Lic. Laura Sánchez Guillén

Aspectos Biomoleculares del Cáncer: Entender para Actuar.

Aspectos Biomoleculares del Cáncer: Entender para Actuar.

Laura L. Sánchez Guillén (Lda. en Biología; Gda. Nutrición Humana y Dietética; Máster Investigación Medicina Clínica)Lucía Guerrero Romero (Lda. Ciencias Actividad Física y Deporte; Máster Prevención Lesiones y Readaptación y EP)El cáncer es un conjunto de patologías que afectan a diferentes órganos, tienen un pronóstico variado y diversos factores de riesgo, pero cuyo denominador común es la alteración en el crecimiento y proliferación celular, que se verá con más detalle a continuación1,2. Según la OMS, es una de las causas más frecuentes de morbilidad y mortalidad a nivel mundial3.Los factores que predisponen al desarrollo de cáncer son múltiples y de diversa naturaleza. Al contrario de lo que se pensaba, parece ser que los factores genéticos hereditarios representan un pequeño porcentaje en el desarrollo de la enfermedad, es decir, la mayoría de casos de cáncer pueden desarrollarse por agentes ambientales, por lo que la prevención y la aplicación de hábitos de vida más saludables podrían desempeñar un papel muy importante en su aparición, al ejercer cierta acción sobre el control de determinados factores de riesgo4. Si bien, no se va a poder evitar completamente el desarrollo de esta patología, debido a la influencia de otros aspectos no controlables, sí puede haber una disminución en el número de casos de ciertos tipos de cáncer.La OMS destaca la obesidad, la reducción en la ingesta de frutas y verduras, el sedentarismo, el consumo de alcohol y el tabaquismo como los 5 factores de riesgo más importantes3. Por lo que, se puede extrapolar que el tipo de estilo de vida y determinados hábitos adquiridos, junto a los factores de riesgo mediombiental y de exposición directa a carcinógenos5, están relacionados con el aumento de la incidencia de casos de cáncer.En cuanto a este último concepto, la incidencia de cáncer, definida como el número de casos nuevos dentro de la población en un periodo determinado de tiempo, se ha visto que varía de un país a otro, incluso, hay grandes diferencias regionales. Esto hace pensar en la gran influencia que pueden tener los diferentes hábitos sociales y culturales. En España, según el estudio llevado a cabo por el grupo REDECAN6 en 2015, se vio una variabilidad en los ratios de incidencia de cáncer respecto al sexo y la edad, destacando un aumento de riesgo en mujeres menores de 50 años debido al desarrollo de cáncer de mama. Sin embargo, a partir de esa edad, el desarrollo de cáncer dentro de la población masculina comienza a incrementarse, siendo el de próstata el más frecuente a partir de los 60-70 años. Es necesario tener en cuenta que el diagnóstico precoz y las nuevas técnicas de detección han generado un aumento en el registro de casos, en lo últimos años, si bien, también se ha visto una mejora en la supervivencia de los pacientes en algunos tipos de cáncer.Además, se vio que en 2012 el cáncer de pulmón era el de mayor incidencia a nivel mundial, siendo el tabaquismo el factor de riesgo más importante en su desarrollo. Sin embargo, los cambios generados en el organismo a nivel hormonal, fisiológico y metabólico debidos al sedentarismo y la obesidad, pueden estar implicados en el desarrollo de un proceso inflamatorio crónico de bajo grado7 con gran implicación en el desarrollo de otras comorbilidades. Así pues, parece ser que esta inflamación mantenida en el tiempo puede estar detrás del desarrollo de gran parte de las patologías crónicas no transmisibles, entre ellas, el cáncer8, implicando al sistema inmune y modificando el correcto desarrollo del ciclo celular debido al estrés al que se ve sometido el organismo ante esta situación. Entendiendo las bases moleculares del cáncerEl cáncer es una patología genética, dado que se inicia a partir de las modificaciones en determinados puntos del DNA que conllevan cambios en los controles del ciclo celular. Sin embargo, es necesario no confundir esta condición con el carácter “hereditario” que pueden tener algunas enfermedades. Si bien es cierto que, ante algunos casos de cáncer que cumplen determinados parámetros previamente establecidos, se deriva al paciente y a sus familiares a consejo genético donde se les hace un estudio en profundidad dándoles toda la información necesaria, esta situación se da en un bajo porcentaje de los casos totales. Los diferentes tipos de cáncer se clasifican de forma general según el origen celular y el órgano que afectan, siendo conocidos los carcinomas que afectan las células epiteliales, los sarcomas de fibras musculares o los linfomas y leucemias, con una clasificación más compleja9. Actualmente, son cinco los tipos de cáncer con mayor tasa de mortalidad: Pulmonar, hepático, colorrectal, gástrico y mamario3,6. Existe evidencia del origen clónico de la enfermedad, es decir, el origen se da en una única célula mutada que ha sobrevivido y ha proliferado sin control alguno y transmitiendo la mutación a la siguiente generación. Pero, la complejidad es aún mayor. Esta mutación puede provenir de un cambio genético en la estructura del DNA o bien, por un cambio epigenético, es decir, un cambio que modula la expresión genética sin cambiar la estructura del DNA, destacando las metilaciones, las acetilaciones o los micro RNAs. Sin embargo, en esta ocasión, no se profundizará en estos procesos, dada la complejidad y la extensión que supondría.El cuerpo humano está formado por millones de células que están en constante renovación, lo que provoca que durante el ciclo celular sufra diferentes mutaciones en su cadena de DNA. Es parte del proceso normal del desarrollo de la vida que, incluso, en ausencia de mutágenos, aparezcan mutaciones de forma espontánea. Por eso, para evitar un desarrollo anómalo, la célula cuenta con multitud de puntos de control, como la acción, entre otras, de la conocida proteína p5310,11 y diversos mecanismos que van desde la reparación de la mutación hasta la apoptosis de la célula con el único fin de preservar el desarrollo normal del tejido. Sin embargo, en algunas ocasiones, este control falla debido a numerosos factores asociados, que impiden un correcto funcionamiento del sistema y un conjunto de situaciones determinadas dan lugar a un desarrollo celular incontrolado generando un tumor. Se trata de la acumulación de errores, no una mutación aislada, la que desemboca en este proceso, siendo la razón principal por la que, generalmente, la incidencia de cáncer se ve aumentada con la edad debido, además de por la exposición reiterada a los factores de riesgo, a un déficit de los procesos de reparación y control celular.6,12Por tanto, un tumor se genera a partir de un proceso homeostático alterado por lo que se dará crecimiento en tamaño y del aumento en la proliferación de una célula, pero será la capacidad de invasión la que defina como canceroso o no. El tumor maligno es considerado como canceroso dada su capacidad de invadir otros tejidos, generando metástasis y dificultando la curación9.Definiendo los conceptosCarcinogésisLa carcinogénesis es el proceso de generación de un cáncer que depende de la mutagénesis que produce cambios en el DNA. Existen agentes carcinogénicos bien conocidos, que pueden ser químicos, como los hidrocarburos aromáticos policíclicos o las radiaciones ionizantes, rayos X o radiación UV, que provocan cambios puntuales dentro del DNA.El desarrollo de un cáncer viene dado por una acumulación de mutaciones que desemboca en un control anómalo del crecimiento y proliferación celular, existiendo una predisposición a este proceso en algunos individuos que han perdido la capacidad de reparar el DNA. También, puede influir que muchas células cancerosas son genéticamente inestables, es decir, que pueden sufrir mayor mutagénesis que las células normales y acumular modificaciones, tanto puntuales como cromosómicas a una velocidad superior, sobre todo si algunos de los mecanismos de control se encuentra alterado. Este factor, por sí mismo no genera una ventaja selectiva a la célula, pero sí puede predisponer al desarrollo y evolución de la enfermedad, necesitando otros factores adicionales para el desarrollo del tumor.Como se anunciaba antes, la generación de una sola mutación no implicaría el desarrollo de un tumor. Sin embargo, un aumento del número y la velocidad de división celular por un aumento en factores de crecimiento celular conlleva una mayor probabilidad de que se generen mutaciones puntuales y, por tanto, una probabilidad aumentada de que una de esas células sufra una mutación añadida que le permita progresar hacia un desarrollo tumoral. Por tanto, diversos factores, como puede ser la obesidad13, conllevan un aumento en las probabilidades de desarrollar un conjunto de cambios que desemboquen en cáncer. En este sentido, la apoptosis es uno de los mecanismos encargados de controlar la proliferación celular excesiva o el desarrollo de una célula anormal. En condiciones normales, se provoca la muerte celular programada y el problema se resuelve. Pero, si uno de los cambios ha afectado a la capacidad de activar la apoptosis en el momento necesario, con toda probabilidad, se producirá el crecimiento tumoral. Por tanto, para la célula cancerosa es vital sortear los diferentes puntos de control que paralizan el avance del ciclo celular para poder continuar su proliferación.Por otra parte, todo este proceso de crecimiento y proliferación celular implica un gran gasto energético para la célula, siendo necesaria una gran cantidad de nutrientes y de oxígeno. Es por ello que para que la célula cancerosa sobreviva necesita de la angiogénesis, proceso por el cual se desarrollan vasos sanguíneos nuevos que nutren a las células. La hipoxia a la que se ve sometida la célula tumoral genera señales angiogénicas que atraen los vasos sanguíneos, lo que provoca un del riego sanguíneo y, además, un aumento en determinados factores que reguladores de genes para la expresión de determinadas proteínas esenciales del proceso9.MetástasisLa metástasis es un proceso que conlleva la extensión, a través de los vasos sanguíneos, del cáncer a otros tejidos distantes al de origen. Se trata de un proceso avanzado del desarrollo de la patología con, generalmente, pronóstico adverso por la diseminación y la dificultad que entraña la extirpación del tejido afectado.Existen procesos que controlan la localización adecuada de las células, evitando que estas invadan otros tejidos. Por tanto, para que se produzca una metástasis, la célula cancerosa debe tener la capacidad de evadir estos controles y, para ello, deben disminuir la adhesión a otras células y la matriz extracelular, así como, desarrollar una capacidad de invasión de tejidos, pudiendo establecerse en otros tejidos, lo que entraña una nueva situación adversa para la célula cancerosa9.La metástasis es un proceso muy complejo, con baja probabilidad de que la célula cancerosa pueda establecer la invasión y necesitando de múltiples mecanismos y elementos para su desarrollo. Los exosomas son vesículas extracelulares que contienen proteínas, ácidos nucleicos y lípidos que pueden estar relacionados con numerosos procesos biológicos tanto en condiciones patológicas como no patológicas, sin embargo todavía es un campo con muchas posibilidades. La relación de estas vesículas con el desarrollo del cáncer, pudiendo estar involucradas en gran parte del desarrollo y procesos metastáticos de la célula canceroso. Los exosomas pueden formar parte del proceso invasivo portando información que genere en otro tejido distante el ambiente necesario para la migración de la célula cancerosa, estando este proceso propiciado por la capacidad de que tienen estas vesículas de modular el sistema inmune14–16. Carcinógenos, mutágenos y la prevención del cáncerLa aparición de mutaciones en la división celular es un proceso natural, por lo que es inevitable poder prevenir la aparición de la enfermedad en su totalidad. Sin embargo, se trata de una pequeña parte, frente al resto de factores ambientales evitables o modificables que aumentan el riesgo del desarrollo de la enfermedad, pudiéndose prevenir entre el 30 y el 50% de los casos. (OMS), abarcando, también el diagnóstico precoz y la aplicación del tratamiento oportuno3.Los carcinógenos, sustancias con capacidad mutagénica, son de naturaleza variada. Muchos de estos, como los hidrocarburos aromáticos y sus derivados son agentes químicos que provocan mutaciones en el DNA, como también lo hacen la radiación UV o los rayos X entre otros. Existen sustancias que actúan como un iniciador tumoral, es decir, que no provocan cáncer ante una sola exposición pero sí genera alteraciones genéticas latentes. Y, por otra parte, existen los promotores tumorales que son compuestos químicos que por sí mismos no son mutagénicos, pero que por acción repetida y siempre tras el tratamiento con un iniciador mutagénico pueden producir cáncer. El tabaco contiene una mezcla de sustancias entre las que se encuentran tanto iniciadores como promotores tumorales y es bien conocido que es uno de los factores ambientales con relación directa en la generación de cáncer, ocasionando aproximadamente, el 22% de las muertes por cáncer3. Por lo que la eliminación del hábito tabáquico continúa siendo una de las vías más efectivas en la reducción de riesgo de desarrollo de cáncer y de otras patologías.Sin embargo, no de todos los mutágenos ni de todos los factores de riesgo asociados se ha podido comprobar esta relación tan directa, por lo que los mecanismos de prevención pasan por promover hábitos más saludables, como puede ser una nutrición adecuada y una vida activa, con la práctica ejercicio físico regular, para evitar el desarrollo de otras patologías que, de una forma indirecta, puedan desembocar en un proceso canceroso.Conclusiones finalesEl desarrollo del cáncer es una sucesión de alteraciones unidas que generan un cambio en la homeostasis celular, rompiendo con los sistemas encargados de vigilar que el desarrollo celular sea correcto. En la evolución de este proceso hay factores, que se pueden denominar “naturales”, que no pueden ser controlables, dado que se producen debido a los procesos celulares habituales. Sin embargo, sí se ha visto una gran implicación de agentes de riesgo externos directos o indirectos, como los mencionados durante el texto, sobre los que sí se puede actuar. De forma resumida, se puede decir que una célula tumoral se caracteriza por su continua proliferación, con una gran actividad metabólica y por su fenotipo de inmortalidad, que consigue gracias a la evasión de los controles de inhibición del crecimiento. Además, al alcanzar un determinado tamaño es indispensable que tenga la capacidad de generar angiogénesis e invadir otros tejidos produciendo metástasis y, en este caso, denominándose célula cancerosa, con gran inestabilidad genómica. Por último, algo importante es la relación con el sistema inmune, siendo capaz, por determinados factores de inhibir los mecanismos de rechazo. Aún siendo una síntesis muy básica, a través del conociendo de las bases moleculares del cáncer se puede comprender la patología para poder actuar ante ella de la forma más adecuada. No es posible garantizar que esta enfermedad no aparezca a lo largo de la persona, sin embargo, lejos de desanimar, el conocimiento sí ofrece múltiples oportunidades a la hora de abordar la patología desde el punto de vista de la prevención, del diagnóstico precoz y del tratamiento. Entender los procesos de aparición y desarrollo que sigue la patología del cáncer es vital para valorar tanto los límites a la hora de prevenir la enfermedad, siendo conscientes de la realidad, como el amplio rango de posibilidades existentes a la hora de generar hábitos más saludables, con menor impacto sobre la salud. Las últimas investigaciones apuntan que determinadas patologías que cursan con inflamación crónica de bajo grado, como es la obesidad, pueden estar detrás del aumento del riesgo de sufrir algún tipo de cáncer. Por lo que esta es una razón más para mejorar en todos aquellos mecanismos de intervención disponibles, como son el ejercicio físico y la nutrición, para minimizar, dentro de las posibilidades reales, los factores de riesgo que desemboquen en la enfermedad. Bibliografía1. Hanahan D, Weinberg RA. The Hallmarks of Cancer. Cell. 7 de enero de 2000;100(1):57-70. 2. Svatetz CAG. Nutrición y cáncer. Editorial Médica Panamericana S.A.; 2015. 206 p. 3. WHO | Cancer [Internet]. WHO. [citado 4 de febrero de 2018]. Disponible en: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs297/en…4. Goodman SN, Samet JM. Cause and Cancer Epidemiology. 1 de septiembre de 2009 [citado 4 de febrero de 2018]; Disponible en: https://jhu.pure.elsevier.com/en/publications/caus…5. White MC, Peipins LA, Watson M, Trivers KF, Holman DM, Rodriguez JL. Cancer Prevention for the Next Generation. J Adolesc Health Off Publ Soc Adolesc Med. mayo de 2013;52(5 0):S1-7. 6. 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¿Es posible la modulación de la microbiota a través de la dieta?

