Juan Ramón Heredia Guillermo Peña Victor SegarraIICEFS»Primum non nocere»“Primum non nocere” o “primero
no dañar”. Este es uno de los principios básicos de juramento hipocrático de
las especialidades sanitarias (Beauchamp
& Childress, 2001) y que debería también ser considerada por
parte de los profesionales del ejercicio físico y salud.En nuestro sector
es común asistir a constantes discusiones que, muchas veces, van más allá
incluso de un concepto o una opinión y se llevan al terreno de lo personal.
Creemos que dicho aspecto además de ser una postura poco respetuosa, es algo
incoherente y negativa para con la propia profesión. Deberíamos apostar por ser
algo más “corporativistas” (aprendamos en eso de otros profesionales de la
salud). Un corporativismo positivo que nos posicione ante la sociedad con una
imagen de profesionales con cierto consenso y una correcta actitud hacia el
papel social que dicha profesión tiene. Ello no iría en detrimento de una
discusión interna sana y constructiva, centrada en el argumento y nunca en las
personas.
A este respecto,
debemos considerar que las palabras significan lo que significan, no lo que
“querríamos” que significaran. Es decir, no podemos ni debemos utilizar los
términos de una forma interesada dándoles un significado más allá (y en
ocasiones incluso sin tener ninguna relación) del significado que realmente
tienen y que está establecido, como no puede ser de otra forma, por la Real
Academia de la Lengua Española (RAE). Esto, como iremos viendo en diversos
artículos del blog, es bastante común cuando de crear “conceptos” o “productos”
se trata en el marco de los programas de ejercicio físico y salud (fitness).
Debemos intentar hacer un esfuerzo por definir adecuadamente aquella
terminología y conceptos relacionados con nuestra práctica profesional.
Hoy analizaremos una cuestión sobre la que se
discute constantemente y que está sujeta a opiniones (según la RAE, una opinión
es aquel dictamen que se forma de algo cuestionable o el concepto que se tiene
de algo o de alguien). Lo curioso es saber si existe margen para tener cierto
grado de opinión (es decir que algo sea más o menos cuestionable y con ello
permita generar un dictamen personal sobre ello) o por el contrario primero
deberíamos analizar adecuadamente la cuestión y hacerlo desde la mayor
rigurosidad.
“No existen ejercicios desaconsejados o contraindicados
solo mal o bien aplicados”, “no existen ejercicios contraindicados o
desaconsejados más bien técnicos incapaces…”, etc..
son algunas de las afirmaciones que constantemente expresan aquellos que buscan
crear un debate donde, desde nuestra perspectiva, no tiene mucho sentido
crearlo si se atiende a dos cuestiones:
1.- La adecuada utilización de los términos y su
comprensión, que contextualizará y permitirá dimensionar adecuadamente
aquello que tiene que ver con el denominado “ejercicio desaconsejado”
2.- ¿Se conoce el nivel de evidencia científica existente
en torno a la cuestión del denominado “ejercicio desaconsejado o
contraindicado”?
Vamos a intentar
desarrollar las mismas y quizás (ese sería el objetivo) lograr cierto consenso
que nos ayude a progresar y eliminar discusiones estériles.Análisis
terminológico y conceptual y evidencia científica de los denominados
“ejercicios desaconsejados”
Si analizamos la palabra “ejercicio” vemos que procede del latín
“exercitĭum” que en su acepción tercera se define
como: “conjunto de movimientos corporales que se realizan para mantener o
mejorar la forma física” (RAE, 2012).
Deteniéndonos
brevemente vemos que, inicialmente, el ejercicio
se basa en un movimiento o conjunto
de movimientos (o sea aquella acción articular o conjunto de acciones
articulares) pero ello, por sí solo, no
es suficiente. Para que dicha acción/es articular/es sean consideradas un
ejercicio debe poseer unas “características”
que ayuden en el mantenimiento o mejora de las funciones psico-biológica. Sin estas “características” no podríamos
hablar de ejercicio físico. Por tanto lo que termina de definir a la acción articular o conjunto de acciones
articulares como ejercicio es, sencillamente “la dosis” ⁴,⁵ (es decir la
combinación de una serie de variables que poseen demostrada capacidad para provocar
respuestas y adaptaciones) que adecuadamente controladas e integradas
permitirán aplicar estímulos adecuadamente prescritos y periodizados en un
programa de entrenamiento que redundarán en el mantenimiento y/o mejora de la
salud.
