Qué se estudió: diseño, población e intervenciones evaluadas
Este estudio corresponde a una revisión sistemática y metaanálisis que incluyó 20 ensayos controlados aleatorizados (ECA) publicados entre 2009 y 2024, con un total de 714 participantes diagnosticados con EP idiopática. De ellos, 372 formaron parte de los grupos de intervención con ejercicio y 342 integraron los grupos control (cuidado habitual, rehabilitación habitual o ausencia de ejercicio estructurado).
Se realizaron búsquedas sistemáticas en las bases de datos PubMed, Embase, Web of Science, CENTRAL y Scopus hasta enero de 2026. Para ser incluidos, los estudios debían reportar al menos uno de los siguientes desenlaces primarios: el Cuestionario de Congelación de la Marcha (FOGQ, por sus siglas en inglés, Freezing of Gait Questionnaire), la Escala Unificada de Evaluación de la Enfermedad de Parkinson — Parte III (UPDRS-III, Unified Parkinson’s Disease Rating Scale Part III), la Escala de Equilibrio de Berg (BBS, Berg Balance Scale) o la Prueba Miniaturizada de Evaluación de Sistemas de Equilibrio (Mini-BESTest, Mini-Balance Evaluation Systems Test).
Las modalidades de ejercicio representadas en los ensayos incluidos fueron diversas: danza (tango argentino, baile de salón, danza folclórica, danza Garba), Tai Chi, Qigong, yoga, entrenamiento en cinta rodante, entrenamiento de equilibrio y marcha, entrenamiento de resistencia, ejercicio acuático, entrenamiento de marcha y ejercicio multimodal. Los datos de los desenlaces se extrajeron al finalizar la intervención; no se agruparon datos de seguimiento por inconsistencias en el tiempo de medición entre estudios.
El riesgo de sesgo fue evaluado con la herramienta Cochrane RoB 2 (Risk of Bias 2). Ningún estudio fue calificado con riesgo bajo; 16 presentaron “algunas preocupaciones” y 4 un riesgo alto. La certeza de la evidencia se valoró mediante el sistema GRADE (Grading of Recommendations Assessment, Development and Evaluation).
Qué encontraron: resultados por desenlace
Los efectos se estimaron como diferencias de medias estandarizadas (DME; Hedges’ g) con intervalos de confianza (IC) del 95%, mediante modelos de efectos aleatorios con máxima verosimilitud restringida (REML).
Congelación de la marcha (FOGQ)
Nueve estudios reportaron este desenlace. El ejercicio se asoció con puntuaciones significativamente menores en el FOGQ en comparación con el control (DME = −0,62; IC 95%: −1,06 a −0,18; p = 0,01), lo que indica una reducción de los síntomas de congelación de la marcha. La heterogeneidad fue moderada (I² = 64,52%). El análisis de sensibilidad por omisión secuencial mostró estimaciones que oscilaron entre −0,67 y −0,41, todas estadísticamente significativas (p ≤ 0,017). La certeza de la evidencia fue baja según GRADE.
Función motora general (UPDRS-III)
Trece comparaciones reportaron este desenlace. El ejercicio se asoció con puntuaciones significativamente menores en la UPDRS-III (DME = −0,80; IC 95%: −1,02 a −0,59; p < 0,001), reflejando una mejora en la función motora global. La heterogeneidad fue baja (I² = 0,00%), y el análisis de sensibilidad mostró estimaciones estables (entre −0,85 y −0,75; todas con p < 0,001). La certeza de la evidencia fue moderada, siendo el desenlace con mayor solidez en este metaanálisis.
Equilibrio — Escala de Berg (BBS)
Ocho estudios reportaron este desenlace. El ejercicio se asoció con puntuaciones significativamente mayores en la BBS (DME = 0,85; IC 95%: 0,27 a 1,42; p = 0,004), indicando mejor desempeño en equilibrio. La heterogeneidad fue alta (I² = 77,51%). El análisis de sensibilidad mantuvo la significación estadística en todas las iteraciones (estimaciones entre 0,69 y 0,99). La certeza de la evidencia fue baja.
