Resumen
INTRODUCCION
La explicación causal de la acción motriz intencional representa el principal
reto al que se enfrentan los investigadores que abordan el estudio de los juegos
deportivos colectivos1. En los deportes y prácticas psicomotrices la
acción se construye individualmente; la ausencia de relaciones motrices
interpersonales2 determina que el entorno del juego no se extienda
más allá de la situación inmediata que afecta directamente a la persona
actuante. Las conductas motrices de los deportistas suponen un fiel reflejo de
la actividad intencional de cada individuo.
Sin embargo, en los deportes de equipo la acción se construye
colectivamente mediante la interacción de los deportistas que participan en cada
uno de los actos molares que la componen. Amedida que la acción evoluciona en el
tiempo se hace más compleja, mediante la progresiva complicación de la
estructura de relaciones interpersonales (definida como el sistema N+1
interviniente en la acción (y la dificultad para llevar a cabo los
comportamientos solicitados (Serrano, 1996). La implicación de los participantes
no se limita a un único entorno inmediato: su comportamiento se ve afectado por
hechos que ocurren en escenarios en los que ni siquiera se hallan presentes. La
actividad intencional que cada deportista dispone en los diferentes episodios
del juego no se corresponde necesariamente con las conductas motrices que
percibe un observador externo.
Tal singularidad encierra dos importantes obstáculos a la hora de comprender
el comportamiento de los deportistas en la competición. En primer lugar, las
conductas desarrolladas por los jugadores no son explicables directamente a
partir de sus atributos personales. En las situaciones en que el comportamiento
o la elección de los individuos depende de la intervención o la elección de
otros sujetos, no suele ser posible llegar a agregados por la mera adición o
extrapolación. En segundo lugar, la composición de las acciones individuales da
pie a los llamados efectos agregados y puede hacer emerger efectos
perversos3 en las conductas de los deportistas, que, a su
vez, pueden convertirse en las condiciones no reconocidas de ulteriores
situaciones.

Figura 1. El diseño de la investigación científica. FUENTE: King, Kehoane
y Verba
Ambas cuestiones devienen finalmente en la indeterminación con la que los
comportamientos de los deportistas se presentan ante el observador
(complejidad desde el punto de vista del observador). Ello dificulta, por un
lado, orientar líneas de investigación en relación a parcelas concretas de los
juegos deportivos colectivos (Castelo, 1994) y, por otro, el establecimiento de
una correlación y/o coherencia entre la denominada lógica interna del juego
y la lógica didáctica de intervención en el entrenamiento (Teodorescu, 1984).
¿Cómo superar esta situación? Esta es la pregunta a la que tenemos intención
de responder en las páginas que siguen. En cualquier caso debemos dejar claro
desde la introducción las posibilidades del trabajo. No pretendemos aquí sentar
las bases de una teoría general de la acción motriz en los juegos deportivos
colectivos capaz de contener todas las posibles ocurrencias de comportamiento
que se suceden a lo largo de un encuentro ludo-deportivo. Nuestra intención es
mucho más modesta en un sentido y más atrevida en otro. Más modesta porque desde
el primer momento asumimos el alcance limitado que actualmente puede proponer
una Teoría de los Juegos Deportivos Colectivos. Y más atrevida porque, a partir
de la aceptación de tal condición, intentaremos definir los ejes sobre los que
se deberían articular las explicaciones causales de la acción motriz intencional
en los deportes de equipo.
EL DISEÑO DE LA INVESTIGACIÓN CIENTÍFICA EN EL ANÁLISIS DE LOS
JDC
El diseño de la investigación científica tiene como objetivo la extracción de
inferencias descriptivas o explicativas a partir de la información empírica que
se tenga del mundo –ver Figura 1–. Para hacer estudios científicos suele ser
indispensable describir con cuidado ciertos fenómenos, pero la acumulación de
hechos no es, en sí misma, suficiente. Éstos pueden ser reunidos (por
investigadores cualitativos o cuantitativos) de forma más o menos sistemática y,
evidentemente, la primera es mejor que la segunda; sin embargo, nuestra
definición de ciencia conlleva un paso adicional, que es el de utilizar los
datos inmediatos para hacer inferencias que conduzcan a algo más amplio que no
se observa directamente.
