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Artículo

Costos y Beneficios de Una Sociedad Deportiva Activa Vs. Una Sociedad Sedentaria

Roy J Shephard

Resumen

El impacto económico de una sociedad que se ejercita debería ser evaluado en términos de la proporción costos/efectividad, en vez de pretender equiparar el valor del costo del dólar con los beneficios resultantes. Los gobiernos pueden incurrir en gastos a causa de la construcción y administración de instalaciones deportivas públicas, del intento de motivar a los miembros sedentarios de la sociedad hacia el ejercicio, del tratamiento de lesiones deportivas, y (posiblemente) del incremento de los pagos de pensión por una extensión del promedio de la proyección de vida. La reducción en la incidencia de isquemia cardíaca va a disminuir a largo plazo los costos médicos, aunque en menor cantidad de lo que comúnmente se supone. Grandes ahorros médicos podrían anticiparse a causa de un incremento en la percepción de un mejor estado de salud y una reducción del período de dependencia o necesidad de asistencia familiar, por inmovilidad y/o invalidez, antes de la muerte. Las compañías que desarrollen programas de aptitud física y calidad de vida, también obtendrán algunos beneficios del mejoramiento de la imagen empresaria, un reclutamiento selectivo de trabajadores bien remunerados, menor ausentismo y cambios de personal, y una reducción de los gastos de seguro médico. Sin embargo, tales ahorros no, necesariamente, igualarán los costos de un ambicioso programa de aptitud física y estilo de vida. Tanto el gobierno como la industria deberían ver en el nivel de aptitud física o “fitness” y en el buen estado de salud, los objetivos deseables en sí mismos, independientemente de cualquier ganancia financiera resultante. Análisis económicos, deberían meramente ayudar a elegir las mejores tácticas para asegurar una sociedad que haga ejercicio y actividad física, en vez de una que exacerbe el sedentarismo.

INTRODUCCION

Artículos anteriores han observado los costos y beneficios de un estilo de
vida activo, desde el punto de vista del consumidor. Ciertamente hay beneficios
personales al adoptar un modelo de vida más activo que lo corriente, en las
ciudades de las sociedades más desarrolladas. Sin embargo, en este artículo
quiero enfatizar la sugerencia de que la adopción de un estilo de vida activo
puede tener implicancias económicas favorables para los gobiernos que están
tratando de controlar los costos de los servicios médicos, y para las
industrias que desean mejorar sus balances financieros (Shephard, 1989a, 1992).

CRITICA DE LA PROPUESTA DE ANALISIS DE LA ECUACION
COSTO/BENEFICIO

Casi todo el mundo es atraído por algo que es “gratis” o inclusive
que promete un “buen precio”. Esencialmente, ésta es la premisa de
muchos análisis del costo/beneficio de un estilo de vida activo: ahí está la
promesa implícita de que los deseados beneficios de una mejor salud poblacional
o una mayor productividad industrial pueden ser obtenidos con costo cero, o aún
con un retorno de 2 a 5 dólares sobre cada dólar invertido. Como la mayoría
de las ofertas “gratis” de los diarios, semejantes anuncios deberían
ser vistos con escepticismo y desaprobación moral. Desde que la buena salud es
un componente importante de la felicidad humana, los gobiernos deberían estar
preparados para invertir en medidas que mejoren la salud, aún si esto llevara a
aumentar, en vez de disminuir, los costos. Además, un empleador sabio aceptará
la responsabilidad social de invertir en salud y fitness para su fuerza
de trabajo, aún si esto no le da rédito inmediato o dividendos mensurables,
tales como un incremento en la productividad. Un análisis rígido de
costo/beneficio puede volverse altamente antiético. Es más provechoso ofrecer
ejercicios al presidente de la compañía que incrementar la actividad habitual
de un trabajador del piso de ventas, y no hay incentivo financiero que contemple
las necesidades de un trabajador retirado, o de un cuidador de tiempo completo,
tal como los padres de un niño pequeño.

Aún si pudiésemos evitar este dilema ético, la aproximación
costo/beneficio permanecería insatisfecha, dado que muchos ítems en el
libro/balance de costos y beneficios son muy difíciles de expresar en términos
de dólares (Shephard, 1986a). Qué valor tiene para usted sentirse mejor?. Ya
ha tenido en cuenta estos beneficios en términos de reducción de su costo
médico?. Y cómo ha tenido en cuenta las diferencias en la tasa de inflación,
en relación al ejercicio, el cuidado de la salud, y el vivir en general?.

