En mujeres, la relación entre la dosis de ejercicio de resistencia y el riesgo de fibrilación auricular (FA) tiene forma de J, igual que en hombres, pero con una ventana protectora más amplia. La evidencia actual respalda un asesoramiento clínico que tenga en cuenta el sexo: promover los beneficios cardiovasculares del ejercicio de resistencia en mujeres y considerar el posible riesgo con cargas de entrenamiento muy altas.
Fibrilación auricular y deporte de resistencia en mujeres: qué se analizó
El trabajo aborda una pregunta que ha recibido poca atención. La asociación entre el entrenamiento de resistencia prolongado y de alto volumen y la FA está bien establecida en hombres, pero la evidencia específica en mujeres es limitada, a pesar de que su participación en deportes de resistencia crece con rapidez. Los autores reúnen y contrastan la evidencia epidemiológica (estudios de cohortes sobre exposición al ejercicio y riesgo relativo de FA) y la evidencia mecanística (remodelado estructural de las aurículas, hormonas sexuales y tono autonómico) en ambos sexos.
Resultados: curva en J y mayor tolerancia a la dosis de ejercicio en mujeres
- Curva en J en ambos sexos: los estudios epidemiológicos muestran de forma consistente que el riesgo relativo de FA disminuye con niveles moderados de actividad y vuelve a aumentar con exposiciones muy altas.
- Ventana protectora más amplia en mujeres: en los estudios de cohortes, el riesgo empezaría a subir solo después de unos 83 MET-h/semana (equivalentes metabólicos de la tarea por hora, una medida de la dosis total de actividad). Esto equivale aproximadamente a 10-12 horas semanales de entrenamiento de resistencia de intensidad moderada a vigorosa. En hombres, el aumento del riesgo aparece con exposiciones más bajas.
- Atletas de élite: en las deportistas de resistencia de nivel élite también puede haber un riesgo relativo elevado de FA, lo que indica que el extremo superior de la curva en J se aplica a ambos sexos.
- Mecanismos: el remodelado estructural auricular ocurre de forma similar en hombres y mujeres, pero las hormonas sexuales y el tono autonómico parecen modular la vulnerabilidad arrítmica.
Qué significa para la práctica: entrenamiento de resistencia y riesgo de FA en mujeres
Mantener el mensaje de que el ejercicio protege
El punto de partida es que la actividad física regular sigue siendo un pilar de la salud cardiovascular. La mayoría de las mujeres que entrenan resistencia con volúmenes habituales se sitúa muy por debajo del umbral donde el riesgo empezaría a aumentar. No conviene que la preocupación por la FA desincentive la práctica en la población general ni en deportistas recreativas.
Contextualizar los volúmenes de entrenamiento
- Como referencia orientativa, el aumento del riesgo en mujeres se ha estimado a partir de unos 83 MET-h/semana, es decir, 10-12 horas semanales de resistencia moderada a vigorosa. Es una cifra derivada de estudios de cohortes, no un límite individual ni una prescripción.
- Registrar el volumen semanal real (horas e intensidad) permite situar a cada deportista respecto a ese rango y detectar a quienes se acercan o lo superan de forma sostenida, como ciclistas, corredoras de fondo, triatletas, nadoras de larga distancia o esquiadoras de fondo.
- No se debe extrapolar el umbral masculino a las mujeres, ni al revés: el artículo señala que la tolerancia parece mayor en ellas, pero que el riesgo no desaparece en el extremo alto.
Atención especial a las atletas de élite y de alto volumen
En deportistas de resistencia de nivel élite, el equipo multidisciplinario (entrenador, preparador físico, médico del deporte) puede incluir la FA entre los aspectos a vigilar. Conviene que las atletas conozcan los síntomas que justifican consulta médica (palpitaciones irregulares, disminución inesperada del rendimiento, fatiga atípica) y que sepan que la evaluación corresponde al profesional de salud, no al entrenador.
Asesoramiento que tenga en cuenta el sexo
- Los profesionales de la salud pueden comunicar que las mujeres parecen tener un margen más amplio de tolerancia, sin presentarlo como garantía de seguridad en cargas extremas.
- Los factores hormonales y autonómicos apuntan a que la vulnerabilidad podría variar entre mujeres y a lo largo de la vida. Sin embargo, el artículo no ofrece pautas de entrenamiento basadas en esos factores, por lo que no deben usarse para ajustar cargas individuales.
- Los nutricionistas y entrenadores pueden reforzar hábitos generales de recuperación y planificación de la carga, siempre como complemento de la valoración médica.
Limitaciones de la evidencia sobre FA en mujeres deportistas
- La evidencia específica en mujeres es todavía limitada, sobre todo en deportistas de élite, y la cifra de ~83 MET-h/semana procede de estudios de cohortes, que muestran asociación y no causalidad.
- Se trata de una estimación poblacional, que no sirve para predecir el riesgo individual ni se puede generalizar a todas las modalidades, edades o niveles de entrenamiento.
- Esta nota se basa únicamente en el resumen del trabajo, que no detalla el número de estudios incluidos ni sus características.
Conclusiones aplicables
- La relación entre ejercicio y FA tiene forma de J en mujeres y en hombres.
- Las mujeres parecen tolerar dosis más altas antes de que el riesgo aumente (hasta ~83 MET-h/semana, aproximadamente 10-12 h semanales de resistencia moderada a vigorosa), mientras que en los hombres el riesgo sube con exposiciones menores.
- Las atletas de resistencia de élite también pueden presentar un riesgo relativo elevado de FA.
- El remodelado auricular es similar en ambos sexos; las hormonas sexuales y el tono autonómico modularían la vulnerabilidad a las arritmias.
- Se recomienda un asesoramiento que tenga en cuenta el sexo: fomentar el ejercicio de resistencia en mujeres y considerar el posible riesgo con cargas de entrenamiento muy altas.