Ese algo puede entrañar una inferencia descriptiva (utilizar observaciones
del mundo para revelar otros hechos que no se han observado) o una inferencia
causal (conocer efectos causales a partir de los datos observados). El alcance
de la inferencia puede delimitarse en el espacio y en el tiempo (el
comportamiento de un equipo a lo largo de una serie de partidos) o puede ser más
general (la estructura interna de los juegos deportivos). En cualquiera de los
casos, lo que distingue la investigación científica es el objetivo de hacer
inferencias que vayan más allá de las observaciones específicas que se han
recogido (King, Kehoane y Verba, 2000).
Sin embargo, cuando la Teoría de los Juegos Deportivos pretende
alcanzar ciertos objetivos, si no hay inferencia causal el análisis es
insuficiente —ver Figura 2—. Esto significa que, al igual que una inferencia
causal es imposible sin una buena inferencia descriptiva, ésta, por sí misma,
suele resultar insatisfactoria e incompleta. No obstante, con esto no queremos
decir que todos los investigadores de los deportes de equipo tengan que
intentar, en cualquiera de sus trabajos, dar explicaciones causales a los
fenómenos que estudian. A veces la inferencia causal es demasiado difícil y en
otras muchas situaciones la descriptiva constituye el fin último de la empresa
investigadora. En cualquier caso, esta tarea debe ser abordada con cautela. La
inferencia es, por definición, un proceso imperfecto. Nuestra incertidumbre
acerca de las inferencias causales nunca desaparecerá, pero esto no debe
significar que evitemos extraerlas. Por el contrario, habrá que hacerlas en
cualquier lugar que parezcan apropiadas, pero aportando al lector, al mismo
tiempo, la mejor y más sincera estimación de su incertidumbre. Una vez llegados
a este punto, tres cuestiones adicionales merecen ser destacadas —ver Figura 3—.
En primer lugar, la naturaleza cambiante de los episodios lúdicos que conforman
cada juego deportivo, resultado de los efectos de agregación de las acciones de
los participantes, determina que los principios que han de ser desarrollados
para dar cuenta de los fenómenos bajo consideración no pueden ser absolutos ni
estables. El hecho de que un supuesto de trabajo se refiera a la inexistencia de
principios absolutos válidos, conlleva la búsqueda de las restricciones bajo las
cuales éstos operan y la de los determinantes múltiples del comportamiento como
parte estratégica de la tarea de los investigadores, quienes han de describir y
explicar este conjunto de restricciones de manera empírica. Este pensamiento nos
conduce al cuestionamiento de una epistemología binaria (en torno a la
oposición verdadero/ falso) en beneficio de una epistemología de ámbitos de
validez (validez de las observaciones y discursos recogidos por el
investigador, de las técnicas empleadas, de los conceptos propuestos o de las
propias condiciones de la investigación). De esta forma, no habría enunciados
acerca de los hechos deportivos que pudieran calificarse de verdaderos o falsos
en general, sino de verdaderos o falsos en cierta medida, en ciertas
condiciones, en ciertas circunstancias, que precisamente hay que tratar de
explicitar mejor para darles mayor rigor científico. Esta crítica de las
pretensiones universalistas de una teoría de la acción en los juegos deportivos
pone el acento sobre la validez local o, si se prefiere, contingente en el
espacio y el tiempo de los mecanismos sociales que generan y explican las
conductas desarrolladas por los deportistas en la competición. En segundo lugar,
el carácter relativo de las explicaciones en los juegos deportivos, frente al
pretendido absolutismo de las leyes científicas, tiene dos consecuencias
metodológicas importantes. Por un lado, no tiene sentido descartar la utilidad
de un mecanismo explicativo a partir de un enfoque falsacionista popperiano. El
hecho de que encontremos una, varias o muchas situaciones en las que un
mecanismo no funciona, no nos legitima para desterrarlo de nuestra caja de
herramientas analíticas. Por otro lado, es posible que un mismo hecho deportivo
pueda ser explicado por la articulación de varios mecanismos explicativos, que
podrían actuar en la misma dirección o, incluso, en direcciones contrarias.