Una alternativa para el análisis del costo/beneficio es realizar un
análisis del costo/efectividad. Se establece así un logro definitivo: por
ejemplo, una reducción del 20 % en la cantidad de fumadores; comparemos los
costos de lograr esta meta, a través del ejercicio vs. tácticas alternativas,
como hipnoterapia o acupuntura. En las primeras etapas del programa, el
análisis puede basarse en el repaso del proceso-por cada 10.000 dólares que
una compañía invierte en instalaciones de “fitness”, cuántas
personas comenzarán a asistir a las clases de “fitness”?.
Luego, el criterio puede cambiar hacia los resultados- por cada 10.000 dólares
que se invirtieron, cuántas personas lograrán un nivel deseable de “fitness”
aeróbico u optimizarán su contenido de grasa corporal?. Después de un
período de operación aún más largo, el criterio de efectividad del programa
puede cambiar nuevamente; por ejemplo, puede ser hecha una estimación del
incremento de la extensión de vida en general o ajustar el análisis a la
calidad de la extensión de vida, obtenida con un gasto de 100.000 dólares. En
Norte América, un programa es casi siempre considerado en términos de
costo/efectividad si una inversión de 100.000 dólares agrega un año de una
buena calidad de vida. Este tipo de cálculo está libre de criticismo ético,
desde que la vida de cada persona es evaluada equitativamente, y esta suerte de
comparaciones pueden ser usadas para evaluar las actividades de los hospitales y
los facultativos, quienes desvían una proporción muy grande de los recursos
disponibles para el cuidado de la salud, a pacientes de edad avanzada que están
en las últimas semanas de vida (Fries, 1980). El gran problema que surge con el
análisis de costo/efectividad es la desagregación de los beneficios; tenemos
que decidir cuales son los efectos importantes, y luego valorar los costos para
lograr estos efectos.

Observemos ahora, algunos de los costos y beneficios nacionales ligados a una
sociedad que realiza actividad física en forma habitual.

INTERES NACIONAL

Costos

Los gobiernos incurren en gastos a causa de la construcción y
administración de instalaciones deportivas públicas, y de la administración
de programas motivacionales. Como el tiempo es dedicado al ejercicio, ellos
pueden perder voluntarios de actividades que no están relacionadas al deporte,
y enfrentan costos asociados a lesiones físicas y una prolongación de los
pagos de pensión porque la gente vive más.

Costos de instalaciones

Podemos calcular los costos de la construcción y administración de una
instalación como una pista de hielo o una cancha de fútbol bastante
precisamente (Shephard, 1986a), tomando en cuenta los costos de la tierra,
construcción, caminos, transporte y estacionamiento. Pero es difícil de
trasladar esto a un costo per cápita, desde el momento en que el costo unitario
del servicio depende mucho de, en qué medida la instalación va a ser usada (Shephard,
1986a). Algunas instalaciones como nuestras pistas de patinaje trabajan mucho en
un período de 24 horas, pero en contraste, muchos parques regionales permanecen
vacíos muchas horas del día, muchos días del año. Muchas instalaciones
proveen una efectiva “dosis” de ejercicio (American College of
Sports Medicine
, 1990) por 200-500 dólares por persona, por año (Shephard,
1986a). A esto se le debe agregar las vestimentas y equipos deportivos caros que
los empresarios persuaden de comprar, a quienes se ejercitan. Los costos totales
son más bien altos; creo que los gobernantes deberían persuadir a la
población que podrían obtener igual efectividad de actividad física para la
salud, caminando o andando en bicicleta; caminar o andar en bicicleta
representan poco, en el orden del desembolso de capital o costos de
mantenimiento. Nótese que caminar es la actividad más popular en Norte
América, particularmente entre la gente de edad avanzada.

Costos Motivacionales

Actualmente, sabemos poco acerca de los costos promocionales involucrados en
persuadir gente que son actualmente inactivos, en orden de adoptar un mínimo
nivel de ejercicio para mejorar su salud y productividad. En Canadá “ParticipAction”
ha argumentado que por un desembolso anual de un dólar por persona, la
población se ha hecho consciente de su organización personal y de la necesidad
de volverse más activo.

Por otro lado, campañas motivacionales intensivas en ciudades medianas, han
inducido pequeños cambios en el comportamiento con respecto al ejercicio (Bailey
& Bell, 1977). ¿Cual sería el costo de incrementar la cantidad de personas
que hagan ejercicio y deporte en un 20 %?. ¿Accedería la población que se
ejercita a compartir los costos de las instalaciones para ejercicios?. Y si no
se mantiene ocupada a la sociedad con programas de ejercicios, ¿qué gastos
alternativos serían necesarios, por ejemplo en tiempo recreativo o mayor gastos
en seguros de salud?.