¿Es posible la modulación de la microbiota a través de la dieta?

Laura L. Sánchez (Lic. en Biología. Grado en Nutrición Humana y Dietética. Máster en Investigación en Medicina Clínica)En la actualidad, la composición de la microbiota intestinal ya está entre una de los factores a tener en cuenta a la hora de tratar ciertas patologías, al menos, se sabe que la alteración de aquella microbiota considerada “saludable” está muy relacionada con diversas patologías, no teniendo certeza de si es causa o efecto.Relacionado con esto, uno de los temas de mayor relevancia en el ámbito de la nutrición es conocer si es posible modular la composición de la microbiota a través de una dieta determinada y/o cómo afectan los nutrientes a las poblaciones, sobretodo bacterianas, que colonizan el tracto gastrointestinal. Este hecho queda de manifiesto desde los primeros días de vida, donde se ha visto cómo la lactancia materna ejerce un efecto muy beneficioso sobre la colonización y maduración de la microbiota del bebé a través de los oligosacáridos de la leche humana y, poco a poco, la microbiota se va modificando conforme se van introduciendo nuevos alimentos y nutrientes en la dieta del bebé, hasta finalmente, consolidarse la microbiota más semejante a la de un individuo adulto. Por tanto, cabe esperar que sí haya una modulación más o menos directa de los alimentos sobre la composición de microorganismos gastrointestinales, donde determinados nutrientes generarán cambios en los ciclos de vida favoreciendo o inhibiendo la proliferación de unos grupos frente a otros. A su vez, existe una cierta asociación entre determinados microorganismos, donde el beneficio de unos va asociado a la modificación de otros grupos, es decir, gracias a la generación de diversos componentes por un grupo, se modifica positiva o negativamente la composición de otro, de esto tratan los sistemas ecológicos y esto es uno de los puntos que dota de complejidad al tema.La microbiota se ha visto tiene una gran plasticidad, lo que supone la capacidad de adaptar sus poblaciones a las condiciones fluctuantes del medio, esto no siempre es beneficioso para el ser humano, sin embargo, como todo ser, cada grupo trata de desarrollarse y sobrevivir a la adversidad, colonizando los espacios disponibles o tratando de modificar o aprovecharse de aquello que le rodea. Su objetivo no es buscar la salud del organismo que lo alberga, sino, buscar su propio beneficio y supervivencia. ¿Qué ocurre en la sociedad “moderna” a nivel nutricional? Las denominadas “Western diets” son, de forma resumida, dietas altas en grasas y en azúcares, generalmente refinados, y bajas en fibra, además de pobres nutricionalmente, pero son muy populares en las zonas industrializadas dada la facilidad en el acceso y la rapidez en la obtención de alimentos, así como en la gran palatabilidad de las mismas. La microbiota cambia ante estas dietas, tanto en composición como en función lo que genera modificaciones en el organismo directas o indirectas, a través de los mecanismos fisiológicos existentes, de la relación con los epitelios gastrointestinales y con afectación sobre el sistema inmunitario.Siendo así este efecto nutriente-microbiota es lógico pensar que en aquellas situaciones de desnutrición haya una alteración en la composición de la microbiota, viéndose que en muchas ocasiones, tras reestablecer una nutrición adecuada que cubre las necesidades, la composición puede variar hacia la considerada como “saludable”, sin embargo, no llega a restaurarse en su totalidad. Esto quiere decir, que los cambios en el ambiente no afectan igual a todos los grupos. Algunos son mucho más sensibles, por lo que no son capaces de sobrevivir ante la adversidad.Existe una fluctuación en la composición de la microbiota debido a diversos factores, asociado a los ritmos circadianos, al estrés, afectando también las fases de ayuno-ingesta, etc. Por lo que los cambios en la dieta, la pérdida de peso o la adición de determinados suplementos, entre otros, puede generar un cambio en los colonizadores, que puede restaurarse si el individuo vuelve a la condiciones iniciales. Pero, en algunos grupos, el cambio permanece durante un periodo variable de tiempo, todos no responden igual a los cambios en el ambiente intestinal. Parecería sencillo definir entonces qué grupos se modifican ante determinados cambios, cuáles perduran, cuáles desaparecen, etc. De hecho en ratones, el ambiente controlado permite estudiar algunos de estos asuntos y se puede obtener ciertos resultados más o menos concluyentes. Sin embargo, el estudio de las modificaciones de la microbiota intestinal en humanos en base a determinados nutrientes entraña la dificultad de todos aquellos otros factores implicados que no son controlables. Si bien, existen algunos estudios en los que se observa que la deficiencia en ciertos micronutrientes y otros componentes pueden influir sobre la estructura de la microbiota.¿Y qué se sabe sobre la influencia de los alimentos y nutrientes sobre la microbiota? Ya se avanzaba antes algo sobre el efecto modulador de la microbiota sobre el sistema inmunitario. Se sabe que algunos grupos bacterianos fermentan determinados componentes de la fibra y se ha visto que la generación de ácidos grasos de cadena corta (AGCC) está implicado en esta inmunomodulación, generalmente, positiva, sobre lo que existen investigaciones más o menos sólidas. Sin embargo, y aún cuando se ven modificaciones en la composición en aquellos individuos que siguen dietas altas en grasas o altas en proteínas, todavía es necesario profundizar en cómo y porqué se generan estos cambios, así como, tratar de investigar de forma más específica sobre el efecto en humanos, más allá de una población controlada de ratones.Hasta ahora, la nutrición se ha estudiado desde el punto de vista de los alimentos sobre el sistema gastrointestinal, sin embargo, la investigación sobre la microbiota intestinal y su función sobre el organismo, así como su relación con los nutrientes ha introducido un nuevo mediador que interviene en el procesado de los alimentos. Como entidades independientes al organismo que son, tratan de cubrir sus necesidades para su propia supervivencia y evolución, por lo que la llegada de nutrientes es una oportunidad para todos ellos de prosperar. En ocasiones, esto significa que algunos nutrientes no llegan en la cantidad deseada al organismo, sino que se reparten entre la microbiota siendo, generalmente en estos casos, patógena u oportunista.Por tanto, la complejidad que estriba este ecosistema interno que coloniza el organismo y la influencia de muchos otros factores ajenos a la dieta hace que la capacidad de modular la microbiota de una manera efectiva y controlada a través de los alimentos requiera todavía un mayor estudio, sobre todo en sujetos humanos, dadas las diferencias con los modelos murinos. Sin embargo, se trata de un tema controvertido y no carente de dificultad. Es necesario continuar teniendo en cuenta que en la nutrición humana existe una tercera variable que interviene en los procesos de salud y enfermedad, por lo que es fundamental ir definiendo poco a poco este factor y comenzar a expandir los conocimientos relativos a todos los microorganismos que colonizan el tracto gastrointestinal, incluyendo otros grupos, más allá del bacteriano.Se recomienda la lectura completa de este artículo de revisión de gran interés.Referencia: Zmora N, Suez J, Elinav E. You are what you eat: diet, health and the gut microbiota. Nature Reviews Gastroenterology & Hepatology [Internet]. 27 de septiembre de 2018; Disponible en: https://doi.org/10.1038/s41575-018-0061-2

