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Artículo

Aspectos Fisiológicos del Fútbol

Thomas Reilly1

Centro de Ciencias del Deporte y del Ejercicio. Universidad John Moore, Liverpool, Inglaterra.

Resumen

Este artículo de revisión cubre aspectos seleccionados de la aplicación de la fisiología del fútbol. El análisis de las intensidades y de los factores que afectan las tasas de esfuerzo brinda una base para describir las intensidades de ejercicio durante los partidos. Las respuestas fisiológicas al juego de fútbol indican intensidades moderadas a altas, respuestas anaeróbicas elevadas e intervaladas, y la reducción en las reservas de glucógeno muscular hacia el final del partido. Las actividades relacionadas con el juego imponen un estrés fisiológico particular sobre los jugadores. Las demandas del partido tienen implicancias en la formulación de los sistemas de entrenamiento y en la atención a la especificidad de las habilidades en el fútbol.

INTRODUCCIÓN

Las demandas fisiológicas del juego de fútbol están representadas por las
intensidades a las cuales se llevan a cabo las distintas actividades durante un
partido. Esto tiene implicancias en cuanto a la capacidad física necesaria de
los jugadores y también para la determinación de adecuados regímenes de
entrenamiento. Debido a que los esquemas de entrenamiento y competencia de los
jugadores profesionales comprenden sus roles ocupacionales, esto tiene
consecuencias para sus actividades habituales, requerimientos energéticos
diarios y gastos calóricos. También existen repercusiones para la prevención de
lesiones, en la medida de lo posible, y para la adecuada rehabilitación de
lesiones de los tejidos blandos.

La intensidad del esfuerzo durante el fútbol competitivo puede indicarse por
la distancia total cubierta. Esta representa una medición global de la tasa de
esfuerzo, la cual puede ser dividida en las acciones discretas de un jugador
particular, durante todo el juego. Las acciones o actividades se pueden
clasificar de acuerdo al tipo, intensidad (o calidad), duración (o distancia), y
frecuencia. La actividad se puede establecer en base al tiempo, por lo que puede
calcularse el promedio de las proporciones ejercicio-pausa. Luego, estas
proporciones pueden utilizarse en estudios fisiológicos diseñados para
representar las demandas del fútbol, y también en los elementos condicionantes
de los programas de entrenamiento de los jugadores. Estas tasas de esfuerzo
pueden ser aumentadas a través del monitoreo de las respuestas fisiológicas,
cuando sea posible.

En este artículo, se cubren distintos aspectos de la fisiología del fútbol.
Antes de revisar las respuestas fisiológicas al juego se consideran las tasas de
esfuerzo durante el partido, y los actores que influyen en los perfiles de
intensidad. Las respuestas están restringidas a la frecuencia cardiaca y a
mediciones metabólicas. Se mencionan también las implicancias en la
compatibilidad entre las demandas del juego, los estímulos de entrenamiento, y
las mediciones de la capacidad física, aunque la revisión de la aptitud física
de los jugadores está fuera de la óptica del presente artículo.

PERFILES DE TASAS DE ESFUERZO

Las primeras investigaciones en Liverpool sobre las tasas de esfuerzo en el
fútbol se publicaron a mitad de los setenta El método adoptado para el análisis
del movimiento probó ser confiable, objetivo, y válido (4). El mismo utilizaba
un plano del campo, complementado con conos visuales alrededor del mismo. Se
registraban los eventos desarrollados por un jugador durante todo el partido, a
través de comentarios codificados en un grabador, acoplados a la grabación de un
video de las mismas actividades.

Otros investigadores reportaron modificaciones de este método de análisis del
movimiento en jugadores australianos (58), belgas (57), canadienses (24),
daneses (4), y japoneses (32). Otras investigaciones han incorporado filmaciones
de muestras de individuos, hasta eventualmente abarcar todo el equipo (50),
tomas elevadas de la cancha para el análisis de movimientos con utilización de
computadoras (57), y cámaras sincronizadas para el cálculo de actividades
utilizando trigonometría (32). También se han utilizado, métodos de anotación
manual para registrar las actividades sobre papel (13, 21), si bien los análisis
computados de anotación (17), actualmente utilizados para analizar los patrones
de juego, tienen el uso potencial de brindar información sobre las intensidades.
Cualquiera sea el método adoptado, debe obedecer a las especificaciones del
control de calidad (41).


Figura 1. Distancias relativas cubiertas en distintas categorías de
actividad, durante los partidos de fútbol.

Un resumen de las tasas de esfuerzo generales reportadas en la literatura
(Tabla 1), indica que los defensores deberían ser capaces de cubrir 8-l2 km
durante el transcurso del partido. Esto se realiza de manera más o menos
continua. La distancia total cubierta sólo es una medición somera de la tasa de
esfuerzo, debido a los frecuentes cambios en las actividades. Estas se acercan a
1.000 actividades diferentes en un partido, o a una pausa en el nivel o tipo de
actividad cada 6 seg (41). Los cambios abarcan alteraciones en el ritmo y en la
dirección del movimiento, ejecución de habilidades de juego, y persecución de
los movimientos de los oponentes.

