La
carnitina (L-3-hydroxy trimethyl
aminobutanoate)es un compuesto
natural sintetizado a partir de aminoácidos esenciales por el organismo o que
se ingiere en la dieta normal a través de carnes rojas y productos lácteos (Orer & Guzel, 2014). Existen básicamente dos formas
de carnitina: la L-Carnitina y la D-Carnitina (Williams, 2002), siendo la L-Carnitina su forma
biológica activa (Owen & Sunram-Lea, 2011). Gran cantidad de la L-Carnitina
se sintetiza a partir de lisina y metionina, las vitaminas C, B3 y B6 y el
hierro, por lo que la deficiencia de cualquiera de dichos nutrientes conduce a
una deficiencia de la misma y, a su vez, perjudica la producción de
energía y favorece al aumento del tejido adiposo.
Su
función más extendida entre la comunidad deportiva es la de facilitar la
entrada de los ácidos grasos a la mitocondria, es decir, aquella relacionada con la
oxidación de grasas (para más información sobre este aspecto concreto ver
revisión de Stephens, Constantin-Teodosiu, & Greenhaff,
2007). Concretamente, la carnitina
está involucrada en el transporte de los ácidos grasos de cadena larga desde el
citoplasma hacia el interior de la mitocondria y actúa como buffer del aumento de acetyl-CoA durante el ejercicio
moderado-intenso (ver Figura 1).
Figura 1. Representación esquemática del papel de la
carnitina en el transporte de ácidos grasos a la mitocondria.
Sin
embargo, la carnitina tiene otras funciones importantes como la protección de
membranas celulares (Hernandez, 2010) y puede mejorar la función cognitiva y actuar
como neuro-protector (Owen & Sunram-Lea, 2011).
El 95%
del total de la carnitina se encuentra en el músculo esquelético y en el
miocardio, razón por la cual se ha asociado con asiduidad a la mejora del rendimiento deportivo (Burke et al., 2009; Orer & Guzel, 2014). En este sentido, son bastantes
los trabajos que han propuesto a la L-Carnitina como una ayuda ergogénica que
reduce el consumo de oxígeno, aumenta velocidad máxima, reduce la frecuencia cardiaca o ahorra glucógeno a través de un aumento de la oxidación de
grasas (Jeukendrup & Randell, 2011; Orer & Guzel,
2014). Por ejemplo, en 1989, Gorostiaga, Maurer, y Eclache mostraron como 2 g/día de
L-Carnitina durante 28 días reducían significativamente el RER en una prueba de
45 min al 66% del VO2max, efecto interpretado como un
aumento de la utilización de lípidos por el músculo durante el ejercicio
submáximo.
A pesar
de ello, estudios bien diseñados han demostrado que ni la ingesta oral o
intravenosa de carnitina durante 2 semanas a 3 meses cambia la concentración
muscular de la misma y, por tanto, no afecta a la utilización de energía (Burke et al., 2009; Jeukendrup & Randell, 2011;
Spriet, Perry, & Talanian, 2008). Tampoco es útil en la pérdida
de peso, cuando se utiliza como “quemador de grasas” (Spriet, Perry, & Talanian, 2008).
A pesar
de las conclusiones de investigadores tan importantes como Burke, Jeukendrup o
Spriet, recientes trabajos como el de Orer & Guzel (2014) han seguido investigando el
efecto agudo de 3-4 g de carnitina sobre el ejercicio, en este caso en un
esfuerzo incremental (aumento de 1 km/h cada 3 min), encontrando que la
carnitina reducía la concentración de lactato, RPE y FC ante una misma
velocidad dada (en comparación con el placebo) (ver Figura 2).

Figura 2. Respuesta
del lactato en función de la velocidad. P-3 y P-4 = Grupos placebo; LK-3 y LK-4
= Grupos L-Carnitina 3 y 4 g.
Estos
resultados, por ejemplo, contrastan con los resultados y las conclusiones
obtenidas en el pasado por Colombani et al. (1996) con distinto protocolo. Además,
existen evidencias de que la ingesta conjunta de grandes cantidades
carbohidratos (con el consiguiente aumento de insulina) y carnitina podría
aumentar ligeramente la concentración de carnitina en el músculo y mejorar la
oxidación de grasas (Burke et al., 2009; Jeukendrup & Randell, 2011;
Spriet et al., 2008). Por ejemplo, (Wall et
al., 2011) mostraron como 80 g de CHO
(carbohidratos) + 2 g de carnitina durante 24 semanas provocaban un ahorro de
glucógeno al ejercitarse al 50% del VO2. Aunque la estrategia utilizada para
conseguir esto sería poco práctica, al tener que ingerir grandes cantidades de
CHO y durante mucho tiempo, si sería aplicable en atletas con grandes
necesidades de CHO al día.
En
resumen, es lógico, teniendo en cuenta los datos disponibles, ser cautos en
cuanto a los efectos de la carnitina en el rendimiento deportivo o la oxidación
de grasas ya que la mayor parte de los trabajos hasta el momento apuntan a una
falta de efecto sobre estos aspectos. Sería necesaria su combinación con CHO en
altas cantidades durante bastante tiempo para ver efectos significativos. Sin
embargo, la carnitina puede ser útil para otros propósitos como el tratamiento
de ciertas patologías (e.g. Dinicolantonio
et al., 2014), la reducción del estrés oxidativo durante el ejercicio (e.g.
Li, Wang, Luan, Kang, & Wang, 2012) o la recuperación
post-ejercicio en entrenamientos de fuerza (efectos sobre marcadores
bioquímicos del metabolismo de las purinas, formación de radicales libres,
creatin-kinasa y dolor muscular; ver Ho et al.,
2010).
AUTOR
CAPACITACIONES DE
NUESTRA INSTITUCIÓN
Curso
de Preparación Física Integral en Running y Trail Running
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