​EJERCICIO FÍSICO EN SUPERVIVIENTES DE CÁNCER DE MAMA

​EJERCICIO FÍSICO EN SUPERVIVIENTES DE CÁNCER DE MAMA

Lucía Guerrero (Lda. Ciencias Actividad Física y Deporte; Máster Prevención Lesiones y Readaptación y EP)Laura L. Sánchez (Lda. en Biología; Gda. Nutrición Humana y Dietética; Máster Investigación Medicina Clínica)IntroducciónEl término «cáncer» representaa un conjunto de más de 100 enfermedades, constituyendo una de las principales causas de morbilidad y mortalidad en todo el mundo, con una incidencia de alrededor de 14,1 millones de casos y aproximadamente 8,2 millones de muertes en 2012 (1). La incidencia de cáncer de mama en el mundo ha progresado de manera alarmante en los últimos años. Entre 2008 y 2012, el número de casos nuevos de cáncer de mama aumentó en un 20% y en 2012 se registraron un total de 1,7 millones de casos nuevos y 522,000 muertes. En contraste con esta progresión, la detección temprana en concomitancia con la efectividad de los nuevos tratamientos contra el cáncer en la reducción y eliminación de la carga tumoral ha cambiado el curso natural de supervivencia en esta población (2).La etiología del cáncer de mama no se comprende completamente, sin embargo, parece tener causas multifactoriales que involucran factores reproductivos y endocrinos, como nuliparidad, antecedentes hormonales y el uso de terapia hormonal (anticonceptiva y reemplazo hormonal). Otros factores también se han asociado con el cáncer de mama, como la exposición a radiación ionizante, el consumo de alcohol, las dietas altas en calorías, la inactividad física y la obesidad (1).El tratamiento en el cáncer de mama incluye cirugía, quimioterapia, radiación y terapia hormonal, que se pueden usar solas o en combinación. Aunque está dirigido a una cura, el tratamiento presenta numerosos efectos secundarios perjudiciales, como linfedema, fatiga, sarcopenia, osteopenia, osteoporosis, disfunción cardiovascular, sobrepeso, inmunosupresión, inflamación sistémica, trastornos del sueño, neuropatía periférica, cambios en la percepción de la imagen corporal, ansiedad y depresión, que contribuyen a empeorar el estado de salud y calidad de vida en las supervivientes de cáncer de mama (2). Los factores asociados comúnmente con el tratamiento pueden causar una espiral descendente, reduciendo la funcionalidad y empeorando los síntomas relacionados con la fatiga, lo que aumenta el riesgo de desarrollar otras enfermedades y reduce la esperanza de vida en esta población. Eventualmente, el proceso inflamatorio desencadenado en las supervivientes de cáncer de mama es una vía subyacente tanto para el comienzo o empeoramiento de las comorbilidades como para la recurrencia del tumor (2).Ejercicio Físico: ¿qué se sabe actualmente? ¿Cuáles son los nuevos hallazgos?Las Guías de Práctica Clínica recomiendan que las sobrevivientes de cáncer de mama sean controladas continuamente para detectar linfedema, cardiotoxicidad, deterioro cognitivo, angustia, depresión, ansiedad, fatiga, cambios en el tejido óseo, dolor, neuropatía periférica, y deben recibir asesoramiento sobre promoción de la salud relacionado con el ejercicio físico, nutrición y otros factores relacionados con el estilo de vida (3).Hasta la fecha, la evidencia prevaleciente en el campo de la oncología del ejercicio apoya la seguridad y la eficacia del ejercicio como una herramienta para atenuar muchos de los efectos adversos relacionados con el tratamiento, como el riesgo de enfermedad cardiovascular, el aumento de la fatiga, la disminución de la condición física y la reducción de la calidad de vida. Asimismo, la culminación en la literatura existente que respalda los beneficios del ejercicio para pacientes con cáncer y sobrevivientes de cáncer de mama ha dado lugar al desarrollo de varios posicionamientos y declaraciones de expertos de numerosas agencias internacionales que promueven el ejercicio físico en esta población. Estas recomendaciones proporcionan una guía beneficiosa para desarrollar una correcta programación y prescripción del entrenamiento segura y efectiva para pacientes sobrevivientes de cáncer de mama. Sin embargo, la respuesta al ejercicio en una población de pacientes con cáncer puede variar según el tipo de cáncer, el tratamiento, la dosis, la duración, y el tiempo a lo largo del continuo de la enfermedad (4).En la revisión de Fuller JT et al (2017) se identificaron 65 artículos que informaron un total de 140 meta-análisis independientes que investigaron el efecto del ejercicio sobre la salud cardiovascular, la fuerza muscular, la calidad de vida relacionada con la salud, la fatiga relacionada con el cáncer y la depresión. Los meta-análisis tendieron a proporcionar pruebas de calidad baja o moderada para los efectos beneficiosos del ejercicio sobre la salud cardiovascular y la fuerza muscular, y pruebas de calidad baja o moderada sobre los pequeños efectos beneficiosos del ejercicio sobre la fatiga relacionada con el cáncer, la calidad de vida y la depresión. La incidencia de eventos adversos relacionados con el ejercicio fue típicamente muy baja (5). El ejercicio físico está asociado con numerosos beneficios para la salud, y es recomendado a las sobrevivientes de cáncer de mama realizarlo regularmente durante y después del tratamiento. El primer meta-análisis que investigó el efecto de las intervenciones de ejercicio en sobrevivientes de cáncer de mama se publicó en 2005 y, desde entonces, ha habido un número cada vez mayor de meta-análisis publicados sobre el tema. Cuando se han publicado múltiples meta-análisis sobre preguntas similares y superpuestas en un período de tiempo relativamente corto, debe haber una visión general sistemática de los datos meta-analíticos (llamada revisión general) para determinar la calidad, la solidez de la evidencia y el nivel de consistencia o contradicción potencial en los resultados. La mejoría cardiovascular y sobre la fuerza muscular fueron los mayores efectos del ejercicio en las sobrevivientes de cáncer de mama. El mayor número de meta-análisis de alta calidad investigó los efectos del ejercicio sobre la fatiga relacionada con el cáncer y tuvo un pequeño efecto beneficioso. La incidencia de eventos adversos relacionados con el ejercicio fue típicamente muy baja. La mayoría de los meta-análisis incluidos en esta revisión general se basaron total o principalmente en estudios realizados en sobrevivientes de cáncer de mama. Por lo tanto, aunque existe una gran cantidad de evidencia de nivel uno que respalda el ejercicio en las sobrevivientes de cáncer de mama, la capacidad de extrapolar esta evidencia a sobrevivientes de distintos tipos de cáncer es limitada. De modo que hay cada vez más pruebas que demuestran el papel beneficioso del ejercicio para mitigar varios efectos adversos del cáncer de mama y su tratamiento, y esta evidencia se ha resumido en varias revisiones sistemáticas y meta-análisis. Así, tiene la capacidad para interrumpir esta espiral descendente, minimizar los efectos secundarios del tratamiento y mejorar la calidad de vida de una sobreviviente de cáncer de mama. También ha demostrado beneficios fisiológicos y psicológicos, incluidos cambios positivos en los niveles de fatiga y trastornos del estado de ánimo (es decir, ansiedad y depresión). Los estudios acerca del entrenamiento de fuerza y resistencia han mostrado efectos interesantes para reducir los niveles de fatiga, aumentar la capacidad funcional y la fuerza muscular, e inducir cambios positivos en la composición corporal y la calidad de vida (5). Sin embargo, revisiones sistemáticas y meta-análisis tienden a incorporar los programas de ejercicio en categorías generales y rara vez investigan las características específicas de los programas de ejercicio que pueden hacerlos más o menos efectivos. Si bien es útil para proporcionar un consenso general con respecto a los beneficios del ejercicio, esta agrupación de programas de entrenamiento puede impedir la “traducción” de programas seguros, efectivos y eficaces de la investigación a la práctica, y brinda poca orientación sobre las características que debe poseer un programa de entrenamiento para esta población (3).Es por ello que, los beneficios de la intervención mediante ejercicio físico en la calidad de vida para supervivientes de cáncer de mama están atrayendo cada vez más atención. Se ha demostrado que una frecuencia de entrenamiento de 2 o 3 veces por semana, durante o después de la quimioterapia, mejora la calidad de vida. Revisiones recientes sobre el cáncer y el ejercicio informaron que la participación en un programa de entrenamiento durante y después del tratamiento mejoró la calidad de vida y el estado de salud, y disminuyó los efectos secundarios (1).Paoli et al. (2012) señalaron que para diseñar un programa de entrenamiento de fuerza es necesario manejar adecuadamente las variables de la dosis. Los diferentes hallazgos sobre la ganancia de fuerza y los cambios en la composición corporal pueden atribuirse en parte al diseño de los protocolos de entrenamiento. Las revisiones actuales sobre el entrenamiento neuromuscular en las sobrevivientes de cáncer de mama han analizado la seguridad y la eficacia de los programas, sin embargo, según el mejor conocimiento de los autores, no hay una revisión sistemática que haya tenido como objetivo analizar críticamente el efecto de los estímulos propuestos y cómo se han definido y manipulado los componentes de la dosis de entrenamiento en las sobrevivientes de cáncer de mama. Esta información ayudará a los investigadores y profesionales de la salud a estandarizar y diseñar de manera correcta programas eficientes en las sobrevivientes de cáncer de mama (1).En la revisión de Wanderson Divino Nilo dos Santos et al. (2017) se incluyeron 10 estudios, de los cuales9 se consideraron de alta calidad y 1 se consideró de baja calidad. Los hallazgos mostraron que el entrenamiento de fuerza es eficaz para aumentar la fuerza muscular en las supervivientes de cáncer de mama (1).Las mujeres que se han sometido a quimioterapia tienen un riesgo 2.1 veces mayor de aumento de peso que las mujeres sin cáncer de mama. La obesidad también puede duplicar el riesgo de recurrencia y muerte en las sobrevivientes de cáncer de mama. Los cambios en la composición corporal son el resultado de varios factores, como la inactividad física, la disminución de la tasa metabólica en reposo, la ingesta excesiva de alimentos y los cambios hormonales. Por lo tanto, el entrenamiento de fuerza puede tener un papel importante en el control de la composición corporal, pero sorprendentemente, la revisión sistemática de M.A.F. de Jesus Leite et al. (2018), encontró un solo estudio en el que se observaron cambios significativos en la composición corporal. Schmitz et al. (2005) informaron que el entrenamiento de fuerza resultó en un aumento significativo en la masa corporal magra y una reducción significativa en la grasa corporal. Sin embargo, existen limitaciones en el diseño de la investigación y parecen estar relacionados con la magnitud del efecto de la intensidad del entrenamiento, ya que los estudios revisados informaron un control de la carga de entrenamiento impreciso al ser “autorregulado” por el propio sujeto. Además, el entrenamiento cardiorrespiratorio podría potenciar los cambios en la composición corporal; sin embargo, estos efectos estaban más allá del alcance de la revisión mencionada. En ese sentido, en la revisión mencionada se encontró importantes debilidades referidos a los protocolos de entrenamiento; por ejemplo, muchos estudios no informaron la duración del periodo de recuperación inter-series, la velocidad de ejecución, supervisión por un profesional y el grado de esfuerzo real (1).Además, se han publicado varios meta-análisis del efecto de las intervenciones con ejercicio en la calidad de vida de las pacientes con cáncer de mama. Duijts et al. (2011) realizaron un meta-análisis completo de los efectos del ejercicio físico en la calidad de vida tanto de las pacientes con cáncer de mama como de las sobrevivientes, pero incluyó ensayos controlados aleatorios solo hasta 2009. Un meta-análisis publicado en 2013 evaluó el efecto del entrenamiento sobre la calidad de vida solo para sobrevivientes de cáncer de mama (Zeng et al, 2014). Este estudio apoyó la idea de que las intervenciones con ejercicio tienen efectos estadísticamente significativos en la calidad de vida en general. Dicha revisión sistemática de ensayos controlados aleatorizados evaluó sistemáticamente la efectividad del entrenamiento cardiorrespiratorio, del entrenamiento neuromuscular y de los programas concurrentes (entrenamiento combinado de fuerza más resistencia) en la calidad de vida en pacientes con cáncer de mama. Los 36 estudios incluidos fueron bastante heterogéneos en cuanto al tipo de ejercicio, la frecuencia y la duración de las sesiones, la duración total del programa y las mediciones en la calidad de vida. Es importante determinar qué tipos de programas de ejercicio son adecuados para la mejora de la calidad de vida de las pacientes con cáncer de mama. 22 de los 25 estudios informaron un efecto significativo del ejercicio de resistencia en la calidad de vida en pacientes con cáncer de mama en comparación con el grupo control. 7 de los 8 estudios informaron un efecto significativo del ejercicio de fuerza en la calidad de vida en pacientes con cáncer de mama en comparación con el grupo de control. Los 7 estudios informaron un efecto significativo del entrenamiento combinado en la calidad de vida en pacientes con cáncer de mama en comparación con el grupo control. Las investigaciones futuras deben dirigirse a los efectos del ejercicio combinado sobre la calidad de vida en pacientes con cáncer de mama. Además, una mejor adherencia a la intervención se asoció con mejoras significativas en la fatiga, bienestar físico y calidad de vida (6).Entre los estudios incluidos, 12 analizaronla intensidad de las intervenciones de ejercicio, y de ellos 8 estudios informaron que las prescripciones de ejercicio que incorporan más de 150 minutos de entrenamiento de “alta intensidad” por semana se asociaron con una baja incidencia de eventos adversos en el cáncer de mama, mientras que también mejoraron significativamente la fuerza de miembros superiores e inferiores y por tanto la calidad de vida. 3 estudios sugirieron que las intervenciones deberían centrarse en lograr un mínimo semanal de 150 minutos de ejercicio de “intensidad moderada”, lo que mejoraría la calidad de vida y posiblemente derivaría beneficios asociados de menor riesgo de mortalidad y recurrencia. Un estudio (Mustian et al, 2004) informó que menos de 150 min/semana de ejercicio de baja y moderada intensidad mejoraron la calidad de vida y la autoestima (6).Sin embargo, las limitaciones de esta revisión sistemática deben ser anotadas. Algunos estudios no informan eventos adversos y hay una necesidad de explorar los efectos adversos del ejercicio entre pacientes con cáncer de mama en futuras investigaciones. En segundo lugar, algunos estudios no proporcionaron ejercicio supervisado. No se pudo determinar si los participantes completaron el programa de entrenamiento o si alcanzaron un objetivo real, lo que podría haber afectado el resultado de la calidad de vida. Además, 5 estudios no informaron los detalles de la pérdida de seguimiento y las herramientas de medición de los estudios fueron diversas; ambos pueden resultar en una sobreestimación de los efectos positivos de las intervenciones de ejercicio en los resultados del estudio. Se puede decir que el ejercicio aun siendo auto-administrado es seguro y mejora efectivamente la calidad de vida en supervivientes de cáncer de mama. En particular, el entrenamiento combinado produce un efecto positivo en la calidad de vida y sin haber sido informados eventos adversos con esta intervención multicomponente (6).Por otro lado, otros estudios han demostrado que las intervenciones de 12 a 16 semanas con entrenamiento cardiorrespiratorio, entrenamiento de fuerza y entrenamiento concurrente (entrenamiento combinado de fuerza más resistencia) pueden reducir las citocinas proinflamatorias en otras enfermedades crónicas no infecciosas, y que esta reducción está asociada con mejoras en el acondicionamiento cardiovascular y el aumento de la fuerza muscular (2).En las supervivientes de cáncer de mama, los resultados relacionados con el entrenamiento y el perfil inflamatorio siguen siendo bastante controvertidos, especialmente en relación con el tipo de intervención que se aplica. Estudios recientes han mostrado que el entrenamiento cardiorrespiratorio de intensidad moderada y otras modalidades de ejercicio, como el yoga, fueron eficaces tanto para disminuir los marcadores inflamatorios como para mejorar la función inmunológica en el período posterior al tratamiento. Por otro lado, los estudios que involucraron la intervención solo de entrenamiento de fuerza o el entrenamiento combinado no produjeron los mismos resultados en relación con la reducción de marcadores proinflamatorios (2).En individuos sanos, el entrenamiento de fuerza y entrenamiento combinado han sido reconocidos como eficientes para generar las adaptaciones y los estímulos fisiológicos involucrados tanto en la disminución de la grasa corporal como en el aumento de los niveles de fuerza y la mejora en el perfil inflamatorio proporcionado por el ejercicio. Pero en supervivientes de cáncer, todavía hay preguntas que deben ser respondidas sobre la aplicación de estos tipos de entrenamiento. ¿Hay mejoras en los niveles de marcadores inflamatorios con el uso del entrenamiento de fuerza y entrenamiento concurrente? ¿Qué ejercicios se pueden recomendar y son los más indicados? ¿Qué carga de entrenamiento se pueden utilizar con seguridad y eficacia en esta población? (2)Linfedema vinculado con el cáncer de mamaUnido a ello, a pesar del gran avance en la atención prestada actualmente sobre el cáncer de mama, las supervivientes de cáncer corren el riesgo de sufrir varias complicaciones en el tratamiento, tal vez la más preocupante la debida a linfedema relacionado con el cáncer de mama. Se trata de un problema crónico y progresivo caracterizado por la acumulación de líquido en los tejidos intersticiales en el brazo, el hombro, el cuello o el torso. Esta acumulación se atribuye a la interrupción de las vías linfáticas de la resección quirúrgica y/o la radiación de los vasos linfáticos o ganglios durante el tratamiento del cáncer de mama. Se desarrolla con mayor frecuencia dentro de los 3 años de tratamiento; sin embargo, hay informes de que esta afección se desarrolla hasta 20 años después del tratamiento. La incidencia notificada de linfedema entre las sobrevivientes de cáncer de mama varía y se cree que depende del tipo de tratamiento recibido, sin embargo, las estimaciones recientes indican que más de 1 de cada 5 sobrevivientes de cáncer de mama desarrollarán linfedema. El hinchazónasociada puede variar de leve a incapacitante y está asociada con sentimientos de incomodidad, pesadez y debilidad en el brazo, dolor y un mayor riesgo de infección. Estos síntomas perjudican aún más las capacidades funcionales y de autocuidado de los individuos, causando un sufrimiento psicológico significativo y una calidad de vida reducida (7).A lo largo del tiempo, los temores de exacerbación pueden llevar a una baja autoeficacia, una reducción de la calidad de vida, el descondicionamiento físico y la obesidad. Teniendo en cuenta además que, el sobrepeso, la obesidad, y un estilo de vida sedentario son factores de riesgo conocidos para el desarrollo y la progresión de linfendema (7).La evidencia reciente indica que el entrenamiento de fuerza puede ser una estrategia de manejo segura y eficaz para el linfedema, no solo al mejorar la capacidad funcional, sino también al mejorar el flujo linfático mediante el efecto de bombeo estimulado por la contracción muscular. Además, mantener o incrementar la fuerza muscular y mejorar la composición corporal puede compensar algunos de los efectos perjudiciales del tratamiento del cáncer (fragilidad, densidad mineral ósea reducida, fatiga, entre otros). A pesar de los conceptos erróneos generalizados de que las sobrevivientes de cáncer de mama deben evitar el ejercicio de miembros superiores, no hay pruebas que sugieran que el entrenamiento de fuerza aumente la incidencia o esté asociado con exacerbaciones de linfedema. Existe una fuerte evidencia de que este tipo de entrenamiento tiene efectos favorables en mujeres que están en riesgo, o que actualmente lo tienen (7).Resultados obtenidos de revisiones sistemáticas pueden ayudar a proporcionar recomendaciones sobre entrenamiento de fuerza preliminares con respecto a las variables de la dosis. La frecuencia óptima de entrenamiento dependerá, entre otros factores, del nivel de condición física actual de la sobreviviente de cáncer de mama. No obstante, los participantes que realizaron 2 o 3 sesiones de entrenamiento de fuerza por semana en días no consecutivos, demostraron mejoras estadísticamente significativas en la fuerza en comparación con los sujetos control (8).Hubo variaciones significativas para las variables de intensidad y volumen entre los ensayos incluidos, donde se necesitan ensayos controlados aleatorizados futuros para dilucidar por completo la mejor relación dosis-respuesta para las sobrevivientes de cáncer de mama que están en riesgo o tienen linfedema actualmente. A pesar de ello, se debe tener en cuenta que ninguno de los ensayos incluidos informó sobre una asociación entre el entrenamiento de fuerza y la incidencia o síntomas de linfedema. Además, las 6 investigaciones comunicaron mejoras en la fuerza, independientemente del volumen o la intensidad del entrenamiento. Courneya et al. (2007) indicaron que la adherencia al entrenamiento de fuerza de intensidad moderada se asoció con aumentos en la masa corporal magra. Además, los cambios en la masa corporal magra se asociaron con mejoras en la calidad de vida, autoestima y depresión. Por último, 3 ensayos en esta revisión indicaron que, después de recibir instrucción inicial, las participantes que realizaron entrenamiento de fuerza sin supervisión no experimentaron aumentos en el estado de linfedema y demostraron mejoras significativas en la fuerza (8).Vale la pena señalar que el Comité Asesor Médico de la Red Nacional de Linfedema (NLN, por sus siglas en inglés) recomienda el uso de prendas de compresión durante el ejercicio, particularmente entre las sobrevivientes de cáncer de mama que tienen linfedema. Entre los ensayos que informaron sobre el uso de prendas de compresión en esta revisión, dos investigaciones requirieron que los participantes usaran prendas de compresión durante el entrenamiento de fuerza, mientras que un ensayo les dio a los participantes la opción de usar prendas de compresión, por lo que el 25% optó por usarlas. Llama la atención que, en el ensayo que no requirió prendas, no se notificaron cambios en el estado de linfedema entre los participantes que no llevaban las prendas de compresión. En consecuencia, los ensayos futuros deben investigar la necesidad de prendas, ya que a menudo éstas son restrictivas e incómodas durante el ejercicio (8).Si bien se han logrado tremendos avances con respecto a nuestra comprensión del entrenamiento de fuerza y linfedema, existen algunos vacíos y desafíos notables de investigación que enfrentan los investigadores acerca de linfedema. Principalmente, la ausencia de estudios que permitan un mejor control de las variables de la programación y prescripción del entrenamiento. Además, las variables psicosociales que pueden influir en la participación de un programa de ejercicio (por ejemplo, evitar el miedo, estrategias de afrontamiento) no se comprenden completamente en esta población y son dignas de estudio adicional. Por último, las pautas del Colegio Americano de Medicina del Deporte recomiendan una combinación de entrenamiento cardiorrespiratorio y de fuerza para las pacientes con cáncer, ya que cada una confiere beneficios de salud únicos. Hasta la fecha, hay una escasez de datos con respecto a los efectos combinados de ambos tipos de entrenamiento entre aquellos con o en riesgo de linfedema. Finalmente, para fortalecer la evidencia con respecto a los efectos del ejercicio en esta población, se deben establecer criterios de diagnóstico, métodos de medición y terminología aceptada universalmente (8).Sobre la base de los hallazgos de esta revisión, se pueden hacer algunas recomendaciones preliminares con respecto al entrenamiento de fuerza entre las personas con o en riesgo de linfedema (8): Todas las mujeres con linfedema relacionado con cáncer de mama o que están en riesgo de sufrir linfedema deben tener aprobación médica antes de comenzar un programa de ejercicio, particularmente en presencia de enfermedades cardiovasculares, pulmonares o metabólicas. Iniciar el ejercicio con un bajo grado de esfuerzo y mostrarse conservadores con respecto a la manipulación de las variables de la dosis.Ser consciente de los signos tempranos de lesión potencial o brote de síntomas (por ejemplo, aumento del dolor muscular, fatiga excesiva, enrojecimiento o pesadez en el brazo afectado, los huesos y el dolor articular). Seleccionar los ejercicios que sean apropiados para la experiencia de entrenamiento de la sobreviviente de cáncer de mama y considerar las restricciones del rango de movimiento que puedan resultar de la cirugía y/o la radioterapia. Prescribir el entrenamiento de fuerza según el nivel de condición física actual y los gustos y preferencias del individuo. Puedes ver el testimonio de Gloria, superviviente de cáncer de mama, donde nos explica lo que significó para ella el ejercicio físico para enfrentarse a esta enfermedad. Por Ella. por todas Nosotras!Click aquí: Testimonio Gloria.Referencias Bibliográficas1.F. de Jesus Leite, M.A., Morais, G., Arantes, F.J., Freire, C.J., Moreira, L., y Sordi, M.J. (2018). Effects of combined and resistance training on the inflammatory profile in breast cancer survivors: A systematic review. Complementary Therapies in Medicine, 36, 73–81.2.Divino Nilo dos Santos, W., Gentil, P., De Moraes, R.F., Ferreira, J.B., Hebling, M.,…Vieira, C.A. (2017). Chronic Effects of Resistance Training in Breast Cancer Survivors. BioMed Research International.3. Neil-Sztramko, S.E., Winters-Stone, K.M., Bland, K.A., y Campbell, K.L. (2017). Updated systematic review of exercise studies in breast cancer survivors: attention to the principles of exercise training. Br J Sports Med, 0:1–11 4.Fairman, C.M., Hyde, P.N.. y Focht, B.C. (2016). Resistance training interventions across the cancer control continuum: a systematic review of the implementation of resistance training principles. Br J Sports Med, 0:1–11. 5. Fuller, J.T., Hartland, M.C., Maloney, L.T., y Davison, K. (2018). Therapeutic effects of aerobic and resistance exercises for cancer survivors: a systematic review of meta-analyses of clinical trials. Br J Sports Med, 0:1–11. 6.Zhang, X., Li, Y., y Liu, D. (2018). Effects of exercise on the quality of life in breast cancer patients: asystematic review of randomized controlled trials. Supportive Care in Cancer. 7.Baumann F.T., Reike, A., Reimer, V., Schumann, M., Hallek, M., Taaffe, D.R., Newton, R.U., y Galvao, D.A. (2018). Effects of physical exercise on breast cancer‐related secondary lymphedema: a systematic review. Breast Cancer Research and Treatment.8.Nelson, NL. (2016). Breast Cancer –Related Lymphedema and Resistance Exercise: A Systematic Review. Journal of Strength and Conditioning Research.

