Autor: LN. Fernando Pérez-Meza | @fernandoalamedidaDivisión de Nutrición @TeamDBSS¿Qué es el magnesio (Mg)? Es el cuarto catión más abundante del cuerpo y tiene un importante rol fisiológico en todo el cuerpo por sus diversas funciones y que como vemos en la siguiente tabla, tiene diferentes concentraciones en diversos tejidos, siendo el mayor el óseo y el muscular.Tabla 1. Distribución del magnesio en el adulto.Retomada de Swaminathan R. (2003). Magnesium metabolism and its disorders. The Clinical biochemist. Reviews, 24(2)Además de estos aspectos, su estudio se vuelve relevante si consideramos que, después de la Vitamina D, es la carencia nutrimental más común en países desarrollados (2) y que incluso hace apenas unos meses, una revisión de la Revista Open Heart calificaba a la deficiencia subclínica de este mineral como uno de los principales factores de la enfermedad cardiovascular, al grado de calificarla como una auténtica crisis de salud pública. (3)Algo importante a señalar y diferenciar entre una deficiencia franca y una subclínica, es que la primera presenta signos claros (por ejemplo, la dermatitis y pérdida de memoria, de la pelagra ocasionada por deficiencia de niacina) y la segunda puede impactar negativamente a la salud pero por mecanismos silenciosos y que no resultan aparentes. Ejemplo de ello es tanto la calcificación vascular y osteopenia, ligada a la carencia de este mineral. (4)El magnesio (en su forma de catión Mg2+) participa como cofactor enzimático de diversos procesos, entre los que destacan: la síntesis de proteínas, la producción y almacenamiento de energía celular, síntesis de ADN y ARN y de membranas mitocondriales estabilizadoras. Además de desempeñar un papel crítico en la transmisión nerviosa, la excitabilidad cardíaca, la conducción neuromuscular, la contracción muscular, el tono vasomotor, la presión arterial y el metabolismo de la glucosa y la insulina (4,5).Pero ¿por qué se puede presentar la carencia de Mg en el cuerpo?Comencemos por mencionar que las mejores fuentes son las almendras, los vegetales de hoja verde, semillas y cereales de grano entero, alimentos que no son necesariamente los más consumidos en la dieta occidental, donde los cereales refinados tienen protagonismo (y desplazan de forma importante a otros grupos de alimentos) y contienen una cantidad mucho menor de este mineral.La ingesta diaria recomendada (RDA, por sus siglas en inglés) para el Mg varia con la edad y el sexo, pero podemos concluir que después de los 18 años, lo recomendable es consumir al menos 410 y 320 mg de este mineral al día, en hombres y mujeres respectivamente. El departamento de Agricultura de USA reporta datos de un consumo de apenas 323 y 228 mg/d y que como aspecto relevante, solo dietas con aportes mayores a 3000 kcal contenían 300 mg del mineral en cuestión (3).La situación se agrava por cuestiones de absorción, puesto que para ser óptima, se requiere de: suficiente presencia del mineral, selenio, hormona paratiroidea, Vitamina B6 así como de vitamina D. Ypor el contrario, hay otros elementos que favorecen su excreción (vía renal) como: exceso de etanol, sal, ácido fosfórico (presente en refrescos), consumo de café, por sudoración profusa, por estrés intenso y prolongado, patologías intestinales como Chron, por menstruación excesiva y flujo vaginal, por diuréticos, otras drogas y por ciertos parásitos como lombrices intestinales. (6)¿QUÉ HAY SOBRE EL MAGNESIO Y EL RENDIMIENTO DEPORTIVO?Como bien señala Zhang Y. y colaboradores, hasta la fecha los datos que relacionan directamente el estado de Mg con el desempeño del ejercicio en humanos son escasos. Estos estudios han relacionado los niveles de Mg en plasma o la suplementación con Mg a diversos resultados relacionados con el ejercicio, como press de banca, agarre manual, flexión isométrica máxima del tronco, frecuencia cardíaca y necesidades energéticas.La siguiente tabla justo muestra un resumen de estas intervenciones.Tabla 2: retomada de Zhang, Y. (2017). Can Magnesium Enhance Exercise Performance?. NutrientsEn general, podemos encontrar tanto estudios con resultados positivos e interesantes tras su suplementación, como es el caso del ensayo realizado por Cinar y colaboradores en 2006 en donde encontraba que, al comparar grupos de hombres: sedentarios y recibiendo magnesio (10 mg/kg/d), personas físicamente activas (90-120 minutos, 5 veces a la semana) y personas físicamente activas y magnesio, había un descenso significativo en los niveles de lactato tras la suplementación, lo que sugeriría una mejora en el rendimiento de la población físicamente activa. (8)Y evidencia que