Prof. Guillermo Peña García-Orea, PhD

El entrenamiento funcional como producto del fitness actual (III)

El entrenamiento funcional como producto del fitness actual (III)

Guillermo PeñaJuan Ramón HerediaVíctor SegarraIICEFSLa industria del Fitness es un sector en continua metamorfosis y desarrollo. La oferta de programas de actividad física de carácter individual o colectivo es inmensamente variada, y los objetivos pretendidos y públicos que los consumen son aún más heterogéneos. Como en cualquier otro sector cada producto o servicio tiene una vida útil (en términos de rentabilidad económica) determinada, hasta que un nuevo producto más “evolucionado” acaba por eclipsar o fagocitar al anterior. En la última década la industria del Fitness ha desarrollado más productos, equipamientos, servicios y programas que en toda su historia. No obstante, este vertiginoso desarrollo y expansión (que genera tanta riqueza y puestos de trabajo afortunadamente) no viene acompañado siempre del indispensable respaldo y beneplácito científico ni tampoco del reciclaje continuo de los técnicos que desarrollan su labor en este ámbito.Ante este panorama, podríamos plantear que el “entrenamiento funcional” o functional training (como hoy día se nos presenta) parece más un producto del marketing – que busca hacerse un hueco en la apretada oferta de actividades circunscritas al ámbito del Fitness – que un método de entrenamiento verdaderamente saludable y eficaz amparado por evidencias científicas. De hecho es difícil encontrar dos técnicos o centros de Fitness que desarrollen programas de entrenamiento funcional que compartan idénticas características, principios y criterios de progresión (si los hubiere). No existe un acuerdo avalado por la comunidad científica respecto del efecto de su aplicación. Pensamos por tanto, que el término “funcional” acuñado a muchas de las propuestas emergentes que se dan a conocer bajo esta tendencia es a priori inapropiado a la vista de las características de las mismas (ya que, como se argumentó en las dos primeras entradas del blog, no atienden a las verdaderas funciones del sistema psico-biológico).Por esta razón se nos antoja necesario analizar en profundidad un verdadero enfoque funcional del entrenamiento para poder establecer los preceptos básicos que cumplan con su cometido: mejorar las prestaciones físicas con mayor transferencia a las AVD/AVDL y responder a las cambiantes necesidades del sistema psico-biológico humano a lo largo del proceso vital, salvaguardando siempre la integridad del propio sistema).Dicho esto, presentamos a continuación las características o particularidades de este modelo presuntamente “funcional” del entrenamiento que se nos vende, y que por distintos especialistas y desde distintas plataformas se proclama, pero que como iremos analizando no siempre cumplen con la lógica interna, justificación científica o criterios de seguridad necesarios:1.La piedra angular y el propósito final del entrenamiento funcional es la preparación o transferencia a conductas motoras de la vida cotidiana y/o laboral (incluso deportivas).Bajo este pretexto se proponen básicamente ejercicios en forma y velocidad basados en la reproducción de tales acciones, u otras que a menudo nada comparten a nivel cinemático y cinético con las desarrolladas en la vida cotidiana de la mayoría de personas, o que aunque compartan algunas de sus características no tienen en cuenta el estado o nivel de acondicionamiento inicial y capacidad estabilizadora de las estructuras que soportan tales movimientos. Además, como ya comentamos en la segunda entrada sobre esta temática, no parece existir suficiente producción científica que aborde objetivamente los efectos del entrenamiento basado enpropuestas “funcionales” para el desarrollo y la mejora del estatus funcional [1, 2].Reconocemos que la prescripción del ejercicio desde una perspectiva funcional sólo es posible si se considera las actividades de la vida diaria cotidiana y laboral de la persona, pero que el propósito no es seguir reproduciendo tales patrones, sino compensar los posibles desequilibrios musculares que dichas actividades puedan conllevar después de un concienzudo análisis de las mismas y una valoración del sujeto.2. La máxima “funcionalidad” se consigue entrenando por cadenas musculares, y no de forma analítica o local (se prefiere la solicitación muscular global). Se rechaza el aislamiento muscular que conlleva ejercicios de carácter mono-articular y casi siempre se entrena mediante acciones poli-articulares de cadena cinética cerrada o abierta. Por tanto, sólo se aboga por la realización de movimientos articulares globales o “continuos musculares”. Pero al contrario de lo que se piensa, ha sido demostrado que el entrenamiento tradicional más “analítico” lidera incrementos sobre el estatus funcional [1, 2]. No obstante, la propuesta de entrenamiento por cadenas muscularesnos parece muy interesante y acertada, pero deberíamos considerarla dentro del proceso de entrenamiento debiendo integrarse en el momento o fase oportuna. Cualquier “cadena” será tan fuerte (rendirá) en función de su eslabón más débil (factor limitante). Así, si solicitamos una participación integrada de una cadena muscular, debemos asegurarnos la respuesta adecuada de cada uno de sus eslabones (estructuras activas o pasivas), a fin de evitar que en la realización de un movimiento de estas características algunas de las estructuras puedan superar su zona plástica.3. Apego por la realización de ejercicios con total libertad de movimiento (tridimensionales o multiplanares) que implican aceleración, desaceleración y estabilización conjunta, pretendiendo ser mucho más parecidos a las acciones de la vida cotidiana.Por eso promueven el entrenamiento mediante ejercicios en inestabilidad, cables multipoleas, correas suspendidas en el aire, kettlebells, propio peso corporal, bandas elásticas, trineos, etc.La libertad total de movimientos articulares trata de ser la esencia de este nuevo “paradigma” de entrenamiento. En contraposición se rehúye de medios de entrenamiento que supongan una gran estabilización externa/pasiva, caso de las máquinas de musculación, que sólo permiten realizar movimientos en un único plano y apenas solicitan a la musculatura estabilizadora.Sin embargo, el entrenamiento mediante estos medios que permiten total libertad de movimiento tridimensional exige una gran estabilización interna/activa, que no todos los sujetos poseen en cada uno de los núcleos articulares involucrados, y que por el contrario deberían comenzar realizando tareas en entornos que facilitasen dicha estabilidad externa.El entrenamiento funcional, entendido como precursor de transferencia a la vida cotidiana y laboral, no debería basarse única y exclusivamente en movimientos multiplanares y activaciones de cadenas musculares. La funcionalidad podría venir determinada por una selección de algunos ejercicios basada en las características del patrón motriz (biomecánicas) y de esfuerzo físico (bioenergéticas) durante la vida diaria y laboral [1]. Un ejercicio en sí mismo no tiene la virtud de ser o no funcional sino tenemos en cuenta la persona e idiosincrasia a la que va dirigida. En realidad, casi cualquier ejercicio puede ser funcional para una persona determinada en un momento dado de la progresión del entrenamiento.4.Se presta atención no sólo a la articulación involucrada y musculatura implicada sino a la musculatura con mayor protagonismo estabilizador para permitir el movimiento seguro. Por ello se le otorga gran importancia al acondicionamiento de la musculatura estabilizadora de la zona media (CORE), así como también a los estabilizadores de la cintura escapular.El problema viene cuando no se diseñan ejercicios y progresiones de los mismos que cumplan criterios de seguridad, y respondan a la verdadera funcionalidad de esta musculatura (funcionar como una unidad para otorgar estabilidad al tronco [3] -a menudo generando patrones de coactivación- para evitar movimientos no deseados del raquis).5. Para ello, a menudo se utilizan superficies o medios que amplifican la inestabilidad externa para aumentar la actividad propioceptiva y las demandas de control neuromuscular, y se realizan ejercicios sobre estas superficies que no sólo impliquen a la musculatura central sino también a las extremidades.El problema es entender que no todo entrenamiento realizado en situaciones de inestabilidad es “funcional” ni todo entrenamiento funcional debe realizarse en entornos inestables. La inestabilidad añadida por cualquier dispositivo es sólo un recurso a considerar en el diseño y selección de los ejercicios. Sobre esta cuestión realizaremos otra entrada en este blog próximamente.6. La dificultad e intensidad de los ejercicios se varía en función de los brazos de palanca, la base de sustentación, la velocidad del ejercicio, etc.Sin embargo, no se monitoriza ni se consideran suficientemente otros parámetros de la dosis que no tengan que ver con la cinemática del gesto, como por ejemplo, el número de series, número de repeticiones, el intervalo de descanso entre series, etc. En muchas ocasiones, estas propuestas carecen de criterios de progresión sobre los que fundamentar el entrenamiento.Por nuestra parte consideramos que, si bien algunas de esas características expuestas pueden formar parte en ocasiones de un enfoque funcional del entrenamiento (pero no siempre, en todas las situaciones y para todos los sujetos), existen otros requisitos que establecen las verdaderas bases de un planteamiento funcional del entrenamiento [2]. Tales requisitos no pueden ser ignorados sea cual sea la forma de abordar el entrenamiento desde una perspectiva saludable:1. Realizar un análisis previo individualizado de las características biomecánicas y de las necesidades y requerimientos bionergéticos de las AVD y AVDL.2. Realizar una valoración previa individualizada de los desequilibrios/desajustes neuromusculares provocados por tales AVD y AVDL.3. Salvaguardar la integridad del sistema pasivo (osteo-articular) en la selección y ejecución de los ejercicios. Para lo cual debemos respectar los rangos articulares de seguridad (RAS) de cada núcleo y acción articular para garantizar la estabilidad y funcionalidad articular.4. Considerar las adaptaciones del entrenamiento según los requerimientos específicos asociados a las diferencias sexuales (a nivel estructural, neurofisiológico y endocrino).5. Considerar las adaptaciones del entrenamiento según los procesos degenerativos asociados a la edad (a nivel neuromuscular y óseo).6. Fortalecer el core respetando su verdadera funcionalidad. Saber integrar los medios inestables en el momento, dosis y forma oportuna.7. Comprender las bases del concepto de transferencia motriz y saber aplicar correctamente el principio de especificidad.This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported LicenseReferencias bibliográficas.1. Colado JC, Chulvi I, y Heredia, JR (2008) Criterios para el diseño de los programas deacondicionamiento muscular desde una perspectiva funcional. En: Ejercicio físico en salas de acondicionamiento muscular: bases científico-médicas para una práctica segura y saludable. Rodríguez PL, ed. Madrid: Panamericana. pp 154-1672. Heredia JR, Peña G, Moral S (2011): Entrenamiento funcional en Sañudo B y García B (Coordinadores): Nuevas orientaciones para una actividad física saludable en centros de fitness. Editorial Wanceulen.3. Akuthota, V., & Nadler, S. (2004). Core strengthening. Archives of Physical Medicine and Rehabilitation, 85(S1), S86-S92.

El ejercicio físico y su importancia en la prevención y el control del Cáncer

El ejercicio físico y su importancia en la prevención y el control del Cáncer

Manuel MartínIICEFSEs difícil que no conozcamos la magnitud de la palabra cáncer, más allá del conocimiento de su profundo significado todos atisbamos su enorme peso humano, pues es imposible obviar la historia personal que subyace tras cada uno de ellos. Tiene un enorme peso en nuestra sociedad pues la Organización Mundial de la Salud (ensu nota descriptiva N°297, Febrero de 2013) [1] estima que el número de defunciones por cáncer siga aumentando en todo el mundo y supere los 13,1 millones en 2030 (invito a seguir los datos estadísticos, de enorme magnitud en “CancerMondial”, website de la Internacional Agency of Cancer Research, que nos da acceso a diversas bases de datos sobre la enfermedad).Bajo la denominación de cáncer subyacen más de 200 tipos de enfermedades. Cada uno de estos puede tener características completamente diferentes al resto, pudiendo considerarse enfermedades independientes, con sus causas, su evolución y sus tratamientos específicos. Sin embargo, todas ellas tienen un denominador común: las células cancerosas adquieren la capacidad de multiplicarse y diseminarse por todo el organismo sin control (AECC, 2013) [2].Por otro lado,es muy posible que no alcancemos a conocer la importancia del ejercicio físico en relación a la enfermedad. ¿Es tan importante? Para resolver esta cuestión resulta interesantísimo asomarnos a cómo ha ido evolucionando el número de trabajos de investigación en los últimos 20 años para poder afirmar que disponemos de fuentes sólidas para establecer un debate profundo sobre el importante papel que el ejercicio puede jugar en el continuo de la enfermedad. Tal es así, que podemos afirmar que es claro, el papel del ejercicio en la prevención como en su control [3].Debido a los datos actuales de prevalencia y las estimaciones publicadas por los diferentes estamentos existen campañas de concienciación sobre la importancia de un modo de vida activo para prevenir y controlar el cáncer. Dentro de este estilo de vida activo se señala a la “actividad física” pero este término es incompleto y es una de las limitaciones que presentan muchos de los trabajos de investigación basados en cuantificar la actividad física o medir su efecto sobre nuestro estado de salud [4]. Aunque iremos abordando esta problemática en diferentes entradas, sobre esta cuestión invitamos al lector a visitar la enciclopedia terminológica editada en esta misma sección, y consultar la definición del término “ejercicio” (pues es el punto de partida para una intervención efectiva y rigurosa).En esta línea, tal es la relación de la inactividad física con el cáncer, que el bajo nivel de ésta junto con el control del peso y la dieta elegida son los principales factores de riesgo modificables más importantes [5](en población no fumadora, pues esta es la causa del 22% de las muertes mundiales por cáncer en general, y del 71% de las muertes mundiales por cáncer de pulmón (OMS, 2012). En palabras de John R. Seffrin [6], jefe ejecutivo de la American Cancer Society en 2012, en Estados Unidos 2 de cada 3 adultos tiene sobrepeso u obesidad y realiza menos de la mitad de la actividad física necesaria. Entre los niños, 1 de cada 3 tiene sobrepeso u obesidad y menos de 1 de cada 4 realiza la actividad física suficiente. En un trabajo muy interesante realizado en Alberta (Canadá) [7] con una muestra de 14.224 personas que analizó los hábitos de actividad física, se concluyó que la población, particularmente mujeres e individuos obesos, no son suficientemente activos para prevenir el cáncer. En este trabajo se cuantificó la actividad física diaria, en vida social y laboral. Se comparó con las líneas generales marcadas por diferentes estamentos para lograr prevenir el cáncer a través del ejercicio físico y la alimentación. Las conclusiones de este estudio muestran cómo la vida diaria laboral no supone un estímulo de intensidad suficiente como para generar beneficios para nuestra salud, aún cuando la actividad sea más física que sedentaria (incluso que la actividad física en nuestro tiempo de ocio tampoco satisface dichas necesidades).En próximas entradas abordaremos estas líneas generales y las compararemos, y entenderemos la necesidad de integrar el ejercicio como clave en todo este problema.Debido a la dimensión de la relación entre el cáncer y el ejercicio físico resulta difícil establecer un consenso general respecto de las recomendaciones para todos los casos, teniendo en cuenta la cantidad de tipos de cáncer diferentes, su evolución y los diferentes tratamientos de cada uno de ellos.Si queremos abordar de forma rigurosa la relación entre cáncer y ejercicio debemos partir de comprender el continuo de la enfermedad, pues el ejercicio jugará un papel diferente en los distintos momentos a lo largo del proceso. A partir de aquí podemos ir de lo general a lo específico, estableciendo relaciones concretas con cada tipo de cáncer y su propia evolución, analizando el momento temporal en el que vamos a intervenir como especialistas en ejercicio físico. De esta manera Courneya (2007) [9] especifica una serie de fases, dos antes del diagnóstico y cuatro periodos después de éste, con objetivos para la programación del ejercicio en cada fase que podemos simplificar en tres grandes momentos:Prevenir, afrontar mejor los efectos agudos que provocarán los tratamientos, atenuar estos efectos durante el tratamiento, recuperar el estado previo a la enfermedad una vez superada garantizando una mejora de la calidad de vida, y conformar parte de los tratamientos que pretenden intervenir sobre las consecuencias crónicas serán por tanto, a nivel general los diferentes objetivos según cada momento de este continuo [3].This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported LicenseReferencias bibliográficas.1. Organización Mundial de la Salud. Nota descriptiva N°297. Febrero 2012.: http://www.who.int/mediacentre/factsheets/fs297/es/2. https://www.aecc.es/SobreElCancer/elcancer/Paginas/Elcancer.aspx3. Schmitz, KH.; Courneya, KS.; Matthews, C.; et al. American College of Sports Medicine roundtable on exercise guidelines for cancer survivors. Med Sci Sports Exerc. 2010;42(7):1409–26.4. Campbell, KL.; Neil, SE.; Winters-Stone, KM. Review of exercise studies in breast cancer survivors: attention to principles of exercise training. Br J Sports Med 2012;46:909–916.5. Kushi, L.;Doyle, C.; McCullough, M.; Rock, C.; Demark-Wahnefried, W. American Cancer Society Guidelines on Nutrition and Physical Activity for Cancer Prevention Reducing the Risk of Cancer With Healthy Food Choices and Physical Activity. CancerJ Clin 2012;62:30–67.6. Informe de la Nación EEUU, elaborado desde 1998. Creado por investigadores de la Sociedad Americana Contra El Cáncer (ACS), de los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades (CDC), del Instituto Nacional del Cáncer (NCI) y de la Asociación Norteamericana de Registros Centrales de Cáncer (NAACCR). Aparece primero en Internet en el Journal of the National Cancer Institute y será publicado impreso en el número 3, volumen 105 thttp://www.cancer.gov/espanol/noticias/informeNacion2013.7. Aparicio-Ting, FE.; Friedenreich, CM.; Kopciuk, KA.; Plotnikoff, RC.; Bryant HE. Prevalence of meeting physical activity guidelines for cancer prevention in Alberta. Chronic Diseases and Injuries in Canada. 2012; Vol 32, No 4, September8. Ballard-Barbash, R.; Friedenreich, CM.; Courneya, KS.;Siddiqi, SM.; McTiernan, A.; Alfano, CM. Physical activity, biomarkers, and disease outcomes in cancer survivors: a systematic review. J Natl Cancer Inst. 2012; Jun 6;104(11):815-40.9. Courneya, KS.; Friedenreich, CM. Physical activity and cancer control. Semin Oncol Nurs. 2007;23(4):242–52

