Desde fines del siglo XIX se sospechaba de la existencia de una sustancia que era capaz de determinar las características sexuales masculinas en la mayoría de los mamíferos, entre ellos incluido el Hombre. Recién alrededor de 1938, el premio Nobel de Química, Adolf Butler (Alemania), logró aislar por primera vez en orina, una sustancia con propiedades masculinizantes a la que se la denominó Testosterona.
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