Figura 2. Objetivos en el abordaje de los Juegos Depor tivos. FUENTE:
Lago (2000).
En el marco de esta perspectiva, se pueden evaluar las verdades científicas
según su mayor o menor validez y su construcción más o menos rigurosa (por lo
tanto no estamos ante una indistinción relativista del tipo “todo vale”). Pero
si las verdades sobre los hechos deportivos son plurales también es para dar
cuenta de los aspectos plurales de la realidad lúdica, que pueden distinguirse
principalmente en función de su solidez. Los criterios a la hora de
establecer esta solidez se referirían a: ámbito de validez, estabilidad
temporal y grado de objetivación.
Finalmente, y en tercer lugar, a lo largo de este trabajo, la expresión
teoría de los juegos deportivos se refiere a conceptos lógicamente
interconectados, pero también de alcance limitado y modesto antes que amplios y
grandes. Constantemente procuramos enfocar la atención sobre lo que podría
llamarse teorías de alcance intermedio4; teorías que se sitúan
entre las estrechas hipótesis de trabajo y las amplias especulaciones que abarca
un sistema conceptual dominante, del cual se espera que se derive un número muy
grande de uniformidades de conducta lúdica empíricamente observables; teorías
que se refieren al rango de las explicaciones situadas entre las leyes
científicas y la simple narración, que optan por la abstracción y la parsimonia
para aislar los determinantes de cada fenómeno sometido a estudio, desechando
los factores irrelevantes. Pero, sobre todo, dicho concepto supone una manera
particular de hacer ciencia en el ámbito de los juegos deportivos.

Figura 3. Características de las explicaciones en el contexto de los
Juegos Deportivos. FUENTE: Lago (2000).
La noción de teoría de alcance intermedio va de la mano de una concepción
sistémica de la acción motriz según la cual los comportamientos desarrollados
por los participantes son explicables finalmente a partir de cálculos
individuales de optimización de la situación de juego sobre los que ejercen
influencia las relaciones motrices interpersonales que comunican a los
deportistas entre sí. Los vínculos entre variables del terreno agregado
social (que incluyen las acciones grupales (deben pasar ineludiblemente por el
nivel micro de la acción individual, gobernada por la racionalidad instrumental.
Tendríamos así mecanismos macro-micro, según los cuales lo social influiría en
los comportamientos individuales; mecanismos micro-micro, que tratarían de
aproximarse a la forma en que los individuos asimilan el impacto de los cambios
a nivel macro; y, en fin, mecanismos micro-macro, que intentarían dar cuenta de
la manera en el que el conjunto de las acciones individuales dan pie a los
llamados efectos agregados El concepto de teoría de alcance intermedio también
nos permite huir de las cajas negras que implican las leyes empíricas
establecidas a partir de la observación y el uso de técnicas estadísticas más o
menos sofisticadas. En cualquier caso, no se debe confundir la contrastación de
hipótesis o la estimación paramétrica con la utilización de los métodos
estadísticos como generadores de teoría sustantiva. Porque no es lo mismo
utilizar éstos a fin de contrastar la relevancia de un mecanismo explicativo
concreto en una situación determinada o para perfeccionar una explicación
mediante la estimación de los parámetros relevantes del modelo, que optar por el
simple descubrimiento de correlaciones estadísticas y la utilización de modelos
de tipo caja negra, que no explican la vinculación entre explanans y
explanandum.