La distancia total cubierta por los jugadores de campo durante un partido se
reparte de la siguiente manera: el 25 % caminando, 37 % haciendo jogging o
trote suave, 20% corriendo a velocidad crucero submáxima, 11 0/o haciendo
piques. y 7 % moviéndose hacia atrás (41), Mezcladas con las categorías
principales se encuentran los movimientos laterales y diagonales. Estas cifras
(Figura 1) son representativas del juego contemporáneo en las primeras
divisiones de Inglaterra, como se confirmó a través de las observaciones de dos
jugadores de Copa del Mundo que jugaron en la Liga Inglesa en 1990.
Aparentemente, éstas son indicativas de otras ligas nacionales importantes en
Europa y de alto nivel en Japón (60).


Tabla 1
. Distancia media cubierta por partido de acuerdo a distancias
fuentes

Las categorías de “velocidad crucero” y piques pueden combinarse
representando la actividad de alta intensidad en el fútbol. Se observa entonces,
que la proporción entre el ejercicio de baja y alta intensidad es de casi 2.2 a
1, en términos de distancia cubierta (41). En términos de tiempo, esta
proporción es de casi 7 a 1 (24). Esto denota un gasto de energía
predominantemente aeróbico. En promedio, cada jugador tiene un corto período de
pausa de sólo 3 seg cada 2 min., sin embargo, en los niveles inferiores de
juego, donde los jugadores son mas reacios a correr para apoyar a un compañero
en posesión de la pelota, los descansos son más largos y ocurren más
frecuentemente. Por lo general, menos del 2% de la distancia total cubierta por
futbolistas de alto nivel se cumple en contacto con la pelota. La gran mayoría
de las acciones se llevan a cabo sin la pelota, ya sea corriendo para buscar una
pelota, apoyar a un compañero de equipo, contrarrestar la marca de un jugador,
saltar o marcar a un oponente, o tocar la pelota con un sólo pase.

Si bien la mayor parte de la actividad durante un juego de alto nivel se
realiza a una intensidad baja o submáxima, no se puede subestimar la importancia
de los esfuerzos de alta intensidad. Los jugadores generalmente tienen que
correr con esfuerzo (velocidad crucero) o realizar un pique cada 30 seg., pero
corren al máximo una vez cada 90 seg. EI timing o coordinación de estos
esfuerzos anaeróbicos, sean o no en posesión de la pelota, es crucial ya que su
éxito juega un papel predominante en el resultado del partido.

FACTORES QUE AFECTAN LAS INTENSIDADES DE TRABAJO

La tasa de esfuerzo está determinada, en gran parte, por la posición de juego
del futbolista. Las mayores distancias son cubiertas por los mediocampistas,
quienes tienen que actuar como lazos entre la defensa y el ataque. Esto se ha
observado en partidos de la liga Inglesa (41), Sueca (13) y Danesa (6). En los
estudios con los jugadores de la Liga Inglesa, los defensores mostraron la mayor
versatilidad (Figura 2)

A pesar de que los defensores cubrieron una mayor distancia total,
recorrieron menos distancia con sprints. La mayor distancia cubierta con
piques se observo entre los atacantes y mediocampistas. La mayor distancia total
cubierta por los mediocampistas daneses se llevó a cabo corriendo a velocidades
bajas. Esto denota un tipo de actividad aeróbica para los mediocampistas en
particular. En los zagueros centrales y los líberos se observa un perfil de tipo
más anaeróbico. El ritmo de caminata se observó que era más lento en los
zagueros centrales que en cualquier jugador de otra posición (41). Los zagueros
centrales y los atacantes tienen que saltar más frecuentemente que los
defensores o los mediocampistas (41, 58). La frecuencia de un salto cada 5-6 min
denota que si bien la resistencia en saltos podría no ser tan importante en
fútbol como en básquetbol y voleibol, la potencia anaeróbica y la habilidad para
saltar bien verticalmente son requisitos para jugar en la de defensa central y
en el ataque como jugador clave.


Figura 2. Distancias medias (± DS) cubiertas durante un partido de
fútbol, por los jugadores de distintas posiciones (de Reilly y Thomas [41]).

Se ha observado que el arquero cubre casi 4 km durante un partido (41). El
tiempo que pasa parado es mucho mayor que para los jugadores de otras
posiciones. El perfil de intensidad supone esfuerzos anaeróbicos de corta
duración cuando esta comprometido directamente en el juego. El arquero está
envuelto en el juego más que cualquiera de los jugadores de campo, a pesar de
que el grado en que esto ocurre, se vio reducido a partir de los cambios
reglamentarios introducidos en 1992, para evitar pases hacia atrás por los
defensores. Esta regla sólo ha tenido un efecto marginal sobre las actividades
de los jugadores de campo.

