Pliometría y
electroestimulación
Elisa Benito, Lara Sánchez, Emilio Martínez
La electroestimulación neuromuscular (EE NM) consiste en la aplicación de
una corriente eléctrica al músculo o al nervio periférico con el fin de lograr
su contracción involuntaria (Lake, 1992). Desde su origen (Osborne, 1951;
Eriksson, Haggmark, Kiesseimg, Karisson, y Enect, 1981), su uso fue enfocado
generalmente a pacientes lesionados incapaces de realizar una contracción
voluntaria por sí mismos, sin embargo, en la década de los 70 Kots y Hvilon (1971)
emplearon este tipo de técnicas en atletas de élite sanos con el fin de mejorar
la fuerza muscular, empleando este método como complemento al entrenamiento
convencional.
Tras estos primeros estudios, han sido muchos los autores que han hecho uso
de la EE NM para mejorar la fuerza muscular en atletas, sin embargo, la gran
heterogeneidad de los parámetros de corriente utilizados en sus diferentes
protocolos continúan en la actualidad siendo objeto de debate entre los
investigadores. Así por ejemplo, respecto al tipo de corriente empleada, ya
Kramer, Lindsay, y Magee (1984) compararon la eficacia de diferentes tipos de corriente,
donde la corriente bifásica asimétrica rectangular fue percibida como más confortable.
Desde la década de los 90, en que Lake (1992) concluyó que la corriente
bifásica era la más efectiva para provocar el mayor porcentaje de fuerza
isométrica, y que la bifásica simétrica conseguía mejores resultados que la
asimétrica, se comenzaron a establecer las bases para protocolos de
entrenamiento, sirviendo de referente a estudios posteriores (Duchateau y
Hainaut, 2003; Brocherie, Babault, Cometti, Maffiuletti, y Chatard, 2005; Babault,
Cometti, Bernardm, Pousson, y Chatard, 2007).
Otro aspecto controvertido en la aplicación de la EE NM ha sido la
frecuencia (Hz) a emplear Child, Brown, Day, Saxton, y Donnehy (1998), Meaños,
Alonso, Sánchez, y Téllez, (2002), aunque finalmente, las frecuencias entre 70
y 120 Hz son las más empleadas para aumentar la fuerza explosiva y las
comprendidas entre 120 y 150 Hz las utilizadas para mejorar la fuerza explosiva-elástica
(Maffiuletti, Cometti, Amiridis, Martin, Pousson, y Chatard, 2000; Vanderthommen
y Crielaard, 2001; Valli, Boldrini, Bianchedi, Brizzi, y Miserocchi, 2002; Gondin,
Guetie, Ballay, y Martin, 2006; Lyons, Robb, Irrgang, y Fitzgerald, 2005; Paillard,
Noé, Passelergue, y Dupui, 2006; Toca-Herrera, Gallach, Gómis y González,
2008).
Existen además tres parámetros para los que el consenso entre autores es
mayor. Respecto al ancho de impulso la mayoría de los estudios apuntan hacia
protocolos próximos a los 300 Ms (Vanderthommen y Crielaard, 2001; Linares,
Escalante, y LaTouche, 2004; Babault et al., 2007; Toca-Herrera et al., 2008.
En segundo lugar, en cuanto a la intensidad se refiere, muchos autores
recomiendan elevarla hasta conseguir un 60 % de la contracción isométrica voluntaria
máxima obtenida mediante dinamómetro (Colson, Martín, y Van Hoecke, 2000; Maffiuletti,
Dugnani, Folz, Di pierno, y Mauro, 2002; Valli et al., 2002; Brocherie et al., 2005;
Holcomb, 2005; Babault et al., 2007), aunque se considera que a medida que
pasan los días de entrenamiento con EE NM, se produce una mayor tolerancia a la
intensidad de corriente (Ward y Shukuratova, 2002), debiendo ésta adaptarse
tanto al momento de la temporada o microciclo, como a las características del
sujeto (Meaños et al., 2002; Petrofsky, 2008).
Y finalmente, respecto a la relación existente entre el tiempo de paso de
la corriente y el tiempo de reposo durante la sesión, se considera que el
entrenamiento de la fuerza explosiva debe asegurar tiempos de reposo elevados.
La principal justificación a lo anterior está relacionada con la inversión del
reclutamiento de fibras, ya que durante la EE NM se activan primero las fibras
tipo II y no las tipo I como ocurre durante el ejercicio voluntario, lo que
contribuye a un aumento de la fatiga muscular (Raquena, Radial, y
González-Badillo, 2005). Así, mientras algunos autores consideran más acertada
una relación de 1:5 entre el tiempo de paso de la corriente y el tiempo de reposo
(Coarsa, Morós, Marco, y Mantiha,2000; Linares et al., 2004), otros utilizan una
proporción menor (1:3) (Maffiuletti et al., 2000;Brocherie et al.,
2005; Holcomb, 2005; Lyons et al., 2005).