apunta hacia un efecto neutro, como fue el caso de Veronese y colaboradores y de Terblanche, en donde tras 8 y 10 semanas de suplementación (respectivamente) con Mg, en grupos muy heterogéneos como lo eran mujeres con sobrepeso realizando un programa de entrenamiento de fuerza y hombres maratonistas, no encontraron resultados significativos en ningún indicador relevante (ya sea fuerza de agarre, ganancia de fuerza, recuperación de daño muscular, performance, entre otros) e incluso, sin cambios en la concentración de este mineral en suero y en tejido muscular. (9,10)¿Significa que la suplementación con magnesio, no es útil?Más que eso, tendríamos que aterrizarlo siempre al contexto adecuado y justo en esa misma línea es que están las conclusiones de uno de los más recientes metaanálisis del tema:Con base en la evidencia actual, no hay un efecto beneficioso de la suplementación con Mg en la aptitud muscular en la mayoría de los deportistas y sujetos físicamente activos, que tienen un estado de Mg relativamente alto; no obstante, los resultados sugieren que suplementarlo sí pueden beneficiar a personas con carencias de Mg, como son las personas mayores y quienes tienen un consumo elevado de alcohol. (11)MAGNESIO Y EL ENTRENAMIENTO “INVISIBLE”Y por último, aunque no menos importante, vale la pena destacar los efectos del Mg como un relajante muscular y de su importante relación con GABA, un neurotransmisor inhibidor del sistema nervioso con diversas funciones en diferentes órganos y ampliamente reconocido por sus efectos para inducir y mejorar la calidad del sueño, una estrategia que puede formar parte del llamado entrenamiento invisible (aunque evidentemente, aspectos como la higiene del sueño, siguen siendo más importantes) (12,13).Y es que este mineral también parece tener relación con el reloj biológico, por lo que se ha estudiado su efecto en el tratamiento del insomnio leve, tanto solo como en combinación con melatonina y zinc, con resultados bastante prometedores (14).¿CÓMO ELEGIR UN SUPLEMENTO DE MAGNESIO?Si bien la primera estrategia debe ser siempre cubrir los requerimientos con alimentos, la suplementación puede tener cabida con deficiencias o como se mencionó a lo largo del texto, en algunos contextos particulares. Ante esto, surge la pregunta de cuál es la mejor forma de suplementar, por lo que considerar la biodisponibilidad de dicho suplemento, será el aspecto más importante.Por ejemplo, actualmente en el mercado, uno de los más comunes es el óxido de magnesio, cuya absorción es baja y además tiene el detalle de potencia el efecto laxante que tiene este mineral. Es también de las opciones más baratas pero de las menos recomendables.Por otro lado, las versiones que resultan con mayor absorción y que son usados de forma exitosa en la mayoría de estudios, son el gluconato, el citrato y el Mg quelado, que son por mucho las mejores opciones, sin problemas digestivos asociados(15).Las dosis efectivas van de 200 a 400 mg siendo lo más recomendable iniciar por la dosis más baja y ajustar a lo largo de los días, a la alza. Aunque no hay un horario ideal para su consumo, lo más recomendable sería consumirlo junto con los alimentos de la cena.Por último y como dato adicional, este suplemento se vuelve doblemente útil cuando se llevan a cabo protocolos de alimentación como la dieta cetogénica, caracterizada por un consumo muy bajo de carbohidratos, y que durante los primeros días (o incluso semanas) puede generar síntomas y signos como náuseas, vómitos, dolor de cabeza, fatiga, mareos, insomnio, dificultad en la tolerancia al ejercicio y estreñimiento, denominado comúnmente como un “resfriado cetogénico” y que puede resolverse o minimizarse de forma importante con un adecuado consumo de minerales, particularmente sodio, potasio y sí, también magnesio. (16)PRÓXIMA CAPACITACIÓNExperto en Control de la Masa Corporal y Reducción de Grasa@TeamDBSSBIBLIOGRAFÍA1)Swaminathan R. (2003). Magnesium metabolism and its disorders. The Clinical biochemist. 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Lic. Fernando Pérez Meza
¿Qué es la vitamina D?