Aun y todo, hay quien, dentro de los que cultivan la investigación en este
campo de estudio, hablan como si esperasen, aquí y ahora, la formulación de la
teoría de los juegos deportivos colectivos adecuada para abarcar grandes
cantidades de detalles exactamente observados de conducta lúdica y lo bastante
fructífera como para dirigir la atención de cientos de científicos a problemas
pertinentes de investigación empírica. Nos parece ésta una creencia prematura y
errónea.
No sólo sería más modesto y más realista, sino también más rentable desde el
punto de vista intelectual, advertir la diferencia de edad y de experiencia
duramente adquirida entre nuestra materia de estudio y el resto de disciplinas
científicas. Percibir la diferencia permitiría guardar las proporciones. Sería
evitar el error de suponer que todos los problemas culturales existentes en
el mismo momento de la historia deben tener el mismo grado de madurez
intelectual.
Esta insistencia sobre la desproporción entre los problemas prácticos que a
veces se le asigna al investigador de los juegos deportivos colectivos y el
estado de sus destrezas y conocimientos acumulados, no significa de ningún modo
que el científico no deba trabajar en investigaciones pertinentes a problemas
prácticos urgentes y que deba buscar deliberadamente los problemas triviales
desde el punto de vista pragmático. La insistencia se propone sólo restaurar el
sentido histórico. La urgencia o inmensidad de un problema práctico no implica
la seguridad de su solución. En cualquier momento dado, los hombres están
diversamente equipados para resolver problemas diferentes. Como apunta Merton
(1972:16-17), debe recordarse que, aun por el repetido testimonio popular, la
necesidad es sólo la madre de la invención; el conocimiento duramente acumulado
es su padre. A menos que se unan ambas cosas, la necesidad sería estéril. Pero
la esterilidad presente no significa que no pueda concebir en algún momento
futuro en que sea adecuadamente apareada. No obstante, el consorte necesita
tiempo (y sustento) si ha de alcanzar el tamaño y vigor necesarios para las
demandas que se le harán.
No queremos concluir con todo esto que una teoría de los juegos deportivos
deba adoptar de forma acrítica expectativas de conocimiento modestas; sino que
parece razonable suponer que aquélla progresará en la medida en que su mayor
interés esté en producir teorías intermedias, y se frustrará si la atención se
centra exclusivamente sobre la teoría en general5. Creemos que
nuestra principal tarea hoy es formular teorías especiales aplicables a campos
limitados de datos y no buscar inmediatamente la estructura conceptual general
suficiente para sacar de ella todas esas y otras teorías. Decir que son
necesarias teorías generales y especiales es ser correcto y trivial: el problema
es dar destino a nuestros escasos recursos. Lo que sugerimos es que el camino
hacia sistemas conceptuales útiles en los juegos deportivos colectivos se
construirá de una manera más eficaz mediante el trabajo sobre teorías
especiales, y que seguirá siendo un plan no realizable en gran medida si se
quiere formular directamente en este tiempo. De todos modos, es evidente que, a
medio plazo, la teoría de los juegos deportivos colectivos debe avanzar sobre
estos planos interconectados: a través de teorías especiales suficientes para
campos limitados de datos deportivos y a través de la evolución de un sistema
conceptual más general, adecuado para unificar grupos de teorías especiales.
Concentrarse por completo sobre teorías especiales es correr el riesgo de salir
con especulaciones ad hoc desconectadas, congruentes con un campo limitado de
observaciones e incongruentes entre sí. Concentrarse por completo sobre un
sistema conceptual general para derivar todas las teorías subsidiarias es correr
el riesgo de producir grandes y opacos programas de investigación, con toda su
variada sugestividad, todo su esplendor arquitectónico y toda su esterilidad
científica. En el proceso de construcción de estas teorías de alcance
intermedio, y asumiendo además el concepto de teoría en su sentido más amplio,
la estrategia de la investigación debe superar secuencialmente tres niveles
principales: el paradigmático, el teórico y el empírico –ver Figura 4–. El nivel
paradigmático contiene los postulados y los enunciados de carácter
epistemológico, ontológico y metodológico que determinan y regulan no sólo el
procedimiento de construcción de las teorías, sino también los criterios según
los cuales se lleva a cabo la investigación científica y se elaboran los
esquemas explicativos.
