En los últimos años, los agonistas del receptor del péptido similar al glucagón tipo 1 (GLP-1) han transformado el abordaje farmacológico de la diabetes mellitus tipo 2 y posteriormente de la obesidad. Fármacos como la semaglutida, así como medicamentos con acción combinada sobre diferentes vías incretínicas, han demostrado una capacidad significativa para reducir el peso corporal y mejorar determinados parámetros metabólicos en poblaciones correctamente seleccionadas (Wilding et al., 2021; Jastreboff et al., 2022).
Su impacto clínico es indiscutible. Sin embargo, paralelamente a su uso terapéutico ha aparecido otro fenómeno: personas sin obesidad, ni diabetes mellitus tipo 2 u otra indicación clínica claramente establecida que recurren a estos medicamentos principalmente para evitar aumentar de peso, perder unos pocos kilogramos de masa corporal o compensar un estilo de vida caracterizado por poca actividad física, baja calidad alimentaria, sueño insuficiente o ausencia de ejercicio físico estructurado.
¿Se está mejorando realmente la salud o simplemente se está utilizando la farmacología para modificar el número que aparece en la báscula?
El GLP-1 es una hormona incretínica producida principalmente en el intestino después de la ingesta de alimentos. Entre sus funciones se encuentran la regulación de la secreción de insulina dependiente de glucosa, la disminución de la secreción de glucagón, la modulación del vaciamiento gástrico y la participación en mecanismos centrales relacionados con el apetito y la saciedad (Drucker, 2018).
Los agonistas del receptor GLP-1 aprovechan farmacológicamente estas acciones y pueden reducir de manera significativa la ingesta energética ayudando al control del peso corporal.
La Organización Mundial de la Salud reconoce estas terapias como una opción dentro del tratamiento integral de la obesidad, pero subraya que la farmacoterapia debe formar parte de una estrategia más amplia que incluya alimentación saludable, ejercicio físico y seguimiento profesional (World Health Organization [WHO], 2025).
Por tanto, el debate no debería centrarse en determinar si los medicamentos GLP-1 son buenos o malos. La verdadera cuestión consiste en establecer quién los necesita, bajo qué indicación y dentro de qué estrategia global de salud.
Uno de los principales problemas de la visión contemporánea sobre el peso corporal es asumir que el valor registrado en la báscula constituye, por sí solo, un indicador integral del estado de salud.
Una persona puede presentar un peso aparentemente adecuado y simultáneamente, una baja capacidad cardiorrespiratoria, poca fuerza muscular, exceso de adiposidad visceral, baja calidad alimentaria, comportamiento sedentario, sueño insuficiente o alteraciones cardiometabólicas.
Por tanto, mantener el peso corporal no significa necesariamente mantener la salud.
La evidencia indica que la capacidad cardiorrespiratoria y la fuerza muscular son indicadores importantes del estado de salud y se asocian con el riesgo de enfermedad y mortalidad. Por esta razón, el peso corporal no debería utilizarse como único criterio para valorar la salud metabólica o la capacidad funcional de una persona (Ross et al., 2016; Momma et al., 2022).
Desde esta perspectiva, utilizar un agonista del GLP-1 únicamente para evitar aumentar de peso mientras permanecen hábitos desfavorables puede generar una falsa percepción de control metabólico.
El medicamento puede modificar eficazmente la ingesta energética y el peso corporal, pero no proporciona por sí mismo todas las adaptaciones fisiológicas producidas por el ejercicio físico programado.
El ejercicio físico genera adaptaciones que trascienden ampliamente la reducción del peso corporal.
El entrenamiento de fuerza contribuye al mantenimiento o incremento de la masa muscular, mejora la fuerza, favorece la capacidad funcional y proporciona estímulos mecánicos relevantes para el tejido musculoesquelético. El ejercicio cardiovascular mejora la capacidad cardiopulmonar, la función cardiovascular, la función endotelial y diferentes componentes de la regulación metabólica (Garber et al., 2011; Ross et al., 2016).
Además, el ejercicio físico puede contribuir a mejorar la sensibilidad a la insulina, el control glucémico, la presión arterial y otros factores de riesgo cardiometabólico, incluso cuando la reducción del peso corporal es limitada. Por esta razón, no resulta adecuado presentar la farmacología y el ejercicio físico como estrategias opuestas, ya que ambas pueden formar parte de un abordaje complementario cuando existe una indicación clínica adecuada.
El problema aparece cuando la farmacología pretende sustituir el ejercicio físico y la modificación de los hábitos de vida.
Otro aspecto relevante es la composición del peso perdido. Durante una reducción importante del peso corporal puede disminuir tanto la masa grasa como una proporción de la masa libre de grasa. Este fenómeno también ha sido observado durante tratamientos farmacológicos dirigidos al control de la obesidad.