La motivación probablemente es difícil y costosa, desde que en algunas
encuestas muchas de las personas que no se ejercitan han dicho que
“nada” haría de ellos individuos activos (Canada Fitness Survey,
1983). Una idea de los enormes costos necesarios para cambiar el comportamiento,
puede ser derivada de la publicidad de cigarrillos y las patentes de
medicamentos, ambos promedian, corrientemente, alrededor de 300 millones de
dólares anuales en Norte América. Además, probablemente sea más fácil
promocionar cigarrillos, dado que los manufacturadores están vendiendo un
producto adictivo.

De todos modos, aún si nosotros gastáramos 500 millones de dólares por
año, el costo se mantendría en sólo 2 dólares por cabeza a lo largo y ancho
de Norte América, un pequeño ítem en relación al costo de las sofisticadas
instalaciones deportivas.

Otros Costos Sociales

Si el tiempo requerido para el ejercicio y los viajes que ello implica, es
utilizado en tiempos de ocio pasivo, tales como mirar televisión, el gobierno
no sufrirá pérdidas netas. Pero, al menos en teoría, hay un costo de
oportunidad. El tiempo para el ejercicio podría infringir una variedad de
actividades voluntarias que son valiosas para la sociedad.

Estudios en Gran Bretaña (Nicholl et al., 1991) y en Holanda (Jitta-Geertsma,
1986), sugieren que en adultos jóvenes, el participar en actividades
competitivas lleva una carga importante de lesiones ortopédicas, con incremento
de costos médicos y pérdida de productividad. El “aerobics” más
moderado en el lugar de trabajo no produce semejante efecto; nosotros no
encontramos incremento en costos ortopédicos o ECG, en adultos que comenzaron a
participar en un programa de “fitness” para empleados, en
relación a un grupo control de sujetos, que trabajaban en una compañía
similar (Shephard et al., 1982). Vimos una contención general de los costos
médicos en relación a un grupo control, y otros han notado al menos ahorros
similares en los EE.UU.

Si se comienza con ejercicio vigoroso en la edad media, la extensión de
vida, probablemente, sea incrementada más de 2 años (Paffenbarger, 1988). Las
curvas de supervivencia de Pekkanen para gente activa e inactiva muestran la
fusión de las dos curvas alrededor de los 80 años. Una mayor supervivencia
podría incrementar el costo de fondos de pensión (Shephard, 1991). A algunos
economistas les gustaría que trabajásemos hasta los 65 años, y luego que
caigamos muertos!. Pero es antiético eludir la extensión de la proyección de
vida en función del ahorro de los pagos de pensión. Más aún, pienso que el
costo agregado es ilusorio. Individuos más aptos trabajan efectivamente, hasta
una edad más avanzada antes de jubilarse (Shephard, 1993). Además, la
necesidad de cuidados institucionales muy costosos en los últimos años de vida
antes de morir, es también menor en gente que ha mantenido su condición
física a través de ejercicios regulares (Shephard & Montelpare, 1988).

Beneficios

Los beneficios que los gobiernos pueden anticipar a partir de una sociedad
que se ejercita, incluyen un mejoramiento de la salud, un incremento de la
productividad, una reducción de la dependencia de atención por parte de otras
personas durante la vejez, y una disminución de la alienación.

Mejoramiento de la Salud

Los costos médicos se han ido incrementando rápidamente a causa de los
avances en la tecnología médica y el envejecimiento de la población (Shephard,
1986a). En los EE.UU., estos costos han subido del 17 al 30% del GNP, con la
incidencia en la mitad de estos costos debido a planes preventivos. Las
ganancias en materia de salud en una sociedad que se ejercita, son pues, de
considerable interés para los gobiernos, como un medio para frenar el
incremento de los costos médicos.

Mucha gente que se ejercita se siente mejor casi inmediatamente, y hemos
visto la disminución de los costos médicos, en relación a controles médicos,
en los primeros 6 meses de un programa de “fitness” en el lugar
de trabajo (Shephard et al., 1982). El cambio fue demasiado rápido para
reflejar una disminución de las enfermedades crónicas. La causa fue algo que
uno, no puede encontrar en una clasificación internacional de enfermedades: un
mejoramiento de la percepción de un estado de salud (Herzlich, 1973). Más de
un 90 % de las consultas médicas son por problemas psicológicos menores, más
que por enfermedad orgánica. La salud prepercibida es un estado continuo,
extendido del bienestar a la enfermedad. La depresión empuja a una persona, a
lo largo del proceso continuo hacia la enfermedad. A la inversa, el ejercicio
mejora el estado de ánimo, el estilo de vida, y la satisfacción general con la
sociedad (North et al., 1990). Así, el mejor estado de salud percibido, cambia
a lo largo del proceso continuo hacia el bienestar, con una demanda reducida de
servicios médicos.