El 1,25-dihidroxicolecalciferol (nombre químico de la forma activa en sangre de la Vitamina D) es, además de un micronutriente, una hormona que tiene sus propios receptores y efectos en la gran mayoría de las células del cuerpo. Es de naturaleza liposoluble y, aunque se encuentra presente en pequeñas cantidades en algunos alimentos (e.g., lácteos o pescados), la principal fuente para obtenerla es a partir de la producción en la piel, tras exponernos por un tiempo suficiente a los rayos del sol (1), para la posterior acción del hígado y el riñón.Su importancia para una óptima salud ósea está más que reconocida desde hace muchos años (1, 2), considerando que actúa principalmente al facilitar la absorción del calcio en los osteoblastos. De hecho, las ingestas diarias recomendadas (IDR) están hechas principalmente en función de ello; cubrir las cantidades mínimas que garanticen la salud ósea. Pero desde el 2010 hubo un auge en su investigación tras descubrirse que, los receptores de vitamina D se unían a genes que codificaban a proteínas con una amplia gama de funciones que van desde la inmunidad, actividades neuronales, efectos en las mitocondrias, acciones sobre el tejido muscular, sobre el tejido óseo, entre muchos otros (3). A su vez, se ha reportado una asociación entre su deficiencia con diversas enfermedades, como diabetes, algunos tipos de cáncer, obesidad, depresión, síndrome de ovario poliquístico, sarcopenia, y alopecia, por mencionar algunas (4,5).Todo esto, sumado a un dato muy importante que ya comentaba; se estima que gran parte de la población mundial (que oscila entre 50 y 90% según la población estudiada) tendría concentraciones por debajo de 200 ng/dL de vitamina D en sangre, que se clasificaría según el Instituto de Medicina de Estados Unidos, como insuficiencia (6). Lo anterior ha generado mucha confusión y preguntas como: ¿implica un riesgo o problema dicha deficiencia? ¿Necesitamos suplementarnos? ¿Cuánto y en qué forma? ¿Hay peligros con la suplementación? ¿Es mejor tomar suplementos que exponerse al sol? Y sobre todo ¿hay realmente beneficios con ella?Y es que existen algunos aspectos importantes a considerar, como son: La síntesis de vitamina D es muy variable: según el tono de piel, la latitud geográfica en que se encuentre uno, el uso o no de bloqueadores solares, si la exposición es a través de un vidrio o los rayos solares son directos, la duración de la exposición, si es verano o invierno, entre otras (7). Secuestro de vitamina D: particularmente en un contexto de exceso de adiposidad, puesto que al ser una vitamina liposoluble, la grasa corporal secuestraría dicha hormona impidiendo que haga sus funciones en otros tejidos (7). Tipo y dosis de la suplementación: ya que se ha visto que la forma más efectiva para elevar las concentraciones en sangre es la Vitamina D3 además de existir evidencia de un efecto coadyuvante al también incluir vitamina K2 pero hay estudios en donde la forma química empleada fue Vitamina D2, menos efectiva (8). Por otro lado, revisiones que concluyen que no hay eficacia o relevancia clínica al suplementar, es de estudios que usaban dosis de 400-1,000 UI en la intervención, siendo una cantidad insuficiente en caso de que alguien presente una deficiencia pues se estima que se requiere de 100 UI al menos, para elevar 1 ng/dL (9).VITAMINA D, RENDIMIENTO Y FUERZACitando al profesor Fernanda Mata; “la vitamina D no es una ayuda ergogénica, es un requisito biológico”. Es decir, no necesariamente su función está en potenciar el rendimiento (como por ejemplo, la creatina o la cafeína), sino más bien de padecer la deficiencia se podría afectar el rendimiento físico. Por ejemplo, en este estudio Gallagher y colaboradores encontraban una disminución de la fuerza muscular asociado a una concentración (y una menor capacidad de conversión a la forma activa también) de Vitamina D (10).Hay también un aumento significativo en la susceptibilidad de infecciones en las vías respiratorias cuando las concentraciones de dicha vitamina están por debajo de 20 ng/dL (11). Existe también evidencia de su impacto en mejorar la calidad muscular, la morfología y el remodelamiento de fibras musculares, sobre todo en población adulta y persona mayor (12). Esto es muy importante porque en poblaciones jóvenes y atléticas, la información es limitada y mixta; encontrándose desde beneficios moderados a nulos. Y es que en estas poblaciones que están bien entrenadas, hay poco margen para la mejora y que ésta pueda ser bien evaluada.Por otro lado, hay evidencia que sugiere que podría aumentar (siempre dentro de rangos fisiológicos) las concentraciones de testosterona y a reducir los niveles de miostatina, por lo que esta vitamina podría tener un impacto sobre el desarrollo de la masa muscular (13,14). ¿CUÁNDO SUPLEMENTAR?Una respuesta compleja, pues existen factores de estilo de vida y en este caso, ambientales (si es dentro de instalaciones que impiden el contacto con luz solar) y aunque hemos mencionado aquí que la evaluación de los niveles en sangre que confirmen la deficiencia según los puntos de corte, hay uno importante no mencionado hasta ahora: la etnicidad. Y