenista. Un umbral láctico más elevado y lograr reducir la diferencia entre el nivel del consumo máximo de oxígeno y el umbral, deter­minaría un juego con menores niveles de acidez muscular.

Los entrenamientos de intervalos o incluso intervalos quebrados (divididos a su vez en trabajos y pausas más breves), parecen actuar de forma eficaz para incrementar el consumo de oxígeno al provocar valores cardiacos bastante estables por encima de los niveles requeridos, al mismo tiempo cuando se tratan de trabajos intensos y breves de 5 a 20” con recuperaciones similares, se provoca un efecto de incremento de la mioglobina además de un efecto sobre la tolerancia al lactato y su aclarado.

La gran cantidad de procesos en los que intervienen las enzimas y las coenzimas, la mejora en la permeabilidad de los tejidos, en general los equilibrios muy finos en los diver­sos procesos son terrenos complejos y que se manifiestan de forma simultánea a otros con lo que son difíciles discernir y estudiar.

Mecanismos respiratorios y fatiga

Tradicionalmente no se han valorado demasiado los efectos del entrenamiento en este ámbito, no considerándo­se la capacidad pulmonar ni los mecanismos respiratorios como determinantes del rendimiento. Pero sí que hay un cierto recorrido de mejora en la reducción del tiempo de desfase entre el inicio de la jugada y el suministro de oxíge­no a los tejidos. Este desfase podría explicar que en ocasio­nes se encuentren valores de frecuencia cardiaca más ele­vada al inicio del reposo que durante el ejercicio (Hamar y cols., 1989). También podemos observar en algunos puntos durante un partido o en entrenamientos con orientación a mejorar la potencia aeróbica máxima y las concentraciones de mioglobina, mediante trabajos interválicos de intensidad submáxima y máxima, con periodos de trabajo y descanso breves tipo 15”-15”, 20”-20”, 10”-20” la escasa variación entre las estaciones de trabajo y descanso.

Existen otros posibles mecanismos de mejora como sería el incremento o mejora de la eficacia de las diversas enzimas encargadas de catalizar los procesos de disociación del oxígeno y de la liberación del CO2 en sangre, pero este campo está aún sin profundizar.

Fuerza y fatiga

Para Verkhoshansky (2002), el papel rector en las rela­ciones entre los sistemas del organismo ante actividades físicas y en los procesos de adaptación son del sistema mus­cular. Estando los sistemas vegetativos y el resto de sistemas fisiológicos supeditados a la activación del sistema muscu­lar. Esta posición estaría en sintonía con González Badillo y Ribas Serna (2002), que sostienen que el factor determi­nante es la actividad realizada y la intensidad solicitada para su ejecución y cómo determina la activación por parte del sistema nervioso de un tipo de fibra u otro, así como el número, sincronización, gradiente de fuerza, que determina­rán un tipo de fibra u otra. Por lo tanto las características de las fibras activadas serán el elemento determinante a la hora de activarse los procesos de uno u otro tipo.

La mejora en el rendimiento requiere de un aumento de la producción de fuerza, con incrementos en la capacidad de explosiva inicial y elevados gradientes. La resistencia muscular depende en gran medida de la frecuencia de reclutamiento de unidades motoras y el mantenimiento de las diversas manifestaciones de fuerza a lo largo de la competición.

Se es más eficiente cuando el porcentaje de fibras se corresponden con el perfil específico del deporte. Los jugadores con un predominio de las fibras rápidas tienen una mayor economía a la hora de realizar esfuerzos de alta intensidad (García Manso y cols., 2006).

Cuando se produce una elevada fatiga muscular, como ocurre tras repetidas acciones de juego durante un partido largo o, en situaciones con frecuentes recuperaciones incom­pletas, se produce una falta de eficiencia posterior con más elevados consumos de oxígeno para una misma actividad física (Nicol y cols. 1991).