A este respecto
debemos considerar estas dos cuestiones
clave:
–
¿Podrían existir evidencias de que alguna de estas
acciones articulares o, ni tan siquiera eso, alguno de los rangos articulares
en dichas acciones articulares sean “críticos” y sometan a las estructuras a un
estrés que no sea bien tolerado por las mismas?
–
¿Cualquier
movimiento o conjunto de movimientos realizados con ciertas variables como
frecuencia, duración, intensidad, descanso, etc…(hay que hacer un esfuerzo por
definirla bien…en este blog hablaremos mucho de esto en próximas entradas)
poseen la misma capacidad de generar respuestas positivas y adaptaciones?
Creo que cada uno
de vosotros podréis responder a estas dos preguntas y, lo que es más
importante, hacerlo desde el conocimiento del grado de evidencia surgida de la
investigación especialmente en los últimos 15 años.
La primera pregunta se responde con un
rotundo: “SÍ”. Hay suficiente grado
de evidencia¹,²,⁴ en el
sentido de algunas acciones o rangos articulares de alguna de ellas que pueden
suponer un elevado riesgo para la salud e integridad estructural y funcional (a
este respecto podréis encontrar algunas referencias recomendadas al final del
blog). En cualquier caso la ciencia esta
siempre abierta a cuestionarse cualquier aspecto (pero desde las reglas de
la propia ciencia y no desde la base de las creencias o las opiniones) y puede
que alguien pueda manifestar su discrepancia, en este caso es bastante sencillo,
bastará con exponer su hipótesis y aportar alguna demostración o evidencia al
respecto siempre en el marco del método
científico (cuyas normas rigen dicho proceso), no bastará simplemente con
una “opinión”.
La segunda pregunta puede quedar
respondida con la misma rotundidad con un: “NO”.
Sobre esto hay también una gran evidencia. Hoy ya es conocida la necesidad de
superar ciertos umbrales para estimular adaptaciones sobre el sistema
psico-biológico a fin de provocar adaptaciones. No basta con moverse, hay que hacerlo
de manera adecuada y en la dosis adecuada para lograr mantener y mejorar la
salud en un entorno socio-laboral que condiciona el estado, condición y
evolución de dicho sistema psico-biológico a lo largo de la vida del sujeto.Así pues, podemos afirmar con bastante
seguridad de que existen acciones o
rangos articulares que, por decirlo de forma sencilla, pueden poseer mayor
riesgo que beneficio (por tanto logrando igual o menor eficacia con mayor
riesgo, algo que iría en contra de los principios básicos de un programa de
entrenamiento orientado a la salud. En dichos programas no se puede supeditar
ciertos logros sacrificando la “seguridad” y por tanto la salud del sujeto).
A partir de aquí ¿podríamos hablar en tal caso de ejercicios “desaconsejados” o
“contraindicados”? o, ¿por el contrario y como afirman algunos especialistas, los mismos no existen?.
Analicemos los siguientes términos:
La palabra “desaconsejado” se define según la RAE (2012) como “que obra sin consejo ni prudencia y solo por capricho”
Así pues podríamos entender que un ejercicio podría estar desaconsejado
cuando se realice “sin consejo”
(es decir hecho sin ningún de conocimiento ni orientación en relación a lo
adecuado para lograr los objetivos y beneficios, con inadecuada dosis, etc…), “sin prudencia” (o sea no minimizando
el riesgo y asegurando su eficacia) y/o “por
capricho” (sin criterios adecuados para su selección, sin considerar todos
los aspectos que engloban dicha variable).