El entrenamiento en inestabilidad: Mitos y realidades desde la ciencia (3ª parte)

El entrenamiento en inestabilidad: Mitos y realidades desde la ciencia (3ª parte)

En la primera de las tres entradas de esta trilogía sobre el entrenamiento en inestabilidad comentamos que uno de los beneficios derivados por este tipo de entrenamiento podría ser la mejora del rendimiento deportivo. Quizás, por esta razón algunos técnicos y entrenadores deportivos utilizan habitualmente estos medios desestabilizadores durante sus sesiones de entrenamiento. Si bien sería un grueso error considerar a “todas” las modalidades deportivas por igual en lo que a los marcadores de rendimiento se refiere, no lo es sin embargo el hablar sobre cuestiones concretas como el efecto del entrenamiento en inestabilidad sobre determinadas manifestaciones de la fuerza y la potencia o la mejora de la estabilidad central, aspecto el cual podría tener transferencia a cualquier modalidad deportiva. La cuestión ahora es presentar y dilucidar lo que la mayoría de los estudios publicados tienen que decir al respecto, y una vez más la producción científica sobre este tópico tan peculiar no es precisamente prolífera ni concluyente.Lo primero es comentar que sobre el entrenamiento en inestabilidad para mejorar el rendimiento existen básicamente dos líneas de investigación diferentes. Una de ellas es aquella que trata de comprobar qué efecto para el rendimiento y/o para la producción y mejora de fuerza y potencia tiene la realización de ejercicios tradicionales de entrenamiento sobre una superficie desestabilizadora en comparación con hacerlos sobre un entorno estable (suelo firme). Y la otra línea de investigación es aquella que trata de comprobar si mediante un programa específico de entrenamiento del core sobre superficies desestabilizadoras se puede mejorar indirectamente algún marcador determinado del rendimiento. En cualquiera de los dos casos, esclarecer estas hipótesis es un verdadero reto para la ciencia, y lo comentaremos.Al respecto de la segunda línea de investigación, son muchos los especialistas y científicos los que consideran que la estabilidad central es un componente clave del entrenamiento para mejorar el rendimiento deportivo. De hecho, gran parte de la literatura científica relacionada con la importancia del core para el rendimiento se centra en la noción de que el core es el nexo entre el tronco y las extremidades, y que un atleta es solo tan fuerte como lo sea su eslabón más débil. Autores como Behm et al. (2005) y Willardson (2007) sostienen que el core proporciona un enlace entre las extremidades inferiores y superiores para transferir las fuerzas. Desde este punto de vista, la debilidad del core podría interrumpir la transferencia de los torques y momentos angulares, resultando en una reducción del rendimiento [1, 2]. Por tanto, y teóricamente, un core fuerte, es decir, un tronco estable, podría facilitar la transmisión de potencia requerida en multitud de especialidades deportivas que requieran acciones de lanzamiento, salto, carrera, levantamiento y lucha-contacto. El problema es que las mejoras de fuerza y estabilidad central tras un programa de entrenamiento del core con dispositivos inestables no siempre se correlacionan con mejoras de rendimiento en actividades deportivas en los pocos estudios que lo han tratado [5, 6, 7, 8]. De hecho, es una temática poco estudiada, especialmente cuando la intervención utiliza superficies o dispositivos generadores de inestabilidad, y ciertamente complicada de demostrar desde la perspectiva científica.Por tanto, con los escasos estudios realizados hasta la fecha no queda demostrado que exista una asociación definitiva entre la mejora de la estabilización central mediante el entrenamiento con medios desestabilizadores y la mejora del rendimiento deportivo. Sin duda, algunos de los problemas pueden estar en la especificidad y validez científica de los tests utilizados para medir la estabilidad central, ya que no existe un test universal de referencia para la valoración de la misma, y por otro en la escasa especificidad de los protocolos de entrenamiento utilizados para transferir la supuesta mejora al gesto deportivo (en especial en lo referente al tipo de ejercicios seleccionados de core en esos estudios). Hibbs et al. (2008) comentan al respecto que el entrenamiento con pelota suiza a solas, puede no provocar el mismo beneficio para el rendimiento que el entrenamiento de fuerza explosivo o de alta intensidad. Así, estos mismos autores en su artículo de revisión respecto de la mejora del rendimiento por medio del entrenamiento del core, sostienen que la falta de efecto sobre el rendimiento observado en muchos estudios puede deberse a los propios programas de entrenamiento del core que resultarían ser poco funcionales para poder transferir mejoras al rendimiento deportivo. Los mismos autores también sugieren que la falta de efecto de los estudios que pretenden demostrar la mejora del rendimiento mediante el entrenamiento de la fuerza y estabilidad central puede explicarse parcialmente por la baja carga impuesta por los ejercicios utilizados, requiriéndose seguramente ejercicios del core de mayor intensidad para poder esperar mejoras sustanciales en el rendimiento.Sobre la segunda línea de investigación (entrenar con o sobre dispositivos desestabilizadores para mejorar la fuerza/potencia y el rendimiento deportivo) existen algunas respuestas que fueron también comentadas en la primera entrada del blog. El efecto agudo que resulta de realizar ejercicios de fuerza sobre una superficie generadora de inestabilidad es una disminución de la producción de fuerza, potencia y velocidad máxima de las extremidades (debido al aumento de la rigdez articular que genera la co-activación muscular antagonista), por lo que parece bastante evidente pensar que, al menos en sujetos entrenados, incluir estos medios no resulte la forma más eficaz de mejorar las prestaciones de la fuerza (y por tanto lo será hacerlo en un entorno más “estable” con ejercicios sobre suelo firme o sobre un banco). De hecho, hasta la fecha, son muy pocos los estudios que hayan demostrado mejoras significativas del rendimiento en sujetos entrenados mediante intervenciones que hayan enfatizado la realización de ejercicios de fuerza sobre estos medios.Al contrario, Cressey et al. (2007) demostraron que la inclusión de un entrenamiento con superficies inestables para el miembro inferior puede disminuir los efectos sobre la ganancia de potencia. En este estudio se desarrollaron 10 semanas de entrenamiento mediante ejercicios tradicionales (squats, squats a una pierna, lunges, peso muerto) para la mejora de la potencia sobre discos hinchablesen futbolistas. La conclusión final fue que el entrenamiento en inestabilidad atenuaba las ganancias de potencia en comparación con el grupo que entrenaba sólo en entorno estable al medirlo mediante distintos tipos de saltos (CMJ, BDJ) y sprints de distancias cortas. En la misma línea, Chulvi-Medrano et al. (2010) compararon la producción de fuerza y la actividad muscular de la musculatura paraespinal al realizar pesos muertos sobre superficies inestables (Bosu y T-Bow) y sobresuelo firme de forma convencional. La producción de fuerza y el registro electromiográfico muscular fue mayor al realizar el ejercicio en el suelo que sobre los dispositivos inestables, tanto durante el test isométrico (p<0.05) como el test dinámico (p<0.05). La conclusión final fue que el uso de estos medios inestables para la realización del peso muerto no aumentaba el rendimiento (producción de fuerza) ni proporciona una activación mayor en la musculatura paraespinal.Esperamos haber arrojado algo de luz desde la evidencia científica a esta temática tan de actualidad y a veces mal entendida y aplicada con las tres partes de este blog.Guillermo Peña/Juan Ramón Heredia/Víctor SegarraIICEFSThis work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.Referencias bibliográficas.1.Behm, D.G. y Colado, J.C. (2012). The effectiveness of resistance training Using unstable surfaces and devices for Rehabilitation. International Journal of Sports Physical Therapy. 7(2): 226-241.2.Behm, D.G., Drinkwater, E.J., Willardson, J., Cowley, P.M. (2012). Declaraciónde posición de la Sociedad Canadiense de Fisiología del Ejercicio. La utilización de la inestabilidad para el entrenamiento del Núcleo (CORE) en el acondicionamiento de poblaciones deportivas y no deportivas. G-SE. 2/02/2012. g-se.com/a/1385.3.Behm, D.G., Leonard, A., Young, W., Bonsey, W., & MacKinnon, S. (2005). Trunkmuscle electromyographic activity with unstable and unilateral exercises. Journal of Strength and Conditioning Research, 19, 193-201.4.Willardson, J.M. (2007). Core stability training: applications to sports conditioningprograms. J. Strength Cond. Res. 21(3): 979–985.5.Stanton, R., Reaburn, P., & Humphries, B. (2004). The effect of short-term swiss ball training on core stability and running economy. Journal of Strength and Conditioning Research. 18(3), 522-528.6.Tse, M., McManus, A., & Masters, R. (2005). Development and validation of a core endurance intervention program: implications for performance in college-age rowers. Journal of Strength and Conditioning Research, 19(3), 547-552.7.Butcher, S.J., Craven, B.R., Chilibeck, P.D., Spink, K.S., Grona, S.L., and Sprigings, E.J. (2007). The effect of trunk stability training on vertical takeoff velocity. J. Orthop. Sports Phys. Ther. 37(5): 223–231.8.Sato, K., & Mokha, M. (2009). Does core strength training influence running kinetics,lower-extremity stability, and 5000-m performance in runners? Journal of Strength and Conditioning Research.23(1), 133-140.9.Hibbs, A. E., Thompson, K. G., French, D., Wrigley, A., & Spears, I. (2008).Optimizing performance by improving core stability and core strength. Sports Medicine, 38, 995-1008.10.Cressey, E.M., West, C.A., Tiberio, D.P., Kraemer, W.J., and Maresh, C.M. (2007). The effects of ten weeks of lower-body unstable surface training on markers of athletic performance. J. Strength Cond. Res. 21(2): 561–567.11.Chulvi-Medrano I, Garcia-Masso X, Colado JC, Pablos C, de Moraes JA, Fuster MA. (2010). Deadlift muscle force and activation under stable and unstable conditions. J. Strength Cond. Res. 24(10):2723-2730.

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Este curso está diseñado en formato pregrabado, lo que permite a los estudiantes acceder y revisar cada una de las clases de los módulos a su propio ritmo.Hemos elegido esta metodología para ofrecer una experiencia de aprendizaje flexible y adaptada a las necesidades individuales de cada estudiante.Una vez matriculados, los estudiantes tendrán acceso al campus virtual, disponible sin restricciones de horario durante todo el periodo de inscripción del curso. A través de esta plataforma podrán:Visualizar las clases pregrabadas, accesibles en línea durante un periodo de 1 año. Aunque no son descargables, pueden revisarse tantas veces como se desee dentro de este tiempo.Descargar el material escrito de los módulos. Este contenido estará disponible exclusivamente durante el periodo de acceso, por lo que se recomienda guardarlo antes de que expire el tiempo asignado.Además, los estudiantes cuentan con la Mesa de ayuda, un recurso disponible para resolver consultas técnicas relacionadas con el uso de la plataforma. Asimismo, tienen acceso al correo electrónico de la organización para plantear dudas sobre el material académico del curso. La dirección de este correo se proporciona una vez que el estudiante ha realizado su proceso de inscripción.El curso se encuentra alojado en G-SE (Grupo Sobre Entrenamiento), una plataforma líder en formación y divulgación a distancia en ciencias del ejercicio físico y la salud.Requisitos para la aprobación y certificación:Para obtener el certificado final del curso, los estudiantes deberán aprobar un examen final individual, que evalúa los contenidos de los tres módulos. Cada módulo incluye una autoevaluación opcional. Aunque estas no son obligatorias ni influyen en la calificación final, se recomienda realizarlas, ya que el examen final puede incluir preguntas basadas en ellas. Por lo tanto, las autoevaluaciones son una herramienta útil para reforzar el aprendizaje antes de presentar el examen final.Novedad en esta edición. Encuentros en vivo:Para enriquecer aún más su proceso de aprendizaje, en esta edición del diplomado hemos incorporado una serie de encuentros en vivo programados a lo largo del periodo de cursada. Estos espacios están diseñados para realizar sesiones interactivas sobre temas de relevancia actual, casos prácticos y contenidos complementarios que, aunque no forman parte del programa académico troncal, guardan una estrecha relación con nuestra temática central: la nutrición, las metodologías de entrenamiento para la estética corporal y el análisis e interpretación de datos antropométricos.Estos encuentros representan una oportunidad única para conectar con la comunidad del curso, intercambiar experiencias y profundizar en aspectos avanzados de la práctica profesional. Los detalles, fechas y temáticas específicas de estas sesiones serán comunicados a los estudiantes oportunamente a través de la plataforma.
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Cáncer, Obesidad y Ejercicio.