En el subestudio de composición corporal del ensayo SURMOUNT-1, aproximadamente tres cuartas partes del peso perdido con tirzepatida correspondieron a masa grasa y cerca de una cuarta parte a masa magra (Look et al., 2025).
Este hallazgo debe interpretarse con cautela, ya que la masa magra no equivale exclusivamente a músculo esquelético. En la evaluación de la composición corporal mediante absorciometría de rayos X de energía dual (DXA), el organismo suele analizarse en tres grandes componentes: masa grasa, contenido mineral óseo y masa magra de tejidos blandos. Esta última incluye no solo músculo esquelético, sino también agua corporal, órganos, sangre, piel y otros tejidos no grasos. Por esta razón, una reducción de la masa magra observada durante la pérdida de peso no puede interpretarse de manera directa como una pérdida equivalente de masa muscular.
No obstante, la conservación del tejido muscular adquiere especial relevancia en personas que experimentan reducciones importantes del peso, particularmente en adultos mayores, personas sedentarias o individuos con baja masa muscular inicial.
Por esta razón, diferentes autores han planteado la necesidad de acompañar la farmacoterapia para la obesidad con estrategias destinadas a preservar la masa y función muscular, especialmente mediante ejercicio de fuerza y una ingesta nutricional adecuada (Locatelli et al., 2024).
El entrenamiento de fuerza adquiere una importancia particular durante cualquier intervención destinada a reducir el peso corporal.
La evidencia indica que la incorporación de ejercicio de fuerza durante intervenciones hipocalóricas ayuda a preservar la masa libre de grasa, aumentar la fuerza muscular y favorecer una mayor reducción relativa del tejido adiposo, aun cuando el peso corporal total no disminuya más que con la dieta por sí sola.
Este punto resulta especialmente relevante porque dos personas pueden perder exactamente la misma cantidad de peso, pero experimentar resultados fisiológicos completamente diferentes. Una persona podría perder predominantemente tejido adiposo y conservar la mayor parte de su tejido muscular.
Otra persona podría perder una proporción considerable de masa libre de grasa y, aun así, registrar en la báscula una reducción de peso similar. Sin embargo, desde el punto de vista de la composición corporal y la preservación funcional, la calidad de esa pérdida de peso sería diferente.
¿Cuántos kilogramos perdió? ¿Qué tejido perdió y qué capacidad funcional conservó?
Una persona de mediana edad presenta un peso relativamente estable. No tiene diabetes mellitus tipo 2 ni obesidad diagnosticada. Sin embargo, realiza poco ejercicio físico, consume una alimentación de baja calidad, duerme cinco o seis horas por noche, pasa gran parte de su jornada en posición sedentaria y presenta poca fuerza o una baja capacidad cardiorrespiratoria.
Posteriormente comienza a utilizar un agonista del receptor GLP-1 con el objetivo de evitar aumentar de peso.
El apetito disminuye. La ingesta energética se reduce. El peso permanece estable o incluso disminuye. Desde la perspectiva de la báscula, la estrategia parece efectiva. Sin embargo, las principales características desfavorables del estilo de vida pueden permanecer prácticamente intactas.
El escenario podría representarse de la siguiente manera:
Hábitos desfavorables → mayor riesgo cardiometabólico → intervención farmacológica → disminución del apetito → mantenimiento o reducción del peso
sedentarismo + baja capacidad física + alimentación deficiente + sueño insuficiente + ausencia de entrenamiento de fuerza.
El medicamento ha modificado una variable, pero no necesariamente ha resuelto el contexto fisiológico y conductual completo.
Otro elemento que merece consideración es la sostenibilidad de los resultados a largo plazo. Actualmente, la obesidad se reconoce como una enfermedad crónica y recurrente, cuyo abordaje puede requerir intervenciones mantenidas en el tiempo. En este contexto, la farmacoterapia con agonistas del receptor GLP-1 puede formar parte de un tratamiento prolongado en personas con indicación clínica establecida (WHO, 2025).
En la extensión del ensayo STEP 1, las personas que habían recibido semaglutida recuperaron, en promedio, aproximadamente dos tercios del peso previamente perdido durante el año posterior a la suspensión del medicamento. Además, varias de las mejoras cardiometabólicas observadas durante el tratamiento tendieron a regresar hacia los valores iniciales (Wilding et al., 2022). Este resultado no constituye un argumento contra la semaglutida, por el contrario, refuerza el concepto de que la obesidad es una condición crónica que puede requerir tratamiento continuo.
Sin embargo, también obliga a reflexionar sobre el uso de estos medicamentos en personas sin una indicación clínica claramente establecida que los utilizan únicamente para modificar o mantener su peso corporal.
