Muy de moda actualmente, las dietas hiperproteicas (bajas en carbohidratos
y usualmente altas en grasas) son ampliamente usadas por muchos especialistas de
la Nutrición, y también por muchas personas que las realizan sin supervisión
profesional, con fines de adelgazamiento.
Por definición, una dieta hiperproteica es aquella en la
cual la ingesta de proteína supera las recomendaciones diarias establecidas.
Actualmente se acepta que el consumo de 0,8 g/kg/día de proteínas es suficiente
para cubrir los requerimientos nutricionales del adulto sano que no realiza un
plan de entrenamiento exigente.
Si bien las personas que las
realizan usualmente ven mayores efectos en el corto plazo, no hay evidencia concluyente
de que sean más efectivas que otros tipos de dietas y que esa pérdida de peso
se sostenga de mejor manera a largo plazo; incluso algunos estudios
postulan efectos adversos para la salud, pero esto puede estar muy relacionado
al estado de salud de los individuos.
Según diferentes estudios, este tipo de dietas altas en
proteínas y grasas, y bajas en carbohidratos, frutas, verduras y fibra, pueden
ocasionar alteraciones en el metabolismo hidroelectrolítico y ácido-base, en el
metabolismo óseo (por la elevada carga ácida de los alimentos proteicos), en la
función renal (en personas con problemas renales previos) y en la función endócrina.
Y por otro lado, tener en cuenta la procedencia de las proteínas, ya que se
asocia el consumo elevado de carnes rojas con una mayor incidencia de
enfermedades cardiovasculares, de diabetes tipo 2, y un mayor riesgo de
desarrollar cáncer de colon, esófago y estómago.
En
relación a su uso en tratamientos adelgazantes, merece la pena hacer ciertas
aclaraciones. Según la OMS: “Las dietas ricas en carbohidratos
desempeñan un papel central en el control del sobrepeso y de la obesidad”.
La segunda aclaración procede de las últimas Guías
Dietéticas de Estados Unidos: “Existen evidencias sólidas y consistentes
que señalan que cuando se controla la ingesta calórica, la proporción de
macronutrientes de la dieta no está relacionada con la pérdida de peso”. Y las
últimas provienen del consenso de la FESNAD-SEEDO (Federación Española de
Sociedades de Nutrición, Alimentación y Dietética – Sociedad Española para el
Estudio de la Obesidad) : “En el tratamiento de la obesidad no se
recomienda inducir cambios en la proporción de proteínas de la dieta (grado de
recomendación A)”, y “las dietas con
mayor contenido de hidratos de carbono complejos (≥50% del aporte energético
total, aproximadamente) se asocian con índices de masa corporal más bajos en adultos
sanos”.
Un
aspecto que no se ha tenido muy en cuenta en años anteriores, pero
que ha ganado relevancia en los últimos tiempos, es la composición del peso perdido. Las dietas altas en proteínas
parecen ser más eficientes en este aspecto, ya que provocan una menor
pérdida de masa magra cuando se llevan a cabo dietas con déficit energético.
En
conclusión, no es recomendado este tipo de dietas en personas con enfermedades
renales, hepáticas, niveles de acido úrico elevados, y es necesario un riguroso
control profesional para su uso en personas con sobrepeso u obesidad con fines
de adelgazamiento. Los aspectos claves
de cualquier dieta para bajar de peso son el generar un déficit energético
(balance energético negativo) y que los sujetos demuestren una elevada adherencia hacia el plan
de alimentación.
Ailén Dietrich.
Lic.
en Nutrición
Adrián Barale.
Prof. en Educación Física
Lic. en Nutrición
Editor Sección de Nutrición Deportiva
Coordinador académico y docente del Curso a Distancia de Nutrición Deportiva
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