En atletas de fisicoculturismo natural, la preparación para competir se acompañó de pérdida de grasa, supresión de hormonas tiroideas y reducciones modestas de la tasa metabólica en reposo. Tras la competición, la recuperación incluyó aumentos tempranos de esa tasa y de los tejidos corporales. Los autores concluyen que la recuperación debe tratarse como una fase activa y estructurada, con realimentación individualizada y monitoreo de varios sistemas.
Recuperación posterior a la competición en fisicoculturismo natural: qué se estudió
Se evaluó a 19 atletas de fisicoculturismo natural (8 hombres y 11 mujeres) en cinco momentos:
- Línea base (T0), unas 21 semanas antes de la competición.
- 1-2 semanas antes de la competición final (Tpre).
- 2, 6 y 12 semanas después de competir (T2, T3 y T4).
Las mediciones incluyeron:
- Composición corporal por DXA (absorciometría de rayos X de energía dual).
- Tasa metabólica en reposo (RMR, por sus siglas en inglés).
- Hormonas tiroideas (FT3 y FT4).
- Fuerza absoluta, como fuerza pico en la tracción isométrica a media altura del muslo (IMTP).
- Cuestionarios psicométricos sobre estado de ánimo (POMS), sueño (ASSQ) y síntomas de trastornos alimentarios (EDE-QS).
Se trata de un seguimiento de la preparación y de 12 semanas de recuperación. Además, se exploró mediante modelos bayesianos la influencia de las estrategias de realimentación posteriores a la competición.
Resultados: composición corporal, metabolismo, hormonas tiroideas y estado psicológico
Durante la preparación (T0 a Tpre)
- Peso corporal: bajó 7,1 kg [−8,3; −5,9].
- Masa grasa (FM): bajó 5,8 kg [−6,8; −4,8], lo que explicó la mayor parte de la pérdida.
- Masa libre de grasa (FFM): bajó 1,7 kg [−2,6; −0,9], una pérdida modesta.
- RMR por kg de FFM: mostró una reducción pequeña e incierta (−0,9 kcal·kgFFM⁻¹·día⁻¹ [−2,7; 0,9]).
- Hormonas tiroideas: FT3 bajó 1,4 [−1,8; −0,9] y FT4 bajó 1,4 [−2,6; −0,2].
- Fuerza: se mantuvo en términos generales.
- Estado de ánimo y sueño: empeoraron.
- Síntomas de trastornos alimentarios: alcanzaron su mayor gravedad durante la preparación.
Durante las 12 semanas posteriores
- Recuperación de tejidos: FM y FFM rebotaron sobre todo en las primeras 6 semanas (Tpre→T3: +3,4 kg [2,3; 4,4] de FM y +2,7 kg [1,8; 3,6] de FFM).
- Estado a las 12 semanas (T4): la FM no difería claramente de T0 (−0,8 [−1,8; 0,3]), mientras que la FFM superaba el valor inicial (+1,6 [0,7; 2,5]).
- RMR por kg de FFM: aumentó de Tpre a T4 (+2,4 [0,7; 4,1]).
- Hormonas tiroideas: volvieron a rangos de referencia en T4.
- Estado de ánimo y sueño: mejoraron en T4.
- Síntomas de trastornos alimentarios: disminuyeron a lo largo de la recuperación.
- Modelo bayesiano exploratorio: mayores aumentos de la ingesta energética tras la competición se asociaron con una mayor recuperación de la RMR ajustada.
Qué significa para la práctica: cómo planificar la fase de recuperación posterior a la competición
Tratar la recuperación como una fase planificada
Los autores recomiendan considerar el periodo posterior a la competición como una fase activa y estructurada, no como un “descanso” sin plan. Conviene definir antes de la competición cómo será la salida de la dieta, en lugar de improvisarla.
Aumentar la ingesta de forma estructurada y evitar restricciones prolongadas
- Se recomienda prever aumentos planificados de la ingesta de alimentos tras la competición y evitar prolongar la restricción más de lo necesario, porque podría retrasar la recuperación fisiológica.
- Los mayores aumentos de ingesta se asociaron con una recuperación más rápida de la RMR ajustada, aunque la FM se recuperó al mismo tiempo. Es una relación de compromiso que conviene explicar al atleta.
- Al tratarse de una asociación exploratoria, no permite afirmar que aumentar más la ingesta cause una mejor recuperación, ni fijar una cantidad de energía concreta.
Preparar expectativas realistas
La mayor parte del rebote de masa grasa y masa libre de grasa ocurrió en las primeras 6 semanas. Conviene advertir al atleta de que ese aumento de peso es esperable. En este grupo, a las 12 semanas la FM era similar a la inicial y la FFM superaba la línea base. Esto puede servir para contextualizar el proceso, sin asumir que todos los atletas lo vivirán igual.
Individualizar y monitorear más de un indicador
- La realimentación debe ajustarse a los objetivos del atleta y a su disposición psicológica.
- El monitoreo no debería basarse solo en la RMR. Se sugiere un enfoque multisistémico que contemple composición corporal, RMR relativa a la FFM, estado de ánimo, sueño, fuerza y síntomas de conductas alimentarias.
- Como los síntomas de trastornos alimentarios fueron más altos durante la preparación y bajaron después, conviene vigilarlos en ambas fases. Si aparecen señales preocupantes, corresponde derivar al profesional de salud adecuado, sin intentar manejarlas solo desde el entrenamiento o la nutrición.
Fuerza y entrenamiento
La fuerza absoluta se mantuvo en términos generales durante la preparación. Por tanto, el deterioro del ánimo y del sueño no se reflejó en una pérdida clara de fuerza máxima en este grupo.
Limitaciones del estudio
- La muestra es pequeña (19 atletas) y específica de fisicoculturismo natural, por lo que no conviene extrapolar a otras poblaciones, niveles competitivos ni deportes.
- Es un seguimiento sin grupo de comparación: los cambios se describen, pero no se puede atribuir causalidad a la preparación o a la estrategia de realimentación.
- El análisis de la ingesta energética y la RMR ajustada fue exploratorio y muestra asociación, no efecto causal.
- El resumen disponible no detalla las estrategias de realimentación ni los tamaños del efecto de fuerza y cuestionarios, de modo que la aplicación práctica exige cautela.
Conclusiones aplicables
- La preparación se asoció con pérdida de grasa, supresión de hormonas tiroideas y reducciones modestas de la RMR.
- La recuperación incluyó aumentos tempranos de la RMR y restauración de tejidos, sobre todo en las primeras 6 semanas.
- Mayores aumentos de la ingesta se asociaron con una recuperación más rápida de la RMR ajustada, con recuperación simultánea de masa grasa.
- La fase posterior a la competición debe ser activa y estructurada, con realimentación individualizada según objetivos y disposición psicológica.
- Se recomienda un monitoreo multisistémico, no solo de la RMR.
- Conviene planificar aumentos de ingesta, fijar expectativas realistas sobre la ganancia de grasa y evitar restricciones innecesariamente prolongadas.