La eficacia en el ciclo estiramiento acortamiento conlle­va una elevada eficacia y eficiencia motora, con una mayor economía de esfuerzo. A mayor componente elástico del músculo se producirá un menor gasto energético. La eficacia de las propiedades elásticas del músculo y de la manifesta­ción explosiva de la fuerza permite una mejora del rendi­miento durante el juego y su prolongación. Verkhoshansky (2002) defiende que existe una estrecha relación entre la capacidad de los músculos de acumular energía (r=0.785) y los resultados en deportes de larga distancia (r=0.870), pareciendo más lógico que esto se vea acentuado en deportes como el tenis. Resulta interesante que incluso el aumento de la demanda de fuerza puede, hasta un punto determinado, elevar aún más la eficiencia. Esto se ve en acciones dinámi­cas explosivas con acción excéntrica y concéntrica intensa y rápida en la que la energía gastada es inferior a trabajos menos explosivos o con menor demanda de la acción excén­trica. Esta característica, que se manifiesta en la pliometría clásica o drop-jump, se puede dar también en el salto de parada durante el juego, o el alguna acción de frenado previo golpeo.

Esta característica dependerá estrechamente de la fuer­za explosiva máxima, de la fuerza relativa con el peso corporal y la capacidad de manifestar fuerza excéntrica. Pero también de la manifestación de este ciclo estiramiento-acortamiento en los ángulos que se produzcan durante el juego. Es interesante también reseñar que se ha comprobado que uno de los métodos más eficaces para incrementar la capacidad de realizar acciones de saltos es tener una alta capacidad de fuerza explosiva.

Por último incremento de la masa muscular incidirá en una elevación del metabolismo basal, pues son la masa celu­lar activa la que tiene una actividad metabólica más elevada especialmente las fibras FT. El crecimiento de los tejidos de sostén y de la masa ósea también conlleva una elevación del metabolismo en reposo. Sin embargo el tejido graso tendrá un gasto metabólico muy bajo. Un mayor porcentaje de masa activa conllevará también una tasa metabólica más elevada en los diversos tipos de ejercicio físico.

Velocidad y fatiga

En íntima relación con la fuerza, y aunque en situacio­nes de partidos o acciones intensas y prolongadas el factor metabólico será determinante, la capacidad de realizar acciones intensas en el tenis en puntos largos estará muy determinada por el porcentaje de fibras rápidas, si bien es obvio que el grado de fatiga de las misma modificará nota­blemente esta situación.

Una de las formas de comprobar la importancia de la velocidad como factor determinante en la resistencia en el tenis, es el carácter interválico, la importancia de llevar a cabo acciones de mayor o menor intensidad, y la mayor fatiga que supondrá que estas sean a un porcentaje alto de la velocidad de aceleración y desaceleración del jugador. Si un tenista logra aumentar su velocidad y ritmo de juego de forma eficaz, ante una misma jugada su intensidad indi­vidual será menor y por lo tanto su esfuerzo será inferior provocándose tras esa jugada y a lo largo del partido una menor fatiga.

Al mismo tiempo si su capacidad de jugar a velocidades altas por motivos técnicos y neuromotores aumenta, su exigencia frente a un mismo adversario será inferior con lo cual su nivel de manifestación de la resistencia será mayor. Podemos concluir que el incremento del déficit de oxígeno y de la acidosis metabólica se produce por un aumento de la activación de las fibras rápidas, por lo que si para el jugador unas acciones de juego son menos exigentes, requerirán de un menor reclutamiento de fibras rápidas, realizándose en más proporción de tiempo con fibra lentas o intermedias o con un menor reclutamiento de fibras rápidas.

Psicología y fatiga

Las respuestas hormonales al estrés físico están fuerte­mente documentadas, incluso estableciéndose una relación entre la producción de la adrenalina y otros elementos utilizados como medidores del esfuerzo físico, como el lac­tato, los parámetros ventilatorios o la frecuencia cardiaca. Con el entrenamiento esta respuesta se reduce tanto en catecolaminas como en otras hormonas importantes para el ejercicio como la adrenalina, adrenocorticotropa, cor­tisol, hormona del crecimiento y testosterona. La insulina que disminuye con el ejercicio sufre una menor reducción, quizás en parte por la menor presencia de adrenalina (Maughan y cols., 1997).