Cáncer, Obesidad y Ejercicio.

En la entrada anterior señalamos la importancia de analizar a la enfermedad como un continuo a lo largo del tiempo para lograr determinar de forma lógica y eficaz los objetivos del ejercicio físico [1]. Abordando esta sucesión de momentos tenemos que comenzar por establecer qué papel desempeña el ejercicio en la prevención del cáncer. La prevención primaria contempla el conjunto de acciones encaminadas a modificar los hábitos poco saludables de la población hacia otros más adecuados. Con esto se consigue evitar que los factores de riesgo actúen sobre un órgano concreto y causen en él alteraciones que puedan generar un cáncer [2].El US Departament of Healt and Human Service [3], el American Institute for Cancer Research [4] y el ACSM [5], señalan el incremento de la evidencia científica sobre la disminución del riesgo de desarrollar muchos de los cánceres por la práctica de ejercicio físico.El ejercicio físico por tanto es uno de estos hábitos a inculcar en la prevención primaria, pero, ¿por qué?: La British Association of Sport and Exercise Sciences y otras numerosas entidades y organismos (entre ellas la OMS) determinan como factor de riesgo directo al sedentarismo. Éste conlleva una serie de alteraciones que determinan muchas circunstancias pre-patológicas, entre ellas el cáncer. Es decir, en este caso el ejercicio contribuye de forma indirecta a la prevención del cáncer, evitando o contrarrestando estas alteraciones que incrementan el riesgo de padecerlo. Por ello algunos estudios señalan que la actividad física actúa disminuyendo el grado de obesidad y la adiposidad central, y ambos son factores de riesgo en el cáncer de colon, pecho (en la posmenopausia), endometrio, riñón y esófago [6, 7]. El sobrepeso y obesidad conllevan un cambio en el balance hormonal y metabólico en el organismo y facilitan unnúmero de factores implicados en la resistencia a la insulinae inflamación, que inician y promueven la carcinogénesis [6, 7]. El sedentarismo se ha relacionado directamente con el adenocarcinoma esofágico, cáncer de colon y recto, riñón, páncreas, endometrio y mama [8]. Resulta enormemente interesante comprender cómo la obesidad puede desencadenar una carcinogénesis. Tomando como ejemplo al cáncer endometrial (cáncer que se forma en el tejido que reviste el útero, donde la mayoría son cánceres que comienzan en las células que elaboran y liberan mucosidad y otros líquidos) [9], podemos observar en el gráfico el conjunto de respuestas hormonales y observar las diferentes vías que pueden favorecer la aparición de este tipo de cáncer [10].Aunque estas relaciones necesitan ser mejor estudiadas y comprendidas, los recientes estudios epidemiológicos muestran que la relación entre cáncer, sobrepeso y obesidad es cada vez es más clara [11].Según la SEEDO [12], en España los datos surgidos del estudio ENRICA en 2011, aportan una prevalencia de obesidad del 22,9% y de sobrepeso del 39,4%. Los datos epidemiológicos en edad infantil española (estudio ALADINO) muestran una elevada prevalencia, presentando un 45,2% exceso de peso del cual el 26,1% corresponde a sobrepeso y el 19,1% a obesidad. Estos datos muestran un futuro nada prometedor para lograr una adecuada prevención contra el cáncer, y la incorporación del ejercicio físico dentro del conjunto de medidas preventivas parece de vital importancia para lograr las sinergias adecuadas. Uno de los objetivos del ejercicio será por tanto constituirse como una de las medidas para prevenir de forma efectiva el sobrepeso y la obesidad.Pero, ¿cómo contribuye el ejercicio a reducir los riesgos de que se desencadene un cáncer? De nuevo para poder abordar el tema con claridad debemos aproximarnos de forma específica, pues es difícil establecer generalidades debido a la cantidad de posibilidades derivadas de los muchísimos tipos de cáncer y sus diferentes mecanismos y vías de progresión. En el caso del cáncer de mama, también se observan en los estudios epidemiológicos cómo la actividad física se asocia con una disminución de los riesgos, en ese caso, en mujeres postmenopáusicas [13]. Los mecanismos por los cuales esto se produce no se han establecido todavía de forma definitiva [6]. Entre el conjunto de mecanismos interrelacionados se señalan su influencia para provocar cambios en el metabolismo y hormonas sexuales, factores de crecimiento, adiposidad y posiblemente función inmune [14]. Friedenreichet al [13] realizaron un interesante trabajo donde compararon a dos grupos de mujeres posmenopáusicas y sedentarias, aplicando un programa de ejercicio a uno de los grupos durante un año. Realizaron controles de estradiol y globulina fijadora de hormonas sexuales (SHBG) -entre otras- al inicio, a los seis meses y al finalizar el año donde comparaban sus niveles. Concluyeron que la actividad física puede influir en los estrógenos circulantes –disminuyendo sus niveles- a través de la reducción de la adiposidad, y que también incrementa los niveles de SHBG.Las conclusiones son importantes porque los niveles elevados de estradiol están relacionados con un mayor riesgo de cáncer de mama [15]. El riesgo puede incrementarse un 29% si la tasa de estradiol se duplica en mujeres posmenopáusicas [13]. Por el contrario, un aumento de la SHBG se relaciona con una disminución de este riesgo [15].Por tanto si el ejercicio contribuye a reducir el tejido adiposo, contribuirá también- junto con el conjunto de medidas destinadas a lograrlo en los planes de prevención primaria (como la alimentación)- a reducir el riesgo de cáncer. Pero además, aparte de esta reducción del tejido adiposo, el ejercicio físico podría también tener beneficios independientes, como una reducción de los niveles de insulina, logrando esta reducción incrementar los niveles de SHBG y disminuyendo la biodisponibilidad de estradiol [16]. Si volvemos a la figura anterior donde apreciábamos las relaciones a nivel hormonal en el caso del cáncer de endometrio, podemos establecer relaciones muy interesantes.El ejercicio físico, ya sea como medida preventiva de la obesidad y sobrepeso, como medida terapéutica de los mismos, o como generador de cambios positivos hormonales o inmunológicos -aún por determinar de forma definitiva- [11], desempeña un papel determinante en la prevención del cáncer.Manuel MartínIICEFSThis work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.REFERENCIAS BIBLIOGRAFCAS1. Courneya KS, Friedenreich CM. Physical activity and cancer control. Semin Oncol Nurs 2007; 23(4):242–52.2. 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Jemal A, Simard EP, Dorell C, Noone AM, Markowitz LE, Kohler B, Eheman C, Saraiya M, Bandi P, Saslow D, Cronin KA, Watson M, Schiffman M, Henley SJ, Schymura MJ, Anderson RN, Yankey D, and Edwards BK. Annual Report to the Nation on the Status of Cancer, 1975–2009, Featuring the Burden and Trends in HPV-Associated Cancers and HPV Vaccination Coverage Levels. Journal of the National Cancer Institute; publicado en Internet el 7 de enero de 2013; impreso en febrero de 2013, vol. 105, núm. 3. DOI: 10.1093/jnci/djs491. 9. Instituto Nacional del Cáncer [Internet]. EE.UU: NIH…Transformación de Descubrimientos en Salud; cáncer de endometrio; 2013 [citado 2013 Febrero]. disponible en: http://www.cancer.gov/espanol/tipos/endometrio10. Calle E, Kaaks R. Overweight, obesity and cancer: epidemiological evidence and proposed mechanisms. Nature Reviews Cancer 2004; 4: 579-591.11. Sirin O, Kolonin MG. Treatment of obesity as potencial complementary approach to cancer therapy. 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Physical activity and postmenopausal breast cancer: Proposed biologic mechanisms and areas for future research. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 2009; 18:11-27. 16. Neilson HK, Friedenreich CM, Brockton NT, Millican RC. Physical activity and postmenopausal breast cancer: Proposed biologic mechanisms and areas for future research. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev 2009; 18:11-27.

BATALLA CONTRA LA OSTEOPOROSIS MEDIANTE EL ENTRENAMIENTO VIBRATORIO: EVIDENCIAS ACTUALES

BATALLA CONTRA LA OSTEOPOROSIS MEDIANTE EL ENTRENAMIENTO VIBRATORIO: EVIDENCIAS ACTUALES

Hoy día la industria del Fitness cabalga incansablemente hacia la conquista de nuevos servicios y productos que calen en el público y generen adherencia, y a la vez la ciencia busca “remedios” que palien las enfermedades que acosan a una población cada vez más longeva. Justo en la concurrencia de estos dos frentes podemos encontrar una modalidad de ejercicio físico peculiar y prometedor: el entrenamiento o estimulación vibratoria.Cuando nos referimos coloquialmente al “entrenamiento o estimulación vibratoria” estamos haciendo referencia a las vibraciones mecánicas de tipo sinusoidal que suponen un aumento de la carga gravitacional transmitidas a todo el cuerpo (conocida en inglés por las siglas WBV). Esto es posible gracias a las altas aceleraciones producidas por el dispositivo vibratorio, normalmente una plataforma. Además, sabemos que esta modalidad de ejercicio físico provoca unos efectos sobre las distintas estructuras del aparato locomotor muy particulares con posibles aplicaciones para distintos objetivos, y para refutar tales utilidades sólo el método científico puede despejar las múltiples hipótesis que se plantean. Una de esas posibles aplicaciones podría ser el tratamiento y prevención de la osteoporosis. La osteoporosis es un trastorno esquelético sistémico caracterizado por masa ósea baja y deterioro de la micro-arquitectura del tejido óseo, con el consecuente incremento de la fragilidad ósea y una mayor susceptibilidad a las fracturas [1]. Sin duda, esta descalcificación progresiva del hueso es un grave problema de salud por su trascendencia en la calidad de vida y la repercusión socio-económica que suscita. De hecho, su prevalencia va en aumento debido principalmente al incremento de la expectativa de vida de la población y a determinados agentes ambientales entre otros factores (actividad física y nutrición).Pero fue especialmente a partir de los primeros ensayos con atletas a finales de los años 70, introducidos por las experiencias del Dr. Nazarov y Spivak (1985), cuando el entrenamiento vibratorio irrumpe y empieza a aplicarse en el ámbito deportivo y de la salud. Incluso, el Programa Ruso Espacial, la Agencia Europea Espacial y la NASA utilizaron y estudiaron en su momento esta tecnología para tratar de contrarrestar y prevenir la pérdida de masa ósea y muscular de los astronautas en el espacio tras largas estancias (uno de los mayores problemas de salud a los que se enfrentan estos “superhombres”). Si bien existen limitaciones en cuanto a las conclusiones científicas emanadas de los estudios publicados que impide establecer un consenso unánime respecto a las mismas, hoy día disponemos de una vasta producción científica con distintas líneas de investigación abiertas que ha crecido exponencialmente desde finales de los años 90.Una de esas líneas de investigación es aquella que busca conocer los efectos crónicos que la exposición al estímulo vibratorio tiene sobre el tejido óseo. El origen sobre esta cuestión surgió a raíz de los primeros trabajos realizados con animales (ratas y ovejas), a los que se les sometía a distintas dosis vibratorias para comprobar el efecto sobre la densidad mineral ósea [2, 3, 4, 5], y cuyos resultados preliminares indicaron que las vibraciones mecánicas de baja intensidad (media-baja frecuencia y baja magnitud/aceleración) eran eficaces en la reducción de la pérdida de masa ósea –incluso que determinadas dosis podían aumentar el volumen de hueso trabecular- cuando se sometía a estos animales a intervenciones de varios meses de duración.A partir de estos primeros y prometedores resultados con animales se empezaron a estudiar los posibles beneficios para las personas en riesgo de padecer alteraciones de la microestructura ósea. Inicialmente, Verschueren et al. (2004) encontraron efectos osteogénicos positivos en mujeres postmenopáusicas tratadas mediante estimulación vibratoria de cuerpo completo tras 6 meses de entrenamiento. Por el contrario, Rubin et al. (2004) no obtuvieron diferencias en la densidad mineral ósea al comparar el grupo control con el experimental después de 12 meses de entrenamiento vibratorio a baja frecuencia y aceleración en mujeres postmenopáusicas. Iwamoto et. al. (2005), en un estudio de 12 meses de intervención con mujeres postmenopáusicas compararon el efecto en la densidad mineral ósea entre el grupo control, tratado con alendronate (medicación anti-osteoporótica), con el grupo experimental -que además de la medicación realizaba sesiones de entrenamiento vibratorio-. Aunque ambos grupos aumentaron su densidad ósea, se comprobó que no hubo beneficio adicional en el grupo experimental, sometido a medicación y estimulación vibratoria, respecto del grupo control que solo estaba tratado con dicha medicación. No obstante, no se pudo comparar el efecto aislado de cada tratamiento (vibración mecánica y medicación) respecto de un grupo control no tratado.Gusi et al. (2006), tras 8 meses de intervención mediante vibración basculante (3 sesiones/semana), obtuvieron una mejora de la densidad mineral ósea en el cuello femoral de mujeres post-menopáusicas, si bien, no encontraron diferencias significativas en la densidad ósea en la columna lumbar. En la misma línea, Gilsanz et al. (2006) tras 12 meses de entrenamiento vibratorio obtuvieron un aumento del hueso esponjoso en la columna vertebral y del hueso cortical en el fémur de mujeres jóvenes con baja densidad mineral ósea.En un estudio más reciente de Verschueren et al. (2011) de 6 meses de intervención, se dividió a una muestra de 103 mujeres post-menopáusicas (edad media: 79.6 años) en dos grupos control (sin estimulación vibratoria) y experimental (con estimulación vibratoria), a las que también se les suplementó con una dosis elevada de vitamina D (control y experimental 2), o con una dosis convencional (control y experimental 1), además de una suplementación diaria de calcio para todos los grupos. El entrenamiento vibratorio supuso la utilización de diferentes ejercicios estáticos y dinámicos, incrementándose la carga gradualmente a lo largo de la intervención. Después de los 6 meses del tratamiento, se observaron mejoras significativas en la densidad ósea, fuerza máxima dinámica y niveles de vitamina D en suero en todos los grupos (experimental 1 y 2 y control 1 y 2).Como queda patente con la exposición de los estudios científicos más significativos en lo relativo a los efectos de la estimulación mecánica neuromuscular sobre el sistema óseo, y a la luz de los resultados de algunos otros estudios no comentados [6, 7], parece que el efecto positivo sobre densidad mineral ósea del entrenamiento mediante estimulación vibratoria no parece replicarse en todas las situaciones y con todas las poblaciones (con mujeres jóvenes sanas yconmujeres post-menopáusicas, respectivamente), por lo que genera cierta controversia. Por lo tanto, y desde este punto de vista, son a priori las personas mayores, y muy especialmente las mujeres post-menopáusicas con baja densidad ósea, las que potencialmente podrían verse más beneficiadas de esta modalidad de ejercicio con el propósito de prevenir y retrasar el proceso osteopénico típico de la edad.Como conclusión final y a la luz de los resultados aquí presentados, para que el entrenamiento vibrarorio tenga un efecto significativo y beneficioso sobre la masa ósea, éste debe ser aplicado a una baja magnitud/aceleración (combinando una media-alta frecuencia –herzios-, y una baja amplitud –milímetros-) [8, 9], siempre y cuando el volumen de trabajo (por sesión y semanal) y la duración del tratamiento (nunca menor de 6 meses) sea apropiada a la población de estudio.Guillermo Peña/Juan Ramón Heredia/Víctor SegarraIICEFS This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.Referencias bibliográficas.1. NIH Consensus Development Panel on Osteoporosis Prevention, Diagnosis and Therapy (2001). JAMA; 285:785-95.2. Flieger, J., Karachalios, T.H., Khaldi, L., Raitou, P. y Lyritis, G. (1998). Mechanical stimulation in the form of vibration prevents postmenopausal bone loss in ovariectomized rats. Calcif Tiss Inter, 63, 510-514.3. Rubin, CT., Turner, A.S., Bain, S., Mallinckrodt, C., McLeod, K. (2001a). Anabolism:low mechanical signals strengthen long bones. Nature, 412 (6847), 603-604.4. Rubin CT, Sommerfeldt DW, Judex S, Qin Y (2001b) Inhibition of osteopenia by low magnitude, high-frequency mechanical stimuli. Drug Discov Today 6:848–8585. Christiansen, B. y Silva, M.J. (2006). The effect of varying magnitudes of whole-body vibration on several skeletal sites in mice. Ann. Biomed. Eng, 34 (7), 1149-1156.6. Torvinen S, Kannus P, Sievänen H, Järvinen TA, Pasanen M, Kontulainen S, Nenonen A, Järvinen TL, Paakkala T, Jarvinen M, Vuori I (2003). 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J Bone Miner Res, 26(1), 42-49.15. Verschueren, S.M.P., Roelants, M., Delecluse, C., Swinnen, S., Vanderschueren, D. y Boonen, S. (2004). Effect of 6-month whole body vibration training on hip density, musclestrength, and postural control in postmenopausal women: a randomized controlled pilot study. J Bone Miner Res, 19 (3), 352-359.