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DOCENTES DESTACADOS

Diplomado en Nutrición y Metodologías de Entrenamiento para la Estética Corporal y Análisis e Interpretación de Datos Aplicados en Antropometría

Este curso está diseñado en formato pregrabado, lo que permite a los estudiantes acceder y revisar cada una de las clases de los módulos a su propio ritmo.Hemos elegido esta metodología para ofrecer una experiencia de aprendizaje flexible y adaptada a las necesidades individuales de cada estudiante.Una vez matriculados, los estudiantes tendrán acceso al campus virtual, disponible sin restricciones de horario durante todo el periodo de inscripción del curso. A través de esta plataforma podrán:Visualizar las clases pregrabadas, accesibles en línea durante un periodo de 1 año. Aunque no son descargables, pueden revisarse tantas veces como se desee dentro de este tiempo.Descargar el material escrito de los módulos. Este contenido estará disponible exclusivamente durante el periodo de acceso, por lo que se recomienda guardarlo antes de que expire el tiempo asignado.Además, los estudiantes cuentan con la Mesa de ayuda, un recurso disponible para resolver consultas técnicas relacionadas con el uso de la plataforma. Asimismo, tienen acceso al correo electrónico de la organización para plantear dudas sobre el material académico del curso. La dirección de este correo se proporciona una vez que el estudiante ha realizado su proceso de inscripción.El curso se encuentra alojado en G-SE (Grupo Sobre Entrenamiento), una plataforma líder en formación y divulgación a distancia en ciencias del ejercicio físico y la salud.Requisitos para la aprobación y certificación:Para obtener el certificado final del curso, los estudiantes deberán aprobar un examen final individual, que evalúa los contenidos de los tres módulos. Cada módulo incluye una autoevaluación opcional. Aunque estas no son obligatorias ni influyen en la calificación final, se recomienda realizarlas, ya que el examen final puede incluir preguntas basadas en ellas. Por lo tanto, las autoevaluaciones son una herramienta útil para reforzar el aprendizaje antes de presentar el examen final.Novedad en esta edición. Encuentros en vivo:Para enriquecer aún más su proceso de aprendizaje, en esta edición del diplomado hemos incorporado una serie de encuentros en vivo programados a lo largo del periodo de cursada. Estos espacios están diseñados para realizar sesiones interactivas sobre temas de relevancia actual, casos prácticos y contenidos complementarios que, aunque no forman parte del programa académico troncal, guardan una estrecha relación con nuestra temática central: la nutrición, las metodologías de entrenamiento para la estética corporal y el análisis e interpretación de datos antropométricos.Estos encuentros representan una oportunidad única para conectar con la comunidad del curso, intercambiar experiencias y profundizar en aspectos avanzados de la práctica profesional. Los detalles, fechas y temáticas específicas de estas sesiones serán comunicados a los estudiantes oportunamente a través de la plataforma.
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Rol del Dietista-Nutricionista en la Evaluación Nutricional de Pacientes con Cáncer de Mama.