En el largo plazo hay bajos costos probables para varias enfermedades
crónicas, tales como la isquemia cardíaca, la hipertensión, la diabetes, y la
osteoporosis (Bouchard et al., 1990, 1993). Todos estos cambios deberían, en
teoría, ahorrar dinero del gobierno. Casi la mitad de la carga de las
enfermedades crónicas es evitable, y esto a veces, implica que las medidas
preventivas como el ejercicio, podrían reducir, a la mitad, los costos
actuales. Esto es problemático (Shephard, 1986a). El ejercicio tiene sólo un
impacto limitado sobre otras facetas del estilo de vida como el fumar o la
obesidad (Shephard, 1989b). Se necesita un programa preventivo de base amplia
para abordar estas cuestiones, más que una específica iniciativa centrada en
el ejercicio.

Además, un programa de base amplia tendrá altos costos, tanto de
instalaciones, como del equipo de profesionales. Es poco probable, que todas las
enfermedades donde el estilo de vida sea un factor de riesgo, se puedan
eliminar, aún por el mejor programa preventivo. Aún con un programa óptimo,
un óptimo acatamiento y una óptima respuesta, es poco probable que la
morbilidad y la mortalidad por enfermedades específicas, puedan ser reducidas
más de la mitad.

Más aún, la población que ha evitado la enfermedad bajo la forma de un
ataque, sucumbirá a algunas otras condiciones, que son menos fácilmente
previsibles.

Finalmente, todos morimos, y usualmente, nos enfrentamos a una enfermedad
terminal. Ninguna medida preventiva tendrá peso económico, a menos que se
restringa la mortalidad “prematura”, o que se acorten los 8-10 años
terminales de incapacidad (Canada Health Survey, 1982).

Las estadísticas acerca de la epidemiología actual de isquemia cardíaca,
circulan, a menudo, con la promesa implícita de que los costos directos e
indirectos de semejante enfermedad podrían reducirse a la mitad, por el
ejercicio regular (Alarman, 1964). Hay mucha información que muestra que la
edad específica de morbilidad y mortalidad de la isquemia cardíaca se reduce,
en hombres de edad media, que se ejercitan óptimamente (Powell et al., 1987);
la mortalidad se reduce 25-50 %, la severidad de los ataques también se ve
reducida, y la convalecencia se acorta. La extensión de cualquier beneficio, se
ve menos claramente establecida para hombres mayores y para mujeres (Paffenbarger
et al., 1993).

Además, el costo estimado, comúnmente incluye todas las formas de
enfermedades al corazón, y cualquier impacto del ejercicio sobre la morbilidad
o mortalidad, es probable que sea mucho menor en condiciones tales como la
hipertensión, fallo congestivo crónico o degeneración del miocardio (Roberts,
1982). La pérdida de producción a causa de muerte prematura es un elemento
importante en muchos cálculos publicados. Se ha asumido que una persona
saludable trabaja hasta los 65, o aún 70 años de edad (Alarman, 1964). Esto
tiene también beneficios exagerados. No todo el mundo quiere trabajar hasta los
70, y los índices de empleo están cayendo, frente a la jubilación temprana y
al desplazamiento del trabajo hacia el tercer mundo. Algunos cálculos han
también asumido que los sobrevivientes aportarían el total de sus ganancias a
la sociedad (Shephard, 1991), pero la verdadera contribución es del 25-50 %,
pagado a través de impuestos y el mantenimiento de personas dependientes.

