Un programa de entrenamiento de fuerza de 12 semanas, con dos sesiones semanales durante la temporada competitiva, mejoró la fuerza muscular, el rendimiento específico de fútbol y la función cognitiva en jugadoras jóvenes de fútbol altamente entrenadas, pero no modificó los biomarcadores de neuroplasticidad. Los autores recomiendan incluir el entrenamiento de fuerza para mejorar la condición física y la función cognitiva en futbolistas jóvenes.
Entrenamiento de fuerza en futbolistas jóvenes: qué se estudió
Participaron 22 futbolistas de nivel Tier 3 (categoría de entrenamiento y rendimiento altamente entrenadas), con una edad media de 14,9 ± 0,8 años. Se asignaron al azar a dos grupos de 11 jugadoras:
- Grupo de fuerza (GF): dos sesiones semanales de entrenamiento de fuerza de tren superior e inferior (3 series de 12 repeticiones, al 60-80 % de una repetición máxima, 1-RM) y tres sesiones de entrenamiento específico de fútbol (ejercicios tácticos y técnicos).
- Grupo control activo (GC): mantuvo su rutina habitual de cinco sesiones semanales específicas de fútbol.
Los volúmenes de entrenamiento fueron similares entre grupos. Antes y después de las 12 semanas se evaluaron la composición corporal, la fuerza máxima (1-RM en press de banca, jalón al pecho y prensa de piernas), el rendimiento de pase con el Loughborough Soccer Passing Test (LSPT), la función cognitiva con el test de Stroop y las concentraciones séricas basales de dos neurotrofinas: el factor neurotrófico derivado del cerebro (BDNF) y el factor de crecimiento similar a la insulina tipo 1 (IGF-1).
Resultados: fuerza, rendimiento en el pase y función cognitiva
Los análisis posteriores se basaron en interacciones grupo por tiempo significativas (p < 0,05). En el grupo de fuerza se observó:
- Fuerza muscular: aumentos en el press de banca (p < 0,001; η²p = 0,41), el jalón al pecho (p < 0,001; η²p = 0,43) y la prensa de piernas (p < 0,001; η²p = 0,36). La η²p (eta cuadrada parcial) es un indicador del tamaño del efecto.
- Rendimiento específico de fútbol: mejora en el LSPT (p = 0,007; η²p = 0,22).
- Función cognitiva: mejora en el test de Stroop en el grupo de fuerza (p < 0,001; η²p = 0,56), pero no en el control.
- Neuroplasticidad: sin interacciones significativas en BDNF ni IGF-1 basales (p > 0,05; η²p = 0,00-0,04).
Qué significa para la práctica: cómo aplicar el entrenamiento de fuerza en futbolistas jóvenes
Estos resultados respaldan incorporar el trabajo de fuerza al microciclo semanal de jugadoras adolescentes de nivel alto. Conviene considerar lo siguiente:
Dosis y estructura
- Frecuencia modesta: dos sesiones semanales fueron suficientes para mejorar la fuerza en todos los ejercicios evaluados. No hace falta una carga de gimnasio elevada para obtener beneficios.
- Prescripción usada: 3 series de 12 repeticiones al 60-80 % del 1-RM, con ejercicios de tren superior e inferior. Sirve como punto de partida, ajustable según la experiencia y el calendario de cada equipo.
- Integración en competición: en el estudio, el grupo de fuerza sustituyó dos sesiones de trabajo específico por entrenamiento de fuerza (2 + 3 = 5 sesiones semanales), con volumen total similar al del control. Esto sugiere que la fuerza puede integrarse sin aumentar el número total de sesiones. Conviene planificar la carga global para evitar sumar fatiga.
A quién y con qué precauciones
- Los datos corresponden a futbolistas mujeres de unos 15 años con experiencia de entrenamiento. No se deben extrapolar sin cautela a otras edades, niveles, sexos o deportes.
- Con adolescentes es razonable priorizar la supervisión técnica, la progresión gradual y la evaluación cuidadosa del 1-RM, o bien estimarlo de forma indirecta según el criterio del profesional.
- Se recomienda evaluar antes y después (fuerza, tareas técnicas y, si es posible, pruebas cognitivas) para comprobar la respuesta de cada grupo.
Cómo interpretar el beneficio cognitivo
- La mejora en el test de Stroop apareció solo en el grupo de fuerza. Es un resultado de interés para deportes con alta demanda atencional, pero no demuestra por sí solo una mejora en la toma de decisiones durante el partido.
- Los marcadores BDNF e IGF-1 basales no cambiaron, así que no pueden explicar la mejora cognitiva observada. No conviene atribuirla a un mecanismo biológico concreto ni usar estos biomarcadores como indicador de respuesta.
- La mejora en el LSPT indica un posible efecto favorable en una tarea específica de pase. Conviene comprobar si se traslada al juego real.
Limitaciones del estudio
- Muestra pequeña (22 jugadoras) y una sola población: mujeres jóvenes altamente entrenadas.
- Intervención de 12 semanas, sin información sobre efectos a más largo plazo.
- Solo se midieron BDNF e IGF-1 en reposo, por lo que no se descartan cambios en otros marcadores o en respuestas agudas.
- El resumen no detalla los ejercicios concretos ni la progresión de cargas, lo que limita la réplica exacta del programa.
Conclusiones aplicables
- Dos sesiones semanales de fuerza durante la temporada mejoraron la fuerza, el rendimiento en el LSPT y la función cognitiva en futbolistas jóvenes altamente entrenadas.
- No se observaron cambios en BDNF ni IGF-1 basales.
- Es viable sustituir parte del trabajo específico por fuerza sin aumentar el volumen total de entrenamiento.
- Los autores recomiendan implementar el entrenamiento de fuerza en este grupo, aunque los resultados proceden de un estudio pequeño y deben generalizarse con prudencia.