Rol del Dietista-Nutricionista en la Evaluación Nutricional de Pacientes con Cáncer de Mama.

Autora: Bianca Muresan (Graduada en Nutrición Humana y Dietética. Doctorando por la facultad de medicina en Nutrición y Cáncer)El póster científico es una herramienta utilizada frecuentemente en el ámbito de la investigación para sintetizar los contenidos de una comunicación que se haya presentado en un congreso. En él se presentan los elementos y conclusiones más relevantes del estudio clínico que se haya llevado a cabo, siendo una forma muy interesante de exponer, a modo de resumen, el trabajo realizado por un grupo de investigación.A continuación, presentamos el póster elaborado por Bianca Muresan y colaboradores que fue presentado en el Congreso Nacional SENPE, acompañado de una pequeña introducción a modo de descripción del proceso diseño y selección de muestras del estudio. El estudio que se expone en el siguiente póster fue realizado en el servicio de Oncología Radioterápica La Fe de Valencia durante 6 meses (desde Febrero a Julio del 2015). Es de carácter descriptivo y ha incluido a 50 mujeres de diferente rango de edad (entre 34 y 80 años) con cáncer de mama, Se excluyeron del estudio aquellas personas que presentaban enfermedades que les obligasen a llevar una dieta especial y/o trastornos que pudiesen afectar a la ingestión de determinados alimentos. Los pacientes que participaron fueron debidamente informados de la naturaleza y propósito del estudio, leyeron y comprendieron la hoja de información y firmaron el Consentimiento Informado, ambos con dictamen favorable del Comité Ético del Hospital Universitario y Politécnico la Fe (CEIC) y del Comité de Ética de la Universitat de València. Todos los análisis y gráficas han sido evaluados y revisados por la Unidad de Bioestadística del Instituto de Investigación del Hospital Universitario y Politécnico la Fe de Valencia y se realizaron mediante el Software R (versión 3.2.2). Los datos se resumieron mediante media, desviación típica, mediana y primer y tercer cuartil en el caso de variables continuas y mediante frecuencias relativas y absolutas en el caso de variables categóricas. El estudio de los patrones de consumo de las pacientes se realizó mediante la construcción de gráficas radiales con los consumos medios por semana diferentes grupos, a través de los cuestionarios de frecuencia de consumo de alimentos validados y recordatorio de 24 horas.La radioterapia es uno de los tratamientos aplicados en cáncer de mama, al igual que la cirugía, quimioterapia y hormonoterapia. Se basa en es el uso de un tipo de radiación ionizante que utiliza partículas u ondas de alta energía, tales como los rayos X, rayos gamma, partículas de electrones o protones, para destruir las células cancerosas y reducir el tamaño de los tumores. Actúa a nivel local, es decir, destruye las células en el área que recibe tratamiento por medio del daño producido sobre su material genético evitando, así, que crezcan y se dividan.Aunque esta radiación daña las células cancerosas, también afecta a las células normales del área que recibe tratamiento, sin embargo la mayoría de estas células sí se recuperan de los efectos de la radiación, recuperando su funcionalidad. El objeto de la radioterapia es destruir el mayor número posible de células cancerosas y limitar el daño que sufre el tejido sano de alrededor. Ejemplo de un acelerador lineal para el tratamiento con RTCONCLUSIONES A TENER EN CUENTA:Existen evidencias científicas de que la nutrición tiene un papel clave en la prevención del cáncer de mama y es fundamental durante el tratamiento del paciente oncológico, así como en la recuperación post tratamiento con RT.Dada la falta de conclusiones robustas acerca del consumo de suplementos nutricionales en las pacientes con cáncer, el uso no está justificado durante el tratamiento oncológico.Debido a las inconsistencias y múltiples hipótesis aún no comprobadas, es necesario continuar e intensificar las investigaciones tanto analíticas como experimentales en las pacientes con cáncer, para establecer una relación entre el consumo de determinados alimentos, el estado nutricional y el desarrollo de la enfermedad. Dichas investigaciones deberán recoger datos tanto antes como después del tratamiento de radioterapia, a nivel de biomarcadores, analítica completa y estrés oxidativo. Por ello, son muy importantes los ensayos controlados, con una evaluación amplia y detallada de la alimentación habitual y estudio de la antropometría, que incluyan un amplio número de personas con diferente rango de edad, hábitos alimenticios muy variados y con disponibilidad de muestras biológicas.La elaboración de un plan nutricional personalizado e individualizado para cada paciente en función de su/sus patología(s) secundarias, alergias, intolerancias y que contenga el máximo de sustancias beneficiosas para el organismo tanto durante el tratamiento como la recuperación, debería formar parte del equipo multidisciplinar del paciente oncológico. Del mismo, la introducción de dietistas – nutricionistas dentro de la seguridad social sería una de las herramientas más útiles para bajar la incidencia del cáncer que existe hoy en día.Bibliografía:[1] M. Kotepui. Contemp Oncol. 2016; 20 (1):13-19.[2] WHO Breast Cancer Risk (www.who.int).[3] KI Koa et al. Nutr cancer. 2015; 67 (2):339-353.[4] V Lobo et al. Pharmacogn Rev.2010; 4(8):118-126.[5] B Poljsak. Oxid Med Cell Longev. 2011 doi: [10.1155/2011/194586][6] LYE Wong et al. Patient prefer adherence. 2010 doi: [10.2147/PPA.S13639][7] D Brijan et al. J Natl Cancer Inst: 2008; 100:773-783.[8] EI Azzam et al. Cancer Lett. 2012; 327(0): 46-60.[9] Instituto Nacional del Cáncer (www.cancer.gov).

Profundizando en la Biogénesis Mitocondrial: ¿Qué hay de nuevo?

Profundizando en la Biogénesis Mitocondrial: ¿Qué hay de nuevo?