Los beneficios son comúnmente, atenuados en el “mundo real”. Hasta
aquí, hemos asumido un 100 % de acatamiento y un 100 % de respuesta al
ejercicio. De todos modos en la práctica, el reclutamiento para un programa de
ejercicio es improbable que exceda el 50 %, aún en una comunidad cerrada como
un edificio de oficinas, y la adhesión a largo plazo es improbable que exceda
el 20 % (Shephard, 1992b). Por ello, encontramos que nuestros beneficios
económicos se reducen poco a poco. Es incierto que podamos lograr un mayor
reclutamiento y una mejor adhesión a través de grandes inversiones en
propaganda sobre el ejercicio o en un esfuerzo determinado para cambiar las
normas sociales de la vida sedentaria. Aún si esto fuera posible, quedaría
todavía una fracción de los que “no responden”, los que no fueron
protegidos contra la isquemia cardíaca por ningún programa de ejercicios; por
ejemplo, aquellos con una anormalidad congénita del metabolismo lípidico (Bouchard,
1992). Tomándolos en conjunto, estos factores atenuantes implican que una
sociedad que se ejercite podría reducir sus costos de enfermedades cardíacas
en un 5-10 %, en vez de un 50 % (Shephard, 1991). De todos modos, los beneficios
por reclutamiento aumentarían si se pudiera persuadir a los individuos de alto
riesgo, para hacer ejercicio.

Los ahorros en costos médicos, hospitalarios y de investigación son
igualmente problemáticos. Los médicos pueden solicitar a los pacientes que
mantengan sus ingresos, y los ahorros en gastos médicos se podrían realizar
solamente a través de una disminución en la cantidad o costo de los
tratamientos. Esto implicaría menos médicos, y/o un acuerdo por parte de los
facultativos de ganar salarios más bajos. Tales cambios podrían encontrar
fuertes resistencias por parte de las asociaciones médicas, los fabricantes de
equipamientos médicos y de la industria farmacéutica. Los administradores de
hospitales también quieren tener sus camas ocupadas. Los ahorros requerirían
una reducción en el número de camas de los hospitales; semejante movimiento es
fuertemente resistido en la mayoría de las comunidades, aunque esto puede ser
hecho, como lo hemos visto, con la clausura de hospitales dedicados a
enfermedades contagiosas y tuberculosis. Finalmente, investigadores
universitarios no aceptarían pasivamente una reducción de los fondos para
investigaciones sobre enfermedades cardíacas (aunque los fondos podrían ser
redirigidos, productivamente, hacia nuevos problemas emergentes). En suma, es
probable que haya una reducción de los costos médicos si una sociedad se
ejercita regularmente, pero la magnitud de tales beneficios es comúnmente
exagerada.

Productividad

La productividad es un interés primario para las compañías más que para
los gobiernos. De todos modos, la productividad hace impacto en el sector
público, tanto a través del trabajo de los empleados públicos (quienes forman
un sector importante del total de la fuerza laboral), como a través del ingreso
de impuestos (que varían con el producto bruto nacional).

Es probable que un incremento del bienestar y un mejoramiento en el estado de
ánimo disminuyan el ausentismo y que mejoren la productividad de los
trabajadores que están en el lugar. De todos modos, los beneficios pueden haber
sido nuevamente sobreestimados. A menudo, una productividad baja no es una
crítica al empleado individual, y ello no puede ser mejorado por un aumento de
la aptitud o “fitness”. Esto refleja la falta de entrenamiento
técnico, el desempleo nacional, las plantas trabajando a sólo una pequeña
fracción de su capacidad a causa de la baja demanda de sus productos, las
políticas gerenciales que no alientan la iniciativa, las restricciones de los
sindicatos con respecto al rendimiento, una falta de maquinaria y materiales, o
la ausencia de un colega clave en el mecanismo de producción. En sociedades
desarrolladas, la alta productividad demanda, cada vez con mayor fuerza,
políticas gubernamentales y corporativas que favorezcan inversiones en
automatización, investigación y desarrollo, más que la contribución es
física y mental del empleado individual.

Aunque esto no debe entenderse como una negación de la notable contribución
a la mejor calidad de vida de la población, a través de programas masivos de
actividad física y/o deportiva.

Dependencia

En general la persona termina su vida con 8-10 años de creciente
dependencia, y necesita un cuidado virtualmente total, el último año de su
vida (Canada Health Survey, 1982). El último año de vida implica una
gran fracción de los costos médicos de toda su vida (Fries, 1980). Además, la
mayor parte de la carga de cuidados médicos terminales y apoyos institucionales
cae sobre el Estado. Para 1983, cada ciudadano anciano en Norte América le
costaba al gobierno alrededor de 2.500 dólares anuales (Shephard, 1986a).

De ahí la gran importancia socio-económica que tiene la extensión de vida
independiente a través de programas de ejercicios.