La capacidad de mantener un ejercicio prolongado depende de una elevada
potencia aeróbica máxima (VO2 máx.) pero el límite superior al cual se puede
sostener un ejercicio continuo está influenciado por el denominado umbral
anaeróbico y por la alta utilización fraccional del VO2 máx. (23). Se ha
estimado que en el fútbol se utiliza un consumo de oxígeno correspondiente al
75% del VO2 máx. (35), valor probablemente cercano al umbral anaeróbico en los
futbolistas de alto nivel. Se ha mostrado que los jugadores de medio campo de la
Liga Inglesa tienen valores más elevados VO2 máx., que los jugadores de otras
posiciones. Se observo que el VO2 máx., está significativamente relacionado con
la distancia cubierta en un partido, subrayando la necesidad de altas
intensidades y un elevado nivel de capacidad aeróbica, particularmente en los
mediocampistas. Snaros (53) reporto esta fuerte relación entre el VO2 máx., y la
distancia recorrida por partido, pero también noto que el VO2 máx. influye en el
número de piques que los jugadores realizan. Bangsboo y Lindquist (4) mostraron
que la distancia recorrida estaba relacionada con el rendimiento en una
evaluación continua de campo de 2,16 km., con el máximo consumo de oxígeno y con
el consumo de oxígeno correspondiente a un nivel de lactato sanguíneo de 3
mmo1/L. Aparentemente, la tasa de esfuerzo en los partidos de fútbol depende de
los indicadores fisiológicos de la capacidad aeróbica, tal como se observa en
corredores de fondo (18).

El estilo de juego podría influir en las tasas de esfuerzo de los jugadores.
El énfasis en retener la posesión, demorar el ritmo de juego, y retrasar los
movimientos de ataque hasta tener oportunidades de penetrar en la línea
defensiva, significa que se debe poner énfasis en la velocidad de los
movimientos en tales fases críticas del partido. Por el contrario, el método
directo del juego, como el utilizado por el equipo irlandés en el Campeonato
Europeo de 1988 y en la Copa del Mundo de 1990, incrementa el ritmo del juego en
todo momento. Los principales elementos son la transferencia rápida de la pelota
de la defensa al ataque para crear oportunidades de convertir, el uso de pases
largos más que una secuencia de pases cortos, el aprovechamiento de los errores
defensivos, apurar a los oponentes a cometer errores cuando están en posesión de
la pelota, y el turnarse de los mediocampistas para apoyar a los atacantes
cuando están en la ofensiva (46). Este estilo de juego tiene un efecto de
nivelación sobre la tasa de esfuerzo ya que se espera que todos los jugadores
realicen ejercicios a una alta intensidad sin la pelota. Un equilibrio similar
de las demandas en la capacidad aeróbica se aplica al estilo de juego de fútbol
total, exhibido al principio por el equipo nacional de Holanda en 1974 y
característico de muchos clubes europeos de alto nivel (por ejemplo el Milan).

FATIGA

La fatiga se define usualmente como la disminución en el rendimiento debido a
la necesidad de seguir realizando esfuerzos. En el fútbol puede manifestarse
como el deterioro de la intensidad hacia el final del partido. Los estudios que
compararon las tasas de esfuerzo entre el primer y el segundo tiempo han
brindado evidencia de la ocurrencia de fatiga.

Se observó que los jugadores de una Universidad Belga cubrían, en promedio,
una distancia de 444 m más en el primer tiempo que en el segundo (57). Bangsbo y
cols. (6) reportaron que la distancia recorrida en el primer tiempo era 5 % mayor
que en la segunda mitad. Esta disminución no necesariamente ocurre en todos los
jugadores. Reilly y Thomas (41) notaron una relación inversa entre la capacidad
aeróbica (VO2 máx.) y la disminución en la intensidad. Los jugadores
con mayores valores de VO2 máx., aquellos mediocampistas y defensores
laterales, no mostraron una caída significativa en la distancia recorrida en el
segundo tiempo. Por el contrario, todos los zagueros centrales y el 86 % de los
atacantes tuvieron valores más altos en el primer tiempo, con una diferencia
significativa con respecto al segundo tiempo. Aparentemente, el impacto de un
alto nivel de capacidad aeróbica es especialmente evidente en las últimas etapas
de un partido.