Laura L. Sánchez (Coordinadora Área IICEFS. Lcda. Biología. Grado Nutrición Humana y Dietética. Máster Investigación en Medicina Clínica)Juan Ramón Heredia (Director General IICEFS. Doctorando UMH. Licdo. CCAFYD. Master Investigación Medicina Clínica)Profundizando en la Biogénesis mitocondrial: ¿Qué hay de nuevo?La mitocondria es uno de los orgánulos característicos de la célula eucariota con una función fundamental: Generar adenosin trifosfato (ATP). Es uno de los componentes clave del músculo esquelético y su desarrollo está muy regulado por el uso o desuso que se realiza de la propia musculatura, es decir, el contenido mitocondrial se ve ampliamente modificado tanto por ejercicio físico como por el sedentarismo.Pero, generar energía no es su único cometido. Las mitocondrias también están relacionadas con apoptosis, generación de especies reactivas de oxígeno (ROS), mitofagia y con fenómenos de síntesis y degradación de proteínas mitocondriales, entre otros procesos metabólicos importantes. El término “biogénesis mitocondrial” es ciertamente confuso, dado que, en realidad no se generan nuevas mitocondrias en el tejido, sino que se produce una adición de nuevas proteínas, es decir, se sintetiza nuevo contenido proteico que complementará a las mitocondrias, pudiendo verse modificada su morfología, todo con el objetivo de mejorar su funcionalidad y su eficacia energética. Así mismo, estos procesos de síntesis coexisten con otros de remodelación del contenido, antes mencionados, y que se dan a través de la fusión y la fisión de mitocondrias. Respecto a la mitofagia, es un proceso de autofagia y, por tanto, de degradación que permite eliminar aquellas mitocondrias que, por diferentes motivos, están dañadas. Las proteínas PTEN induce putative kinasa-1 (PINK1) y Parkin son parte de una de las vías más estudiadas por las que se desarrolla este proceso tan importante para el correcto funcionamiento celular(1). La fisión mitocondrial es el proceso por el cual la mitocondria se subdivide, facilitando la apoptosis de aquellos elementos dañados y, por lo general, precede a la mitofagia (2).La mitocondria, como ya es bien conocido, posee algunos genes propios (mtDNA) que codifican, en concreto, para 13 polipéptidos relacionados con la cadena de transporte de electrones, con adición de la síntesis de otras proteínas por parte de los genes nucleares y que son necesarias para su funcionamiento. Por tanto, en la biogénesis mitocondrial se produce la regulación de ambos genomas, el nuclear y el mitocondrial, siendo relevante un buen funcionamiento de la comunicación entre ambos, por medio de determinados elementos celulares específicos de esta situación. Por ello, además de esta comunicación, es de suma importancia que los procesos por los cuales se importan las proteínas sintetizadas a partir de los genes del núcleo al interior de la mitocondria se den con eficacia. Este proceso está bien regulado y está mediado por un complejo de proteínas, algunas de ellas situadas en las membranas externa (TOM) e interna (TIM) de la mitocondria. Aunque el mecanismo completo de transporte no está bien definido todavía en mamíferos, sí es posible que según sean las necesidades de transporte de material al interior de la mitocondria, la actividad contráctil actúe de una forma más o menos directa sobre el incremento de la transcripción de los elementos que participan en el mismo, como se ha visto en algunos estudios en ratones (3). En el caso contrario, donde se genera un desuso crónico de la musculatura es posible que este proceso esté relacionado con muchos de los desequilibrios metabólicos que se generan, relacionados con el cambio en ROS producto de un bajo estímulo muscular, pudiendo influir en un mal transporte al interior mitocondrial. Algunas investigaciones apuntan a la gran relación que tiene la disfunción mitocondrial crónica con diversas patologías metabólicas, neurodegenerativas e, incluso cáncer(4). Es tan sencillo como comprender que si el conjunto de mitocondrias no funciona correctamente, la célula no podrá obtener la energía necesaria para realizar sus funciones vitales. El ambiente celular es un complejo sistema de moléculas con funciones bien determinadas que son activadas o inhibidas dependiendo de los estímulos percibidos. En este caso, el contenido mitocondrial del músculo está muy asociado a las condiciones de uso del mismo viéndose que el ejercicio físico a una intensidad y/o volumen determinado es un estímulo muy potente para estimular la síntesis de contenido proteico concreto que mejore la funcionalidad mitocondrial. En realidad, la célula (en condiciones no patológicas) se adapta a las señales que recibe, sobre todo aquellas que se mantienen en el tiempo, para poder responder mejor ante las circunstancias ambientales, por lo que existen ciertos estímulos provocados por la activación muscular que influyen sobre determinadas proteínas y hacen que las mismas respondan activando otras proteínas o factores de transcripción que llegarán al lugar concreto y transmitirán ese mensaje de “es necesario generar más energía”. Una de las proteínas más conocidas en relación con la biogénesis mitocondrial y con otros procesos metabólicos importantes es el “peroxisome proliferator-activated receptor-g coactivator 1a”, o más conocido como PGC-1a. Está relacionado con la regulación de algunos factores de transcripción importantes, como Tfam, o de la superóxido dismutasa 1 y 2 y de catalasa, que actúan como antioxidantes. También se ha visto relación entre la sobreexpresión de PGC-1a y el incremento de fibras tipo-I, siendo una forma más de adaptación de la célula al ambiente.El estímulo generado por el ejercicio de resistencia hace que haya modificaciones en el interior celular, con cambios en las concentraciones de Ca2+ e incrementándose el ratio AMP/ATP, entre otros. Estos elementos activan proteínas concretas que generan la activación de determinados elementos, entre ellos la PGC-1a, a través de proteínas de unión y otros factores de transcripción, como CREB, MEF2, p38, etc. Además, esa diferencia entre AMP/ATP genera una activación de AMPK, una proteína activada por AMP, lo que genera la fosforilación directa de PGC-1a, potenciando su actividad. (Para ampliar esta información, se recomienda la lectura del siguiente Blog: “ Introducción a la Biogénesis Mitocondria Estimulada por Ejercicio «)(Erlich et al., 2016)Sin embargo, lo que es mucho más interesante es que AMPK activa el promotor del gen Pgc-1a, aumentando la expresión de la proteína PGC-1a. Sin embargo, algunas investigaciones han mostrado la existencia de variantes diferentes dependiendo del exón a partir del cual se produzca la transcripción. Estos resultados son de gran interés dado que es posible que dependiendo del estímulo concreto que se genere, de forma resumida sea ejercicio de resistencia o fuerza, el producto que se generará tras la transcripción será diferente en longitud y, por tanto, en funcionalidad, dependiendo de a partir de qué exón del Pgc-1a comience la transcripción(5). Una isoforma u otra de esta proteína generará una adaptación celular diferente, dirigida a mejorar su capacidad de respuesta ante estímulos tan diferentes como son el ejercicio de fuerza y el de resistencia. Por tanto, esto es un ejemplo más del complejo mecanismo de respuesta existente a nivel celular, por lo que no es posible entender estos procesos desde el punto de vista tan simplista que a veces se pretende hacer. Tan importante es la isoforma que se transcribe como entender que la célula tiene sus propios objetivos vitales a los que responde. Por ello, es muy necesario conocer la dosis determinada de ejercicio, controlando las variables de intensidad o volumen, para saber qué respuesta celular se va a obtener, dado que dependiendo de esto se podrá o no conseguir el objetivo, siempre que el resto de variables, como las que se mencionarán a continuación, lo permitan. Otro punto a destacar es la dotación genética de cada individuo, así como las situaciones ambientales a las que se expone, que hará que sus células respondan de una forma u otra. Al final, a partir del contenido genético existente se podrán sintetizar las herramientas necesarias para actuar ante un evento molecular, siempre y cuando toda la cadena necesaria esté bien regulada y funcione correctamente. Así mismo, el conocimiento sobre los diferentes mecanismos epigenéticos que alteran la expresión del genoma están adquiriendo una mayor relevancia, lo que resulta en un elemento más que interviene en la regulación de los procesos celulares, como se ha visto en algunos estudios que han mostrado un descenso en la metilación del DNA tras el entrenamiento, lo que conlleva un aumento en la transcripción(6,7).¿Quiere decir que debido a esta gran complejidad molecular debamos olvidarnos de conocer qué ocurre en la célula? Rotundamente, NO. Conocer la biología molecular es de vital importancia para entender porqué unos estímulos, por ejemplo en cuanto a intensidad de ejercicio, generan una respuesta y no otra, dado que en muchas ocasiones de esto depende conseguir los objetivos marcados previamente. Determinar la dosis de ejercicio es una tarea compleja, debido a la cantidad de variables que en ella intervienen, ya que duración, frecuencia, intensidad e, incluso, los periodos de descanso intra e inter-sesión son factores que pueden influir en la respuesta celular y en la adaptación ante estímulos crónicos. Por tanto, definir y concretar el volumen total, así como ajustar el resto de variables del entrenamiento según las necesidades para cumplir un objetivo concreto es un proceso complejo que requiere una amplia investigación, donde confluyen estudios que van desde la validación de herramientas que permitan medir de una forma efectiva el ejercicio aplicado a otros más relacionados con las cascadas de señalización y los eventos moleculares específicos relacionados con la intervención realizada. Como se puede intuir conociendo las funciones de la mitocondria, generalmente la biogénesis mitocondrial se relaciona preferentemente con determinados ejercicios de resistencia, así como se ha visto también que algunas estrategias nutricionales y otras variables pueden influir en este proceso.A la hora de estudiar qué ocurre en el interior de la célula, existen ciertas limitaciones cuando se pretende medir el contenido mitocondrial, además de la dificultad para controlar las variables relativas al ejercicio antes mencionadas y determinar qué tipo de intervención se va a realizar. Algunos estudios relevantes sobre este tema se han realizado en ciclistas por medio del control de la producción de potencia máxima (Wmax) y del VO2max, pudiéndose observar que tanto la intensidad del ejercicio como el volumen son variables con una gran relevancia para desencadenar esta respuesta mitocondrial. En algunos casos, se ha podido ver que sprints interválicos de alta intensidad generan un aumento más significativo del contenido nuclear de proteína PGC-1a, frente a otros de menor intensidad, por lo que es posible que esta variable sea mucho más relevante que el volumen, a efectos de incrementar la biogénesis mitocondrial(6,7), o al menos la relación entre volumen e intensidad , pueda ser un factor determinante para potenciar algunas respuestas moleculares. (Granata et al., 2018)Somos el producto del funcionamiento de nuestras células ante la respuesta a todos los elementos que llegan a ella, tanto externos como internos. Sin embargo, todavía no sabemos con precisión cómo funcionamos, qué respuesta se generará tras un programa de ejercicio, tras la ingesta de determinados nutrientes o cómo afecta el propio descanso, entre infinitos estímulos posibles. Y, ante todos estos elementos que no controlamos, pretendemos sacar conclusiones generalistas (o más bien, sensacionalistas) que resuman un flujo complejo de eventos moleculares que todavía no conocemos en profundidad. La investigación avanza cada día, añadiendo una pieza más al puzzle, reemplazando otras que se descubre no encajaban a la perfección y generando muchas otras incógnitas que permiten desarrollar nuevas investigaciones, mucho más precisas, de las que se puedan sacar conclusiones un poco más acertadas, siempre en un contexto determinado y controlado.En conclusión, la biogénesis mitocondrial es un proceso muy importante relacionado con la mejora de la funcionalidad del músculo esquelético, pero que además, es objeto de interés no solo en rendimiento deportivo, sino a nivel de mejora de ciertas condiciones patológicas, debido a su gran relación con la actividad muscular. El sedentarismo es una lacra social cada vez más extendida y ampliamente relacionada con procesos patológicos y con el desarrollo de enfermedades crónicas no transmisibles. Entender que las mitocondrias se “desconfiguran” con el desuso es uno de los elementos a tener en cuenta a la hora de responder a esa pregunta de porqué hay que generar programas de ejercicio adecuados y, sobre todo, de porqué es necesario definir la dosis a la que se debe prescribir ese ejercicio, ya que todos los indicios apuntan a la gran relación con el buen funcionamiento mitocondrial. Sin embargo, es necesario tener en cuenta que muchas de las conclusiones a las que llega la investigación son por el estudio de individuos sanos donde se aplica un determinado tipo de ejercicio. Pero, ¿Qué ocurre en el organismo de una persona con obesidad? ¿Cómo se encuentran alterados estos mecanismos? ¿Qué ha ocurrido en la mitocondria y en todos los elementos relacionados con ella? ¿Qué proteínas o factores de transcripción prevalecen en el ambiente celular de la obesidad? Son muchos aspectos a tener en cuenta a la hora de tratar ciertas patologías, ampliando el punto de vista a lo establecido hasta ahora.En el caso de la obesidad la pérdida de peso es un factor clave y a tener en cuenta, pero no vale cualquier aproximación, dado que no todo soluciona el problema desde el punto fisiológico y celular. La pérdida de peso únicamente basándonos en una reducción de la ingesta calórica se ha visto no es tan metabólicamente efectivo como la dieta y el ejercicio unidos(4), sin embargo ¿Cualquier dieta vale? ¿Cualquier programa de ejercicio genera las mismas modificaciones metabólicas? Está claro que no. Una nutrición adecuada y la adquisición de unos hábitos saludables ayuda a mejorar ese ambiente celular patológico existente para que, en base a lo que se ha visto, sea el ejercicio físico el que genere cambios tanto en el contenido mitocondrial, ajustando el volumen del entrenamiento, y cambios en la funcionalidad de las mitocondrias, asociado a la intensidad(7). Definir, combinar y controlar adecuadamente estas dos variables, junto con establecer el abordaje nutricional es posiblemente una de las claves que ayudará a los profesionales a generar protocolos concretos y efectivos para dar solución a esta patología, que, incluso bajo ese alteración del ambiente, continúa habiendo una plasticidad mitocondrial que permite revertir el proceso hacia una situación saludable.Las características fisiológicas, celulares y físicas que tiene las patologías tan complejas como, por ejemplo la obesidad, hacen que no todo sea aplicable a la práctica, por lo que es necesario haya una comunicación entre profesionales, una definición del contexto celular en el que nos movemos en cada momento y de la integración de todos los eventos moleculares que se generan ante determinados estímulos. Por tanto, es vital contextualizar cada avance que nos ofrece la investigación y seguir caminando hacia un mayor conocimiento que nos brindará la clave para entender el lenguaje celular que, al fin y al cabo es lo que nos compone.Bibliografía:1. Triolo M, Hood DA. Mitochondrial breakdown in skeletal muscle and the emerging role of the lysosomes. Arch Biochem Biophys. 12 de noviembre de 2018; 2. Ould Amer Y, Hebert-Chatelain E. Mitochondrial cAMP-PKA signaling: What do we really know? Biochim Biophys Acta Bioenerg. 2018;1859(9):868-77. 3. Erlich AT, Tryon LD, Crilly MJ, Memme JM, Moosavi ZSM, Oliveira AN, et al. Function of specialized regulatory proteins and signaling pathways in exercise-induced muscle mitochondrial biogenesis. Integr Med Res. septiembre de 2016;5(3):187-97. 4. Toledo FGS, Goodpaster BH. The role of weight loss and exercise in correcting skeletal muscle mitochondrial abnormalities in obesity, diabetes and aging. Mol Cell Endocrinol. 15 de octubre de 2013;379(1-2):30-4. 5. Silvennoinen M, Ahtiainen JP, Hulmi JJ, Pekkala S, Taipale RS, Nindl BC, et al. PGC-1 isoforms and their target genes are expressed differently in human skeletal muscle following resistance and endurance exercise. Physiol Rep [Internet]. 5 de octubre de 2015 [citado 18 de noviembre de 2018];3(10). Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC46329…6. Granata C, Jamnick NA, Bishop DJ. Principles of Exercise Prescription, and How They Influence Exercise-Induced Changes of Transcription Factors and Other Regulators of Mitochondrial Biogenesis. Sports Med. 2018;48(7):1541-59. 7. Bishop DJ, Granata C, Eynon N. Can we optimise the exercise training prescription to maximise improvements in mitochondria function and content? Biochim Biophys Acta. abril de 2014;1840(4):1266-75.

Ejercicio físico y Nutrición en Adultos Mayores. Una población descuidada.

Ejercicio físico y Nutrición en Adultos Mayores. Una población descuidada.