En el segundo nivel, el lenguaje científico se centra en la presentación de
proposiciones o enunciados que implican “explicaciones o interpretaciones de las
relaciones observadas entre los hechos o fenómenos naturales”. Este conjunto de
postulados de carácter hipotético, así como las variables explicativas que se
ponen en relación, es lo que, con frecuencia, se considera teoría en el sentido
más restringido de la palabra. Los esquemas teóricos o explicativos suelen estar
vinculados a modelos de naturaleza matemática (modelos matemáticos) o de
naturaleza empírica (modelos físicos o diagramas) que permiten bien interpretar
los cálculos de las teorías, bien verificar sus postulados. A través de los
modelos la teorías consigue una mayor aproximación a lo real y puede ser
constrastada. En un tercer nivel, los términos y enunciados que representan los
hechos y fenómenos directamente observables son eminentemente descriptivos. El
nivel de referencia del lenguaje descriptivo es directo. Una vez establecidos
los presupuestos básicos capaces de orientar las preguntas de los
investigadores, es preciso contar además con un procedimiento de análisis
cualitativo-cuantitativo apto para satisfacer las demandas de la investigación
empírica. Ese procedimiento de análisis lo conforma la metodología observacional.
La metodología observacional nos posibilita en el ámbito deportivo el conocer
cualquier fenómeno lúdico desde el punto de vista que deseemos; basta con
disponer de los instrumentos necesarios para observar las manifestaciones
conductuales que se quieran examinar y para extraer la información pertinente de
los datos obtenidos.

Figura 4. Estructura del lenguaje científico. FUENTE: Martín Acero
(1994).
La metodología observacional, cuya expansión es innegable en las últimas
décadas y cuyo carácter científico se halla perfectamente avalado (Anguera,
1991; Bakeman y Gottman, 1997; Sackett, 1978; Suen y Ary, 1989), reúne unas
características particulares en el estudio del comportamiento humano que la hace
especialmente válida en el ámbito de los Juegos Deportivos Colectivos. Así,
permite el registro de las conductas lúdicas en contextos naturales
(terreno de juego o cancha), respeta la espontaneidad del comportamiento
de los deportistas en la competición o entrenamiento (lo cual implica la
ausencia de consignas o de preparación de la situación), ofrece la opción de
llevar a cabo un seguimiento diacrónico a lo largo de un tiempo
relativamente prolongado (una serie de partidos o una temporada, por ejemplo) y
sobre todo, permite la elaboración de instrumentos ad hoc
adecuados para cada tipo de estudio propuesto. Asimismo, la utilización de la
metodología observacional en el deporte permite el acceso de los investigadores
a la construcción de modelos formalizados (matematizados) en la explicación
causal de la acción motriz.
NOTAS
1 A lo largo de este trabajo emplearemos indistintamente los
términos juegos deportivos colectivos, deportes de equipo y deportes colectivos.
2 La estructura de relaciones motrices interpersonales es el número
de individuos que participan en cada uno de los actos.molares que componen toda
acción sociomotriz (Serrano, 1996).
3 Entendemos por efectos perversos aquellas acciones que no son
explícitamente perseguidas por los agentes de un sistema y que resultan de su
situación de interdependencia (Boudon, 1977, 1981).
4 Véase, en este sentido, a Merton (1972).
5 Y ello sin menoscabo de reconocer que gran parte de lo que se llama
teoría de los juegos deportivos consiste en orientaciones generales hacia los
datos, sugiriendo tipos de variables que deben tomadas en cuenta de algún modo,
más bien que en enunciados claros, verificables, de relaciones entre variables
especificadas. Tenemos muchos conceptos, pero pocas teorías confirmadas; muchos
puntos de vista, pero pocos teoremas; muchas vías de acceso, pero pocas
llegadas. Quizás sería bueno poner interés en otra cosa.
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