En un deportista de resistencia de 75 años con un aneurisma de aorta torácica ascendente de 52 mm, el diámetro por sí solo pareció insuficiente para orientar las recomendaciones de ejercicio. Con vigilancia estrecha, decisión compartida y límites predefinidos de presión arterial y frecuencia cardíaca, el aneurisma permaneció estable durante 6 años de seguimiento. Es un caso único: sugiere que la valoración individualizada puede afinar las pautas, pero no demuestra seguridad ni efecto protector.
Aneurisma de aorta torácica y ejercicio: el caso estudiado
Se trata de un informe de caso de un hombre evaluado en una clínica de cardiología del deporte. Empezó a entrenar resistencia hacia los 65 años y había completado más de treinta pruebas de triatlón 70.3 (medio Ironman). Medía 164 cm y pesaba 67 kg, peso estable durante el seguimiento.
A los 75 años, una ecocardiografía de rutina detectó un aneurisma de aorta torácica ascendente (ATAA) de 52 mm, confirmado por tomografía computarizada (TC). Tenía además una válvula aórtica bicúspide con insuficiencia moderada y un seno aórtico de 43 mm, sin signos de coartación. Estaba asintomático.
La monitorización ambulatoria de 24 horas mostró una presión media de 114/71 mmHg. En la prueba de esfuerzo apareció hipertensión inducida por el ejercicio, con un máximo de 238/119 mmHg. Tomaba bisoprolol (que reduce frecuencia cardíaca y estrés de pared) y rosuvastatina por hipercolesterolemia (colesterol LDL de 2,3 mmol/L). No usaba sustancias para mejorar el rendimiento ni suplementos. Su consumo máximo de oxígeno (VO2 pico) osciló entre 21 y 27 mL/min/kg, muy por encima de lo esperado para su edad.
El paciente rechazó la cirugía y quiso seguir entrenando. Tras una decisión compartida, se acordó lo siguiente:
- Añadir un antihipertensivo para reducir los picos de presión durante el ejercicio.
- Limitar la frecuencia cardíaca a 120 lpm, equivalente a una presión máxima de unos 170/90 mmHg.
- Evitar el entrenamiento de alta intensidad y los deportes de contacto.
- Elegir las competiciones junto con el cardiólogo del deporte, evitando por ejemplo recorridos con subidas pronunciadas.
- Controles por imagen: ecocardiografía cada 6 meses, TC a los 2,5 años y resonancia magnética (RM) a los 4,5 y 5,5 años.
Resultados: diámetro estable y estrés de pared por debajo del umbral de rotura
Durante 6 años de seguimiento con RM, TC y ecocardiografía, el aneurisma se mantuvo en 52 mm (última RM, junio de 2025). La RM cardíaca mostró un grosor de pared aórtica de 2,5 mm.
Con la ley de Laplace, el estrés circunferencial de pared se estima a partir de la presión sistólica, el diámetro aórtico y el grosor de pared. Los autores parten de que el diámetro y el grosor no cambian durante el esfuerzo. Con los datos de la prueba cardiopulmonar de 2025 (presión sistólica de 113 mmHg en reposo y 175 mmHg en el pico), calcularon:
- Reposo: 157 kPa.
- Esfuerzo máximo: 243 kPa.
- Umbral de rotura descrito en la literatura: 850–1200 kPa.
En el momento de la descripción, el paciente entrenaba 8–10 h/semana, cerca de la mitad en resistencia a intensidad mayormente moderada (100–120 lpm, equivalente a 150–170 mmHg de presión sistólica), y seguía participando en triatlones. En junio de 2022 sufrió un ictus isquémico en el territorio de la arteria cerebral media izquierda; se detectó fibrilación auricular paroxística y se inició edoxabán.
Qué significa para la práctica: prescripción de ejercicio con dilatación aórtica
Este caso no autoriza a relajar las pautas vigentes, pero ilustra cómo se puede individualizar la decisión en un contexto especializado.
