El entrenamiento de la fuerza asociado a una dieta alta en proteínas en la obesidad y la diabetes tipo 2

El entrenamiento de la fuerza asociado a una dieta alta en proteínas en la obesidad y la diabetes tipo 2

Un combo inexplicable para muchos profesionales “de la salud”. Habrá que estudiar…

La Sociedad Americana de Diabetes sostiene en su posicionamiento respecto de esta patología, que la restricción calórica y el ejercicio son pilares básicos en el tratamiento no farmacológico de dicha enfermedad así como también de la obesidad (Bantle JP, et al. Nutrition recommendations and interventions for diabetes: a position statement of the American Diabetes Association. Diabetes Care 2008).

Mucho se habla, y otro tanto se sugiere, en cuanto a la intervención por la alimentación y el ejercicio para el tratamiento de la obesidad y la diabetes. Sin embargo poco se fundamenta respecto del porqué elegir mejor ese camino. En este punto, lamentablemente, las más de las veces vemos la dieta sin ejercicio, el ejercicio sin dieta o, no menos preocupante, la dieta con una actividad física ineficaz que acaba por echar por tierra cualquier intento en la conquista de una mejor salud y calidad de vida.

Como la mayoría podemos observar, se aprecia casi como inmediata prescripción de ejercicio a la caminata, y casi nula propuesta de entrenamientos de fuerza. A estos, las más de las veces, se lo contraindica el mover pesos justificándose ello por la probabilidad de daños en la estructura músculo-esquelética o por su impacto sobre la presión arterial, entre otras irrealidades. De allí que la marcha y la natación son casi obligadas indicaciones que médicos y nutricionistas proponen. Alguna vez alguien deberá avisarles a muchos profesionales de la salud que ya se festejó el ingreso al siglo XXI, y el conocimiento también estuvo presente allí mostrándose ya con enormes avances de la ciencia en este terreno que se niegan muchos a reconocer.

Retomando las cuestiones que hacen a la alimentación, uno de los tópicos que también varios aun defienden casi sin análisis y mucho menos con sustento, es el de las dietas hipocalóricas. Así, todo lo que pase por disminuir las calorías de la alimentación diaria pareciera que es garantía de éxito en el ámbito de la pérdida de peso graso y el control de la diabetes (DBT). Craso error, porque hay sobrada evidencia de estrategias nutricionales isocalóricas, con reducción cuantitativa de CHO pero aportando más proteínas en una cantidad de calorías idénticas a las de los azúcares que se sustituyen. En estas condiciones, la pérdida de grasa corporal ha sido largamente documentada, como veremos seguidamente.

Hace ya unos años Layman mostró que una dieta hiperproteica (DP) asociada al ejercicio favorecía la pérdida de tejido graso en mujeres con sobrepeso/obesidad comparada con dieta HP sola o de ejercicio más carbohidratos (CHO) en cantidades normales (Layman DK, et al: Dietary protein and exercise have additive effects on body composition during weight loss in adult women. J Nutr 2005). Este trabajo último fue sobre la base de ejercicios de tipo aeróbico, pero el equipo de Cauza y colaboradores concluyó, a partir de un trabajo similar, que con ejercicios de fuerza y en poblaciones de sujetos que padecían diabetes tipo 2 (DBT2) los resultados se veían más favorecidos que con ejercitación aeróbica (Cauza E, et al. The relative benefits of endurance and strength training on the metabolic factors and muscle function of people with type 2 diabetes mellitus. Arch Phys Med Rehabil 2005).

Resulta interesante el hecho de que distintos autores ponderan fuertemente el entrenamiento de fuerza en razón de que este posibilita dos cosas: mantener masa muscular o, eventualmente, incrementarla. Y advierten que esta condición asciada a una ingesta reducida en CHO pero potenciada en proteínas da como resultado un mejor control de la glucemia, de la insulina y todo ello reduciendo los factores de riesgo cardiometabólicos. De esto ha dado evidencia recientemente Kerksick (Kerksick C, et al: Effects of a popular exercise and weight loss program on weight loss, body composition, energy expenditure and health in obese women. Nutr Metab (Lond) 2009).

Es de alta importancia considerar además que las dietas que se han basado en un consumo mayor de proteínas asociado a ejercicios de fuerza también mostraron reducción en la insulina de ayunas, normalización en la glucemia, cambios positivos en el perfil lipoproteico básico (colesterol y sus subfracciones mejoradas, triglicéridos reducidos, etc), tendencia a la normalización de la presión arterial y, entre otros cambios muy favorables, la disminución de la cantidad de medicamentos o de las concentraciones del compuesto activo en cada toma (Wycherley T et al. A High-Protein Diet With Resistance Exercise Training Improves Weight Loss and Body Composition in Overweight and Obese Patients With Type 2 Diabetes. Diabetes Care 2010).

Para finalizar, no debe restársele trascendencia al hecho de que tanto los diabéticos como los obesos tienen una significativa reducción de su masa muscular especialmente en piernas, con las implicancias que esto tiene en la calidad de vida. Por ello, entrenar dicha capacidad con gran énfasis no es una antojadiza posición que se asume por placer. Y tampoco es caprichoso estimular un aporte proteico asociado a los referidos ejercicios, porque es bien sabido que en el caso de quien padece DBT con o sin obesidad, también presenta falla de la insulina en su función anabólica, lo que conduce a una pérdida mayor de tejido muscular. En estas condiciones, la dieta HP junto a entrenamientos de fuerza es, al presente, la mejor estrategia no farmacológica para el abordaje de patologías tan preocupantes como la obesidad y la diabetes.

Para reflexionar…

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