Lucía Guerrero (Lda. Ciencias Actividad Física y Deporte; Máster Prevención Lesiones y Readaptación y EP)Laura L. Sánchez (Lda. en Biología; Gda. Nutrición Humana y Dietética; Máster Investigación Medicina Clínica)El envejecimiento es un proceso natural donde todos los sistemas que componen el organismo van degenerándose y perdiendo su funcionalidad inicial y su capacidad de respuesta ante los cambios, por lo que se ve un incremento en el riesgo de desarrollar patologías crónicas, sufrir procesos infecciosos, así como sarcopenia, dinapenia u otros síndromes geriátricos, como el desarrollo de un síndrome de fragilidad1. Este último concepto engloba un estado geriátrico multidimensional caracterizado por la aparición de diferentes signos y síntomas que conllevan un aumento de la vulnerabilidad de la persona con una mayor posibilidad padecer eventos negativos sobre su salud.La sarcopenia es uno de los elementos característicos de este síndrome. Se caracteriza por la progresiva atrofia del músculo con pérdida de fuerza y funcionalidad, siendo un proceso que se asocia frecuentemente con el envejecimiento viéndose un gran incremento en su aparición en personas de avanzada edad. Sin una intervención global, este proceso implica un mayor grado de dependencia, con un riesgo elevado de morbilidad y mortalidad2.Uno de los factores más importantes que conlleva al desarrollo de este síndrome de fragilidad es la malnutrición, muy frecuente en adultos mayores debido a factores ambientales, cambios cognitivos, un descenso de la actividad física, etc., por lo que se ve incrementada la incidencia de patologías3. Se caracteriza por una pérdida involuntaria de peso y de la fuerza muscular, la reducción de la actividad física por incapacidad o un descenso en la velocidad al caminar, entre otros1,2. Por lo que un solo factor como puede ser una nutrición inadecuada, puede desembocar en una espiral de eventos que se retroalimentan entre sí, haciendo que la persona cada vez se mueva menos, disminuya su necesidad de alimentarse y por ello empeore su estado de salud.Los requerimientos nutricionales varían dependiendo de la etapa del ciclo vital en la que esté la persona, viéndose unas necesidades diferentes en los adultos considerados mayores, que se acentúan cada vez más conforme avanza la edad. Esto es debido al proceso de envejecimiento antes mencionado que modifica las características metabólicas y fisiológicas2.En la actualidad, la ingesta de proteínas cada vez adquiere una mayor relevancia a la hora de preservar el estado de salud, debido a la importancia funcional de este macronutriente. Una ingesta inadecuada de proteínas puede incrementar el estado catabólico, así como se ha visto que más allá de la aparición de sarcopenia por el descenso de la masa magra, puede estar relacionado con un empeoramiento de la capacidad cognitiva, la memoria y el posible desarrollo de demencia. Sin embargo, todavía existe cierta controversia en cuanto a los requerimientos proteicos que tiene esta parte de la población, pudiendo ser necesario un aumento, siendo recomendable, hasta ahora 0’8 g/Kg/día. Algunos estudios muestran un posible efecto beneficioso del incremento de este rango a 1.0-1.5 g/kg, siempre y cuando no haya patologías renales o hepáticas asociadas, para no sobrepasar la capacidad metabólica del organismo. Este aumento puede verse relacionado con un descenso de la fragilidad, de la pérdida de masa magra o de la aparición de dinapenia, entre otros2. Un meta-análisis realizado a partir de estudios observacionales donde se compararon dietas con contenido variable de proteínas mostró una posible relación positiva entre el consumo de cantidades altas (³ 1 g/kg/día) y muy altas (³1.2 g/kg/día) de proteínas en adultos mayores con una mejora en la funcionalidad de los miembros inferiores y una mejora de la movilidad, respectivamente. Debido a una disminución en la capacidad de síntesis de proteínas relativo al envejecimiento, las personas de edad avanzada pueden no responder de la misma forma a la ingesta de pequeñas cantidades de aminoácidos esenciales, viéndose que una disponibilidad mayor de los mismos, en especial de leucina, puede estar relacionado con una mejora del proceso anabólico. Además, algunos estudios longitudinales muestran una mejora en el mantenimiento de la masa magra, con descenso del riesgo de fragilidad con ingestas de 1 g/kg/día de proteínas, frente a las recomendaciones actuales de 0.8 g/kg/día. Así mismo, algunas investigaciones muestran mejoras en el mantenimiento del estado de salud en el adulto mayor que sigue dietas con ingestas superiores de proteínas a 1 g/kg/día, siendo todavía necesario ampliar los estudios relativos a este tema para poder sacar conclusiones mucho más precisas y contrastadas. Más allá de las mejoras en las capacidades físicas del individuo, se ha podido ver que el aumento de las recomendaciones diarias de ingesta de proteínas tiene como resultado una mejora a nivel cognitivo y de la función neural. La aparición de demencia no forma parte del proceso de envejecimiento, sino que es un síndrome con un deterioro cognitivo global, pérdida de memoria y pudiendo afectar al lenguaje o la ejecución de funciones, etc. Además, estas personas tienen una tendencia mayor a la pérdida de peso y, debido a la afectación cognitiva, es posible la aparición de cambios en el sistema olfatorio, con un aumento del riesgo de malnutrición por pérdida de apetito e interés por los alimentos. El efecto deletéreo de esta malnutrición afecta de la misma manera a adultos mayores sanos o con otras patologías, aumentando la pérdida de masa muscular con el incremento en el riesgo de morbilidad y mortalidad ya mencionado4. Se ha visto una gran relación positiva entre un aumento en el IMC de personas con demencia y el descenso del riesgo de mortalidad. Por otra parte, también se ha comprobado que el déficit de algunos micronutrientes pueden estar relacionados con el desarrollo de procesos cognitivos, es por ello tan importante ajustar la dieta a las necesidades nutricionales individuales4.Uno de los puntos de vista a tener en cuenta a la hora de prescribir un aumento en la ingesta proteica o de otros nutrientes de la dieta es el estado de salud del individuo. Se ha visto que la respuesta a este incremento difiere entre aquellos adultos mayores sanos y los que padecen ciertas patologías crónicas, inflamación o, incluso, de la ingesta de vitaminas, por lo que todavía queda mucho por investigar y es muy necesario se desarrollen estudios más profundos para poder ajustarse a unos requerimientos individuales y personalizados, tanto de proteínas como de otros nutrientes.Las enfermedades crónicas no transmisibles figuran entre las principales contribuyentes en la carga de la enfermedad derivada de los factores de riesgo modificables conductuales, y en el que las personas de 60 años o más representan casi el 25% de la misma. La población está experimentando un aumento considerable de la expectativa de vida, y vivir más tiempo no implica necesariamente tener una mejor salud que las generaciones anteriores, ya que esta transición demográfica se asocia con un aumento de las este tipo de enfermedades.La Organización Mundial de la Salud (OMS), en su informe más reciente sobre el envejecimiento saludable, lo define como “el proceso de desarrollo y mantenimiento de la capacidad funcional que permite el bienestar en la vejez”. Si bien existe una falta de consenso con respecto a la definición de envejecimiento saludable, la comunidad científica ha tratado de identificar aquellos factores que permitirán a las personas envejecer física y mentalmente de manera saludable. Existen varios factores de riesgo modificables que podrían reducir la muerte prematura, prevenir la morbilidad y la discapacidad, y mejorar la calidad de vida y el bienestar, contribuyendo al aumento de la probabilidad de un envejecimiento saludable. De hecho, la comprensión de la morbilidad podría lograrse mediante intervenciones exitosas en las etapas tempranas de la vida, ya que gran parte de las discapacidades actuales son el resultado de un estilo de vida inadecuado5.La pérdida de fuerza y la atrofia muscular se asocian con limitaciones en la movilidad, caídas, fracturas, pérdida de autonomía y mayor mortalidad. Las caídas, las patologías asociadas a las mismas y el miedo a caer son comunes en los adultos mayores y el número de caídas y lesiones relacionadas incrementa exponencialmente a medida que aumenta la edad. Uno de los factores clave en la ocurrencia de caídas es, en particular, un bajo nivel de fuerza muscular. La sarcopenia, como se introdujo anteriormente, desempeña un papel principal en el desarrollo de la fragilidad y el deterioro funcional en individuos de edad avanzada, de modo que la discapacidad resultante podría llevar a la institucionalización en los asilos de ancianos y a un mayor número de hospitalizaciones de las personas mayores. Por lo tanto, es considerada un factor importante en el desarrollo del deterioro funcional y la dependecia, con cambios cruciales en la vida que afectan a su calidad, así como en la morbilidad y mortalidad6.Los mayores cambios en el tejido muscular con respecto a un declive dependiente con la edad tienen lugar entre la 6º y la 7º década de la vida. Aunque las pérdidas de fuerza y masa muscular que acontecen con el envejecimiento constituyen un proceso continuo, la disminución se acelera después de la 5º década de la vida. Si bien, la pérdida de fuerza a partir de los 60-70 años abarca aproximadamente el 15% por década, esta disminución supera incluso el 30% por década después de los 70 años6.La disminución en la realización de actividad física relacionada con el proceso de envejecimiento en el sistema neuromuscular representa el eje central en el desarrollo de la sarcopenia y dinapenia. Es bien sabido que incluso periodos cortos de inactividad física, así como las hospitalizaciones, conducen a la atrofia muscular, que es, aproximadamente, 3 veces mayor en los individuos mayores en comparación con los individuos más jóvenes ante los mismos períodos de inmovilización. Las cadenas pesadas de miosina II son más propensas a la atrofia muscular que las cadenas pesadas de miosina I. La tasa de pérdida de tejido muscular no se localiza uniformemente en todas las regiones corporales del cuerpo humano, pues los grupos musculares del miembro inferior están mayormente afectados, por lo que el profesional del ejercicio deberá considerar esa cuestión entre otras en el diseño de programas de entrenamiento6. Además, la sarcopenia, se asocia con fragilidad, discapacidad y mortalidad. Sin embargo, es bien sabido que la dinapenia o la pérdida de fuerza muscular que acontece con el envejecimiento es un predictor más fuerte de fragilidad, discapacidad, hospitalización y mortalidad. Por lo tanto, la relación entre la disminución de la masa muscular y algunos resultados negativos puede estar mediada por la fuerza muscular7.En 2004, la American Geriatric Society consensualmente definió la «fragilidad» como «un exceso de vulnerabilidad a los factores estresantes, con una capacidad reducida para mantener o recuperar la homeostasis después de un evento desestabilizador». La fragilidad resulta de una disminución en las reservas funcionales fisiológicas. Se asocia con mayores riesgos de discapacidad, institucionalización, hospitalización no planificada, caídasm con o sin trauma, y muerte prematura, así como precede a la discapacidad y sus consecuencias. Esta definición se basa en el trabajo de Fried y colaboradores que se publicó en 2001 y describió un fenotipo de fragilidad clínica que involucraba al menos 3 de los 5 criterios siguientes: pérdida de peso involuntaria de al menos 5% durante el año anterior agotamiento bajos niveles de actividad física reducción de la velocidad de la marcha debilidad muscular Al demostrar la independencia de este fenotipo con respecto a las comorbilidades y discapacidades, su trabajo marcó una ruptura con los conceptos de fragilidad anteriores. La ventaja de este concepto es su reversibilidad potencial, lo que confirma el interés de una intervención individualizada y supervisada. Por lo tanto, uno de los desafíos importantes para un envejecimiento saludable es la preservación de la autonomía e independencia funcional con pérdida reducida de fuerza y masa muscular resultado de los procesos de envejecimiento y la evitación de un estilo de vida sedentario. En este contexto, el entrenamiento neuromuscular constituye la herramienta más importante para contrarrestar esta problemática8.Existe un creciente interés por que la actividad y el ejercicio físico confieran resultados de salud favorables a lo largo de la vida. Es aceptado que la actividad física se asocia con una mejora de la composición corporal, reducción del desarrollo de enfermedades coronarias, riesgo de diabetes mellitus tipo II, enfermedad de Alzheimer y otras enfermedades relacionadas como la demencia. Además, se ha relacionado sistemáticamente con la disminución de las tasas de mortalidad por todas las causas, la probabilidad de supervivencia tardía, buena funcionalidad y calidad de vida durante la edad avanzada, así como mejoras en el rendimiento cognitivo. Por el contrario, el comportamiento sedentario, definido como cualquier comportamiento de vigilia caracterizado por un gasto de energía menor o igual a 1.5 equivalentes metabólicos (MET) mientras está sentado o reclinado, se asocia con un perfil de biomarcadores desfavorable en el adulto mayor. De modo que el tiempo sedentario prolongado se asocia con mortalidad por todas las causas, incidencia y riesgo de muerte por enfermedades cardiovasculares, incidencia de diabetes tipo II y cáncer5.En ese sentido, el ejercicio se ha caracterizado como uno de los principales enfoques no farmacológicos basado en la evidencia para la recuperación, el mantenimiento y la mejora de la condición física y mental, como recurso de mejora de la función cognitiva, memoria y atención en el adulto mayor. También, se ha observado una disminución del riesgo de limitación funcional y discapacidad en los ancianos que participan en actividades físicas regulares. Es por ello que los profesionales de la salud debemos aunar esfuerzos para promover comportamientos saludables en la población sana y con patología5.Las personas con niveles más altos de actividad y aptitud fisiológica tienen un menor riesgo de mortalidad. El mantenimiento de un estilo de vida físicamente activo se asocia con una mejor salud en la vejez y la longevidad. Por ejemplo, en el caso de que ocurra una caída, las personas que realizan ejercicio físico con regularidad presentan menos probabilidades de sufrir una fractura ósea debido a que sus huesos son más fuertes y poseen un pico de densidad mineral ósea mayor. Iniciar un programa de ejercicio físico en la edad adulta se asocia con un envejecimiento saludable. Pero, incluso para aquellos individuos que han sido relativamente sedentarios hasta la adultez, nunca es demasiado tarde, porque comenzar a realizar ejercicio contribuye a mejoras significativas en la salud física y la función cognitiva. De hecho, las adaptaciones en el sistema neuromuscular se desarrollan rápidamente y son ampliamente independientes de la edad. Los aumentos en la fuerza máxima se pueden lograr con una dosis de ejercicio que implique bajo grado de esfuerzo y fatiga y cuya frecuencia de entrenamiento sea al menos de una sesión por semana, atendiendo a las necesidades y preferencias del individuo7.Para preservar la calidad de vida en la última etapa del ciclo vital de una persona los dos factores más importantes son una buena nutrición y la adecuada realización de ejercicio físico, para poder evitar o retrasar la aparición de sarcopenia, dinapenia y todos los procesos degenerativos y/o patologías vistas anteriormente. Los adultos mayores son un grupo de la población vulnerable y algo descuidado, para el cual se tiende a asumir que muchas de las patologías que aparecen están asociadas al propio proceso natural de envejecimiento. Sin embargo, la ciencia y la práctica clínica han demostrado que un estilo de vida saludable que permita evitar la malnutrición, así como programas de entrenamiento cuyo objetivo es preservar la masa muscular en este grupo de la población muestran grandes mejoras en la movilidad y funcionalidad, incluso en aquellos individuos que han sido sedentarios durante la mayor parte de la vida. Por tanto, es necesario tener en cuenta estos conceptos y prestar una mayor atención a nuestros mayores, quienes necesitan una serie de cuidados adaptados y personalizados a su condición y estado de salud, pudiendo ayudarles a mejorar la calidad de esta última fase de la vida, dotándoles de una mayor independencia y capacidad. 1-Coelho-Júnior HJ, Rodrigues B, Uchida M, Marzetti E. Low Protein Intake Is Associated with Frailty in Older Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis of Observational Studies. Nutrients [Internet]. 19 de septiembre de 2018 [citado 2 de enero de 2019];10(9). Disponible en: https://www.ncbi.nlm.nih.gov/pmc/articles/PMC6165078/ 2-Coelho-Júnior HJ, Milano-Teixeira L, Rodrigues B, Bacurau R, Marzetti E, Uchida M. Relative Protein Intake and Physical Function in Older Adults: A Systematic Review and Meta-Analysis of Observational Studies. Nutrients. 19 de septiembre de 2018;10(9). 3-Barkoukis H. Nutrition Recommendations in Elderly and Aging. Med Clin North Am. noviembre de 2016;100(6):1237-50. 4-Volkert D, Chourdakis M, Faxen-Irving G, Frühwald T, Landi F, Suominen MH, et al. ESPEN guidelines on nutrition in dementia. Clin Nutr. diciembre de 2015;34(6):1052-73. 5- Daskalopouloua C, Stubbsb B, Kralja C, Koukounarid A, Princea M, Prinaa A.M. Physical activity and healthy ageing: A systematic review and meta-analysis of longitudinal cohort studies.Ageing Research Reviews. 23 de junio de 2017; 38: 6–17. 6-Keller K. Sarcopenia. Wien Med Wochenschr. 6 de febrero de 2018; Disponible en: https://doi.org/10.1007/s10354-018-0618-2 7-Alcazar J, Guadalupe-Grau A, García-García FJ, Ara I, Alegre LM. Skeletal Muscle Power Measurement in Older People: A Systematic Review of Testing Protocols and Adverse Events. J Gerontol A Biol Sci Med Sci.14 de junio de 2018; 73 (7): 914-924. 8-Pamoukdjian F, Paillaud E, Zelek L, Laurent M, Lévy V, Landre T, Sebbane G. Measurement of gait speed in older adults to identify complications associated with frailty: A systematic review. J Geriatr Oncol. 17de Agosto de 2015; 6 (6): 484-496.