DENSIDAD (DE ENTRENAMIENTO):

DENSIDAD (DE ENTRENAMIENTO):

La “densidad de entrenamiento” expresa la relación entre la duración del esfuerzo y la longitud (duración) de la pausa de recuperación o descanso [1].Dicha densidad puede ser considerada como densidad intra-sesión (relación pausa/esfuerzo inter-repeticiones,...

INTENSIDAD (DE ENTRENAMIENTO)

INTENSIDAD (DE ENTRENAMIENTO)

La RAE define el término “intensidad” en su primera acepción como el grado de fuerza con que se manifiesta un agente natural, una magnitud física, una cualidad, una expresión, etc. [1].En el contexto de las ciencias del ejercicio físico algunos autores definen la...

EJERCICIO FÍSICO Y EMBARAZO: ¿ES REALMENTE SALUDABLE PARA “AMBOS”?

EJERCICIO FÍSICO Y EMBARAZO: ¿ES REALMENTE SALUDABLE PARA “AMBOS”?

“Ser padres es maravilloso, pero ser MADRE es un milagro…”El embarazo es una etapa para la mujer donde se enfrenta a profundos cambios fisiológicos y morfológicos progresivos a lo largo de tres fases o trimestres bien diferenciados. Sin duda, y desde el primer momento, durante todo este proceso el consentimiento y la continua supervisión médica garantizarán una práctica segura de ejercicio físico para la gestante.Una vez tenga conocimiento el médico especialista y el permiso para hacerlo, la práctica de ejercicio no será sólo una alternativa, sino una recomendación saludable para el feto y la gestante por los numerosos beneficios que puede reportar[1, 2, 3, 4, 5, 6]. Y es que el embarazo no es ni debe ser un periodo de convalecencia y reclusión, como tradicionalmente ha sido concebido. Muy al contrario, los beneficios que puede suponer esta práctica para el bienestar de la madre y el feto están bien documentados (figura 1).Figura 1. Beneficios del ejercicio físico para la embarazada y el feto.No obstante, si bien pueden existir ciertos riesgos hipotéticos asociados al ejercicio físico intenso para el feto bajo determinadas circunstancias (aspectos los cuales sólo han podido ser demostrados en unos pocos estudios con animales), no es menos cierto que los beneficios del ejercicio moderado superan con creces los riesgos que pudieran conllevar, pudiendo fácilmente ser minimizados. Así, apoyándonos en algunos estudios que hayan profundizado en esta cuestión podemos afirmar que no existen diferencias entre los riesgos asociados (menor peso del neonato al nacer, mayor riesgo de aborto espontáneo, parto pretérmino, retraso del desarrollo fetal, etc.) entre mujeres sanas que practiquen y no practiquen ejercicio físico durante la gestación (figura 2).Uno de esos estudios publicado en el International Journal of Obesity en 2009 [7] examinó el efecto del ejercicio de fuerza de baja intensidad sobre el tamaño y peso del neonato al nacer en mujeres gestantes durante los dos últimos trimestres, concluyendo que este tipo de ejercicio físico no tuvo consecuencias negativas ni sobre el tamaño ni sobre el estado de salud general del neonato. Otro estudio más reciente publicado en el BCM Pregnancy and Childbirth de 2011 [8], que comparaba un grupo de mujeres embarazadas activas con otro grupo de mujeres sedentarias, concluye afirmando que el ejercicio aeróbico de danza no estaba asociado con la reducción del peso del neonato en el nacimiento, parto pretérmino, o bienestar general. Por tanto, cada vez hay más evidencias científicas que despejan la escasa presunción de los riesgos para la salud materno-fetal por practicar ejercicio físico de forma moderada [7, 9, 10], y más pruebas a favor de los beneficios que puede comportar.Figura 2. Riesgos hipotéticos asociados al ejercicio físico intenso.Por ende, y tradicionalmente, las recomendaciones del colectivo médico más conservador con respecto al ejercicio físico para embarazadas se han basado más en criterios socio-culturales que en evidencias científicas, por temor a estos riesgos hipotéticos inducidos por el ejercicio intenso –y cuyos hallazgos científicos provienen de estudios experimentales con animales de dudosa transferencia al ser humano, o bien de estudios retrospectivos-. De hecho, la recomendación más habitual desde los años 50 ha sido realizar una práctica de ejercicio físico moderado de tipo aeróbico, habitualmente caminar, contraindicando otras prácticas físicas distintas.Sin embargo, posicionamientos médicos cada vez más actuales basados en verdaderas evidencias han apostado por posturas más realistas y menos moderadas siempre y cuando la embarazada esté sana y en el embarazo no surjan complicaciones, especialmente en el segundo y tercer trimestre [12]. Tanto es así, que hoy día podemos recomendar no sólo actividades físicas de tipo cardiovascular con predominio aeróbico y de intensidad moderada (figura 3), sino incluso ejercicio físico de tipo neuromuscular o de fuerza como veremos en la próxima entrada de este mismo blog.Figura 3. Prescripción del ejercicio aeróbico para la embarazada.Guillermo Peña/Juan Ramón Heredia/Víctor SegarraIICEFSThis work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Referencias bibliográficas.1. Schoenfeld, B. Resistance Training during pregnancy: safe and effective program design. Strength Cond. J. 2011, 33(5): 67-75.2. Artal R., Gardin K., Historical perspectives In: Artal R. Wiswell R.A. editors Exercise in pregnancy. Baltimore Williamsand Wilkins, 1986: 1-6.3. Clapp J F, López B., Hacar-Sevcik R., Neonatal behavioral profile of the offspring of women who continued to exercise regulary thoughout pregnancy. Am. J. Obtet Gynecol Oct 181 (4): 1038-9, 1999.4. 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Am J Obstet Gynecol 201: 590, e1–e6, 2009.10. Barakat R, Stirling JR, and Lucia A. Does exercise training during pregnancy affect gestational age? A randomised controlled trial. Br J Sports Med 42: 674–678, 2008.11. Wolfe L.A., Ohtake P.J., Mottola M.F., McGrath M.J. Pysiological interactions betweenpregnancy and aerobic exercise. Exercise and Sports Science Reviews 17, 295-351, 198912. American College of Obstetricians and Gynecologists (1994): Exercise During Pregnancy and the Postpartum Period. Technical Bulletin, vol. 189. Washington D.C., USA.

EJERCICIO FÍSICO DE FUERZA DURANTE EL EMBARAZO Y POSPARTO

EJERCICIO FÍSICO DE FUERZA DURANTE EL EMBARAZO Y POSPARTO

Existe una curiosa creencia popular de tratar a la mujer embarazada como una enferma convaleciente, con una singular protección, desaconsejándola realizar cualquier tipo de esfuerzo, y por tanto, de ejercicio físico regular y sistematizado (opinión que ya desmentimos en la entrada anterior). Por el contrario, existen más que suficientes evidencias científicas sobre la seguridad, idoneidad y beneficio que puede reportar el ejercicio físico durante toda la gestación para la embarazada y el feto, también comentados.Por lo general, los estudios sobre esta temática han profundizado en los cambios fisiológicos y morfológicos de la mujer gestante y cómo éstos pueden repercutir a la hora de realizar determinados esfuerzos de carácter aeróbico. Por todo ello, las recomendaciones sobre la prescripción del ejercicio aeróbico parecen estar suficientemente contrastadas, ya que los estudios preliminares se han decantado más por investigar sobre el entrenamiento de este componente condicional que por el entrenamiento del resto de capacidades (como la fuerza).Pese a que los profundos cambios morfológicos de la gestante afectan muy especialmente a su estática postural desequilibrándola, con las molestias músculo-esqueléticas que ello conlleva, apenas se han desarrollado estudios científicos sobre cómo puede afectar el ejercicio contra resistencias (de fuerza) a esta situación. De nuevo los prejuicios infundados y el desconocimiento profundo del entrenamiento de fuerza bien adaptado a las necesidades y características de la gestante han impedido que los investigadores centraran inicialmente su atención en el potencial de este tipo de ejercicio, y los beneficios que pueda inducir para el bienestar general de la mujer embarazada.Para ello, conocer qué desequilibrios musculares se manifiestan durante el embarazo es el punto de partida que nos permitirá proponer un programa de reequilibrio o compensación muscular (más que de mejora de la fuerza propiamente dicho) y romper con el mito que desaconseja cualquier ejercicio de “fuerza” durante el embarazo. Así pues podemos decir a grosso modo que, a medida que avanza la gestación, se genera un desequilibrio postural similar al síndrome cruzado superior, debido a la antepulsión de los hombros, la actitud hipercifócita dorsal e hiperlordótica cervical compensatoria, lo que finalmente puede degenerar en dorsalgias y cervicalgias [1]. Paralelamente, todos los cambios morfológicos propios del embarazo también generan un desequilibrio postural similar al cuadro o síndrome cruzado inferior, debido en este caso al adelantamiento anterior del centro de gravedad (por el debilitamiento de la pared abdominal y protusión abdominal), y a la resultante hiperlordosis lumbar compensatoria, que tantas molestias y algias lumbares provoca en casi todas las embarazadas (figura 1).Figura 1. Etiología y consecuencias de la estática postural desequilibrada durante el embarazo.Ante esta panorámica parece sensato proponer un programa de fortalecimiento y estiramiento muscular que trate de contrarrestar dichos desequilibrios posturales y tenga como propósito cumplir con los siguientes objetivos: 1) Aliviar el dolor lumbar y facilitar la recuperación post-parto. Para ello hará falta fortalecer la musculatura que ayude a contrarrestar la postura desequilibrada del complejo lumbo-pélvico y raquis dorsal (especialmente del core). Asimismo, estirar los músculos que soportan más tensión y tienden a la retracción (erectores espinales lumbares y cervicales fundamentalmente); 2) Fortalecer la musculatura que deba soportar el peso corporal para permitir suficiente autonomía en las actividades de la vida diaria; 3) Fortalecer la musculatura del suelo pélvico. Para ello, algunas de las recomendaciones básicas de seguridad a tener en consideración para el acondicionamiento muscular se presentan a continuación.Atendiendo a las escasas publicaciones científicas que han abordado este tópico de forma específica podemos afirmar que la conclusión final de todas ellas es que la realización de un programa de entrenamiento de la fuerza de intensidad moderada durante el embarazo en mujeres sanas es seguro y eficaz [2-6]. Al respecto, una interesante revisión de Schoenfeld (2011) afirma la seguridad y efectividad de este tipo de entrenamiento para el bienestar y salud materno-fetal, siempre que no haya indicaciones médicas que lo contraindiquen, y haciendo hincapié en la importancia del fortalecimiento estático del core (figura 2). Además, el entrenamiento con sobrecarga ofrece diversas ventajas para la mujer embarazada; una de las más importantes es un mejor confort durante el embarazo y el parto, además de la capacidad para continuar realizando actividades cotidianas, que se ve mejorada a través del incremento de la fuerza y la resistencia muscular, particularmente en aquellos músculos involucrados en las actividades ambulatorias [1].Figura 2. Propuesta de ejercicios para la faja lumbo-abdominal durante el embarazo.Si bien existe carencia de estudios que permitan fundamentar un consenso en relación a la dosis adecuada del programa de acondicionamiento neuromuscular entre las mujeres embarazadas, nosotros queremos realizar una propuesta de la misma en base a las pocas evidencias actuales (figura 3).Y por último, pero no menos importante, sobre el fortalecimiento del suelo pélvico, el propósito será prevenir y tratar la incontinencia urinaria y anal durante y después del embarazo, así como mejorar la función sexual. Para ello, la valoración por un especialista sobre la correcta contracción de esta musculatura (contracción hacia adentro y arriba) será fundamental. No obstante, no se conoce la dosis de entrenamiento más efectiva para ello, aunque parece ser que las dosis más altas inducen mayores mejoras que las más bajas [7], así como que la sinergia que presenta esta musculatura con la activación simultánea de la musculatura profunda del abdomen (transverso abdominal y oblicuo interno) es clave [8-10]. Tanto es así que se ha podido comprobar que en mujeres jóvenes, asintomáticas y nulíparas se da una co-activación simultánea del transverso abdominal/oblicuo interno y suelo pélvico, mientras que en mujeres embarazadas y post-embarazadas primerizas se da un patrón disfuncional en esta misma co-activación, cualquiera que sea el modo del parto (natural o cesárea) [11].Figura 3. Propuesta de prescripción del ejercicio neuromuscular durante el embarazo. Como conclusiones finales a esta temática queremos recalcar, después de lo expuesto en las dos entradas de blog, los siguientes aspectos:1. La práctica de ejercicio físico de intensidad y duración moderada es segura para las mujeres embarazadas sanas y sin complicaciones médicas, especialmente en el 2º y 3º trimestre.2. El ejercicio de tipo aeróbico y de fuerza (con propósitos de compensación muscular) pueden aportar beneficios importantes a la salud y bienestar de la madre y del feto que superan ampliamente los riesgos.3. Las adaptaciones en la prescripción del ejercicio físico deben tener en cuenta el trimestre de gestación y la actividad previa al embarazo (activas versus sedentarias).Guillermo Peña/Juan R. Heredia/Víctor Segarra This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported LicenseReferencias bibliográficas.1. Mata, F., Chulvi, I., Roig, J, Heredia, JR, Isidro, F, Benítez Sillero, J.D. y Guillén del Castillo, M. Prescripción del ejercicio físico durante el embarazo. Rev Andal Med Deporte. 2010;3(2):68-7.2. Avery, N.D., K.D. Stocking, J.E. Tranmer, G.A.L. Davies, and L.A. Wolfe. Fetal responses to maternal strength conditioning in late gestation. Can. J. Appl. Physiol. 1999;24:362–376.3. Brown, L.E., and A. Talmadge. Point/Counterpoint: Resistance training during pregnancy. Strength Cond. J. 2002,24(2):53.4. Pujol, Thomas J. Barnes, Jeremy T. Elder, Craig L. Entrenamiento con Sobrecarga Durante el Embarazo. PubliCE Standard. 08/05/2009. Pid: 1125.5. Schoenfeld, B. Resistance Training during pregnancy: safe and effective program design. Strength Cond. J. 2011, 33(5): 67-75. 6. O’Connor, PJ; Poudevigne, MS; Cress, ME; Motl, RW.; and Clapp, JF. Safety and Efficacy of Supervised Strength Training Adopted in PregnancyJournal of Physical Activity and Health 2011, 8, 309 -320.7. Hay-Smith J, Mørkved S, Fairbrother KA, Herbison GP. Pelvic floor muscle training for prevention and treatment of urinary and faecal incontinence in antenatal and postnatal women. Cochrane Database Syst Rev., 2008.8. Neumann P, Gill V. Pelvic floor and abdominal muscle interaction: EMG activity and intra-abdominal pressure. Intern Urogynecol J, 2002;13: 125–32.9. Bø K, Mørkved S, Frawley H, et al. Evidence for Benefit of transversus abdominis training alone or in combination with pelvic floor muscle train- ing to treat female urinary incontinence: A systematic review. Neurourology and Urodynamics, 2009;28:368–73.10. Sapsford R. The pelvic floor: A clinical model for function and rehabilitation. Physiotherapy 2001;87:620–30.11. Pereira, Larissa Carvalho; Botelho, Simone; Marques, Joseane; Ferreira Amorim, Cesar; Lanza, Ana Helena; Palma, Paulo; and Cassio Riccetto. Are Transversus Abdominis/Oblique Internal and Pelvic Floor Muscles Coactivated During Pregnancy and Postpartum? Neurourology and Urodynamics DOI 10.1002/nau

ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA ¿¿HASTA EL “FALLO MUSCULAR”??

ENTRENAMIENTO DE LA FUERZA ¿¿HASTA EL “FALLO MUSCULAR”??

Existe una creencia demasiado generalizada entre muchos practicantes de fitness, incluso entre algunos entrenadores, que para mejorar cualquier manifestación de la fuerza y generar adaptaciones es necesario realizar sesiones de entrenamiento que produzcan un gran nivel de cansancio muscular local. Con este propósito se realizan series con repeticiones hasta el agotamiento o fallo muscular, también conocido por otros autores [1] como carácter del esfuerzo máximo (o incluso supramáximo cuando es necesaria la asistencia externa para realizar «repeticiones forzadas»).Pero como vamos a analizar, llegar hasta el punto de máxima fatiga neuromuscular o “fallo muscular” (momento en el cual no se puede generar la tensión necesaria para vencer la resistencia una repetición más), no es siempre la estrategia más eficaz para mejorar el rendimiento neuromuscular en el contexto deportivo, como tampoco lo es en el del acondicionamiento físico orientado a la mejora o mantenimiento de la salud.Por el contrario, existen suficientes evidencias científicas donde se cuestiona seriamente la eficacia de los entrenamientos sistemáticos al fallo muscular, comparados con los que no se llega al mismo igualando el volumen de entrenamiento. La práctica extendida de llegar al fallo o máximo agotamiento muscular forma parte de una filosofía tradicional y obsoleta de concebir el entrenamiento de fuerza, especialmente difundida por algunas escuelas norteamericanas (“no pain no gain”). Y es que tales evidencias actuales apuntan un mayor, igual o similar beneficio sobre la ganancia de fuerza máxima y potencia entrenando sin llegar al fallo muscular, y por eso concluyen que el entrenamiento hasta el fallo podría no ser necesario para conseguir ganancias óptimas de fuerza y potencia en sujetos desentrenados/sedentarios [2, 3], moderadamente entrenados a nivel recreacional [4, 5, 6] o ni siquiera en atletas altamente entrenados [7, 8]. Un ejemplo de ello es el estudio realizado por Izquierdo-Gabarren y col. (2010) con remeros altamente entrenados, donde se concluye que un entrenamiento combinado de fuerza y resistencia a corto plazo donde se entrene la fuerza hasta el fallo muscular no permite ninguna ventaja para la mejora de la fuerza máxima y potencia del tren superior; de hecho, el grupo experimental que no llegaba al fallo y utilizaba un volumen moderado fue el que mayores incrementos obtuvo de fuerza y potencia (aspectos que deberían hacer reflexionar a muchos entrenadores, ya que si podemos conseguir el mismo efecto con menos estrés estaremos consiguiendo el estímulo de entrenamiento más “rentable”).El argumento que cuestionan seriamente estos estudios sobre la no necesidad de llegar al fallo muscular es que esta práctica puede producir los siguientes efectos adversos:1) Una fatiga muy elevada cuyas secuelas metabólicas, neuronales y energéticas (deplección de fosfatos) no permiten recuperarse para seguir produciendo niveles altos de tensión muscular y potencia en las sucesivas series, por lo que el estímulo de entrenamiento decae y no es lo suficientemente eficaz para desencadenar las máximas adaptaciones deseadas. 2) Además, su aplicación sistemática puede inducir a sobreentrenamiento según muestran diferentes estudios [9, 10, 11], o incluso3) Aumentar el riesgo de lesión por pérdida de capacidad propioceptiva [12]. Sin embargo, si entrenamos sin llegar al fallo muscular el estrés global del entrenamiento reflejado a nivel hormonal se reduce, como se demuestra en las menores concentraciones de reposo de cortisol del estudio de Izquierdo y col. (2006).4) Incluso, según Fry (2004), siempre que se realicen series al fallo o muy cercano a éste se inducirán transformaciones en las fibras más rápidas y explosivas (tipo IIB) que evolucionarán hacia un tipo funcional más fuerte y resistente (tipo IIA) pero menos explosivo.5) Niveles más bajos de testosterona y IGF-1 en reposo e incremento del cortisol [6, 10].6) Paralelamente, la mayor fatiga después de las sesiones que incluyen series al fallo podrían interferir con otros componentes importantes de acondicionamiento, como la práctica de las habilidades especificas del deporte y el entrenamiento de los movimientos relacionados [13].Todo lo expuesto desaconseja claramente abusar o utilizar el “fallo muscular” como práctica intrínseca e indiscriminada al entrenamiento de fuerza con cualquier objetivo, especialmente cuando lo que se pretenda mejorar sea especialmente la fuerza explosiva y la potencia (debiéndose realizar menos del 45% de las máximas repeticiones posibles de realizar con la resistencia utilizada). Pero incluso, para conseguir incrementos de masa muscular cuando se realizan todas las series hasta el fallo muscular los niveles de potencia caen drásticamente por debajo del 60% de la máxima potencia posible de producir con el peso utilizado, lo que induce altos niveles de fatiga sobre las fibras rápidas –que requieren largos periodos de recuperación- convocándose entonces significativamente un alto porcentaje de fibras lentas, con menor capacidad para hipertrofiarse [15]. Cuando se entrena hasta el fallo las pausas de recuperación inferiores a 3 minutos serían insuficientes para recobrar la capacidad de trabajo (producción de potencia mínima) en las series sucesivas [15]. Por todas las evidencias expuestas hasta aquí, sólo se recomendaría aplicar ocasionalmente los trabajos sistemáticos al fallo muscular o con repeticiones forzadas en los siguientes casos:1. A sujetos muy bien entrenados con gran experiencia en entrenamiento específico de la fuerza,2. Cuando el objetivo sea maximizar adaptaciones neurales e hipertróficas en momentos de estancamiento.3. De forma periodizada durante cortos periodos de tiempo -menores de 7 semanas- [9], para evitar el sobreentrenamiento.4. De forma progresiva, solo en uno o máximo dos ejercicios por grupo muscular y preferiblemente en las últimas series [16].Como hemos podido analizar, el entrenamiento al fallo muscular solo será oportuno en practicantes avanzados (con menor margen para explotar su potencial de adaptación), siempre y cuando, lo periodicemos adecuadamente y tengamos como objetivo la mejora de la fuerza máxima o hipertrofia. Esto nos hace reflexionar hasta qué punto esta práctica puede estar desaconsejada en el contexto del acondicionamiento físico para la salud, donde conviven sujetos habitualmente poco entrenados, mayores o sedentarios con otros objetivos, cuando se pueden conseguir importantes adaptaciones neuromusculares con dosis de entrenamiento menores, y evidentemente con menos esfuerzo (estímulo más rentable). Inclusión del fallo muscular en diferentes etapas según nivel y objetivo de entrenamiento (a partir de Chulvi, 2010). Guillermo Peña/Juan Ramón Heredia/Víctor SegarraIICEFS Referencias bibliográficas.1. González-Badillo JJ y Ribas J. Bases de la programación del entrenamiento de fuerza. Barcelona: INDE; 2002.2. Folland JP, Irish CS, Roberts JC, Tarr JE, Jones DA. Fatigue is not a necessary stimulus for strength gains during resistance training. Br J Sports Med. 2002;36(5):370–3.3. Sanborn K, Boros K, Hruby J, et al. Short-term performance effects of weight training with multiple sets not to failure vs. a single set to failure in women. J Strength Cond Res. 2000;14(3):328–31.4. Kramer JB, Stone MH, O’Bryant HS, et al. Effects of single vs. multiple sets of weight training: impact of volume, intensity, and variation. J Strength Cond Res. 1997;11(3):143–7.5. Brandenburg J, Docherty D. The effect of training volume on the acuteresponses and adaptations to resistance training. Int J Sports Physiol Perform.2006; 1:108-121.6. Izquierdo, M.; Ibañez, J.; González-Badillo, J.J; Häkkinen, K.; Ratamess, N.A.; Kraemer, W.L.; Duncan N. French, Eslava, J.; Altadill, A.; Asiain, X.; Gorostiaga; E.M. Differential effects of strength training leading to failure versus not to failure on hormonal responses, strength, and muscle power gains. Journal Appl Physiol 2006;100: 1647-56.7. Drinkwater EJ, Lawton TW, Mckenna MJ, Lindsell RP, Hunt PH, Pyne DB. Increased number of forced repetitions does not enhance strength development with resistance training. J Strength Cond Res. 2007; 21:841-847.8. Izquierdo-Gabarren M, González de Txebarri-Espósito R, García-Pallarés J, Sánchez-Medina L, Sáez de Villarreal ES, Izquierdo M. Concurrent endurance and strength training not to failure optimizes performance gains. Med Sci Sports Exerc. 2010; 42(6):1191-9.9. Stone MH, Chandler TJ, Conley MS, Kraemer JB, Stone ME. Training to muscular failure: is it necessary? Strength Cond J.1996; 18:44-48.10. Fry AC and Kraemer WJ. Resistance exercise overtraining and overreaching. Neuroendocrine responses. Sports Med 1997;23: 106–29. 11. González–Badillo JJ, Izquierdo M, Gorostiaga EM. Moderate volume or high relative training intensity produces greater strength gains compared with low and high volumes in competitive weightlifters. J Strength Cond Res. 2006; 20:73-81.12. Rozzi SL, Lephart SM, Fu FH. Effects of muscular fatigue on knee joint laxitiy and neuromuscular characteristics of male and female athletes. J Athletic Training. 1999; 34:106-114.13. Willardson, JM; Norton, L, Wilson, G. Training to Failure and Beyond in Mainstream Resistance Exercise Programs. Strength & Conditioning Journal, 2010;32(3):21-29.14. Fry AC. The role of resistance exercise intensity on muscle fibre adaptations. Sports Med. 2004;34:663-679.15. Bosco C. Fuerza muscular. Aspectos metodológicos. INDE. 2000.16. Nacleiro, F. Entrenamiento de la fuerza y prescripción del ejercicio (pp 99). En Jiménez, A. (Coord.) (2005): Entrenamiento Personal. Bases, fundamentos y aplicaciones. INDE.17. Chulvi I. Muscular failure training in conditioninig neuromuscular programs. J.Hum. Sport Exerc. 2010; 5(2):196-213.

