En atletas universitarias de élite, las gimnastas presentaron una distribución de la masa ósea de la tibia más simétrica (Imax/Imin un 13,5 % menor) que las corredoras de fondo. En los varones, los receptores de fútbol americano tuvieron el valor más bajo, pero sin significación estadística. Los autores concluyen que el aporte de los deportes multidireccionales es matizado y que podría ser necesaria una carga de alto impacto para desarrollar una forma más simétrica, lo que podría influir en el riesgo de lesión por estrés óseo tibial.
Qué se estudió: forma de la tibia según el deporte practicado
Este estudio transversal comparó el tamaño, la forma y la resistencia estimada de la diáfisis tibial entre deportistas con distintas demandas de carga. Participaron 149 atletas de la División I de la NCAA (la liga universitaria estadounidense de mayor nivel):
- Mujeres y hombres de campo traviesa (cross-country) y de baloncesto.
- Mujeres de gimnasia y de lacrosse.
- Hombres de fútbol americano que jugaban de receptor.
A todos se les hizo una tomografía computarizada cuantitativa periférica de alta resolución (HR-pQCT) en la diáfisis tibial, en el sitio del 30 % de la longitud del hueso. La variable principal de forma fue la razón entre los momentos de área máximo y mínimo (Imax/Imin). Un valor cercano a 1 indica una distribución ósea más simétrica; un valor mayor indica un hueso más alargado en una dirección. También se evaluaron el tamaño y la resistencia estimada. Las variables de tamaño se ajustaron por la longitud del hueso para corregir la alometría. Los deportes se compararon dentro de cada sexo con pruebas de Kruskal-Wallis.
Resultados: Imax/Imin en gimnastas, corredoras y jugadores de fútbol americano
Los valores se expresan como mediana [rango intercuartílico, IQR].
- Mujeres: las gimnastas tuvieron un Imax/Imin un 13,5 % menor que las corredoras de campo traviesa (1,7 [1,4; 1,9] frente a 2,0 [1,8; 2,2]; p = 0,041), es decir, una distribución ósea más simétrica.
- Hombres: el fútbol americano tuvo el Imax/Imin más bajo de todos los deportes evaluados (1,6 [1,4; 1,8]), aunque la diferencia no alcanzó la significación (p = 0,051).
- No hubo diferencias en las variables de la diáfisis tibial entre las gimnastas o los jugadores de fútbol americano y los atletas de baloncesto del mismo sexo (p > 0,196).
- Tampoco hubo diferencias entre las jugadoras de lacrosse y las corredoras de campo traviesa (p > 0,500).
Qué significa para la práctica: carga mecánica y salud ósea de la tibia
Estos datos son transversales y descriptivos, así que sirven para orientar hipótesis y decisiones prudentes, no para prescribir.
Interpretar con cuidado la idea de «multidireccional»
- Practicar un deporte con cambios de dirección, como el lacrosse o el baloncesto, no se asoció por sí solo con una tibia más simétrica que la de las corredoras o la de otros deportes.
- Cuando apareció una diferencia, correspondió a deportes de alto impacto (gimnasia y, con tendencia no significativa, fútbol americano). Por eso, al planificar, conviene no asumir que cualquier variedad de movimientos genera el mismo estímulo óseo.
Atletas de resistencia y riesgo de lesión por estrés óseo
- En corredores y corredoras, la forma tibial más asimétrica observada en este grupo es un dato a tener presente. Como el estudio no demuestra que añadir impacto modifique la forma del hueso, esto es solo una hipótesis a considerar.
- Si se decide incorporar ejercicios de impacto (saltos, pliometría, aterrizajes) en deportistas de resistencia, conviene hacerlo de forma progresiva, vigilando la tolerancia individual y el volumen total de carga, porque el impacto también puede aumentar la carga sobre el hueso.
- Los equipos interdisciplinarios pueden valorar estas decisiones con el médico del deporte, en especial ante antecedentes de lesión por estrés óseo.
Aplicación según el contexto
- Al comparar deportistas de distintas disciplinas, recuerda que la forma del hueso puede diferir por el tipo de carga acumulada, no solo por el volumen de entrenamiento.
- No extrapoles estos resultados a población general, jóvenes no competitivos, adultos mayores ni otras posiciones de juego o deportes.
- Los hallazgos no justifican usar la forma tibial como criterio para seleccionar, descartar o limitar a un deportista.
Limitaciones del estudio
- El diseño transversal impide establecer causalidad: no se sabe si el deporte causó las diferencias o si influyeron la selección deportiva, la genética o la historia previa de entrenamiento.
- La relación con el riesgo de lesión es una inferencia de los autores, expresada en condicional.
- La muestra son atletas universitarios de élite de un solo país y el análisis se limitó al sitio del 30 % de la tibia. En fútbol americano solo se evaluó a receptores.
- El resumen no detalla el número de atletas por grupo ni los tamaños del efecto, lo que dificulta valorar la magnitud y la precisión de las diferencias. El resultado en hombres estuvo en el límite de la significación (p = 0,051).
Conclusiones aplicables
- Las gimnastas mostraron una tibia más simétrica que las corredoras de campo traviesa (Imax/Imin un 13,5 % menor).
- En hombres, el fútbol americano tuvo el valor más bajo, pero sin significación estadística.
- Los deportes multidireccionales por sí solos no mostraron un efecto claro; el aporte es matizado.
- El alto impacto podría ser necesario para una forma más simétrica, con posible influencia en el riesgo de lesión por estrés óseo tibial.
- Cualquier incorporación de impacto debe ser progresiva e individualizada; se requieren estudios longitudinales para confirmar estas ideas.