Hay muchas razones para la dependencia, y algunas son muchas más factibles
de prevenir a través del ejercicio que otras (Shephard, 1990). Algunas veces,
la causa es una catástrofe médica, tal como un ataque cardíaco o una
fulminante y repentina ceguera; así pues, es posible que el efecto hipotensor
del ejercicio regular, sería capaz de reducir tales riesgos. A veces el
problema es la enfermedad de Alzheimer u otras formas de degeneración mental;
el ejercicio aparentemente fortalece la función mental en una persona mayor
saludable, pero este beneficio es menos probable en la enfermedad de Alzheimer.

Otro problema es el alejamiento repentino de un soporte familiar: la muerte
de la esposa o el alejamiento de un hijo hacia una ciudad distante; por ello, la
participación en un programa de ejercicio grupal puede reducir el aislamiento
social, y ofrecer al ciudadano anciano un apoyo personal cuando ellos tienen que
enfrentarse, por ejemplo, con una infección aguda. En muchas instancias el
problema es una debilidad general (Shephard, 1990); la potencia aeróbica, la
fuerza muscular y la flexibilidad, todas, se han deteriorado al punto que las
actividades normales del diario vivir ya no son más posibles. El ejercicio
regular reduce la edad biológica en unos 10-20 años, y por ello podríamos
esperar muchos menos problemas de este tipo en una sociedad que se ejercita. La
gente activa retrasa la edad de dependencia en unos 10-20 años y muchos de
ellos mueren antes de alcanzar una edad de dependencia crónica.

Alienación

En las sociedades desarrolladas, una minoría creciente de la población
urbana está alienada, causando grandes costos por crímenes y vandalismo. Las
causas de alienación incluyen un “status” socio-económico bajo,
educación y salud, pobres, una baja autoestima, una falta de normas
comunitarias apropiadas de comportamiento, y un sentimiento de marginalización,
con una falta de perspectivas reales individuales y para los hijos. No todos
estos problemas pueden ser corregidos con ejercicios, pero una actividad física
metódica puede mejorar la salud y la satisfacción de vida en general,
influenciando favorablemente el estado de ánimo y fortaleciendo la autoimagen.

Por ello se ha sugerido que los programas de ejercicio pueden combatir el
crimen y reducir el vandalismo (Heaps & Thorstensson, 1974).

Muchos tipos de programas de ejercicios son labores intensivas, y el
desarrollo de tales programas puede crear nuevos trabajos, reduciendo el
desempleo, especialmente en adultos jóvenes de grupos minoritarios, gente
físicamente fuerte, pero que han tenido una educación formal limitada (Shephard,
1986a).

PROGRAMAS DE APTITUD FISICA O “FITNESS” LLEVADOS A
CABO POR CORPORACIONES

Costos

El costo de desarrollo de los programas de fitness varía ampliamente (Shephard,
1986b). Una variable desatendida en muchas estimaciones es el costo del espacio
disponible. En el centro de grandes ciudades como Toronto, Montevideo o Buenos
Aires, el costo del espacio puede remontarse a altos niveles poco reales durante
un boom inmobiliario, cayendo un 30-50 % de su valor precio, uno o dos años
más tarde (Shephard, 1992b).

Las instalaciones para ejercicios pueden variar desde una simple área de
duchas y la supervisión de las actividades con un profesional de tiempo
compartido o un líder de recreación, a una instalación multimillonaria en
dólares con un gran gimnasio y piscina y caros equipos para trabajos con pesas.
El interés del trabajador en un estilo de vida activo no está afectado
grandemente por la cantidad gastada, toda vez que una mínima instalación
básica está disponible (Shephard, 1986a). Un sótano, convenientemente
reacondicionado, fue utilizado muy efectivamente, por la Canada Life Company.

El tipo de programa varía ampliamente, desde una muy buena clase de
actividad y ejercicios, a un amplio programa de cuidado de salud multimillonario
en dólares capaz de influenciar sobre otras causas de la salud-enfermedad de la
corporación. A veces, los costos son ocultados porque las instalaciones ofrecen
otros servicios personales, incluyendo restaurants o recreación pasiva.

Beneficios

Los programas de ejercicio pueden beneficiar al sector corporativo a través
del mejoramiento de la imagen de la compañía, el reclutamiento de los
empleados, aumentando la satisfacción de los mismos, mejorando la
productividad, la reducción de ausentismo y de los cambios de personal, una
disminución de los costos médicos, una reducción de lesiones y accidentes, y
un incremento del estilo de vida en general.

Imagen Corporativa

Las ganancias de la imagen corporativa son difíciles de medir en términos
de dólares. De todos modos, las compañías que trabajan con productos
relacionados con la salud, tales como seguros de vida o de alimentos,
comúnmente creen que su imagen se fortalece con iniciativas de “fitness”
(Shephard, 1989a). Así mismo, la fuerza de policía o una unidad del ejército
es más efectiva si tiene una imagen de aptitud física excepcional.

