Haciendo Kilómetros en el Hospital

Haciendo Kilómetros en el Hospital

A veces nunca sabes para qué te puede servir todo lo que has aprendido. Esto fue lo que nos dijo Pepe Tuimil, nuestro circunstancial profesor de lanzamientos en la maestría de atletismo, mientras nos peleábamos con tesón y no sin cierta desesperación con los martillos. Razón no le faltó que, al poco de acabar la carrera, me vi enseñando -también circunstancialmente- la habilidad de lanzar a algunos jóvenes atletas. En aquella época aprendíamos sudando, aparente contradicción que hoy en día sabemos que no es tal gracias a los avances de la neurofisiología y la psicología. De los compañeros de sudores, había uno que destacaba por su entrega y perseverancia sobre la bicicleta. Me refiero a Jesús Cobelo. Suso para más señas. Le faltaron algunos años pero finalmente alcanzó lo que con tanto ahínco buscó: ser ciclista profesional. Recuerdo que me lo contó de primera mano un día que nos cruzamos por el INEF. Misión cumplida.

Hace no mucho me llevé una sorpresa mayúscula navegando por la red: Suso estaba con quimioterapia intentando superar un linfoma de Hodgkin. La noticia había saltado a la prensa por las dificultades administrativas que tuvo que superar para que le dejasen meter su bicicleta en la habitación del hospital. Ahora que ya está fuera, sigue dándonos ejemplo con la misma entrega y perseverancia para superar este nuevo reto. Estoy seguro de que esta vez no le van a faltar los años para conseguir el objetivo. Sobre todo porque la evidencia científica está de su parte. El ejercicio regular en supervivientes de cáncer puede mejorar el prognóstico y la calidad de vida de los pacientes del mismo modo que un estilo de vida físicamente activo previene muchos tipos de cáncer. De eso sabe mucho el Dr. Alejandro Lucía de la UEM que, casualidades de la vida, también sabe mucho de ciclismo.

Lo que ya no está tan claro es qué dosis es la más adecuada en cada caso. Éste es un tema que se complica más cuando hablamos de deportistas de élite. Hay un antecedente en la literatura científica que ya describió cómo un ciclista profesional de clase internacional recuperó los niveles de capacidad aeróbica después de cesar la quimioterapia para tratar un linfoma de Hodgkin. En este caso, el ciclista retornó a niveles de entrenamiento similares a los previos al diagnóstico (20 h/semana) en un periodo de 6 semanas, mientras sus niveles de hemoglobina se recuperaron sin suplementación de hierro. Aunque este trabajo evidencia la ausencia de efectos adversos de grandes dosis de entrenamiento en pacientes previamente entrenados, aún faltaría mucho por saber sobre las dosis y las modalidades de ejercicio más apropiadas en cada caso específico. En esta línea, nos acaban de publicar un estudio con una ex-atleta diagnosticada con mieloma múltiple quiescente (asintomático) que nos advierte de algunas cuestiones que no debieran pasar desapercibidas en el diseño de sesiones de entrenamiento para pacientes con cáncer. El mieloma múltiple quiescente es un modelo muy interesante porque no tiene -a día de hoy- tratamiento reconocido. En este caso, que el azar del destino puso en nuestro camino, la paciente mejoró el prognóstico con un entrenamiento muy diferente al que venía realizando en el momento del diagnóstico. Aunque es un estudio de caso y debemos guardar mucha cautela al respecto, lo interesante de este estudio fue que la paciente cambió totalmente los contenidos del entrenamiento que venía realizando y quizá estos cambios pudieron tener alguna relación con esta mejora del prognóstico. Pero para esto son necesarios muchos más estudios. Es sólo una posibilidad por el momento. Como apuntaba al principio, nunca sabremos para qué nos puede servir lo que hemos aprendido. Esperemos que esta pequeña contribución pueda dar alguna pista más sobre cómo deben ser diseñados los entrenamientos para estas poblaciones en un futuro no muy lejano. Mientras tanto, deberemos seguir aprendiendo mientras sudamos.


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