Equilibrio — Mini-BESTest
Cuatro estudios reportaron este desenlace. El efecto del ejercicio mostró una tendencia favorable, pero no alcanzó significación estadística (DME = 0,23; IC 95%: −0,24 a 0,70; p = 0,34). La heterogeneidad fue moderada (I² = 53,59%). El análisis de sensibilidad fue inestable: solo en uno de los modelos con omisión de estudio se mantuvo la significación (p = 0,039). La certeza de la evidencia fue baja y los resultados se consideran no concluyentes.
Análisis de subgrupos
Se realizaron análisis exploratorios de subgrupos según edad, duración de la enfermedad, duración de la intervención, frecuencia de entrenamiento, duración de cada sesión y modalidad de ejercicio. Estos análisis no establecieron diferencias entre subgrupos para ninguna de las variables examinadas. Los autores advierten que estos hallazgos son solo generadores de hipótesis y no deben interpretarse como evidencia de efectos diferenciales.
Qué significa para la práctica: recomendaciones aplicables
Los resultados de este metaanálisis, con las limitaciones metodológicas que se detallan más adelante, ofrecen información útil para orientar la prescripción de ejercicio en personas con EP. A continuación se presentan las implicaciones más relevantes para entrenadores, preparadores físicos, fisioterapeutas y demás profesionales involucrados en la rehabilitación de esta población.
El ejercicio estructurado tiene un lugar claro en el manejo de la EP
La evidencia disponible apoya la incorporación del ejercicio como componente de la gestión funcional de la EP, especialmente en lo que respecta a la función motora global, los síntomas de congelación de la marcha y el equilibrio evaluado con la BBS. El efecto más robusto y con mayor certeza de evidencia (moderada) fue el observado sobre la función motora general medida con la UPDRS-III (DME = −0,80), lo que sugiere que el ejercicio puede contribuir de manera clínicamente relevante a la reducción de la carga motora en esta población.
Ninguna modalidad de ejercicio demostró superioridad
Uno de los hallazgos de mayor relevancia práctica es que los análisis de subgrupos exploratorios no identificaron una modalidad de ejercicio claramente superior a las demás para ninguno de los desenlaces evaluados. Esto significa que los profesionales cuentan con flexibilidad para adaptar la elección del ejercicio a las preferencias, capacidades y contexto del paciente. Modalidades tan diversas como el Tai Chi, la danza, el ejercicio acuático, el entrenamiento en cinta o el yoga estuvieron representadas en los estudios incluidos. En la práctica, la adherencia a largo plazo es un factor decisivo, y elegir una actividad que resulte motivante para el paciente puede ser tan importante como la modalidad en sí misma.
Los parámetros de dosis también son inciertos: guiarse por principios generales
Los análisis exploratorios tampoco establecieron efectos diferenciales según la duración de la intervención, la frecuencia de entrenamiento o la duración de cada sesión. Dado que el artículo no permitió identificar una “dosis óptima”, los profesionales deben guiarse por principios generales de progresión y tolerancia individual. En este contexto, resulta razonable aplicar pautas de ejercicio progresivas que consideren la estadificación de la enfermedad, el estado físico basal y el riesgo de caídas de cada persona.
Atención especial a la congelación de la marcha
El efecto positivo del ejercicio sobre los síntomas de congelación de la marcha (FOGQ; DME = −0,62) tiene implicaciones directas para la seguridad y la autonomía de los pacientes, ya que la congelación de la marcha es uno de los factores que más contribuye al riesgo de caídas y a la pérdida de independencia. Intervenciones que incluyan trabajo específico de marcha, estrategias de señalización rítmica o entrenamiento de doble tarea pueden ser especialmente pertinentes en pacientes con esta sintomatología, aunque la evidencia actual no permite prescribir un protocolo específico con certeza.
El equilibrio medido con la BBS mejora, pero la Mini-BESTest no mostró efecto significativo
El efecto positivo sobre la BBS (DME = 0,85) indica mejoras en el equilibrio funcional, aunque la alta heterogeneidad entre estudios (I² = 77,51%) obliga a interpretar este resultado con cautela. Por otro lado, el efecto sobre la Mini-BESTest no fue estadísticamente significativo. Esto no necesariamente implica que el ejercicio no mejore los componentes del equilibrio que evalúa este instrumento, sino que la evidencia disponible (solo cuatro estudios) es insuficiente para extraer conclusiones. Los profesionales que utilicen la Mini-BESTest como herramienta de seguimiento deben tener en cuenta esta incertidumbre al interpretar los cambios en sus pacientes.
