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Medición mediante sensores del miedo-evitación y de los patrones de movimiento en personas sanas con dolor lumbar inducido mecánicamente durante tareas de movimiento: protocolo de un estudio experimental no intervencionista

Evitación por miedo y patrones de movimiento en dolor lumbar inducido: un nuevo paradigma experimental con sensores

El dolor lumbar crónico primario (DLCP) sigue siendo uno de los grandes desafíos de la rehabilitación y la medicina del deporte. Su prevalencia oscila entre el 3,9 % y el 25,4 %, según la edad, el sexo y la definición de dolor utilizada. Un factor psicológico clave en su mantenimiento es la evitación por miedo (fear avoidance, FA). Este protocolo de estudio, publicado en PLoS One y desarrollado en el marco del centro de investigación EmpkinS (Erlangen, Alemania), propone un paradigma experimental para analizar, en un mismo diseño estandarizado, la relación entre dolor, miedo al movimiento, biomecánica de la columna lumbar y respuesta de estrés.

El problema: ¿por qué es difícil estudiar la evitación por miedo?

La FA es la tendencia a evitar actividades físicas por la creencia de que empeorarán el dolor o causarán una (re)lesión. Se observa hasta en un 40 % de los pacientes con DLCP y puede generar un círculo vicioso de desacondicionamiento, mayor sensibilidad al dolor, discapacidad, síntomas depresivos, aislamiento social y mayores costos sanitarios y laborales (más licencias por enfermedad).

Cuando el movimiento no se puede evitar, estos pacientes suelen adoptar movimientos protectores o “guardados”: rigidización del tronco, menor flexión lumbar, flexión de rodillas en lugar de flexión de columna al levantar objetos. Hasta ahora, la investigación presenta varias limitaciones:

  • Los estudios de electromiografía de superficie en tareas de marcha muestran resultados mixtos.
  • Los estudios con captura de movimiento (Matheve et al.; Knechtle et al.) hallaron menor rango de movimiento lumbar y menor flexión lumbar en tareas percibidas como amenazantes, pero se centran en un músculo o en un parámetro aislado.
  • Muchos trabajos recurren a autorreportes o a tareas imaginadas, porque las tareas reales son molestas para el paciente y requieren equipamiento complejo.
  • La evidencia sobre estrés y dolor es heterogénea, y el modelo de aprendizaje de amenaza de Timmers et al. (la FA como mediadora entre estrés y dolor crónico) recibe apoyo solo parcial.

También hay evidencia de que personas sanas, sin dolor, pueden presentar creencias de evitación (posiblemente por aprendizaje semántico a partir de consejos sobre “cuidar la espalda”). Esto justifica estudiar el fenómeno en muestras analógicas, aunque los pacientes muestran mayor FA, menor capacidad funcional y mayor sobregeneralización del miedo.

Diseño del estudio

Dos fases, 76 participantes

Se trata de un estudio experimental no intervencional, intrasujeto (medidas repetidas), con 76 adultos sin dolor:

  • Fase 1 (n = 20): prueba de concepto. Evalúa la factibilidad y aceptabilidad de un simulador de dolor lumbar, de las tareas de movimiento y de la tecnología de captura, mediante una entrevista cualitativa.
  • Fase 2 (n = 56): estudio principal. El cálculo muestral (G*Power; d = 0,40, α = 0,05, potencia 0,80) arrojó N = 51, más un 10 % por abandonos y fallos técnicos.

Cada persona realiza las tareas en dos condiciones, con simulador (PainSim+) y sin simulador (PainSim−), en orden aleatorizado.

Criterios de elegibilidad

Participan adultos de 18 a 65 años, con IMC entre 18 y 25, talla ≥ 155 cm (por limitaciones del simulador y del traje de captura) y buena salud física y mental. Se excluyen, entre otros: dolor lumbar crónico o agudo (≥ 5/10), depresión (ADS-L > 22), hernia discal aguda, osteoporosis, cirugía espinal, enfermedades de raíces nerviosas, embarazo y diabetes mellitus (por el riesgo cutáneo asociado al simulador).

El simulador de dolor lumbar

Se emplea un chaleco tipo protector de motociclista, componente del traje de simulación de envejecimiento GERT, con seis remaches puntiagudos (tres a cada lado de la columna) que generan un dolor mecánico “punzante”. La intensidad se regula con un cinturón de velcro. Los autores señalan que es el único dispositivo mecánico diseñado para este fin. En pruebas preliminares con diez personas, los participantes tendieron a rigidizar y enderezar la espalda y a flexionar las rodillas para recoger objetos, adaptaciones similares a las de pacientes. No obstante, el dispositivo aún no está validado.

Tareas de movimiento

Los participantes ejecutan seis tareas en cada condición (12 en total):

  • Cinco tareas de la Back Performance Scale (BPS): prueba de la media, roll-up, distancia dedos-suelo, recoger un objeto y levantamiento (con límite de un minuto no informado de antemano).
  • Una tarea de sentarse y levantarse (3 repeticiones), adaptada a la misma escala de puntuación 0–3.

Un observador entrenado puntúa la calidad de ejecución (0 = mejor, 3 = peor) y se graba video.