Marco de referencia
- La Guía de la Sociedad Europea de Cardiología (2020) no recomienda actividad física en un caso como este hasta lograr un tratamiento exitoso. Los autores consideran adecuada la vigilancia con reevaluación a los 6 meses y, al menos temporalmente, la abstención deportiva.
- El comunicado científico AHA/ACC de 2025 indica que con dilatación torácica inexplicada ≤42 mm en general se puede competir, mientras que con ≥45 mm los riesgos probablemente superan los beneficios.
- Los estudios pequeños asocian la disección aórtica aguda con actividad de alta intensidad, sobre todo levantamiento de pesas.
Cómo aplicarlo
- No te guíes solo por el diámetro. Aunque es el mejor predictor de disección, cerca del 60 % de las disecciones tipo A ocurren con diámetros <5,5 cm. Conviene considerar también la presión arterial durante el esfuerzo, el grosor de pared y el estrés de pared estimado.
- Trabaja en equipo. Entrenadores y preparadores físicos no deben decidir esto por su cuenta: la valoración corresponde al cardiólogo (idealmente de cardiología del deporte) con el deportista. Tu papel es aplicar los límites acordados y comunicar cualquier síntoma o cambio.
- Controla la intensidad con variables objetivas. En este caso se usó un tope de frecuencia cardíaca vinculado a una presión máxima establecida en la prueba de esfuerzo. Este vínculo se definió para este paciente y no es extrapolable.
- Prioriza la resistencia a intensidad moderada y evita esfuerzos máximos, deportes de contacto y recorridos con grandes exigencias (por ejemplo, subidas pronunciadas).
- Vigila la presión durante el esfuerzo. La hipertensión inducida por el ejercicio fue relevante aquí; el control farmacológico lo decide el equipo médico.
- Respeta el calendario de imágenes. La estabilidad se documentó con controles periódicos, que forman parte de la estrategia.
Perspectiva futura
Los autores proponen un método simplificado para la decisión compartida: medir diámetro y grosor de pared en las TC o RM clínicas habituales y estimar el estrés de pared con la presión sistólica registrada en la ergometría. También señalan que faltan datos sobre el efecto del ejercicio en el grosor de la pared aórtica.
Limitaciones del informe de caso
- Es un solo paciente, sin grupo de comparación; no permite generalizar a otras personas, edades, tipos de aneurisma o deportes.
- La estabilidad del aneurisma y el posible “efecto protector a largo plazo” del ejercicio son observaciones: no se puede atribuir causalidad. Pudieron influir el bisoprolol, el control de la presión, la válvula bicúspide u otras características individuales.
- El estrés de pared es una estimación con supuestos (diámetro y grosor constantes durante el esfuerzo) y se comparó con umbrales de la literatura.
- Las pautas empleadas (tope de frecuencia cardíaca, selección de pruebas, calendario de imagen) se adaptaron a este paciente bajo supervisión especializada.
- El paciente sufrió un ictus isquémico y fibrilación auricular paroxística durante el seguimiento; los autores no los relacionan con el aneurisma ni con el ejercicio.
- El texto no describe con detalle los entrenamientos ni las cargas de trabajo.
Conclusiones aplicables
- En el ATAA, el diámetro por sí solo puede ser insuficiente para orientar el ejercicio de resistencia; conviene integrar presión sistólica, diámetro y grosor de pared.
- Con vigilancia estrecha y decisión compartida, un paciente seleccionado mantuvo el ejercicio de resistencia durante 6 años sin progresión del aneurisma.
- Las guías vigentes recomiendan vigilancia y restricción temporal del ejercicio con aneurismas de este tamaño; este caso no las sustituye.
- Los límites de presión y frecuencia cardíaca, la evitación de esfuerzos de alta intensidad y los controles de imagen formaron parte de la estrategia.
- Se necesita más investigación sobre ejercicio y grosor de la pared aórtica antes de generalizar estas recomendaciones.