Entrevista Ciencia y Práctica: sus protagonistas. Dr. Julián Álvarez «rompiendo mitos»

Entrevista Ciencia y Práctica: sus protagonistas. Dr. Julián Álvarez «rompiendo mitos»

El Dr. Julián Álvarez es Doctor (PhD) en Medicina, Especialista en Medicina de la Educación Física y el Deporte y Experto Universitario en Fisiología del Ejercicio. Es un médico deportivo cuya trayectoria profesional ha transcurrido por multitud de deportes en el ámbito del alto rendimiento (halterofilia, triathlón, baloncesto, fútbol, etc.), además de haber trabajado en centros e instituciones punteras y especializadas en el apoyo al deportista de élite en España (C.A.R. de Sierra Nevada, Centro de Tecnificación Deportiva de Alicante, etc.). Todo ello le ha aportado un basto conocimiento y una experiencia polivalente en el terreno y en el laboratorio sobre las ciencias del deporte. Asimismo, también compagina su labor más técnica como médico deportivo y asesor nutricional de una conocida marca con la docencia universitaria, con esa pasión que le caracteriza y transmite, siendo profesor en numerosos Máster, Posgrados y cursos por todo el mundo (sin con ello menospreciar los numerosos artículos y capítulos de libros relacionados con la fisiología del deporte que ha escrito).Por todo ello le consideramos uno de los referentes de la fisiología del ejercicio en España y estamos seguros que disfrutarán de esta interesante entrevista, donde le haremos algunas preguntas de distinta índole para que acerquemos su conocimiento y experiencia a los técnicos especialistas que trabajan en los distintos ámbitos:1) De usted conocemos interesantes, inteligentes y justificadas teorías relacionadas con la denominada “sobre o supercompensación” en relación al ejercicio físico que serían de tremenda utilidad para los especialistas en actividad física. Desde una perspectiva fisiológica ¿podría explicárnosla brevemente?Creo entender a que se refiere y no creo que se trate de ninguna “nueva” teoría, tal vez algún día…Como decía, supongo que se refiere a mis “críticas” sobre el, casi elevado a axioma, modelo de la fatiga-supercompensación. Aunque, en realidad, se trata de una crítica sobre su lectura o interpretación y la forma de aplicarlo, y sobre la influencia, yo creo que negativa, que ejerce sobre muchos entrenadores y profesionales de la actividad física. Para empezar podríamos, tal vez deberíamos, hacer una revisión conceptual de los términos. Yo creo que los conceptos correctos serían estímulo-adaptación. En esa relación, aunque no es lineal, podríamos hablar de que, en líneas generales, cuanto más estímulo, más adaptación. Este intento de generar un estímulo cuanto más grande mejor lleva inexorablemente a un cierto grado de agotamiento o fatiga durante el entrenamiento, pero eso no quiere decir ni que la fatiga sea nuestro objetivo ni mucho menos que la fatiga sea la responsable de la adaptación. Sin embargo, muchas veces parece que esto es así, buscamos “fatigar” al deportista, como si el alcanzar esa situación (que no olvidemos que es una situación de “fracaso” del sistema) fuera nuestro máximo objetivo. Expresiones como “no pain, no gain”, o “hasta el fallo” o “darlo todo”, que pueden tener un cierto sentido en el deporte competitivo en algunos momentos en el entorno de la competición, se utilizan cotidianamente en los entrenamientos y llevan a eso, a niveles de fatiga mayores de lo tolerable o mayores de los estrictamente necesarios para alcanzar un determinado estímulo. Nuestro objetivo entrenando debe ser exactamente lo contrario, conseguir el mayor nivel de estímulo de adaptación con el mínimo nivel de fatiga. De ahí que busquemos métodos de entrenamiento, de recuperación, ayudas ergogénicas y otras maniobras nutricionales y de apoyo al deportista que “alejen” la fatiga y que le permitan entrenar un poco más antes de que ese terrible enemigo aparezca y ponga fin al entrenamiento. Y, además, ponga en marcha toda una casacada de fenómenos catabólicos que actúan en sentido opuesto de nuestra intención (anabólica por definición). Sin embargo, es difícil, y en ocasiones, para poder llegar a ciertos estímulos tenemos que “aceptar” diversos grados de fatiga que en ocasiones nos van a obligar a un tiempo de reposo/recuperación para superar esa “crisis” y poder ver los efectos de la adaptación digamos en toda su expresión. Pero, insisto, no es que busquemos la fatiga, es que hay veces en que no tenemos más remedio, o sin querer (ya que nos movemos en un límite muy estrecho y las medidas de control de entrenamiento son en la mayoría de los casos más que deficientes) pisamos ese terreno nada favorable. En fin, dejando al margen lo que sería la fatiga por consumo de combustibles (pero no olvidándonos de ella ya que podemos trabajar mucho sobre la misma con una correcta nutrición deportiva) yo creo que el arte/ciencia de entrenar consigue en buscar el máximo estímulo hasta justo ese punto, hasta que “quiere aparecer la fatiga”, lo cual permitirá más sesiones de entrenamiento y de más calidad y a la postre mayor estímulo y más adaptación. Y, por desgracia, no hay un Dios del Entrenamiento (Zeus o algo parecido) que esté ahí, viendo como sufrimos o hacemos sufrir a nuestros atletas para premiarnos/premiarles con “superpoderes” o una “supercompensación” por el gran esfuerzo realizado durante los entrenamientos. La única situación en que considero que está de alguna manera justificado ese tipo de entrenamiento es cuando queremos entrenar el factor psicológico de cara a la competición, la capacidad de sufrimiento, de esfuerzo y sacrificio en una situación límite, pero con mucho cuidado y muy puntualmente. No tendría claro dónde poder el límite y tal vez éste sería muy estrecho. Todavía (por esa deficiente información en cuanto a las cargas y al control del entrenamiento) no tenemos suficiente información científica que nos permita fijar dichos límites (en parte, por eso el entrenamiento sigue teniendo un aspecto de arte). Pero sumarizando, no debemos “buscar” la fatiga aunque debemos saber que nos podemos encontrar con ella. Y lo que genera el entrenamiento es una adaptación por mecanismos fisiológicos (que cada día conocemos un poco mejor, incluyendo señales celulares y modificaciones en la transcripción de determinados genes), no una “compensación” para “resarcirnos” del duro esfuerzo realizado.2) ¿Considera que las actuales pautas de prescripción de ejercicio físico son adecuadas para lograr objetivos relacionados con la salud? ¿Cuáles cree que son las adaptaciones principales que se deberían considerar para lograr los mismos? ¿Qué puede aportar el conocimiento procedente del ámbito del entrenamiento deportivo al ámbito de la salud y viceversa?Uff complicada “triple pregunta” la que me hace. Voy a empezar haciendo una consideración sobre la última de ellas, y es que el conocimiento yo lo entiendo como algo universal, otra cosa es que traslademos modelos de unos ámbitos a otros o que el conocimiento que se esté “aplicando” en determinadas áreas no esté siendo aplicado en otras. Hecha esta observación, dejaremos la tercera pregunta para el tercer lugar y empezaremos por la primera, como se suele decir, “me alegro de que me hagan esa pregunta”. Porque creo que muchos de los profesionales que promueven e incluso trabajan en el área de la salud o, más concretamente, en el área del ejercicio para la salud, no han actualizado sus conocimientos con ese “conocimiento universal” del que antes hablábamos. Y esto lleva a que nos encontremos con grandes diferencias en las formas de enfocar el tema y que en ocasiones lleguen a ser casi contradictorias. Igual que en la pregunta anterior le comentaba que se suela “pecar” por exceso, en este caso se suele “pecar” por defecto. En ocasiones porque no hay obetivos claramente definidos ni ningún tipo de “presión” para conseguir esos objetivos ya que “estamos hablando de salud”. Me refiero a que te puedes encontrar por ejemplo con programas de rehabilitación cardiaca en los que tras el “programa” los pacientes no mejoran significativamente respecto a si no lo hubieran hecho. O, sin llegar a estos extremos pienso que esa “falta aparente de presión” hace que no se optimicen los recursos. Y yo pienso que, sobre todo el factor tiempo, es algo que debemos optimizar en ese trabajo de ejercicio para la salud. Porque es el “factor limitante”, porque la mayoría de las personas dedican muy poco tiempo y para ellos es el principal determinante que, en muchas ocasiones, les lleva a convertirse en sedentarios. En ese sentido todavía nos encontramos en muchos ámbitos el modelo de “ejercicio aeróbico a baja intensidad” (como por ejemplo la “clásica” recomendación de andar, no teniendo en cuenta en la mayoría de las ocasiones que al margen de que puede ser una intensidad insuficiente para generar adaptaciones, se trata de una actividad de impacto). Ese modelo, por tanto, si no totalmente érroneo o inútil, es a todas luces, en muchos casos, insuficiente. Ya desde el año 1998 las recomendaciones del ACSM incluyen el trabajo de fuerza y cada día hay más evidencia de la gran utilidad del trabajo interválico e incluso del trabajo de alta intensidad para generar adaptaciones beneficiosas para la salud. Aquí podemos pasar a la segunda pregunta para casi dejarla sin contestar ya que tendríamos que decir “depende”. Pero en general se trabaja poco en el área de la mejora de la fuerza muscular, en la mejora del “software” (postura, patrones motores, equilibrio, etc) y en lo que se refiere a las intensidades de trabajo, en la mayoría de los casos un salto en dicha intensidad nos permitiría más y mejores adaptaciones con menos tiempo. Claro que esto último exige un mejor control de la situación de pártida (reconocimientos médico-deportivos) y de la ejecución del entrenamiento (profesionales en el ámbito de la actividad física y el deporte con una formación adecuada) para no generar un incremento de los riesgos de la actividad que nadie parece estar dispuesto a asumir. Casi con esto también hemos contestado a la tercera en el sentido de que lo que debería ocurrir es que se conocimiento “global” se aplicara con el criterio correcto en todos los ámbitos y eso pasa, como decíamos antes por contar siempre con profesionales bien formados a cargo de estos programas, algo que a día de hoy solo ocurre en contadas ocasiones.3) Háganos una breve disertación sobre la correcta concepción del metabolismo aeróbico versus anaeróbico.Vaya, también “me alegra que me hagan esta pregunta”, parece que nos conocemos… Creo que esto es una de las cuestiones en que más insisto en mi faceta de docente sobre todo para los futuros licenciados en Ciencias del Deporte, ya que suele existir un error conceptual muy muy grave y que pienso que debería corregirse. A lo mejor parte de esa visión “dicotómica” que en nuestros días parece que tenemos que tener del mundo (¿eres del Barsa o del Madrid? ¿proamericano o antiamericano? ¿de mar o de montaña?…). Parece que en todo hay que “alinearse” y que, casi siempre, los “bandos” son excluyentes. No es éste el foro para plantear estas cuestiones filosóficas, pero ya que lo comentamos, tal vez deberíamos reflexionar sobre eso si queremos una humanidad mejor, más tolerante y compartida. En fin, en el tema que nos ocupa, la dicotomía sería si un ejercicio es “aeróbico” o “anaeróbico” y claro…, como encima tenemos un límite claro para hacer esa distinción (¡qué invento lo del umbral anaeróbico!) pues “tema resuelto”. Y, nada más lejos de la realidad. No tenemos que olvidar que somos seres básicamente aeróbicos, obtenemos la energía mediante la oxidación de los principios inmediatos y el O2 es el aceptor último de esos electrones. Solo recurrimos al metabolismo anaeróbico cuando la demanda de energía no puede ser cubierta por la combustión completa de los principios inmediatos, fundamentalmente de las grasas. Y en realidad esa “vía anaeróbica” no es “otra” vía, no es más que la “primera parte” de la vía aeróbica, del metabolismo de la glucosa antes de entrar en la mitocondria, con el “añadido” de la transformación en piruvato en lactato (básicamente para recuperar el NAD+ y así poder continuar con la glucólisis). Y, como comentamos es un “recurso de excepción”. Incluso el reclutamiento de fibras musculares en un ejercicio voluntario siempre comienza por las motoneuronas más pequeñas (principio del tamaño de Henneman, 1965) que son las que corresponden a las fibras tipo I o “aeróbicas”. Pero, lo que es más importante, siempre se solapan todos los sistemas, y siempre están funcionando simultáneamente (incluso en reposo), lo que ocurre es que en reposo y a intensidades de trabajo por debajo del umbral, prácticamente no es apreciable esa pequeña porción de metabolismo anaeróbico (no apreciamos un aumento de la concentración de lactato). Empezamos a apreciarla a intensidades por encima del umbral. Pero incluso a esas intensidades, por encima del umbral anaeróbico, el metabolismo “aeróbico” sigue creciendo, y es mayor que a intensidades por debajo de dicho umbral. Si observamos una gráfica de consumo de oxígeno en una prueba de esfuerzo incremental, vemos que éste no se “derrumba” tras el umbral, si no que sigue aumentando inexorablemente hasta llegar a su máximo (o pico). Eso quiere decir que seguimos buscando la vía aeróbica como vía prioritaria. Incluso, cuando luego nos detenemos tras un ejercicio cuya solicitación de energía haya excedido ese aporte aeróbico, aparecerá un aumento del consumo de oxígeno por encima de los valores de reposo (EPOC) para “pagar esa deuda”. Por eso debemos recordar siempre que los trabajos “anaeróbicos” tienen también un componente aeróbico que puede llegar a ser más importante de lo que suponemos (por ejemplo, en un típico test anaeróbico como es el test de Wingate se estima que la contribución aeróbica puede llegar a ser de alrededor del 30%), por lo que siempre deberíamos tener en mente que se trata de intensidades “aeróbico-anaeróbicas” aunque mantengamos el término “anaeróbico” por facilidad de uso.4) ¿Qué le ha enseñado la práctica del control del entrenamiento de deportistas que no le haya enseñado el conocimiento científico sobre ciencias del deporte?Como decíamos antes, el control real de ese entrenamiento, hoy por hoy, en realidad es un arte, aunque ya cuenta con herramientas científicas para ser desempeñado con mayor eficacia y seguridad. Y ambos tienen que ir de la mano. Es como si entendiéramos que, como la arquitectura es un arte, no hay que hacer cálculos de estructuras o de resistencias de materiales a la hora de diseñar un edificio. Cuando no contábamos con esas herramientas tenía sentido emplear métodos de ensayo/error, pero a medida que se desarrollan esas herramientas la más simple de las lógicas nos debería llevar a utilizarlas y a acotar el elemento artístico dentro de los límites que nos pueda marcar la ciencia. Obviamente, aplicar la ciencia a la práctica sigue requiriendo de ese “arte” ya que hablamos de seres humanos donde la singularidad es una característica inherente. Y eso es lo que más te enseña la práctica, las limitaciones de la ciencia y al mismo tiempo el gran valor de la misma cuando se sabe aplicar con sentido común. Como ejemplo basta decir que probablemente una de las herramientas más útiles en el control de entrenamiento es una medida, que podría ser tildada de imprecisa o subjetiva, pero que cuenta con un vasto soporte de evidencia científica, como es la percepción del esfuerzo. Y a pesar de ser una herramienta al alcance de todos está infrautilizada. A pesar de contar, como decíamos, con un gran soporte de validez y conocimiento científico sigue siendo infravalorada respecto a otro tipos de medida (como pudieran ser el lactato o la frecuencia cardiaca). Y creo que aquí también tendríamos que hacer una reflexión, ya que a veces parece que ser científicos no es utilizar el método científico y el conocimiento obtenido a través del mismo, sino el empleo de material sofisticado. No obstante el gran elemento “artístico” en el control de entrenamiento consiste en “dibujar el cuadro”, es decir, ser capaz de tener una visión global de lo que está pasando manejando todas las informaciones “parciales” que recibimos (datos biológicos, percepciones, frecuencia cardiaca, cumplimiento/rendimiento, diarios, etc.). Y ambas facetas evolucionan de la mano y se alimentan una de la otra. La práctica abre nuevos campos de investigación a la ciencia y la ciencia devuelve lo que el alcance del conocimiento puede sumar a la práctica y de alguna manera modela la evolución de ésta. Muchas gracias profesor Julián, ha sido una entrevista muy interesante e ilustrativa.