El factor psico-neuro-endocrino determinará la capaci­dad de hacer frente a la fatiga, llegando al umbral de fatiga y superándose este a partir del entrenamiento principalmente específico. Se buscará la mejora de la capacidad de retrasar los síntomas de fatiga, de tolerarla, y de afrontarlos de una forma más óptima desde el punto de vista volitivo, cogniti­vo, técnico y táctico. La motivación será un aspecto también íntimamente relacionado con la capacidad de retrasar y afrontar el cansancio.

Resulta interesante también indicar que los estímulos intermitentes que suponen el tenis parecen incrementar de forma sustancial los valores de catecolaminas y de esta forma incidir también en la depleción de glucógeno. Así Ferrauti y cols. (2001), encontraron unos valores más eleva­dos de adrenalina y consumo de glucógeno en una sesión de tenis respecto a otra corriendo, a intensidades de consumo de oxígeno similares.

Otro factor interesante es el incremento del metabo­lismo basal cuando se producen fases de estrés o ansiedad durante periodos largos de tiempo, lo que podría afectar a la resistencia y nivel de forma general del tenista, y de forma muy importante a la recuperación entre sesiones y partidos. El incremento de la producción de catecolaminas por el estrés supone una elevación del gasto cardiaco y de la ven­tilación, y por lo tanto del gasto energético tanto en reposo como en situaciones de esfuerzo, lo que supondrá una mayor fatiga. El estrés excesivo también puede reducir la produc­ción de testosterona e incrementar el cortisol, provocándose ratios testosterona / cortisol negativos. Esto es algo que se producirá en relación a la importancia de la competición y el estrés que se produzca durante un partido. A su vez los parámetros ventilatorios y cardiacos pueden estar influidos por los factores de tipo psicológico, lo que habrá que tener en cuenta a la hora de evaluar los datos registrados.

Todas las variaciones producidas por el estrés excesivo, pero también la fatiga neuromuscular, la perdida de veloci­dad, etc, provoca una alteración decisional que se verá refle­jada en el juego. Por ello el trabajar la toma de decisiones en situación de fatiga durante el juego, será una herramienta que deberemos tener en cuenta. La ejecución de acciones técnicas y de toma de decisiones tras puntos intensos, con frecuencia cardiaca elevada, hiperventilación y concentra­ciones de ácido láctico significativas, podrán ser realizadas partiendo de golpes, de resto o del servicio, y de esta forma mejorar el rendimiento y por lo tanto la manifestación espe­cífica de la resistencia durante el partido.

Técnica-eficacia motora y fatiga

La técnica es la capacidad de aplicar les esfuerzos mus­culares de forma precisa, logrando altos niveles de eficacia y en mayor o menor medida de eficiencia. Esta importancia de la economía del gesto dependerá de las necesidades de la especialidad deportiva, del individuo y del momento preciso de la acción. Esta técnica estará muy relacionada con la coordinación inter e intramuscular, y en íntima conexión con la aplicación de las leyes físicas a través de la biomecánica del ejercicio. Pero esta aplicación más o menos precisa de los movimientos se deberá hacer en situaciones en muchas ocasiones de alta velocidad, con manifestaciones específicas de fuerza explosiva y en diversas situaciones de fatiga metabólica, muscular y psíquica.