Referente
a la posología semanal en una sesión de electroestimulación muscular, empleada para
aumentar la fuerza muscular explosiva, Meaños et al. (2002) recomiendan 72
horas de recuperación, ya que es necesario entre 48 y 72 horas para reponer los
depósitos energéticos (Cometti, 1998). Por la similitud del EE NM con dichos
entrenamientos, resultaría complicado realizar sesiones de EE NM diarias tal y
como establecieron Ward y Shkuratova (2002) y Cigdem, Ozlen, Aylin, y Elif
(2002). Dentro de cada sesión de entrenamiento, y respecto al tiempo total de
aplicación, parece existir mayor consenso, estableciéndose tiempos de entre 10
y 15 minutos en la mayoría de los autores (Ward y Shkuratova, 2002; Parker, Bennet,
Hieb, Hollar, y Roe, 2003; Brocherie et al., 2005; Babult et al., 2007).
Finalmente,
en cuanto al tipo de ejercicio a combinar con la EE NM, Cometti (1998) muestra como
el uso de la EE NM reduce el tiempo necesario en una proporción de 1:3 al
compararse con un programa de contracción voluntaria. Además, Vanderthommen y
Crielaard (2001) apoyaron que las adaptaciones fisiológicas producidas en la
terapia son mucho mayores que las que se producen en terapias aisladas, ya sea
de EE NM o de ejercicio voluntario. Tras la revisión de los estudios de
Verkhoshansky (1991), Herrero, Izquierdo, Maffiuletti, y García- López (2006),
y Maffiuleti (2008), se constató que la pliometría es un método muy eficaz para
la preparación especial de la fuerza ya que favorece la fuerza reactiva y la
fuerza explosiva.
De
forma general, los estudios sobre EE NM llevados a cabo en atletas han tenido
como principal objetivo la mejora de la potencia muscular, sin embargo, uno de
los principales problemas que aún perduran, es definir qué manifestación de la
fuerza mejora mediante el protocolo de EE NM y la que realmente se mide con los
test empleados para su evaluación.
En
este sentido, Vittori (1990) clasificó las diferentes manifestaciones de la
fuerza diferenciándolas entre activas (compuestas de un único ciclo de
contracción), y reactivas (en las que intervienen dos ciclos diferentes:
estiramiento y contracción).
Para
evaluar estas manifestaciones de la fuerza en la musculatura extensora de las extremidades
inferiores, se han utilizado frecuentemente tests de salto vertical,
especialmente en deportes que implican saltos o acciones de velocidad (Martínez
López, 2002; Berdejo y González, 2009; Martínez-López, Lara, Cachón, y
Rodríguez, 2009). Actualmente, los test de
salto
vertical están estandarizados, son sencillos en su aplicación y se dispone de
suficiente información según las diversas disciplinas deportivas (Lara, Abián,
Alegre, y Aguado, 2004).
No
obstante, la necesidad de obtener datos más fiables ha fomentado el uso de
plataformas de fuerza (González-Badillo y Ribas, 2002; Lara, Abián, Alegre,
Linares, y Aguado, 2006; Juarez, Navarro, y Aceña, 2008), que permiten obtener
indicadores adecuados para evaluar la manifestación explosiva y explosiva
elástica de la fuerza desarrollada por la musculatura de las extremidades
inferiores durante el salto vertical. Aunque las evidencias de los estudios
referidos anteriormente han constatado que el entrenamiento de fuerza de forma
aislada, tanto mediante EE NM como de pliometría, ofrecen una alta efectividad
sobre la manifestación explosiva y explosiva-elástica de la fuerza, no conocemos
el efecto combinado de ambos. Por ello, Benito, E.; Lara, A.; Martínez-López, E. J. (2010) realizan un estudio
donde en primer lugar analizan la mejora producida por un programa de entrenamiento
que combina el ejercicio de EE NM con la Pliometría, y en segundo lugar, buscan
el orden de trabajo más adecuado de ambos métodos durante la sesión
entrenamiento.
Los
resultados obtenidos de la combinación de EE NM con el entrenamiento pliométrico
del estudio han evidenciado un avance significativo en la mejora de salto de
los atletas participantes. Una posible explicación a este hecho la ofrecieron
Ward y Shkuratova (2002), que afirmaron que se conseguían mejores resultados
combinando la EE NM y el ejercicio voluntario por dos motivos principales: por
un lado, el hecho de realizar el doble de ejercicio, y por el otro, la inversión
de reclutamiento de fibras que se produce con la EE NM. Esto último, supone un entrenamiento
más completo al reclutar el ejercicio voluntario primero las fibras lentas y al
hacerlo la EE NM en primer lugar con las rápidas. Además, el uso combinado de
la EE NM estaría en todo momento recomendado debido a que la coordinación
agonista antagonista no se consigue sólo con la EE NM siendo necesario un
ejercicio voluntario (Holcomb, 2005). Otro ejemplo más, puede atribuírsele a
Maffiuletti et al. (2002) que obtuvieron mejoras del 14% en salto de DJ con
caída de 40 cm desde la segunda semana de entrenamiento. Este porcentaje es
superior al conseguido por el grupo 2 (EE NM seguido de saltos pliométricos) que
consiguieron un 7.8%, y más alejado de Babault et al. (2007) con tan sólo un
6.6%. En este caso, Maffiuletti emplea en su protocolo la EE NM seguida de
saltos pliométricos, con un protocolo bastante similar al utilizado en el estudio
de Benito (2010).
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