Tecnología de medición

  • Traje inercial Xsens MVN: 17 nodos IMU a 60 Hz, con datos de 23 segmentos y 22 articulaciones. Es el sistema de referencia.
  • EmpkinS H6D-Tracking (solo fase 2): balizas inalámbricas localizadas por estaciones base de radar, con IMU y electromiografía de superficie integrada.
  • ECG de una derivación: frecuencia cardíaca y variabilidad de la frecuencia cardíaca (HRV).

Los parámetros de movilidad definidos son la flexión lumbar (ángulo entre sacro S1/S2 y la unión lumbo-torácica L1/T12), el rango de movimiento lumbar (flexión, extensión, inclinación lateral y rotación) y la velocidad de movimiento (tiempo para ejecutar cada tarea).

Variables psicológicas y de estrés

Medidas de resultado

  • Escalas visuales analógicas (EVA) tras cada tarea: intensidad del dolor, limitación por dolor y malestar emocional. Antes de cada tarea: miedo al movimiento.
  • Estrés subjetivo: Short Stress State Questionnaire (SSSQ-G) antes y después de cada bloque.
  • Estrés fisiológico: cortisol y alfa-amilasa salival en cuatro momentos (basal, antes de las tareas, inmediatamente después y 15 minutos después), además de HRV. En mujeres se miden progesterona y estradiol, por su posible influencia sobre dolor y respuesta al estrés.

Análisis exploratorio basal

Tampa Scale for Kinesiophobia (TSK-G), Avoidance-Endurance Questionnaire (AEQ), Pain Catastrophizing Scale (PCS), cuestionario de procesamiento emocional del dolor (FESV) y Perceived Stress Scale (PSS-10).

Hipótesis

Con el simulador (PainSim+) respecto a sin él (PainSim−), se espera:

  1. Mayor intensidad de dolor percibido.
  2. Mayor miedo al movimiento.
  3. Mayor limitación percibida, menor movilidad (rango lumbar, flexión lumbar y velocidad) y peor ejecución según el observador.
  4. Mayor malestar emocional, mayor estrés subjetivo y menor HRV.

De forma exploratoria, se analizará si la FA autorreportada se asocia negativamente con la movilidad y la HRV, y positivamente con estrés subjetivo, marcadores salivales y dolor. También se evaluará si la FA modera los efectos de la condición de dolor sobre la movilidad y el estrés.

Análisis estadístico

La fase 1 se analiza cualitativamente con MAXQDA. En la fase 2 se usarán MANOVA de medidas repetidas (o ANOVA según las intercorrelaciones) con el factor condición: una para miedo/dolor/limitación/malestar, otra para movilidad (LROM, LF, MV) y otra para estrés (HRV, cortisol, alfa-amilasa, estrés subjetivo). Los datos faltantes se evaluarán con la prueba MCAR y, si corresponde, imputación múltiple. Los resultados se informarán independientemente de su dirección, con datos seudonimizados y código abiertos.

Limitaciones a tener en cuenta

  • El simulador no está validado y el dolor inducido es agudo y mecánico, no equivalente al dolor crónico con su carga psicosocial.
  • La muestra es de personas sanas, jóvenes en la fase 1 (principalmente estudiantes), con IMC y talla restringidos, lo que limita la generalización.
  • El diseño intrasujeto no induce miedo de forma experimental; la FA se mide como rasgo basal.
  • El estudio aún no presenta resultados: es un protocolo (fase 1 en curso desde junio de 2025; fase 2 prevista desde enero de 2026).

Conclusiones útiles y aplicables

  • Evaluar el miedo, no solo el dolor: la FA puede estar presente incluso sin dolor y condicionar la forma de moverse. Herramientas como la TSK, la PCS y el AEQ son recursos prácticos para el cribado clínico.
  • Observar el patrón de movimiento: rigidez del tronco, reducción de la flexión lumbar y sustitución por flexión de rodillas son signos conductuales de protección. Tareas simples como las de la BPS o el sit-to-stand permiten registrarlos de forma estandarizada.
  • Considerar el estrés como parte del cuadro: la respuesta autonómica (HRV) y neuroendocrina (cortisol) puede acompañar al movimiento percibido como amenazante. Debe integrarse en la valoración del paciente.
  • Cuidado con los mensajes sobre la espalda: las creencias de evitación pueden adquirirse por consejos generales, incluso de profesionales. Conviene comunicar con precisión y evitar reforzar la idea de fragilidad.
  • Tecnología emergente: los sensores inerciales y los sistemas de radar con EMG integrada apuntan a evaluaciones menos invasivas y más objetivas, con potencial para el seguimiento del paciente en clínica y entrenamiento.
  • Próximos pasos: si el paradigma resulta factible, permitirá estudiar la FA con menor carga para el paciente y, a futuro, inducirla mediante instrucciones para distinguir patrones de movimiento de alta y baja evitación. Conviene seguir los resultados antes de extrapolarlos a la práctica.

Fuente: Heuler A, Hebel I, Richer R, Rohleder N, Eskofier BM, Genenger A, et al. (2026). PLoS One 21(9): e0358129. https://doi.org/10.1371/journal.pone.0358129

Analizado e interpretado por inteligencia artificial de Anthropic model claude-sonnet-4-6.
Publicación Original