La cantidad de glucógeno almacenado en los músculos del muslo antes del
partido parece tener una importante función protectora contra la fatiga. Se
observó en jugadores de clubes suecos con bajos contenidos glucogénicos en el
vasto lateral que cubrían una distancia 25 % menor que los otros jugadores (50).
Se observó un efecto más marcado para la velocidad de carrera; aquellos con
bajas reservas de glucógeno muscular antes del encuentro cubrieron el 50 % de la
distancia total caminando y el 15 % a velocidad máxima, en comparación con los
jugadores con altas concentraciones glucogénicas, quienes recorrieron el 27 %
caminando y el 24 % realizando sprints. En la preparación inmediata para la
competencia se recomienda prestar atención a la dieta y evitar la deplección
glucogénica producida por un entrenamiento muy intenso. Estas consideraciones
serían de suma importancia cuando los partidos se extienden más allá de los 90
min. (por ejemplo, 30 min mas).

Si bien los goles pueden convertirse en cualquier momento durante el partido,
la mayoría se hacen hacia el final del mismo. Esto está ejemplificado por datos
de la Liga Escocesa durante un período extendido en la temporada 91-92. En los
10 min finales de juego se produjo una tasa de conversión mayor que el promedio.
Esto no puede ser simplemente explicado por una caída en la intensidad ya que
esto estada balanceado, lógicamente, para los dos equipos. Podría explicarse por
el deterioro más pronunciado entre los defensores lo cual les da una ventaja a
los atacantes, hacia el final. Alternativamente podría estar relacionado con una
fatiga mental, lapsus en la concentración como consecuencia del esfuerzo
físico sostenido, lo que lleva a errores tácticos y abre la posibilidad de
convertir goles. Este fenómeno podría ser un factor inherente en el juego,
siendo más importante jugar hacia el final a pesar de la caída en las
capacidades físicas. Sin importar la naturaleza del fenómeno, un equipo que está
fisiológica y tácticamente preparado para soportar 90 min de juego intenso, es
probable que sea muy efectivo.

Las condiciones ambientales también podrían limitar la intensidad de
ejercicio que puede mantenerse durante un partido de fútbol, o acelerar la
aparición de la fatiga. Algunos encuentros importantes, por ejemplo las finales
de las Copas Mundiales de España 1982 e Italia 1990, se llevaron a cabo en
condiciones calurosas, con temperaturas ambiente rondando los 30 C º. Cuando
tales condiciones se combinan con una humedad elevada, la tasa de esfuerzo es
afectada de manera adversa. El rendimiento estará influenciado tanto por la
elevación de la temperatura corporal como por la deshidratación, y la generación
de sudor será inefectiva para perder calor cuando la humedad relativa es del 100 %.
Se ha observado que la función cognitiva, que se expresa como la toma de
decisiones requeridas durante el partido, se mantiene mejor durante los 90 min
de ejercicio continuo cuando se les suministra agua a los jugadores, en
comparación con condiciones de control (47). Cuando Los futbolistas tienen que
jugar en el calor, es importante la adecuada hidratación antes del ejercicio y
durante el periodo de descanso, La oportunidad de aclimatarse al calor antes de
competir en torneos en climas cálidos, es un elemento esencial en la preparación
sistemática para tales eventos. Esto podría llevarse a cabo eligiendo
estratégicamente los lugares de entrenamiento, realizándose una buena adaptación
fisiológica dentro de los 10 a 14 días de la exposición inicial al calor, o
exposiciones regulares o frecuentes al calor en una sala climatizada (27).

Es probable que las principales consecuencias de jugar en climas fríos estén
asociadas con la posibilidad de lesionarse. Esto podría ser más pronunciado
cuando se juega en canchas congeladas sin contar con los equipos calefacción
subterránea. El rendimiento muscular se deteriora a medida que disminuye la
temperatura muscular (71); por lo tanto, sería importante realizar una buena
entrada en calor antes del partido en un clima frío y el uso de ropa deportiva
adecuada para mantener el calor y evitar un perjuicio sobre el rendimiento.
También está establecido que es más probable que se produzcan lesiones en los
jugadores si la rutina de entrada en calor es inadecuada (40). Por lo tanto, se
deberían realizar ejercicios antes del partido que comprometan los grupos
musculares utilizados durante el juego, particularmente en la ejecución de las
habilidades en fútbol.

RESPUESTAS FISIOLÓGICAS AL JUEGO

Si fuera posible medir de manera directa tanto el gasto energético durante la
competencia como la potencia aeróbica máxima, se podría precisar la carga
metabólica relativa durante el juego de fútbol. Las mediciones directas
realizadas a partir de la recolección del aire espirado en bolsas de Douglas han
indicados tasas de gasto energético de 22-44 kJ/min (61). Es probable que estos
valores estén subestimados debido a las restricciones impuestas sobre los
jugadores por los aparatos y también a la poca habilidad de los sujetos
utilizados en estas investigaciones. Seliger (51, 52) reportó valores más altos
para jugadores checos, obteniendo cifras medias de 54.8 kJ/min para el gasto
calórico y 76.0 L/min para la ventilación por minuto. El VO2 de 35.5 ml/kg/min
esta en estrecha concordancia con los valores de 35-38 y 29-30 ml/kg/min para
dos jugadores japoneses (29). Estos intentos para la recolección de datos es
probable que hayan perturbado las actividades de los jugadores. Una estrategia
alternativa de investigaci6n ha sido medir la frecuencia cardiaca durante el
partido junto con las observaciones de las relaciones frecuencia cardiaca-VO2
máx. determinadas durante una carrera en cinta ergométrica. Aceptando las
imperfecciones en tales extrapolaciones de las condiciones de laboratorio al
campo, la frecuencia cardiaca es un indicador útil del esfuerzo fisiológico
general durante el partido.