Reclutamiento de Empleados

Algunas compañías han argumentado que un programa de “fitness”
corporativo atrae y retiene al personal con alto desempeño (Baun et al., 1986).
Presumiblemente, cualquier ventaja depende de la adopción de programas de “fitness”
que enfaticen la competencia y altos logros, los cuales pueden acarrear otras
desventajas para la salud.

Programas de “fitness” corporativos más modestos pueden
ofrecer algunos incentivos para el reclutamiento del trabajador medio. De todos
modos, la necesidad de estos incentivos (y de ahí su valor en dólares), varía
con el estado del mercado laboral. Más aún, como las instalaciones de “fitness”
se distribuyeron ampliamente entre las compañías, el abismo competitivo
ofrecido por esta propuesta, disminuye (Shephard, 1992b).

Productividad

La productividad es muy difícil de medir, y raramente es algo que dependa
del esfuerzo de un solo trabajador. Hay muchas otras variables, como acabamos de
ver. Cada vez más, el trabajo es un esfuerzo de equipo. Además, hay
generalmente una relación inversa entre la cantidad y la calidad de la
producción (Shephard, 1974). Por ello, el objetivo de la dirección, no es
sólo el de maximizar el rendimiento; más bien, se debe optimizar esta
función, produciendo un máximo de bienes y servicios de calidad aceptable, con
un mínimo de energía consumida en personal y recursos materiales.

En una tarea físicamente demandante, podríamos anticipar una relación
lineal entre la potencia aeróbica o la fuerza muscular y la productividad. Un
estudio encontró que los bomberos forestales físicamente bien entrenados
podían cortar una franja de fuego más larga por día, pero esta ventaja se vio
solamente bajo condiciones particularmente arduas y con altas temperaturas (Danielson
& Danielson, 1982). En las fábricas modernas, el cuerpo raramente es
completamente estresado; las ganancias de un alto nivel de “fitness”
son entonces menores, aunque el trabajo podría realizarse mejor y con menos
accidentes, porque el empleado se siente menos cansado (Shephard, 1993). La
mayoría de los programas de “fitness” en los lugares de
trabajo no duran más de 30 minutos, y su intensidad es también relativamente
baja. Por ello, tienen sólo un limitado impacto con respecto a la potencia
aeróbica y a la fuerza (Shephard et al., 1985).

Es más difícil de valorar la actividad en tareas mentales. Uno podría
comparar el rendimiento con los tiempos Standards asignados para distintas
tareas, pero es difícil valorar la cualidad del servicio prestado. Es también
incierto qué tipo de programa es más efectivo para mejorar la productividad.

Una actividad estimulante tal como una pequeña pausa de “fitness”
puede ayudar a aquellos con trabajos aburridos, tanto como la relajación puede
ser de mayor ayuda para aquellos con trabajos estresantes (Shephard, 1988).
Nuestros estudios sobre oficinistas en Toronto mostraron un 7.0 % de aumento en
la velocidad del trabajo, al año siguiente de la introducción de un programa
de “fitness” aeróbico, pero al menos una parte de este cambio
puede haberse debido a un cambio en el mercado laboral o a una respuesta
Hawthorne, desde que hubo también un 4.3 % de incremento en una compañía
“control” semejante (Cox et al., 1981).

Tomando el valor nominal, la diferencias entre las 2 compañías (2.7 %),
podría generar, al menos un ahorro equivalente en la nómina. Muchos otros
estudios reportan también alta productividad. Esta es la ganancia económica
potencial más grande de una fuerza de trabajo activa, y por ello es deseable un
estudio ulterior para verificar estos cálculos.

Ausentismo y Recambio de Empleados

El ausentismo es un gran problema en Norte América. Programas de ejercicio
pueden reducir el ausentismo, al mejorar la salud o incrementar la satisfacción
del trabajador. Menos de la mitad del ausentismo está relacionado con la salud
(Williamson & Van Nieuwenhuijzen, 1974).

Sin embargo, si quienes se ejercitan “se sienten mejor”, pueden ser
que sean capaces de hacer frente al mismo tiempo, a una infección menor y a su
trabajo, mientras los que no se ejercitan, en las mismas circunstancias,
podrían tomar un período de licencia por enfermedad.