Dieta baja en FODMAPs como aproximación nutricional en determinadas patologías gastrointestinales.

Dieta baja en FODMAPs como aproximación nutricional en determinadas patologías gastrointestinales.

Las patologías gastrointestinales que cursan con disfuncionalidad o inflamación son cada vez más frecuentes, viéndose en consulta un mayor número de personas afectadas con diversa sintomatología. El Síndrome de Intestino Irritable (SII) es un trastorno en la funcionalidad gastrointestinal de forma crónica, que implica molestias y dolor abdominal y cambios en los hábitos intestinales con alteración de la motilidad gastrointestinal, hinchazón y distensión abdominal e hipersensibilidad visceral, entre otros (1–3). Como en muchas otras patologías, el microbioma intestinal puede verse afectado, viéndose un descenso marcado de algunos grupos beneficiosos como son Lactobacillus y Bifidobacterium. Esta disbiosis puede activar el sistema inmune y desencadenar la inflamación de bajo grado(2) afectando al funcionamiento correcto de la barrera intestinal y aumentando su permeabilidad, con consecuencias adversas. La calidad de vida en estos pacientes disminuye debido a la sintomatología dolorosa y a la urgencia que puede presentarse en muchas ocasiones. El abordaje nutricional de esta enfermedad incluye dietas ciertamente restrictivas para tratar de minimizar las molestias que puede ocasionar, así como tratar de mejorar el ambiente intestinal, disminuyendo la inflamación por medio de la modificación de los hábitos diarios a otros más saludables. De un tiempo aquí comienza a oírse hablar cada vez más de los FODMAPs (por sus siglas en inglés Fermentable Oligosaccharides, Disaccharides, Monosaccharides And Polyol), componentes de ciertos alimentos que, se ha visto pueden desencadenar algunos de los síntomas que caracterizan el SII siendo responsables del incremento en la motilidad intestinal. Se trata de carbohidratos de cadena corta, como pueden ser fructanos, galactanos, galacto-oligosacáridos (GOS), lactosa, fructosa y polioles que en personas sanas tienen efectos beneficiosos. Son moléculas osmóticamente activas que incrementan el paso de agua a su paso por el intestino delgado, aumentando el volumen del bolo fecal. Estos elementos sufren una absorción incompleta, por lo que al llegar al colon son fermentados por la microbiota produciendo AGCC, pero, además, si se presenta una malabsorción se genera gas, concretamente hidrógeno, causando distensión abdominal y molestias, entre otra sintomatología asociada a SII (1,2). Debido a esto, la dieta baja en FODMAPs está adquiriendo una mayor relevancia como parte del tratamiento de esta patología y de otras como la Enfermedad Inflamatoria Intestinal, otra patología, crónica, con gran prevalencia en la población y que conlleva una alta morbilidad, implicando daño intestinal y tratamiento de por vida. Dentro de esta denominación se incluyen la colitis ulcerosa o la enfermedad de Crohn y entre sus síntomas destaca el dolor abdominal, sangrado rectal ocasional y cambios en la frecuencia y consistencia de las heces(1) .Dado que el tratamiento farmacológico de esta enfermedad puede tener efectos secundarios, encontrar un acercamiento dietético donde se disminuye la cantidad de fibra o se restringe la ingesta de determinados alimentos se está viendo como una opción más efectiva en el control de la misma, viéndose un efecto positivo mejorando la disfuncionalidad gastrointestinal (hinchazón, diarrea o dolor abdominal). Por ello, cada vez más, esta dieta se propone como parte de un tratamiento efectivo para el SII(2) y la EII(1). Pero, además, no es en los únicos casos donde se ha visto una posible relación entre la ingesta de FODMAPs y el desarrollo de sintomatología. La sensibilidad al gluten no celíaca (NCGS, por sus siglas en inglés) es una patología que muestra sintomatología tanto gastrointestinal como extra-gastrointestinal y que se desencadena por el consumo de gluten o trigo. Sin embargo, existe cierta controversia en cuanto al diagnóstico, debido a que no existen todavía criterios para poder llevarlo a cabo, como sí los hay, por ejemplo, en celiaquía mediante biopsia y asociación a los haplotipos HLA-DQ2 o DQ8. El principal problema de esto es la inclusión en este grupo de personas que por uno u otro motivo se auto-diagnostican esta intolerancia al gluten sin haberse excluido correctamente la presencia de otros desórdenes gastrointestinales, por lo que la sintomatología puede perdurar a pesar de la dieta estricta sin gluten(4).El trigo no solo está compuesto por las proteínas del gluten, sino también por fructanos y GOS, pudiendo ser parte del desarrollo de sintomatología en pacientes con NCGS o SII (4,5). Por eso, algunos investigadores proponen que es la ingesta de estos FODMAPs y no específicamente el gluten los que generan una mayor sintomatología en aquellos individuos con NCGS o SII. Sin embargo, todavía es necesaria investigaciones más profundas que permitan clasificar correctamente aquellos pacientes con NCGS, debido a que esta falta de diagnóstico genera un grupo demasiado heterogéneo de personas con una sintomatología común, pero disparadores posiblemente diferentes(4) . En comparación con una dieta normal, se ha visto que la correcta adherencia a la dieta baja en FODMAPs tiene una mejora en la sintomatología asociada a SII con menor frecuencia en las deposiciones(3), pero también para la EII y un descenso de la severidad de los mismos, excepto para el estreñimiento. A este respecto, se ha visto que una dieta alta en fibra tampoco lo ha mejorado en muchos pacientes, siendo una intervención más efectiva el aumento de la ingesta de lípidos. Es importante matizar que una dieta baja en FODMAPs puede incluir cantidades moderadas de frutas y vegetales como uvas zanahorias o fresas, entre otros, aportando fibra en la fase de remisión de los síntomas(1). Existe la posibilidad de que la mejora en la sintomatología sea debido a la adquisición de hábitos nutricionales más saludables, por ello es recomendable que la estrategia general del manejo nutricional de pacientes con SII u otras patologías semejantes se enfoque primero en revisar los hábitos de la persona, tanto nutricionales como el estilo de vida, priorizando primero en realizar cambios hacia otros más saludables. Si la sintomatología no mejora, el profesional de la nutrición podrá aplicar una dieta baja en FODMAPs (5). Esta intervención suele realizarse en varias fases donde primero se reestructura la dieta para que tenga un bajo contenido en FODMAPs, durante 2-6 semanas máximo. Si tras este periodo la sintomatología ha mejorado, se pasa a una segunda fase donde se van reintroduciendo de forma individual ciertos alimentos para detectar a cuáles el paciente es más sensible. Finalmente, sólo se restringirá la ingesta de aquellos alimentos que contienen FODMAPs que son mal tolerados por el paciente(4,5). La ingesta habitual de estos compuestos fermetables dentro de la dieta (15-30 g/día) se ve reducida a unos 5-18 g/día (5) El uso de probióticos y prebióticos, también se ha estudiado, sobre todo aplicados al SII, debido a los posibles beneficios que puede en el desarrollo de una microbiota y una barrera intestinal más saludables, siendo alternativa segura, excepto en pacientes críticos e inmunocomprometidos, aunque todavía con mucho por investigar. Los probióticos más utilizados suelen incluir especies Gram-positivas como Bifidobacterium o cepas de Lactobacillus, sin embargo, solo esta última ha reportado beneficios frente al placebo. Otros estudios han visto beneficios al utilizar como probiótico la levadura Saccharomyces cerevisiae CNCM I-3856. En otros casos donde se utilizan probióticos de múltiples especies también se muestra una reducción de la persistencia de la sintomatología del SII, pero en estos casos no queda claro cuáles son las especies más beneficiosas También existe cierta controversia en la mejora de la calidad de vida, donde algunos estudios muestran efectos positivos y otros no. Si bien parecen estar implicados en una mejora de síntomas como el dolor abdominal entre otros , todavía es necesario realizar intervenciones mucho más concretas y que aporten datos de mayor calidad. Respecto al uso de prebióticos, que fomentan el crecimiento de cepas productoras de AGCC y mejoran la disbiosis, no se ha visto efectos concluyentes sobre estos pacientes siendo poca la evidencia existente acerca de su uso en el SII. Además, es posible que en algunos casos puede ejercer un efecto negativo y empeorar la sintomatología(2).Sin embargo, no todo es positivo en la aplicación de la dieta baja en FODMAPs. El mantenimiento de la misma durante un tiempo prolongado o sin una correcta supervisión tiene ciertos efectos negativos, principalmente sobre la microbiota viéndose un descenso en la abundancia de cepas productoras de butirato, debido a al descenso en la ingesta de ciertos componentes con efecto prebiótico, como son los fructooligosacáridos y la inulina. La reducción de alimentos fermentables ha mostrado estar asociada a una reducción de grupos beneficiosos como el de Bifidobacterium spp. (2,5) por lo que este tipo de dietas está totalmente contraindicada para personas sanas o sin sintomatología. Además, una restricción tan severa de alimentos, mucho de ellos básicos de una nutrición saludable, puede ocasionar el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria, así como deficiencias nutricionales importantes(2) La aplicación de este tipo de dietas debe ser bajo supervisión de un profesional, aplicándose herramientas de screening para detectar la existencia de malnutrición en caso de presentarse. Además, uno de los principales problemas que presenta su baja adherencia debido a lo estricta y complicada que es de seguir, a lo que se suma la falta de control en las cantidades reales de estos compuestos que se ingieren. Es indudable que puede ser una herramienta muy útil y con resultados positivos en determinadas situaciones, pero se trata de una dieta poco controlable, por ello es necesario que sea aplicada y supervisada por nutricionistas especializados en esta materia, para evitar la aparición de deficiencias nutricionales y otros aspectos nocivos de la misma.
Si bien comienza a haber resultados favorables en la aplicación de una dieta baja en FODMAPs en pacientes con SII, EII u otras patologías, es cierto que se necesitan estudios mucho más específicos y de mayores dimensiones para obtener unas conclusiones más exactas, evitando los sesgos existentes en algunas investigaciones, especificándose mucho más el tipo de dieta seguida, los tiempos, las características del paciente, etc. De esta forma, los resultados siempre serán más exactos y dirigidos a la aplicabilidad clínica respecto a cuándo y cómo se debe indicar esta restricción dietética, así como sería interesante encontrar marcadores que ofrezcan una medida más objetiva y acertada de la sintomatología, mejorando el diagnostico.Por otra parte, es necesario remarcar que muchas de las patologías gastrointestinales presentadas están fuertemente relacionadas con los hábitos de vida, viéndose gran relación entre situaciones de estrés, ansiedad o conductas poco saludables y el desarrollo de sintomatología. El primer paso a seguir es mejorar estos estímulos mediante la adquisición de hábitos de vida y nutricionales más saludables, pudiendo incluso solicitar ayuda psicológica a un profesional, para poder disminuir la carga de estrés sobre el organismo. Si tras estas medidas no se observa ninguna mejoría y siempre tras la realización de buen diagnóstico, se procederá a aplicar otras estrategias nutricionales más restrictivas con el objetivo de mejorar la sintomatología y la calidad de vida del paciente, pero esto siempre debe ser realizado por profesionales, siendo contraindicado el aplicar este tipo de dietas por cuenta propia ya que puede tener efectos adversos asociados.Bibliografía:1. Zhan Y, Zhan Y-A, Dai S-X. Is a low FODMAP diet beneficial for patients with inflammatory bowel disease? A meta-analysis and systematic review. Clin Nutr. 2018;37(1):123-9. 2. Ooi SL, Correa D, Pak SC. Probiotics, prebiotics, and low FODMAP diet for irritable bowel syndrome – What is the current evidence? Complementary Therapies in Medicine. 1 de abril de 2019;43:73-80. 3. Figeroa C. Dieta baja en FODMAP en el síndrome de intestino irritable. Revista Médica Clínica Las Condes. septiembre de 2015;26(5):628-33. 4. Muir JG, Varney JE, Ajamian M, Gibson PR. Gluten-free and low-FODMAP sourdoughs for patients with coeliac disease and irritable bowel syndrome: A clinical perspective. Int J Food Microbiol. 2 de febrero de 2019;290:237-46. 5. Zannini E, Arendt EK. Low FODMAPs and gluten-free foods for irritable bowel syndrome treatment: Lights and shadows. Food Res Int. agosto de 2018;110:33-41.