Tradicionalmente, para monitorear la frecuencia cardiaca durante partidos
amistosos o competiciones simuladas se han utilizado sistemas de telemetría de
largo alcance (33, 34, 35). En los últimos años se han adoptado sistemas
telemétricos de corto rango (Sport-Tester) (2). Los resultados confirman que el
esfuerzo circulatorio durante el partido es relativamente alto y no tiene una
gran fluctuación en el mismo (Tabla 2). Rohde y Espersen (48) reportaron que la
frecuencia cardiaca se acercaba al 77 % del rango de la misma (frecuencia máxima
– frecuencia en reposo) durante el 66 % del tiempo de juego. Para la mayor parte
del tiempo restante la frecuencia cardiaca estaba por sobre este nivel.

La frecuencia cardiaca en el fútbol varía con la intensidad y por lo tanto,
puede diferir entre las posiciones de juego, y entre el primer y el segundo
tiempo. Van Gool y cols. (57) reportaron valores medios de 155 Lat/min para un
zaguero central y para un defensor lateral, 170 para un mediocampista y 168 y
171 L/min para dos delanteros. Este patrón estuvo estrechamente relacionado con
las distancias recorridas por los jugadores en un partido. El mismo grupo de
investigación reporto valores promedio para el equipo de una Universidad belga
durante un partido amistoso de 169 Lat/min en el primer tiempo y 165 L/min el
segundo tiempo. Nuevamente, las respuestas fisiológicas reflejaron una caída en
la tasa de esfuerzo durante la segunda mitad. Estas tendencias han sido
confirmadas en partidos jugados por equipos de Universidades inglesas (G.
Florida-James y T. Reilly, datos no publicados).

En varios estudios se ha utilizado la frecuencia cardiaca para estimar la
carga metabólica relativa durante el partido. La mayoría estima que la
intensidad del ejercicio en fútbol es de casi el 75-80 % del VO2 máx. (13, 37).
Si bien las limitaciones para extrapolar las condiciones de laboratorio al
campo, utilizando datos de regresión de FC-VO2, sugieren que esta cifra podría
representar una sobreestimación, los cálculos mas abarcativos indican que este
error no es muy grande (4, 6).


Tabla 2
. Valores medios de la frecuencia cardiaca (Lat/min) en el fútbol.

La intensidad del ejercicio también se puede indicar a través de las
concentraciones lactato sanguíneo. Han sido observados niveles de lactato
progresivamente mayores en partidos de la cuarta a la primera división de la
liga Sueca (13). Gerisch y cols. (16) demostraron que los niveles más elevados
de lactato sanguíneo están asociados con marcaciones hombre a hombre, en
comparación con la marcación de zona. Ekblom (13) observó que en los niveles más
elevados de juego se registran frecuentemente valores picos mayores a los 12
Mmol/L. La actividad no podría mantenerse de manera continua bajo tales
condiciones, lo cual refleja las consecuencias intermitentes del metabolismo
anaeróbico durante la cornpetencia. Si bien la mayoría de los estudios sobre la
concentración de lactato sanguíneo han mostrado valores de 4-6 Mmol/L durante el
juego (Tabla 3). Tales mediciones son determinadas por la actividad en el quinto
minuto previo a obtener las muestras sanguíneas. Consecuentemente, por lo
general se observan valores más altos cuando los resultados se obtienen en el
entretiempo, en comparación con el final del partido.


Tabla 3
. Promedio (± DS) de concentraciones de lactato sanguíneo (Mmol/L) en
el fútbol.

FISIOLOGÍA DE LAS ACTIVIDADES RELACIONADAS CON EL JUEGO.

La distancia cubierta en un partido subestima la energía gastada, ya que no
se tienen en cuenta las demandas adicionales de las habilidades del juego Estas
incluyen las frecuentes aceleraciones y desaceleraciones, carreras angulares
cambios de dirección, saltos para competir por la posesión, marcas, evasión
de marcas, y los múltiples aspectos del compromiso directo en el juego. Se han
realizado algunos intentos de cuantificar estas demandas fisiológicas
adicionales.