El objetivo clínico no debería consistir exclusivamente en conseguir que una persona pese menos, debería buscarse una pérdida de peso de buena calidad, caracterizada por una reducción predominante del tejido adiposo, conservación de la masa y función muscular, alimentación adecuada, ingesta suficiente de proteínas y micronutrientes, mejora de la fuerza, aumento de la capacidad cardiorrespiratoria y mejores indicadores metabólicos.
El debate sobre los agonistas del receptor GLP-1 debería evitar posiciones extremas. No se trata de elegir entre medicamento o ejercicio físico, ni entre farmacología o hábitos saludables, sino de integrar las diferentes estrategias de acuerdo con las necesidades y la indicación clínica de cada persona.
En personas con obesidad, diabetes mellitus tipo 2 u otras indicaciones clínicas, estos medicamentos pueden formar parte de una estrategia terapéutica altamente efectiva (Wilding et al., 2021; Jastreboff et al., 2022).
Lo cuestionable desde una perspectiva de salud no es utilizar farmacología cuando existe una indicación médica, lo cuestionable es asumir que un medicamento puede transformar automáticamente un estilo de vida desfavorable en uno saludable.
El crecimiento en la utilización de estos tratamientos también modifica el trabajo de los profesionales de las ciencias del ejercicio. Cada vez será más frecuente trabajar con personas que utilizan semaglutida, tirzepatida u otros medicamentos relacionados con las vías incretínicas.
Por esta razón, la evaluación no debería limitarse únicamente al peso corporal, sino incorporar también otras variables relevantes para valorar de manera integral el estado de salud, la composición corporal y la capacidad funcional, como las que se describen a continuación.
- composición corporal;
- fuerza muscular;
- capacidad funcional;
- tolerancia al ejercicio;
- velocidad de pérdida de peso;
- ingesta energética;
- consumo de proteínas;
- síntomas gastrointestinales;
- nivel de actividad física;
- comportamiento sedentario;
- capacidad cardiorrespiratoria.
En este escenario, el entrenamiento de fuerza adquiere un papel especialmente importante para contribuir a conservar la función y el tejido muscular durante periodos de reducción importante del peso corporal (Locatelli et al., 2024).
Los agonistas del receptor GLP-1 representan uno de los avances farmacológicos más importantes en el tratamiento contemporáneo de la obesidad y determinadas enfermedades metabólicas.
El problema no radica en el medicamento en sí, sino en su utilización como una estrategia para compensar hábitos de vida poco saludables en personas que no presentan una indicación clínica claramente establecida para su uso.
Mantener un determinado peso corporal no debería confundirse con mantener un buen estado de salud, ya que la verdadera optimización metabólica requiere considerar variables que van más allá del número reflejado en la báscula.
Fuerza muscular, capacidad cardiorrespiratoria, composición corporal, alimentación saludable, sueño reparador, actividad física, ejercicio físico y capacidad funcional siguen constituyendo componentes fundamentales de la salud.
La farmacología puede constituir una herramienta extraordinariamente útil cuando está correctamente indicada; sin embargo, por sí sola no reproduce las múltiples adaptaciones biológicas asociadas con un estilo de vida saludable.
Referencias
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- Ross, R., Blair, S. N., Arena, R., Church, T. S., Després, J.-P., Franklin, B. A., Haskell, W. L., Kaminsky, L. A., Levine, B. D., Lavie, C. J., Myers, J., Niebauer, J., Sallis, R., Sawada, S. S., Sui, X., & Wisløff, U. (2016). Importance of assessing cardiorespiratory fitness in clinical practice: A case for fitness as a clinical vital sign. Circulation, 134(24), e653–e699. https://doi.org/10.1161/CIR.0000000000000461
- Wilding, J. P. H., Batterham, R. L., Calanna, S., Davies, M., Van Gaal, L. F., Lingvay, I., McGowan, B. M., Rosenstock, J., Tran, M. T. D., Wadden, T. A., Wharton, S., Yokote, K., Zeuthen, N., & Kushner, R. F. (2021). Once-weekly semaglutide in adults with overweight or obesity. The New England Journal of Medicine, 384(11), 989–1002. https://doi.org/10.1056/NEJMoa2032183
- Wilding, J. P. H., Batterham, R. L., Davies, M., Van Gaal, L. F., Kandler, K., Konakli, K., Lingvay, I., McGowan, B. M., Oral, T. K., Rosenstock, J., Wadden, T. A., Wharton, S., Yokote, K., Kushner, R. F., & STEP 1 Study Group. (2022). Weight regain and cardiometabolic effects after withdrawal of semaglutide: The STEP 1 trial extension. Diabetes, Obesity and Metabolism, 24(8), 1553–1564. https://doi.org/10.1111/dom.14725
- World Health Organization. (2025). WHO guideline on the use of glucagon-like peptide-1 (GLP-1) therapies for the treatment of obesity in adults. https://app.magicapp.org/#/guideline/LrRxrL


