En jugadores jóvenes de fútbol sub-élite, una menor disponibilidad energética (EA, por sus siglas en inglés) se asoció con mayor percepción del esfuerzo y peor recuperación subjetiva, sobre todo en los días de entrenamiento. Según los autores, un aporte insuficiente en relación con las demandas del entrenamiento reduce la EA y se asocia con un perfil de recuperación más bajo; por eso conviene monitorizarla junto con marcadores simples de campo.
Qué se estudió: disponibilidad energética y recuperación en futbolistas sub-21
Se evaluó a 19 jugadores de campo sub-21 de un campeonato nacional de Marruecos, seguidos durante cuatro semanas de la temporada competitiva. Se trata de un estudio observacional: no hubo intervención nutricional ni de entrenamiento, solo monitorización.
Cada semana, en tres tipos de día (un día de entrenamiento, uno de descanso y uno de partido oficial), los jugadores completaron recordatorios dietéticos de 24 horas. La ingesta energética (EI) y de macronutrientes se cuantificó con el software Nutrilog. Se estimó el gasto energético del ejercicio y se calculó la EA. Además se registraron:
- la carga interna, con la escala de percepción subjetiva del esfuerzo de la sesión (RPE, por sus siglas en inglés);
- la recuperación subjetiva, con la escala Perceived Recovery Status (PRS) 24 horas después de la sesión;
- la recuperación neuromuscular, mediante la altura del salto con contramovimiento (CMJ).
Qué encontraron: ingesta, disponibilidad energética y marcadores de recuperación
Diferencias entre días
La ingesta energética media diaria no difirió de forma significativa entre días de partido, entrenamiento y descanso (p = 0,066). En cambio, la EA fue significativamente menor en los días de entrenamiento que en los de partido y de descanso (ambos p ≤ 0,003). Es decir, los jugadores comieron de forma parecida todos los días, pero no ajustaron su ingesta al gasto del entrenamiento.
Asociaciones con la recuperación
Se usaron correlaciones de Spearman (ρ):
- EA y RPE: asociación fuerte inversa (ρ = −0,597; p < 0,001). A mayor EA, menor esfuerzo percibido.
- EA y PRS: asociación modesta positiva (ρ = 0,273; p = 0,001).
- EA y CMJ: asociación pequeña y no significativa (ρ = 0,124; p = 0,132).
- EI y RPE: correlación inversa moderada (ρ = −0,404; p < 0,001).
- EI y PRS: correlación positiva pequeña (ρ = 0,173; p = 0,035).
- EI y CMJ: sin asociación significativa.
Al agrupar a los jugadores por categorías de EA, el RPE, el PRS y el CMJ difirieron significativamente entre categorías (p ≤ 0,014).
Qué significa para la práctica: cómo monitorizar y ajustar la alimentación en futbolistas
Estos datos son asociativos y proceden de una muestra pequeña, por lo que sirven como orientación y no como prueba de causa y efecto. Aun así, ofrecen pautas razonables para el trabajo diario.
1. Presta atención a los días de entrenamiento
Que la ingesta total sea similar entre días de partido, entrenamiento y descanso no significa que esté bien ajustada. Como el gasto del ejercicio cambia entre días, la EA cayó en los entrenamientos. Conviene que nutricionistas y preparadores físicos revisen si la alimentación de esos días acompaña realmente la carga planificada, y no solo la del día de partido.
2. Integra la EA con indicadores simples de campo
El RPE y el PRS son herramientas baratas y fáciles de recoger. En este grupo, una EA baja coincidió con un RPE más alto y un PRS más bajo. Si en un jugador o en un microciclo el esfuerzo percibido sube o la recuperación subjetiva baja de forma sostenida, puede ser una señal para revisar el aporte energético, además de otros factores como el sueño, el estrés o la carga total.
3. Usa la información para ajustar estrategias nutricionales
Los autores sugieren que monitorizar la EA junto con el RPE y el PRS puede ayudar a identificar periodos de aporte subóptimo y adaptar las estrategias. En la práctica, esto puede traducirse en:
- comparar la ingesta con el gasto estimado de cada sesión, y no solo con una referencia diaria fija;
- educar a los jugadores sobre la necesidad de ajustar lo que comen a las demandas del día;
- revisar con mayor atención a quienes muestren a la vez esfuerzo percibido alto y recuperación subjetiva baja.
4. Cautela con el CMJ
El salto con contramovimiento no se asoció de forma significativa con la EA ni con la ingesta como variables continuas. No debería usarse como único indicador para detectar un aporte insuficiente; los marcadores subjetivos mostraron relaciones más claras en este estudio.
5. Precauciones
Los recordatorios de 24 horas y la estimación del gasto energético tienen margen de error, de modo que los valores individuales de EA deben interpretarse con prudencia. Los resultados no permiten dar indicaciones individuales ni establecer umbrales de riesgo para un jugador concreto, y no deberían extrapolarse a mujeres, otras categorías de edad ni otros niveles competitivos.
Limitaciones del estudio
- Muestra pequeña (19 jugadores), de un solo campeonato y solo varones sub-21 de nivel sub-élite.
- Diseño observacional: las asociaciones no demuestran causalidad.
- La ingesta se midió con recordatorios de 24 horas, que dependen de la memoria y del reporte del jugador, y el gasto energético del ejercicio fue estimado.
- Solo se evaluaron tres días por semana durante cuatro semanas, lo que puede no representar toda la temporada.
- El artículo no detalla en el resumen cómo se estratificaron las categorías de EA ni informa tamaños del efecto para las comparaciones entre categorías.
Conclusiones aplicables
- En estos futbolistas sub-21, la EA fue más baja en los días de entrenamiento, aunque la ingesta energética no difirió significativamente entre tipos de día.
- Una mayor EA se asoció con menor RPE (fuerte) y mayor PRS (modesta); la asociación con el CMJ no fue significativa.
- Un aporte insuficiente respecto a las demandas del entrenamiento se asocia con un perfil de recuperación más bajo.
- Monitorizar la EA junto con el RPE y el PRS puede ayudar a detectar periodos de aporte subóptimo y ajustar la nutrición.
- Los resultados proceden de una muestra pequeña y observacional; deben aplicarse con cautela.