Dribblear con la pelota es un ejemplo de una habilidad de juego interesante
para la investigación fisiológica en el ámbito del laboratorio. ReilIy y Ball
[38] examinaron las respuestas fisiológicas al dribbling con una pelota de
fútbol , en una cinta ergométrica a velocidades de 9, 10, 5. 2, y 13.5 km/h,
cada esfuerzo durante 5 minutos. Una caja de rebote en el frente de la cinta
devolvía la pelota a los pies del jugador luego de cada toque hacia adelante. El
procedimiento permitía un control exacto de la actividad del jugador, mientras
se medía el aire espirado, el nivel de lactato sanguíneo, y la percepción del
esfuerzo. Se observo

que el costo energético del dribbling, el cual suponía un toque de la
pelota cada 2-3 ciclos completos de zancadas, aumentaba linealmente con la
velocidad de carrera. El costo adicional de dribblear se mantuvo constante en
5.2 kJ/min (Figura 3). Es probable que este valor varíe en las condiciones de
campo, de acuerdo a la cercanía del control de la pelota que ejerza el jugador.

Cuando se realiza un “dribbling” teniendo un buen control de la pelota, el
ritmo de zancada aumenta y se acorta la longitud de la misma en comparación con
una carrera normal, a la misma velocidad; es probable que estos cambios
contribuyan al costo energético adicional. Aumentar o disminuir la longitud de
zancada más allá de la libremente elegida por el individuo, provoca un aumento
en el consumo de oxígeno (9). El costo energético podrá acentuarse aún más en
los partidos, ya que el jugador cambia las características del paso de manera
irregular o realiza movimientos laterales mientras está en posesión de la pelota
para esquivar a un rival. Cuando se realizan dribblings quizás sea necesaria
la reducción en la longitud de pasos para tener un contacto controlado y
efectivo con la pelota, y dirigirla hacia adelante con la fuerza justa y
necesaria. La actividad muscular requerida para patear la pelota, y la acción de
los músculos sinérgicos y estabilizadores para facilitar el balance mientras se
ejecuta la patada, probablemente también contribuyan al costo energético
adicional.


Figura 3
. Las respuestas fisiológicas a diferentes velocidades son mayores
cuando se realiza “dribbling” (о) con la pelota que
una carrera normal (•) (de Reilly y Ball (38)).

La percepción del esfuerzo también aumenta con el “dribbling” de manera
paralela con la elevación en el metabolismo (38). Es probable que los esfuerzos
máximos estén limitados por el techo en la percepción del esfuerzo, y por lo
tanto, podrían no lograrse velocidades máximas de carrera en las prácticas de
“dribblig” a menos que se reduzca la frecuencia de contacto con la pelota. En
efecto, esto se hace en ocasiones cuando el jugador patea la pelota hacia
adelante para darse espacio a sí mismo y acelerar para pasar a un oponente que
está quieto.

Los niveles de lactato sanguíneo también son elevados como consecuencia de
“dribblear” con la pelota, con concentraciones de lactato en un incremento
desproporcionado a altas velocidades (Figura 3). En el estudio Reilly y Ball
(38) el umbral de inflexión del lactato se estimó que ocurría a 10.7 km/h para
el “dribbling”, pero no hasta los 11.7 km/h en la carrera normal. Esto indica
que el esfuerzo metabólico del “dribbling” rápido será subestimado a menos que
se considere la carga anaeróbica adicional.

Casi el 16% de la distancia cubierta por los jugadores en un partido se
desarrolla moviéndose hacia atrás o hacia los costados. Este porcentaje es mayor
en los defensores quienes, por ejemplo, tienen que regresar rápidamente desde la
mitad contraria o moverse hacía los costados. Se han examinado los costos
fisiológicos adicionales de las direcciones no convencionales de movimientos,
haciendo correr a nueve jugadores de fútbol en la cinta ergométrica a
velocidades de 5, 7, y 9 km/h, corriendo normalmente, o hacia atrás, o hacia los
costados (39). El costo energético extra de los modos no ortodoxos de carrera
aumentó desproporcionadamente en función de la velocidad de movimiento. Correr
hacia atrás y hacia los costados no fueron diferentes entre si en términos de
gasto calórico o tasas de percepción subjetiva del esfuerzo (Tabla 4).
Claramente, mejorar la eficiencia muscular en estos modos no convencionales de
movimiento, beneficiaría al jugador.


Tabla 4. Promedio (± DS) de la energía gastada (kJ) y tasas de percepción
de esfuerzo, con tres velocidades y tres modos direccionales de movimiento (n
=9); de Reilly y Bowen (39).