BIOMARCADORES, EJERCICIO FÍSICO Y CÁNCER

BIOMARCADORES, EJERCICIO FÍSICO Y CÁNCER

Los biomarcadores son sustancias que indican el estado biológico del organismo. Se emplean para medir de forma objetiva si un proceso biológico es normal o patológico. En relación al cáncer, la investigación intenta determinar cuáles son estos marcadores y que niveles están relacionados con la existencia de la enfermedad o un posible contexto desencadenante de la misma. Actualmente la influencia del ejercicio sobre estos marcadores biológicos está siendo investigada para determinar si el ejercicio puede influir positivamente sobre los niveles que se relacionan con la carcinogénesis, y por tanto establecerse como un tratamiento efectivo en la prevención de la enfermedad o en la recidiva una vez se ha superado.Existe una evidencia consistente, a partir de los estudios observacionales, de que la actividad física se relaciona con la reducción de la mortalidad por cáncer de mama y de colon [1]. No obstante esta evidencia se sustenta en los estudios desarrollados, principalmente, en los cánceres de colon, próstata, mama, ginecológicos y hematológicos [2]. Por ello resulta imposible establecer unas líneas generales que sean eficaces para todos los tipos de cáncer [1]. Figura 1. Disminución del riesgo de padecer cáncer de mama según “fases etarias” asociado a la práctica de actividad física y reducción general si se ha realizado de forma continua [3]A pesar de existir un consenso general sobre este valor protector, las vías a través de la cuales el ejercicio físico contribuye a prevenir la enfermedad no están definitivamente claras. Resolver esta cuestión es de gran importancia para lograr definir correctamente la dosis de ejercicio más adecuada y las adaptaciones necesarias para cada tipo de cáncer. En la bibliografía actual esta problemática es relativamente nueva y la mayoría de los estudios han sido publicados desde 2009 [1].Los mecanismos biológicos que explicarían el efecto protector del ejercicio físico en relación al cáncer de mama, han sido organizados en varios grupos o categorías, pudiendo ser resumidos en cuatro: Disminución del nivel de hormonas sexuales, disminución de la adiposidad, incrementos en la función inmune y cambios en los marcadores de resistencia a la insulina [1, 3-7]. .Figura 2. Modelo Biológico que relaciona los biomarcadores propuestos, el ejercicio a largo plazo y el riesgo de cáncer de mama en la posmenopausia [6].La obesidad puede contribuir a través de numerosas vías a incrementar el riesgo de desarrollar un cáncer de mama. Una de estas vías se relaciona con el incremento de hormonas sexuales [8]. Altos niveles de aromatasa, la cual convierte andrógenos a estrógenos en el tejido adiposo, contribuyen a un incremento de los niveles de estradiol total [6].La hiperinsulinemia está asociada a la disminución en plasma de SHGB, incrementándose así la biodisponibilidad de hormonas sexuales [9]. Biomarcadores relacionados con la inflamación crónica tales como la proteína C-reactiva (CRP), Factor de Necrosis Tumoral-α (TNF-α) e Interleucina-6, han sido relacionados con el incremento del riesgo de cáncer. Se indica su posible incidencia sobre la apoptosis celular, la proliferación celular, angiogénesis y metástasis [4]. Como podemos apreciar en la figura 2, esta relación se encuentra en nivel de “hipótesis” [6].Según el modelo presentado por Neilson [6] – para el cáncer de mama -la influencia del ejercicio sobre los biomarcadores propuestos se establece como “convincente” para el incremento del IMC y del peso corporal, proteína C-reactiva, leptina e insulina, “posible” para la relación con SHGB y estrógenos, y como “hipótesis” para la adiponectiva y TNF-α.Comprender la incidencia del ejercicio físico sobre estas rutas -a través de los biomarcadores propuestos- podría ser de gran ayuda para lograr intervenir de manera efectiva con el ejercicio, dotándonos de mayor información sobre las dosis-respuesta, hasta ahora muy limitada [3].Para lograr intervenir de manera efectiva a través del ejercicio es necesario definir el concepto de dosis adecuadamente. La heterogeneidad de las dosis propuestas en los trabajos de investigación hace difícil llegar a un consenso – al menos – específico para los cánceres con mayor evidencia [10].En el caso del cáncer de mama, los estudios no han diseñado de forma adecuada la prescripción, obviando la correcta aplicación de los principios del ejercicio [10], haciendo muy difícil el consenso en las dosis.En el post anterior (cáncer, obesidad y ejercicio) citamos un interesante trabajo donde los autores analizaron los cambios que producía el ejercicio sobre los niveles de estradiol y SHGB en mujeres postmenopáusicas [9]. Concluyen indicando la influencia positiva del ejercicio sobre el descenso del estradiol y el incremento de la SHGB. Esta información adquiere una gran importancia debido a que la dosis de ejercicio –aeróbico en este caso- fue bien controlada y definida. Así, las mujeres que completaron de media semanal entre 150 a 225 min de ejercicio aeróbico moderado-intenso, lograron los beneficios indicados en los resultados [9].Estos datos de volumen e intensidad coinciden con las recomendaciones básicas generales establecidas por el American Cáncer Institute [11] y el ACSM [2] de un mínimo de 150 min de ejercicio aeróbico moderado intenso por semana.La compresión de los mecanismos biológicos -a través de los cuales el ejercicio puede reducir el riesgo de cáncer- nos irán proporcionando la información necesaria que nos permitirá acercarnos progresivamente a la dosis más segura y efectiva. Finalmente, englobando la información contenida en las tres entradas publicadas hasta ahora, podemos concluir que:- No disponemos de evidencias sólidas para todos los tipos de cánceres y por tanto, aunque se establece de forma general la seguridad del ejercicio, debemos profundizar en cada tipología de cáncer de forma independiente.- Disponemos de grandes líneas generales de prescripción para los cánceres de mama, colon, próstata, hematológicos y ginecológicos. – El ejercicio físico disminuye -de forma indirecta- el riesgo de padecer un cáncer al influir sobre los biomarcadores relacionados con la obesidad, y a estos, con el cáncer.- El ejercicio puede disminuir el riesgo de cáncer de forma directa, pero actualmente los mecanismos biológicos no están totalmente definidos.- El análisis de los biomarcadores relacionados con el cáncer y la influencia que ejerce sobre ellos el ejercicio físico es determinante para lograr definir las dosis más seguras y efectivas.- El ejercicio físico debería conformar parte del conjunto de medidas de intervención empleadas en el tratamiento de la enfermedad, antes, durante y después. Manuel MartínIICEFS This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License. Referencias bibliográficas.1. Ballard-Barbash R, Friedenreich CM, Courneya KS,Siddiqi SM, McTiernanA,Alfano CM. Physical activity, biomarkers, and disease outcomes in cancer survivors: a systematic review. J Natl Cancer Inst. 2012 Jun 6;104(11):815-40.2. Schmitz KH, Courneya KS, Matthews C, et al. American College of Sports Medicine roundtable on exercise guidelines for cancer survivors. Med Sci Sports Exerc. 2010;42(7):1409–26.3. Loprinci P, Cardinal B, Smit E, Winters-Stone K. Physical activity and breast cancer risk. Journal of Exercise Science & Fitness. 2012 June; 10 (1).4. Irwin M, George S, Matthews C. Physical Activity and Breast Cancer: Prevention, Survival, and Mechanisms. President´s Council on Fitness, Sports & Nutricion. 2010 Sept; 11(3).5. Anzuini F, Battistella A, Izzotti A. Physical activity and cancer prevention: a review of current evidence and biological mechanisms. J prev med hyg. 2011; 52: 174-180.6. Neilson H, Friedenreich C, Brockton N, Millican R. Physical Activity and PostmenopausalBreast Cancer: Proposed Biologic Mechanisms and Areas for Future Research. Cancer Epidemiol Biomarkers Prev. 2009; 18:11-27. 7. Calle E, Kaaks R. Overweight, obesity and cancer: epidemiological evidence and proposed mechanisms. Nature Reviews Cancer. 2004; 4: 579-591.8. Wolin KY, Carson K, Colditz GA. Obesity and cancer. Oncologist. 2010; 15(6):556-65.9. Friedenreich M, Woolcott C,McTiernan A,Ballard-Barbash R,Brant R, Stanczyk F, et al. Alberta Physical Activity and Breast Cancer Prevention Trial: Sex Hormone Changues in a Year-Long Exercise Intervention Among Postmenopausal Women. J Clin Oncol. 2010 March; 28(9).10. Campbell KL,Neil SE,Winters-Stone KM. Review of exercise studies in breast cancer survivors: attention to principles of exercise training. Br J Sports Med. 2012;46:909–916.11. World Cancer Research Fund/American Institute for Cancer Research. Food, Nutrition, Physical Activity, and the Prevention of Cancer: A Global Perspective. Physical Activity. Washington (DC): American Institute for Cancer Research. 2007. p.198–209.

SI LAS ESCALAS DE PERCEPCIÓN DE ESFUERZO SON FIABLES ¿POR QUÉ NO LAS UTILIZAMOS?

SI LAS ESCALAS DE PERCEPCIÓN DE ESFUERZO SON FIABLES ¿POR QUÉ NO LAS UTILIZAMOS?