Considerar el perfil individual del paciente
La muestra analizada incluyó pacientes en estadios de Hoehn & Yahr entre 1 y 4, con una duración media de enfermedad de aproximadamente 6,6 años entre los estudios que reportaron este dato. Por tanto, las conclusiones son más directamente aplicables a personas con EP establecida y en estadios intermedios. Los hallazgos no deben generalizarse directamente a pacientes recién diagnosticados, a quienes se encuentran en estadios muy avanzados o a aquellos con comorbilidades que no estuvieran representadas en los estudios incluidos. El estado de la medicación dopaminérgica, que no fue reportado de forma uniforme en los ensayos incluidos, es otra variable que puede influir en la respuesta al ejercicio y que debe considerarse en la planificación individualizada.
Supervisión y seguridad
Dado el mayor riesgo de caídas en personas con EP, especialmente en aquellas con congelación de la marcha o inestabilidad postural significativa, la supervisión durante las sesiones de ejercicio es un aspecto de seguridad fundamental. Los programas deben adaptarse progresivamente y contemplar estrategias de prevención de caídas desde el inicio.
Limitaciones del estudio
Este metaanálisis presenta limitaciones importantes que condicionan la interpretación de sus resultados. En primer lugar, ninguno de los 20 ensayos incluidos fue calificado con riesgo bajo de sesgo: 16 presentaron “algunas preocupaciones” y 4 un riesgo alto. Las principales fuentes de sesgo fueron la falta de cegamiento de participantes e interventores (inherente a los ensayos de ejercicio), el reporte incompleto de los procedimientos de aleatorización y la pérdida de datos de desenlace.
En segundo lugar, el estado de la medicación dopaminérgica no fue reportado de manera consistente entre los estudios, lo que impidió realizar análisis estratificados por este factor y puede haber contribuido a la heterogeneidad entre estudios. En tercer lugar, la mayoría de los ensayos incluidos contaban con muestras pequeñas, lo que reduce la precisión de las estimaciones. Este problema fue particularmente evidente para la Mini-BESTest, con solo cuatro estudios disponibles.
Además, los análisis de subgrupos fueron exploratorios, no se realizaron pruebas formales de interacción y varias estimaciones de subgrupo se basaron en un número reducido de estudios, por lo que no pueden interpretarse como evidencia de efectos diferenciales. Finalmente, los desenlaces principales evalúan síntomas de marcha, equilibrio y función motora global, pero no permiten caracterizar de manera específica la función de miembro inferior.
Conclusiones aplicables
- El ejercicio estructurado se asocia con mejoras en la función motora global (UPDRS-III; DME = −0,80), los síntomas de congelación de la marcha (FOGQ; DME = −0,62) y el equilibrio funcional evaluado con la BBS (DME = 0,85) en personas con EP, en comparación con el cuidado habitual o la ausencia de ejercicio.
- La certeza de la evidencia es moderada para la función motora general y baja para los demás desenlaces; los resultados deben interpretarse con precaución.
- El efecto del ejercicio sobre el equilibrio medido con la Mini-BESTest no fue estadísticamente significativo y la evidencia es inconclusa con los datos actuales.
- Ninguna modalidad de ejercicio demostró superioridad sobre las demás; la elección puede adaptarse a las preferencias y características del paciente, priorizando la adherencia.
- No se identificó una dosis óptima de ejercicio; la prescripción debe individualizarse siguiendo principios de progresión gradual y considerar el estadio de la enfermedad y el riesgo de caídas.
- Los hallazgos son más aplicables a personas con EP en estadios intermedios (duración media de enfermedad de aproximadamente 6,6 años); la extrapolación a pacientes recién diagnosticados o en estadios muy avanzados debe hacerse con cautela.
- La supervisión durante las sesiones de ejercicio es un elemento de seguridad esencial en esta población, dada su mayor predisposición a las caídas.
- Se necesitan ensayos con mayor tamaño muestral, reporte estandarizado de la medicación, separación por estadio de la enfermedad y comparaciones directas entre modalidades y dosis de ejercicio para generar recomendaciones con mayor certeza.