ENTRENAMIENTO Y ACTIVIDADES HABITUALES

Las características del programa de entrenamiento (intensidad, frecuencia,
duración, modo de ejercicio) son manipuladas por los técnicos. Por lo tanto, los
estímulos de entrenamiento dependen de cómo se organizan los regímenes de
actividad. Es difícil de caracterizar al entrenamiento de los jugadores de
fútbol a la luz del principio de que el entrenamiento debería ser específico a
los requisitos del juego. Sin embargo, el mismo podría clasificarse tal se
muestra en la Figura 4, la cual proporciona la distribución del tiempo de estos
componentes, en una investigación de fútbol de la Liga inglesa (33).

En la Tabla 2 (ver anteriormente) se indicaba la intensidad de entrenamiento
reflejada por la frecuencia cardiaca media. Esta tabla muestra que los jugadores
están preparados para resistir un mayor estrés fisiológico durante los
partidos. Las evaluaciones de campo son considerablemente poco confiables en
jugadores de fútbol (36), a menos que se incorporen aspectos semejantes a la
actividad en el juego.

El entrenamiento de la flexibilidad también es importante para el fútbol.
Ekstrand (14) demostró que la rigidez muscular era una característica de los
jugadores de fútbol, particularmente en los grupos musculares isquiotibiales y
abductores. En un estudio prospectivo que empleaba entrenamiento de la
flexibilidad, se observó que la incidencia de lesiones fue menor en una muestra
experimental de jugadores (que practicaban entrenamiento de flexibilidad).

Se debe enfatizar la necesidad de mantener un balance entre los componentes
integrales de un programa de entrenamiento. El entrenamiento en la pretemporada
tiende a remarcar los estímulos aeróbicos los cuales podrían interferir con la
fuerza muscular (42, 43). Durante la temporada competitiva la capacidad aeróbica
tiende a estabilizarse mientras que los niveles de fuerza muscular crecen hasta
alcanzar el nivel óptimo. Una de las consecuencias de la disminución en la
fuerza muscular al comienzo de la temporada es que los jugadores pueden volverse
más vulnerables a las lesiones. Los futbolistas con mayores niveles de fuerza al
comienzo de la temporada fueron capaces de permanecer sin lesiones a lo largo de
la misma, comparados con jugadores con menores niveles de fuerza (43, 44).


Figura 4. Distribución del tiempo de entrenamiento para equipos de la
Liga Inglesa. Los valores son en porcentaje del tiempo total de entrenamiento.


Figura 5. Gasto calórico diario (en MJ/día) de jugadores profesionales de
fútbol, de acuerdo a los días de la semana (de Reilly y Thomas (43).

Normalmente, los jugadores de fútbol compiten cada fin de semana y este
esquema les permite una preparación gradual hasta lograr un pico en la carga de
entrenamiento a mitad de semana y un tapering-off para el siguiente partido.
Esto está ilustrado por las tendencias en los gastos calóricos diarios a lo
largo de la semana (Figura 5). Este patrón es un resguardo contra el
sobreentrenamiento y contra la reducción de los niveles de glucógeno muscular
antes del partido. Sin embargo, no es posible utilizar este modelo cuando los
jugadores tienen calendarios competitivos más desorganizados, incluyendo
partidos extras a mitad de semana. En tales circunstancias, sólo se podrán
incluir algunos componentes de los estímulos de entrenamiento fisiológico entre
los partidos, y los encuentros en sí brindarán el principal estímulo
fisiológico.

Las oscilaciones en el gasto energético durante una semana normal tienen
implicancias en la forma en que los futbolistas organizan sus dietas. En
general, éstas tienden a ser imperfectas, tanto en términos de la ingesta
calórica total como de la distribución de macronutrientes (20). Sin embargo
existen excepciones: el ejemplo en la Tabla 5 se acerca, en muchos aspectos, a
las distribuciones recomendadas para jugadores de fútbol de alto nivel (19, 59).
Estas incluyen proporciones de 10-12 % de proteínas, 25 % de grasas, y 65-70 %
de carbohidratos, en comparación con los porcentajes respectivos de 12, 42, y 46
% observados en la población general. Los estudios de campo en los cuales se han
suministrado suplementos nutricionales a jugadores de fútbol han probado que
éstos son beneficiosos tanto para el rendimiento en el entrenamiento (26), como
para la resíntesis del glucógeno muscular luego de la competencia (22).


Tabla 5. Ingesta diaria de un jugador de fútbol internacional expresada en
porcentajes de macronutrientes para cada día de la ingesta.

RENDIMIENTO MUSCULAR

Como en el fútbol es importante la capacidad de resistir altas intensidades,
entre los jugadores de nivel se observa una tendencia hacia una elevada
capacidad aeróbica (28, 32, 45). La importancia de una buena capacidad aeróbica
fue demostrada por Apor (3) quien reportó que los valores medios del VO2 de los
equipos de alto nivel de la Liga húngara estaban inversamente relacionados con
su posiciónen la Liga; se observó que el equipo con mayor puntaje tenía los
valores más altos de VO2 max. Si bien el VO2 max. no es necesariamente un factor
limitante del rendimiento en fútbol, los altos valores reportados en la
literatura (45), resaltan la contribución aeróbica al juego. Esto se enfatiza
aún más cuando se examinan las características fisiológicas de muestras
musculares extraídas de jugadores de fútbol.