Es de buen sentido común pensar que un programa de “fitness”
en el lugar de trabajo va a incrementar la satisfacción de los empleados, pero
es difícil demostrarlo en la práctica (Shephard et al., 1985). El problema
puede ser que los estudios han sido sobre “trabajos de cuello blanco”,
donde la satisfacción laboral es bastante más alta, aún sin ejercicio.

En la mayoría de los estudios de ejercicios, el ausentismo ha sido reducido
a la mitad a un día por año (Shephard, 1989a). Esto se equipara al ahorro de
la nómina del 0.2 al 0.5 %. Se han hecho observaciones en compañías
norteamericanas no sindicalizadas, donde el promedio normal de ausentismo es
alrededor de 5 días por año. Podría haber un mayor impacto en las compañías
sindicalizadas, con operarios, donde se pierden alrededor de 10 días de trabajo
por año, o en Europa (donde el ausentismo alcanza a 20-30 días por año). De
todos modos, en Holanda, adultos jóvenes activos tuvieron un promedio más alto
de ausentismo, debido principalmente a lesiones causadas durante partidos de
fútbol (Jitta-Gertsma, 1986).

En algunas especialidades, el costo de entrenar un trabajador es alto, y el
cambio de empleados, es por eso costoso. Información obtenida en Toronto (Cox
et al., 1981), y en otros lugares (Tsai et al., 1987), sugieren que aquellos que
participan en programas de “fitness” en corporaciones tienen
menor porcentaje de recambio laboral que los empleados sedentarios, aún cuando
en su período inicial al servicio de la compañía no es inusual. El beneficio
se ve claramente, luego de la iniciación de un programa de “fitness”;
por ello, sigue siendo debatible si los empleados estables y bien motivados,
inherentemente, también adhieren a programas de “fitness”. La
extensión de cualquier beneficio varía con el costo de entrenamiento. El
porcentaje de recambio de empleados para una compañía dada también varía con
el mercado laboral. En Toronto, la diferencia de recambio laboral, entre los que
se ejercitan y los que no lo hacen, fue inicialmente del 16.2 %, y todavía fue
del 8 %, luego de 7 años de programas de “fitness”. El costo
de entrenamiento de empleados, en esta compañía en particular, fue de
alrededor de los 10.000 dólares.

Costos Médicos

Varios estudios han sugerido que los programas de “fitness”
en los lugares de trabajo pueden contener los costos médicos (Shephard, 1989a).
Los beneficios se ven uno o dos años de iniciado el programa de “fitness”
y alcanzan un rango de unos 100 a 400 dólares por trabajador.

Estos beneficios reflejan el incremento en la percepción de mejores niveles
de salud, un mejor estilo de vida personal, una reducción de las lesiones
debidas a una fuerza muscular inadecuada, más que al impacto producido sobre la
disminución de enfermedades crónicas. Posiblemente, si los estudios
continuaran por un período de tiempo más largo, podrían demostrarse los
ahorros a causa de la reducción de enfermedades crónicas.

Estilo de Vida en General

La aplicación de tests, tales como el cuestionario de Canadian Health
Hazard Appraisal
, han mostrado que los que se ejercitan desarrollan otros
hábitos saludables. Entre ellos, dejar de fumar, reducir su consumo de alcohol,
controlar la obesidad, y mejorar sus hábitos en la dieta (Shephard, 1989b).
Tales cambios en el estilo de vida tienen ventajas, inmediatas y a largo plazo,
sobre la salud.

Los fumadores gastan un segmento importante de cada día de trabajo en el
ritual de prender y fumar cigarrillos, y es también una fuente mayor de
incendios industriales (Shephard, 1986a). El alcohólico tiene también
frecuentes y perturbadoras ausencias del trabajo por corto tiempo. Por ello, hay
beneficios en el corto plazo, en el control del alcoholismo y del fumar. En el
largo plazo, el mejoramiento del estilo de vida también reducirá la incidencia
de las enfermedades crónicas, y disminuirá la mortalidad prematura,
agregándose a los beneficios que son directamente atribuibles a los programas
de ejercicios.

CONCLUSIONES

Hay muchas dificultades prácticas para hacer un análisis preciso de los
beneficios económicos de una sociedad que se ejercita, pero algunos análisis
sugieren que las ganancias pueden ser tan grandes, como unos 500 dólares por
persona por año. Mientras que la decisión para alentar un estilo de vida
activo no debería estar basada en semejante expectativa de ahorro, se pudo ver
que mucho del costo de un programa de ejercicios de calidad retorna a la
sociedad en términos de una población más saludable, feliz y productiva.

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