es que particularmente en grupos de hombres negros, los niveles bajos de vitamina D no se correlacionan con baja densidad ósea. Y es que existen polimorfismos en la proteína fijadora de vitamina D que pueden explicar dicha situación y sugiriendo que en realidad, lo que debería evaluarse, es la vitamina d3 libre. (15)Tomado de Owens, 2018. Vitamin D and the Athlete: Current Perspectives and New Challenges. Sports Medicine.PÉRDIDA DE GRASA Y VITAMINA DSi bien, también se han encontrado receptores para vitamina D en las membranas celulares de los adipocitos, además de su impacto en la regulación de los ácidos grasos que componen el tejido adiposo blanco y marrón (una grasa con alta actividad metabólica al contener muchas mitocondrias) y otros aspectos relevantes como que, a menores concentraciones de esta vitamina, mayor IMC (índice de masa corporal) han hecho pensar su posible beneficio de suplementar (22) esperando una mejor evolución en el adelgazamiento con resultados muy neutros o mejor dicho, insignificantes (16)Estudios como el de Sneve y colaboradores, Zitterman ó Mason (16,17), que con ensayos controlados en donde inducen la pérdida de grasa mediante restricción calórica, ejercicio físico vigoroso y además suplementan con vitamina D (en diversas dosis que van desde 2,000, 4,000 y hasta 20,000 UI) no encuentran diferencias significativas en cuanto a marcadores antropométricos, o sea; no pierden menos grasa ni disminuyen más circunferencia de cintura comparado con el grupo que no recibe dicho suplemento pero si hay cosas interesantes.Por ejemplo, algunos marcadores bioquímicos sí mejoran (particularmente en la población que cambio de un estado con deficiencia o insuficiencia de vitamina D a un nivel normal) principalmente los asociados a la inflamación celular y disminuye de forma considerable la resistencia de los tejidos periféricos a la acción de la insulina. (18)RESUMEN Y CONSIDERACIONESAún faltan más y mejores estudios para establecer una posición respecto a esta vitamina. El hecho de que existan resultados contradictorios (con efectos positivos y en otros neutros/nulos) tras su suplementación nos lleva a considerar un aspecto importante que ocurre también en el mundo de la nutrición; así como el consumo de vegetales no es solo “fibra y vitaminas”, el sol es más que solo vitamina D.Por lo tanto, la recomendación principal gira en torno a promover un estilo de vida que incluya un adecuado patrón de exposición al sol. Este último punto, tiene que ser adaptado a la ubicación geográfica, estación del año y tipo de piel de la persona, pues como comentábamos, existe un tiempo necesario para la correcta conversión. En ese sentido, existe un estudio realizado en población española, que justo tenía ese objetivo y puede darnos un buen punto de partida. En el mismo, se reportó que con una exposición del 25% de la piel tomaría un tiempo de 7 minutos para obtener una dosis efectiva en Julio y de 31 minutos en Octubre, alargándose hasta las dos horas para los meses de invierno (19).En escenarios donde esto se complique (tanto por situación geográfica o detalles como pasar largas horas dentro de espacios cerrados) la suplementación cobra relevancia. La dosis que se sugieren como seguras y efectivas, van de 2,000 a 4,000 UI de vitamina D3 y al ser una vitamina liposoluble, existe el riesgo de toxicidad por lo que aunque existen protocolos de dosis mucho mayores (como por ejemplo, 30,000 UI semanales o 100,000 mensuales), lo mejor es ser conservadores pero sobre todo, seguir monitoreando las concentraciones en sangre las semanas siguientes, asegurando que tenemos niveles de entre 40-50 ng/dL, principalmente en los meses de invierno. Por último, se sugiere que su consumo sea junto a otros alimentos grasos para asegurar una mejor absorción.Recuerda que aún puedes inscribirte a la tercera edición del programa «Especialista en Nutrición y Suplementación en Deportes, Actividad Física y Patologías» con la mejor planta docente internacional y avales científicos. aquí mas detallesREFERENCIAS1)Lips P. Vitamin D physiology. Prog. Biophys. Mol. Biol. 2006;92:4–8. doi: 10.1016/j.pbiomolbio.2006.02.016. 2)Lips P., van Schoor N.M. The effect of vitamin D on bone and osteoporosis. Best Pract. Res. Clin. Endocrinol. Metab. 2011;25(4):585– 591. (PubMed PMID: 21872800) 3)Nair, R., & Maseeh, A. (2012). Vitamin D: The “sunshine” vitamin. Journal of Pharmacology & Pharmacotherapeutics, 3(2), 118–126. http://doi.org/10.4103/0976-500X.95506 4)Zhang, R., & Naughton, D. P. (2010). Vitamin D in health and disease: Current perspectives. 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