Vivimos en una era donde el desarrollo tecnológico aplicado a cualquier ámbito y nivel parece haber sustituido a los medios y recursos más “rudimentarios” (o mejor dicho, básicos, elementales), hasta tal punto que parece que sólo si lo que se presenta está en forma y modo “sofisticado” (tecnológico) es válido y fiable. Esta misma situación también se ha extendido al ámbito de las ciencias del ejercicio físico, permitiendo monitorizar multitud de parámetros fisiológicos y biomecánicos con tanto detalle y acumulando tantos datos, que antes hubiera sido inimaginable.Sin embargo, aunque dispongamos cada vez de más recursos y aplicaciones tecnológicas, que sin duda han permitido evolucionar más y mejor en el control, valoración y análisis del movimiento, no debemos obviar –y aún menos menospreciar- otras herramientas o indicadores más elementales que son fácilmente accesibles. Muy al contrario, existen medios de gran aplicación e interés que pueden ser tanto o más válidos y fiables como los más sofisticados, pero con la innegable ventaja de resultar mucho más asequibles para la mayoría. Sin duda, una de estas herramientas son las Escalas de Esfuerzo Percibido o Percepción Subjetiva de Esfuerzo (RPE.: Rating of Perceived Exertion) y escalas OMNI, las cuales son presentadas como descriptores visuales o pictogramas donde el sujeto identifica su percepción de esfuerzo o fatiga sobre una escala graduada numéricamente durante o inmediatamente después de la realización del ejercicio.Por tanto, este parámetro o indicador del esfuerzo está inspirado y basado en la propia percepción del sujeto sobre el grado de fatiga o intensidad del esfuerzo que siente, reflejando de este modo una medida global e integrada del nivel de esfuerzo. Cuando empezamos a ejercitarnos hay una serie de mediadores fisiológicos, psicológicos y sintomáticos interrelacionados que se integran para crear una sensación general de esfuerzo o fatiga durante la duración del ejercicio. La conciencia cognitiva de estas sensaciones se considera una forma de retroalimentación en la que los cambios centrales, periféricos y metabólicos que ocurren durante el ejercicio están integrados [1].Figura 2. Escala OMNI para marcha-carrera de adultos (Utter et al., 2004).Cierto es que originalmente, los primeros trabajos de investigación que dan a conocer y popularizan el concepto de “esfuerzo percibido” pertenecen indiscutiblemente al doctor Gunnar Borg [2, 3], que durante los años 60 desarrolló el marco conceptual óptimo para despertar el interés y atención por seguir investigando sobre de esta temática. Desde entonces ha sido demostrado en numerosas investigaciones la alta correlación de las primeras escalas con variables fisiológicas de incremento lineal que suceden durante el ejercicio continuo (frecuencia cardiaca, %VO2max., ventilación pulmonar, cociente respiratorio, lactato sanguíneo, cortisol en saliva, etc.). Posteriormente, otras muchas escalas OMNI también han sido validadas por diversas investigaciones como herramientas útiles para valorar y controlar el esfuerzo realizado frente a un amplio rango de edades (niños, adolescentes, adultos, mayores) [1, 8, 9, 11], de modalidades de ejercicio de carácter aeróbico continuo (carrera, bicicleta, elíptica, kayak, etc.) [4, 5, 6, 7, 8, 13], así como también de carácter intermitente de fuerza con diferentes materiales [8, 9]. Éstas añaden al protocolo la imagen de un individuo haciendo distintos ejercicios a diferentes intensidades de trabajo, combinando descriptores visuales y verbales específicos y adaptados a la intensidad de trabajo [10].Figura 3. Escala OMNI-RES para fuerza (Robertson et al., 2003)Figura 4. Escala OMNI-RES con bandas elásticas (Colado et al., 2012)Obviamente, la correcta utilización de este tipo de escalas requiere de un periodo de adaptación y aprendizaje con las adecuadas instrucciones para que el ejercitante no exagere o subestime las apreciaciones y sea lo más preciso posible sobre su percepción. Una vez los sujetos adquieren cierta experiencia de trabajo utilizando este método es un fiable indicador de la intensidad, tanto en personas adultas como en niños, independientemente de su nivel de condición física, edad, género, modalidad de ejercicio y otros agentes externos (temperatura ambiente, estrés, consumo de estimulantes o medicamentos, etc.). Por tanto, estas escalas también pueden servir como un indicador válido para sujetos con respuestas cardiacas alteradas por la toma de determinados medicamentos (p.e.: hipertensos, cardiópatas), o por los cambios hemodinámicos de su condición fisiológica (p.e: embarazadas), lo que permite controlar la intensidad del esfuerzo de una forma más fiable que mediante la simple monitorización cardiaca (con todas las limitaciones que tiene este método). Incluso, más recientemente, estas escalas han sido validadas para sesiones intermitentes multi-componentes, concretamente, para clases colectivas integradas por objetivos múltiples para personas mayores (cardiovasculares, neuromusculares, equilibrio, flexibilidad), utilizando el reconocimiento de la expresión facial para valorar la percepción de fatiga [12].Figura 5. Escala OMNI-Global Session in the Elderly (Da-Silva et al., 2013).Pero la realidad es que en la práctica la utilización de este tipo de escalas no es tan popular como lo es, por ejemplo, la frecuencia cardiaca o el consumo de oxígeno, probablemente por desconocimiento de muchos técnicos respecto de la utilidad y fiabilidad de las mismas, cuando éste es un método de control más accesible (cuando los recursos materiales y económicos son limitados) y al menos igual de fiable, lo cual
debería hacernos reflexionar, documentarnos y empezar a utilizarlos
definitivamente con la misma metodología y rigurosidad con la que utilizamos
los otros indicadores “disfrazados” por la tecnología más avanzada (monitores
cardiacos, analizadores de lactato, etc.).Guillermo Peña/Juan R. Heredia/Víctor Segarra Bibliografia.1. Pfeiffer , K.A. , Pivarnik , J . M , Womoc k , C. J. , Reeves , M.J. & .Malina , R.M . (2002).Reliabilityand validity of the Borg and OMNI RPE Scales in adolescent girls. Medicine and Science in Sports and Exercise , 34, 2057–2061.2. Borg, G.A.V.& Dahlst Rom, H. (1960). The perception of muscular work. Umea vetenskapligabi blioteks skrifserie, 5,1 – 2 6 .3. Borg, G. A .V. (1961). Interindividual scaling and perception o f muscular force. Kungliga F y siologiska Sall skape ti Lunds For hand lingar , 32 (2) , 117 – 125 .4. Kang, J., Hoffman, J.R.,
Walker, H ., Chaloupka, E.C.& Utter, A.C. (2003). Regulating intensity
using perceived exertion durin g extended exercise periods . European Journal of Applied Physiology, 89, 475 – 482.5. Robertson, R.J., Goss , F.L., Bell , J.A., Dixon, C. B. , Gallagher , K.I., Lagall y ,K.M. Thompkins , T. (2002). Self-regulated cycling using the Children’s OMNI Scale of Perceived Exertion. Medicine and Science in Sport s and Exercise,34(7),1168 – 1175.6. Utter , A.C. , Robertson , R. J. , N i e man , D . C .& Kan g , J . ( 2 0 0 2 ) . C h i l d ren’s Omn i S c a l e of P e r c e i v e d E xe r t i on: w a l k i n g / r u nni n g e v a l u a t io n . Medicine and Science in Sports and Exercise,34(1),139–144.7. Robert s o n, R . J . , G o s s , F . L , A n d r e a c c i , J . , Dub e , J . , Rutk o ws k i , J . , Sne e . , B…Met z , K . (2005) Validation of the Children’s OMNIRPE Scale for Medicine and Science in Sports and Exercise ,37(2), 290–298.8. Robert s o n, R . J . , Goss , F . L , Rut k o w s k i , J . , .Lenz , B . , D i xon , C.,Timmer, J…Andreac c i , J . (200 3 ) . Concurr ent val i dat ion of the OMNIPerce i v ed Exe r t ion Sca l e f o r Resis tance Exer c i se. Me d i c i ne a n d S c i enc e i n S p o rt s a n d Exe r c i s e , 3 5 (2) , 3 3 3–34 1.9. Colado JC et al. (2012). Concurrent Validation of the OMNI-Resistance Exercise Scale of Perceived Exertion with Thera-Band® Resistance Bands. J Strength Cond Res. 26(11):3018-24.10. Robert s o n, R.J. (2004). Perceived exertion forpractitioners: rating effort with the OMNI Picture System. Champaign: Il. Human Kinetic.11. Gearhart , R.F. Jr, Lagall y , K . M.,Riechma n , S.E. ,Andrews, R . D . & Robert s o n , R . J . (2009). Strengtht racking using the OMNI resistance exercise scale in older men and women. Journal o f Strength and Conditioning Research , 2 3 (3) , 1011- 1 015.12. Da Silva-Grigoletto ME, Viana-Montaner BH, Heredia JR, Mata F, Peña G, Brito CJ, Vaamonde D y García-Manso JM. (2013). Validación de la escala de valoración subjetiva del esfuerzo OMNI-GSE para el control de la intensidad global en sesiones de objetivos múltiples en personas mayores. Kronos. Universidad Europea de Madrid.13. Mays RJ, Goss FL, Schafer MA, Kim KH, Nagle-Stilley EF, Robertson RJ. (2010). Validation of adult OMNI perceived exertion scales for elliptical ergometry. Percept Mot Skills. Dec;111(3):848-62.SI LAS ESCALAS DE PERCEPCIÓN DE ESFUERZO SON FIABLES ¿POR QUÉ NO LAS UTILIZAMOS? by Guillermo Peña, Juan Ramón Heredia, Víctor Segarra is licensed under a Creative Commons Reconocimiento-NoComercial-SinObraDerivada 3.0 Unported License

INTELIGENCIA ARTIFICIAL APLICADA A LA PRESCRIPCIÓN DEL EJERCICIO: ¿SERÍA POSIBLE?

INTELIGENCIA ARTIFICIAL APLICADA A LA PRESCRIPCIÓN DEL EJERCICIO: ¿SERÍA POSIBLE?

No es casual que a la hora de prescribir ejercicio físico a un mismo sujeto por distintos especialistas pudiéramos encontrarnos con tratamientos o propuestas diferentes e incluso a veces totalmente divergentes. Y esto es, entre otras cuestiones, porque cada uno de estos especialistas tendría en consideración aspectos distintos sobre el mismo sujeto (valoración pre-activa) y ante éstos estaría tomando decisiones diferentes en cuanto a la planificación, programación, periodización y prescripción de ejercicio se refiere. De igual manera, parecen existir diferencias en la definición y manejo de los procesos y variables que definen cada una de estas estructuras operativas.Sin embargo, el tratamiento automático de cualquier tipo de información por medio de procesadores informáticos en la actualidad es una inexorable y necesaria realidad en todos los sectores. Por ello, en muchos ámbitos es habitual que paquetes informáticos o softwares específicos realicen cálculos matemáticos sistematizados que den con la mejor toma de decisiones ante la problemática planteada (pensemos por ejemplo en los complejos programas que los ingenieros utilizan para los cálculos y diseños de estructuras).Pero por el contrario, y curiosamente, en el ámbito de las ciencias del ejercicio físico aún no disponemos de programas informáticos que analizando una serie de informaciones de entrada (inputs), y una vez procesadas, realicen prescripciones automáticas de ejercicio físico eficaces y seguras (outputs) en base a unas instrucciones o criterios preestablecidos en el sistema. En este ámbito la aplicación de la informática “sólo” viene utilizándose con éxito para el control, la valoración y análisis de las respuestas fisiológicas, lo que permite cada vez recabar más información que, una vez analizada e interpretada posteriormente, podrá ayudar a orientar las decisiones oportunas en lo que a prescripción del ejercicio se refiere.No obstante, en la actualidad podemos encontrar en el mercado determinadas aplicaciones o programas informáticos disponibles para todo tipo de dispositivos (tablets, móviles, pc) que pretenden prescribir programas de entrenamiento. En realidad, la mayoría de ellos resultan ser glosarios de ejercicios y sesiones preestablecidas para un objetivo concreto incapaces de individualizar la dosis del ejercicio a la realidad psico-biológica del usuario. Sólo algunas pocas de estas aplicaciones informáticas establecen una determinada dosis de ejercicio “cerrada”, faltándole algún componente de la misma y atendiendo más a los ejercicios presentados (sin ningún criterio para su selección) que al resto de componentes, todo ello a partir de determinada información inicial que no siempre es la más determinante para la prescripción del ejercicio. Por tanto, la gran mayoría de las aplicaciones informáticas disponibles no procesan e integran toda la información necesaria para verdaderamente prescribir ejercicio físico de forma individualizada y saludable, y mucho menos presentan la dosis de ejercicio (frecuencia, volumen, intensidad, densidad, tipología de ejercicios, metodología) emanada y sometida al conocimiento científico actual. Muy al contrario, dichas aplicaciones informáticas actuales sólo permiten al usuario o técnico confeccionar un programa de entrenamiento tomando decisiones a partir de la diversidad de recursos y variables que le ofrece el sistema, pero el mismo no decide o influye automáticamente sobre la toma de dichas decisiones. En definitiva, estas aplicaciones estandarizan una serie limitada de formatos de sesiones que el sistema ya tiene establecido y asignado a cada tipo particular de usuario. Otra de las muchas limitaciones que pueden tener es su reducida capacidad de operar y reajustar dicha dosis de ejercicio según la casuística sucedida; por tanto, no tienen en consideración las circunstancias cambiantes más habituales que pudieran acontecer al usuario (p.e.: cambio de escenario de entrenamiento, percepción cambiante de la intensidad, realización incompleta de partes de la sesión, desarrollo de patologías, etc.) y que necesitarían ser integradas y consideradas para realmente corregir y adaptar la carga externa o dosis a la carga interna pretendida -como lo haría un buen entrenador-. Igualmente, la capacidad para progresar simultánea y ordenadamente con todos los parámetros de la dosis de ejercicio en el tiempo, evitando así el estancamiento de las adaptaciones conseguidas y la monotonía, es de momento una quimera que no disponen dichas aplicaciones de forma automática, y que limita enormemente su utilidad.Sin embargo, en el ámbito de las ciencias de la computación, hoy día existe un concepto que podría tener aplicación para estos recursos informáticos útiles para la prescripción del ejercicio: la INTELIGENCIA ARTIFICIAL. En ciencias de la computación se denomina “inteligencia artificial” a la capacidad de razonar de un agente no vivo, o al razonamiento mediante una lógica formal análoga al pensamiento abstracto humano [1, 2]. De hecho, los sistemas de inteligencia artificial actualmente son parte de la rutina en campos como la economía, la medicina, la ingeniería y la milicia, y se utiliza en gran variedad de aplicaciones informáticas. Asimismo, una de las categorías de la inteligencia artificial es la que se conoce como “sistemas expertos”, es decir, sistemas que infieren una solución a través del conocimiento previo del contexto en que se aplica y se ocupa de ciertas reglas o relaciones, tratando de emular el pensamiento lógico racional del ser humano. Evidentemente todos sabemos que cualquier programa o aplicación más o menos “inteligente” sólo responderá ante aquellas situaciones que se le presenten a partir de la información que le haya sido previamente programada.Figura. 1. Ejemplo de algoritmo aplicado al ámbito de la medicinaPara hacer posible este proceso de programación informática se necesita ordenar previamente toda la información en base a “algoritmos”, los cuales son como el ADN del programa y que le servirán para tener una lógica interna propia. Estos algoritmos se representan gráficamente en diagramas de flujo que explican todo el proceso, permitiendo que a medida que se cierran determinadas opciones se abran otras hasta llegar a la resolución final. En ámbitos como las matemáticas y las ciencias de la computación y disciplinas relacionadas, un algoritmo es un conjunto preestablecido de instrucciones o reglas bien definidas, ordenadas y finitas que permiten realizar una actividad mediante pasos sucesivos que no generen dudas a quien deba ejecutar dicha actividad (en este caso la aplicación “inteligente”). De este modo, aplicándolo a la prescripción del ejercicio, y dado un estado inicial y una entrada de información (características, gustos, necesidades y objetivos, tiempo disponible del usuario, AVDL, etc.), siguiendo los pasos sucesivos del algoritmo se llegaría a un punto donde se obtendría una decisión o resultado final (prescripción del ejercicio físico individualizada). De hecho, en la vida cotidiana se emplean algoritmos frecuentemente para resolver problemas o situaciones en ámbitos como la medicina (figura 1), donde es corriente tener establecidos unos protocolos de actuación o de procedimiento a partir de algoritmos, lo que permite que ante la misma casuística de paciente (sintomatología y diagnóstico) se tome siempre la misma decisión (tratamiento). Este mismo razonamiento algorítmico puede hacerse en nuestro ámbito para alcanzar una prescripción del ejercicio físico segura y eficaz, de modo que, ante el hipotético caso de un mismo sujeto (edad, género, objetivo, disponibilidad temporal, historial médico, AVDL, recursos disponibles, etc.) siempre se prescribiera la misma dosis de ejercicio (dado que actualmente asistimos a que podemos encontrar grandes diferencias en la prescripción para un mismo caso-sujeto según por quien sea prescrita), con la posibilidad incluso de que algunos aspectos de la misma, como por ejemplo la selección de ejercicios, pudiera tener cierto margen para la variabilidad (figura 2).Figura 2. Ejemplo de algoritmo aplicado a la prescripción del ejercicioEl primer paso tal vez deba ser empezar a establecer determinados algoritmos para la prescripción del ejercicio físico en población sana, lo que nos ayudaría a ser más eficientes y eficaces sobre la misma si dichos algoritmos estuvieran apoyados en las evidencias científicas más actuales (siempre bajo estricta revisión y actualización). Además, con todo ello daríamos una imagen mucho más profesional de nuestro sector al resto de ámbitos profesionales. Si además, y gracias a las ciencias de la computación, pudiéramos darle un tratamiento informático “inteligente” y automático a todo este proceso y presentarlo mediante una aplicación específica estaríamos ciertamente proporcionando una herramienta útil al servicio de todos los técnicos en prescripción del ejercicio y a toda la sociedad. En este caso, el reto para nuestra profesión estaría en ser capaces de adaptarnos, y el valor añadido en proporcionar un plus cualitativo a dicha prescripción mediante la corrección y supervisión de la calidad de los movimientos. Debemos pues estar preparados porque, quizás, ese día no esté tan lejos… Guillermo Peña/Juan Ramón HerediaIICEFS Bibliografía.1. Tirso de Andrés. Homo Cybersapiens. La Inteligencia artificial y la humana, 2002.2. Luis Mª Gonzalo. Inteligencia Humana e Inteligencia Artificial, Madrid, 1987.