Resulta difícil diferenciar la repercusión de la técnica en la resistencia por la gran cantidad de elementos que repercuten y, una vez más su intima relación con las diver­sas cualidades físicas y psicológicas. Directamente relacio­nados con los aspectos motores y coordinativos, estaría la capacidad de evitar las contracciones simultaneas de los músculos agonistas y antagonistas, así como de la produc­ción de paraxias que reducirían en gran medida la eficiencia motora a parte de suponer un incremento del riesgo de lesio­nes musculares, un nivel de oscilación reducido del centro de gravedad y aplicación de fuerzas de una forma adecuada para el desarrollo de los desplazamientos y acciones y, una elevada fluidez en los movimientos. La reducción de los movimientos no productivos o parasitarios en las acciones específicas del juego es de gran importancia en la reducción de los gastos energéticos especialmente en los deportes como el tenis de estructura dinámica y cinemática compleja (Zhelyazkov, 2001)

Esta eficacia coordinativa estará determinada en parte por la edad, el sexo, la raza el nivel de adaptación, la estruc­tura corporal. En el caso de las jugadoras parece que su estructura corporal con un mayor porcentaje graso, una posible menor masa muscular relativa y una estructura ósea menos eficaz conllevará un mayor gasto energético en los desplazamientos. La estructura corporal determinará en estrecha unión a la capacidad de aplicación de fuerza, la calidad de los golpeos así como la facilidad para alcanzar las bolas, al mismo tiempo los jugadores menos pesados requerirán una aplicación de fuerza menor durante todo el partido.

Podremos reducir la fatiga al incrementar la coordi­nación, la eficacia y eficiencia técnica a través del entre­namiento. Pero también mediante el incremento del nivel de adaptación y la obtención de un óptimo peso corporal. Al mismo tiempo el retraso de la fatiga permitirá valores más elevados de rendimiento técnico. Pero a pesar de todo esto no deberemos olvidarnos de mejorar la capacidad para obtener un buen rendimiento de ejecución en situaciones de fatiga elevada.

En relación con la fuerza y velocidad el orden de reclutamiento de las fibras, la precisión en la contracción y relajación de los músculos, influyen en la manifestación de la fatiga durante el juego, al mismo tiempo esta influirá en estos procesos, determinando los procesos de activación y relajación muscular. Esto se puede comprobar con estudios de electromiográficos en los que se observa en los deportis­tas más experimentados una mayor activación de los grupos musculares determinantes y en los momentos más óptimos, mientras que se produce una menor desviación hacia gru­pos musculares o momentos de tensión poco eficaces para la ejecución motora. Al mismo tiempo la fatiga producirá un cambio de patrón de estos procesos, especialmente en manifestaciones de fuerza veloz. Mediante el entrenamiento de la técnica en situaciones de ausencia de fatiga, pero tam­bién con fatiga y en acciones de alta explosividad, se incre­mentará la capacidad de mantener patrones de movimiento óptimos retrasando la necesidad de adaptar la aplicación de fuerzas y realizándola cuando sea necesario de una forma más eficaz.

CONCLUSIONES

A la hora de preparar y programar la preparación de un tenista debemos conocer la cooperación constante entre las energías mecánicas y las metabólicas, lo que supone que la preparación de la técnica y la resistencia deben tener una visión global, que permita afrontarla de la forma más compleja y ajustada.

Podemos concluir que al analizar los diversos factores que influyen en el nivel de resistencia del jugador, además de estar relacionados en continua sinergia, se manifiestan de forma compleja en las acciones motoras específicas del tenis.

Como puntos más destacados:

• La necesidad de dar un enfoque global a la prepara­ción del tenista.

• La preparación global nos lleva a un enfoque específi­co y complejo del entrenamiento en el tenis.

• La importancia de preparar entrenamientos con cargas significativas en magnitud, orientación y carácter.

Referencias

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Cita en Rev Entren Deport

David Suárez Rodríguez (2012). Vías de Mejora de la Resistencia en el Tenis dentro de un Enfoque Complejo. Rev Entren Deport. 26 (3).
https://g-se.com/vias-de-mejora-de-la-resistencia-en-el-tenis-dentro-de-un-enfoque-complejo-1548-sa-J57cfb27227675

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