Por tanto, es adecuado la utilización de dicho concepto de “ejercicio/s desaconsejado/s”,
tratándose, no solo de no valorar adecuadamente el componente de seguridad (recordemos que dicha
variable es una parte de la variable de “selección de ejercicio”, y que la
misma queda definida con el criterio de “eficacia” y “funcionalidad”) ⁴,⁵ sino de aquel o aquellos ejercicios que son desarrollados
sin la adecuada dosis y utilización
de criterios de programación para
mantener o mejorar la salud.
El término “contraindicado” viene definido como aquello “Dicho de un agente terapéutico: Perjudicial en
una determinada afección o dolencia” (RAE,
2012).
Por tanto, analizando lo expuesto la utilización del concepto de
“ejercicio/s contraindicado/s” podría existir en el contexto de una utilización inadecuada de uno o varios ejercicios en el
ámbito del entrenamiento en personas con patologías (queda claro que aquí
habrá ejercicios que podrían ser perjudiciales en función de determinadas
patologías o pacientes). Igualmente si consideramos las evidencias actuales³
(en su mayoría de tipo “A”) respecto al valor potencial del ejercicio en la
patogénesis (prevención), así como el tratamiento (reducción de la
sintomatología y cronificación) de la mayoría de enfermedades crónicas modernas
no transmisibles, cuando dicho ejercicio
se realice en el contexto de un programa para la salud (como único objetivo)
podría ser considerado un “agente
terapéutico” y, por tanto, de nuevo una
inadecuada selección o manejo de su dosis podría llegar a ser perjudicial en
dicho contexto.
Al final, es obvio que la discusión es tan simple que parece
increíble tener que asistir a la misma entre profesionales y hemos creído
adecuado hacer esta primera y sencilla exposición en este blog con la única y
positiva intención de hacer reflexionar en torno a la necesidad de utilizar
tiempo y energía en lo verdaderamente importante: dar al ejercicio el verdadero valor potencial que posee a nivel
socio-sanitario.
P.D. Queremos dedicar esta entrada a unos queridos y admirados
compañeros, investigadores y docentes con los que hemos compartido grandes momentos
de aprendizaje y crecimiento. Quienes han sido sus alumnos, les han leído y les
siguen seguramente no necesitarán de un post como este para ser conscientes de
lo expuesto, dado que ellos llevan muchos años tratando estos temas con un
excelente nivel de publicaciones científicas. Lamentablemente parece que no
solo no se lee y se atiende a la investigación, sino que no se hace ni tan
siquiera con los excelentes profesionales que tenemos en nuestro país. Nuestro
reconocimiento para ellos: Dr. Juan Carlos Colado, Dr. Francisco J. Vera, Dr.
Pedro A. López Miñarro, Dr. Pedro L. Rodríguez, Dra. Pilar Sainz, Dr. Antonio J. Casimiro, y podríamos
seguir con muchos más…This work is licensed under a Creative Commons Attribution-NonCommercial-NoDerivs 3.0 Unported License.
Referencias bibliográficas
Rodríguez PL.
(Coordinador): Ejercicio físico en salas
de acondicionamiento muscular: bases científico-médicas para una práctica
segura y saludable. Editorial Médica Panamericana, 2008.Colado JC,
García-Masso J: Technics and safety aspects of resistance exercises: A
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BK, Saltin B: Evidence for prescribing exercise aas therapy in chronic disease.
Scand J Med Sci Sports. 2006.. (Suppl, 1) 3-63Heredia, JR; Isidro, F; Chulvi, I;
Mata, F: Guía de ejercicios de fitness muscular. Editorial
Wanceulen. 2011Heredia JR,
Isidro F, Peña G, Mata F, Moral S, Martín M, Segarra V, Edir Da Silva M: Criterios básicos para el diseño de programas de acondicionamiento
neuromuscular saludable en centros de fitness Ef. Deportes. Argentina. Año 17-Nº
170- Julio 2012