Las actividades mitocondriales de las enzimas oxidativas medidas en biopsias
musculares de jugadores daneses, extraídas en el momento de mayor entrenamiento,
fueron características de atletas de resistencia (5). Similares resultados se
obtuvieron con jugadores finlandeses (53) y japoneses (49). Smaros (53) reportó
que la deplección de la reserva glucogénica ocurría principalmente en las fibras
lentas, reflejando la característica aeróbica del juego. Se debería remarcar que
la distribución de las fibras musculares tiende a ser mixta y muestra un gran
rango de variación dentro de un equipo (20). La distribución podría reflejar los
roles posicionales de juego dentro del equipo y las características
histoquímicas podrían reflejar las etapas de entrenamiento.

El entrenamiento físico puede afectar las propiedades funcionales de los
grupos musculares comprometidos con las habilidades de juego, aunque no siempre
es así. Se observó que la distancia de un saque lateral estaba relacionada con
la fuerza de “pull-over” y la fuerza de flexión del tronco (55). En esta
instancia, el entrenamiento con un balón medicinal mejoró la fuerza, pero sin un
incremento correspondiente en la distancia del saque lateral. Opuesto a esto, se
reportó que un programa de entrenamiento de fuerza para distintos músculos de la
pierna (11) mejoraba tanto la fuerza muscular como la distancia a la cual
jugadores belgas fueron capaces de patear una pelota. En este caso, el programa
especial de entrenamiento de sobrecarga fue superpuesto al programa normal de
entrenamiento. De Proft y cols. (12) observaron que jugadores de fútbol que
remataban una pelota mucho más lejos, comparado con no futbolistas, mostraban
una menor actividad muscular general (en base a análisis de electromiogramas)
pero una mayor actividad antagonista. Esto se atribuye a acciones concéntricas
del cuadriceps y a una actividad excéntrica de los isquiotibiales. Este patrón
fue posteriormente confirmado por McCrudden y Reilly (25), quienes también
reportaron que la potencia anaeróbica máxima del cuadriceps estaba relacionada
con la distancia del remate. Cabri y cols. (8) reportaron correlaciones
significativas entre el rendimiento del remate y el torque máximo en movimientos
isoquinéticos excéntricos (flexión de la rodilla y extensión de la cadera) y
concéntricos (extensión de la rodilla y flexión de la cadera). No siempre se
observan estas correlaciones en el rendimiento de los futbolistas cuando se mide
la velocidad de la pelota, enfatizando el rol esencial de la técnica de remate
(1). Existen datos que indican que la asimetría en la fuerza muscular puede
predisponer a las lesiones. Esto puede referirse a diferencias entre las
extremidades izquierda y derecha, y a isquiotibiales débiles, reflejado por la
proporción isquiotibiales/ cuádriceps. Los datos reportados por Fowler y Reilly
(15) sugieren que lo más importante sería prestar atención a este último hecho.
En todos los jugadores lesionados se observaron isquiotibiales relativamente
débiles, mientras que la extremidad lesionada no era significativamente el lado
más débil. Los isquiotibiales funcionan de manera excéntrica en las acciones de
remate (12, 25) y en la desaceleración en el juego general y deben ser
suficientemente fuertes para estos propósitos funcionales La proporción
isquiotibiales/ cuadriceps se incrementa con el aumento de la velocidad angular
y esto debería tenerse en cuenta cuando se evalúa a los jugadores de fútbol a
través de aparatos isoquinéticos.

CONCLUSIONES

Las características fisiológicas de los jugadores de fútbol y las respuestas
al juego denotan que durante la competencia se impone una combinación de
demandas sobre los futbolistas. Las fases críticas de juego para un individuo
representan los esfuerzos anaeróbicos, pero éstos están superpuestos con
bastantes actividades aeróbicas submáximas. La naturaleza intervalada y acíclica
de la actividad durante la competencia hace que sea difícil encontrar protocolos
relacionados con el juego en experimentos en laboratorio. Es probable que en
futuras investigaciones de la fisiología del fútbol se utilicen más estudios de
campo con una mayor especificidad con el juego Los trabajos futuros también
deberían considerar los protocolos de entrenamiento más adecuados para optimizar
las características físicas y musculares de manera de aumentar el rendimiento
durante el juego. Si bien las consideraciones fisiológicas ocupan un lugar en la
preparación sistemática para la competencia, el rendimiento depende, en última
instancia, de la calidad técnica con la cual se llevan a cabo las habilidades
individuales y las tácticas del equipo.

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